viernes, 14 de enero de 2022

El pueblo quiere cadenas.

"En aquellos días, se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Ramá, donde estaba Samuel.

Le dijeron:

«Tú eres ya un anciano, y tus hijos no siguen tus caminos. Nómbranos, por tanto, un rey, para que nos gobierne, corno se hace en todas las naciones».

A Samuel le pareció mal que hubieran dicho:

«Danos un rey para que nos gobierne».

Y oró al Señor.

El Señor dijo a Samuel:

«Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos».

Samuel transmitió todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido un rey.

Samuel explicó:

«Este es el derecho del rey que reinará sobre vosotros: se llevará a vuestros hijos los para destinarlos a su carroza y a su caballería, y correrán delante de su carroza. Los destinará a ser jefes de mil o jefes de cincuenta, a arar su labrantío y segar su mies, a fabricar sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. Tomará a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Se apoderará de vuestros mejores campos, viñas y olivares, para dárselos a sus servidores. Cobrará el diezmo de vuestros olivares y viñas, para dárselo a sus eunucos y servidores. Se llevará a vuestros mejores servidores, siervas y jóvenes, así como a vuestros asnos, para emplearlos en sus trabajos. Cobrará el diezmo de vuestro ganado menor, y vosotros os convertiréis en esclavos suyos. Aquel día os quejaréis a causa del rey que os habéis escogido: Pero el Señor no os responderá».

El pueblo se negó a hacer caso a Samuel y contestó:

«No importa. Queremos que haya un rey sobre nosotros. Así seremos como todos los otros pueblos. Nuestro rey nos gobernará, irá al frente y conducirá nuestras guerras».

Samuel oyó todas las palabras del pueblo y las transmitió a oídos del Señor.

El Señor dijo a Samuel:

«Escucha su voz y nómbrales un rey».

(De las Lecturas de la Liturgia de hoy. Samuel 8,  4-7)

La historia de repite. ¡Vivan las cadenas! Era el grito dado por los españoles al ser restablecido el absolutismo déspota de Fernando VII. ¡Viva el Covichino!. Grita la enardecida marabunta con la mascarilla subida hasta los ojos mientras aplaude sibilinamente con las orejas el momento en el que sus verdugos los lleva al cadalso... Hora tremenda la que vivimos. Cadenas pide el pueblo, pues ahí las tienen...










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