lunes, 12 de abril de 2021

Darwin elaboró su Teoría porque era feo.

He llegado a la conclusión del porqué narices un ser humano prefiere descender de un simio o un mono que hacerlo de Dios, hecho a su imagen y semejanza. Tal como suena. De joven, el coqueto Darwin, descubrió mirándose al espejo que si la cara refleja la forma del alma, él era un mono (Esta experiencia también la vivió Rubalcaba). 


Sabía que a medida que pasara los años su fisonomía facial delataría un parecido con los simios realmente fabuloso. Entendía perfectamente nuestro investigador que ese parecido sería motivo de burlas, un escarnio para él y para su bien ganada fama en los círculos intelectuales de su Inglaterra natal. ¿Qué podría hacer?. Pues creó una ridícula Teoría en la que sustentaba en base a una ciencia desvirtuada la evolución del hombre a raíz de los primeros primates que vivieron en la Tierra. Sus complejos físicos, y su nula espiritualidad, fruto de una descomunal soberbia, le llevó directamente a la locura, y prefirió ser hijo de un chimpancé que del Dios creador de Cielos y Tierra. Y de paso, al venir genealógicamente todos del mono, ¿quién iba a decirle al eximio científico que su cara era un fiel retrato de un primate africano? No obstante, los darwinistas, actualmente, siguen siendo legión, como los demonios o los covidiotas. 

Un darwinistas por tanto es un primate. Debe ser considerado un primate. Personalmente no le voy a quitar la ilusión a nadie de ser lo que quiera ser. Si alguien con buena voluntad quiere ser un chimpancé, ¿quien soy yo para juzgarlo?. Y si quiere ser cuando muera "una reencarnación de un virus mortal", como deseaba Felipe de Edimburgo, a mí qué me dices. A los darwinistas, por ser espiritualmente de la familia de los simios, sé que le gustan los plátanos y los cacahuetes, les pirra. Cada vez que me encuentro con uno por la calle introduzco la mano en el bolsillo de mi gabardina gris y les lanzo un puñado de avellanas y cacahuetes. Se conforman con tan poco, que dan lástima... Pero, esa lástima, tan humana y caritativa, se torna rápidamente en sonrisa cuando los veo como niños revolcarse por el suelo en busca del cacahuete perdido. 

Normalmente, uno deja de ser darwinista, con lo que eso conlleva, cuando aparece en tu vida una Jane -la novia de Tarzán-, entonces, descubres deslumbrado por la belleza y la luz que desprende la hembra que Dios existe, y que la vida no consiste únicamente en revolcarse en el barro por un cacahuete, sino en ser digno en correspondencia con la imagen que el Creador te dió. Muchos, y muchas, nunca llegan a entender esto, y mueren como gorilas en las Tinieblas.

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