martes, 17 de octubre de 2017

Llueve

Y uno recuerda, y recupera por un breve instante, los aromas de su niñez. La fragancia del consuelo. 

Aquella grandeza espiritual que  para el alma suponía que esas tímidas primeras gotas de la tan esperada lluvia, regara la tierra. Darle la espalda a la sequedad de las tierras, del corazón. Eso, ni más ni menos, provocaba las primeras gotas en mi. Limpiarme. 

Llueve en silencio. Sin molestar. Tímida-mente, como mi amor. Cielos, destilad el rocío; nubes, lloved al Justo. Purifica las plantas, los árboles, las montañas, el mar. 

Se enseñorean los jardines, ennoblece el cielo, dignifica las aguas, derriba angustias. Eleva la dignidad. Tumba el sopor. Abate el pesimismo.  Hemos caído como las hojas y nuestras maldades nos arrastraron como el viento. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.