miércoles, 6 de septiembre de 2017

Carta abierta de un obispo copto a Bergoglio: “Exhibe usted un maligno placer en empujar a los cristianos hacia el masoquismo”

Por Helios de Alejandría*.- 

Señor Bergoglio: A menudo me pregunto en qué gravísima ofensa a Dios nuestro Señor habrá podido incurrir Europa para que haya sido usted elegido Papa de la Iglesia católica. Por descontado que Europa ha pecado grandemente renegando de su fe y de su tradición cristiana, ¿pero es esto realmente tan generalizado como para que el Altísimo la castigue con semejante severidad?
Ya le escribí una misiva no hace mucho tiempo recordándole que nuestro Señor Jesucristo tras su resurreción le encomendó a San Pedro la magna misión de apacentar sus ovejas. Le confió, pues, la tarea más noble y difícil que se pueda concebir, tarea que Él mismo asumió durante su paso por la Tierra: la de ser el Buen Pastor. Permítame usted recordarle sus palabras…
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas”. (Evangelio según San Juan 10-11)
Hubo un tiempo al principio de su papado en que de corazón le acordé el beneficio de la duda. Frente a sus torpes exabruptos y omisiones me preguntaba si en realidad no sería todo ello más que fruto de la ingenua incompetencia. Mas hoy los interrogantes surgen distintos y sobremanera preocupantes. Dígame usted, ¿en qué bando milita? ¿En el del Buen Pastor o en el del asalariado? ¿En el de Jesucristo o en el de la extrema izquierda atea y proinmigracionista? ¿En el de la fe católica o en el del islam de conquista?
Con la sangre inocente de las víctimas del terrorismo islámico aún fresca exhibe usted un maligno placer en empujar a los feligreses cristianos hacia el masoquismo. El pasado año, tras la masacre de Niza y el asesinato del cura Hamel en Normandía mientras oficiaba la santa misa, presionó y reprendió usted a los católicos de Polonia por no abrir sus fronteras a la invasión musulmana. Y el pasado lunes 21 de agosto, apenas cuatro días después de la matanza de Barcelona, logró usted superarse anunciando para estupor de propios y extraños que la seguridad de los europeos y su civilización no deben constituir en modo alguno un freno a la invasión tercermundista. El sentido común, la decencia y un mínimo de sensibilidad deberían haber reprimido su irreverente entusiasmo en favor de la conquista musulmana.
Y, como era previsible, saca usted los versículos del Evangelio de contexto en apoyo de su política, como si Jesucristo buscara el apoyo de los burócratas europeos en lugar de los creyentes en la intimidad de su corazón.
“Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa”. (Evangelio según San Mateo 25-35)
Sirviéndose de la palabra de Cristo para justificar y promover la apertura de las fronteras a la inmigración desbocada está usted cometiendo un fraude intelectual e induce a los cristianos al error deliberadamente. Dios respeta nuestra libertad individual de elección sencillamente porque no es posible amar y darse a sí mismo bajo la coacción. Valiéndose, pues, del poder moral que le procura su posición jerárquica, se mofa usted de la libertad de elección que corresponde a los cristianos, imponiéndoles no sólo una pesada carga sino poniendo sus propias vidas en peligro. Y aquí se repite exactamente el contenido de la reprensión que Jesús dirigió a los fariseos de entonces:
“Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas”. (Evangelio según San Mateo 23-4)
Mire usted, el Evangelio no es un manual práctico de política y menos aún un manifiesto marxista. En modo alguno viene a justificar su sectarismo ideológico. Se empecina usted en ignorar el odio y la hostilidad seculares del islam contra el Occidente cristiano. Se muestra impermeable frente a las duras lecciones de la Historia así como frente a los luctuosos eventos de la actualidad, como si 300 millones de muertos inocentes a manos del islam a lo largo de catorce siglos careciera de importancia; como si las víctimas de las masacres que hoy presenciamos casi a diario en nuestras calles rebotaran contra su coraza ideológica globalista y colectivista sin llegar a penetrarla. (NdT: A lo que convendría sumar los 100 millones de muertos dejados por el socialismo a lo largo del siglo pasado)
Hace cuatro meses viajó usted a Egipto donde le informamos al detalle acerca del sufrimiento y de las humillaciones que padecen los cristianos coptos. Pero manifiestamente prefirió tragarse la danza de culebra que el imán de Al Azhar le sirvió en bandeja de plata. Sus efusivos achuchones y abrazos han terminado de ilustrar su hipocresía y credulidad forzada: no es sólo que lo hayan rebozado en harina, es que encima supuraba deleite en tamaña sumisión. Y díganos, ¿qué ha conseguido usted con ello en beneficio de los cristianos de Egipto? Menos de una semana después, la policía armada con bastones y escudos impedían a los cristianos reunirse para orar. En Egipto, el derecho de los cristianos a rezar queda sujeto a la arbitrariedad de la autoridad local como lo dispone la ley islámica, la libertad de culto de los cristianos en Oriente se halla cada día más amenazada pero, como de costumbre, usted guarda silencio, no sea que se le pase por la cabeza irritar al gran imán. Cuanto más estudio su estrategia, más me percato de que las minorías cristianas de Oriente Medio le importan a usted un pimiento. Menudo papa nos ha caído encima… la cuna del cristianismo se halla hoy islamizada al 95% con los cristianos en vías de extinción ¡pero lo único por lo que lucha usted denodadamente es la islamización de Occidente!
Inexperiencia, buenismo, ignorancia, ingenuidad, angelismo… eran los términos que venían a la mente al inicio de su pontificado. No eran más que añagazas para mantener las anteojeras del rebaño devoto frente a su obstinación ideológica que hoy por hoy constituye una verdadera amenaza para la cristiandad universal. Cabe preguntarse en qué estaría ocupado el Espíritu Santo durante el cónclave que lo eligió como papa; muy probablemente se abstuvo de inspirar a los electores viendo que estaban más ajetreados en intrigas políticas que revestidos de Cristo. Su prioridad consistía en presentar a los medios globalistas y a los enemigos de la Iglesia en general un papa que les resultara aceptable, o a su imagen y semejanza.
La fe cristiana va asociada al sentido común y donde éste falta, no hay fe. Amar al prójimo no implica por necesidad poner su vida en peligro y menos aún la de los demás, máxime cuando ese “prójimo” que nos impone con embudo sólo sueña con someternos y no dudará en asesinarnos en caso de resistencia. ¿Cómo puede usted desde la autoridad que le confiere el trono papal ordenar a las ovejas que acojan al lobo en el aprisco? Esto no tiene nada de caridad cristiana, es pura maquinación ideológica luciferina.
Para terminar, un poco de humildad y de introspección espiritual no le vendrían nada mal pero ello no es de esperar en un espíritu contaminado por el sectarismo internacionalista, incapaz de poner en duda los dogmas inculcados que lo apartan de la realidad. Cuando el dogma ideológico se superpone a Dios, la sabiduría superior imprescindible para guiar a la cristiandad se evapora. Qué duda cabe que la Iglesia católica ha cometido una serie de pecados a lo largo de su dilatada existencia, pero el de colocarlo a usted a su cabeza no es un simple pecado más: es una tragedia de consecuencias imprevisibles.
*Helios de Alejandría es el pseudónimo utilizado por un obispo perteneciente al Patriarcado Copto de Alejandría, que desea guardar el anonimato.

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