miércoles, 28 de diciembre de 2016

Sobre el veneno relativista de Bergoglio

Del blog del sacerdote católico Javier Olivera Ravasi. http://infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1612211113-budismo-magia-for-dummies-en

(...) Pero lo interesante vino después; queríamos hablar con un lama (Está en el Tíbet). ¿Cómo hacerlo? Se nos ocurrió una idea; le preguntaríamos a alguno de ellos (casi todos nos eran esquivos, sabiendo que éramos “cristianos”), alguna pregunta existencial.
- “¿Qué es la compasión?” –sería nuestra pregunta.
Pero no encontrábamos a quién hacérsela. Sabíamos que sería un buen anzuelo para comenzar a dialogar.
Luego de intentar en vano con un par de ellos, vimos a uno que tenía cara de bueno: lo cruzamos y le preguntamos con cara de inocente:
- P. Javier (PJ): Hermano, estoy preocupado y tengo miedo. Dime, ¿podrías indicarme dónde iré luego de mi muerte?
Y allí comenzó el diálogo “inter-religioso”, con perdón del prostituido eufemismo moderno.
- Monje budista (M): eso depende de tu corazón… - respondió.
- PJ: No entiendo; ¿cómo que depende de mi corazón?
- M: Sí, depende de si tu corazón es puro o no.
- PJ: Mmm… ¿podrías explicarme un poco mejor? Porque realmente, este problema me aqueja desde hace tiempo.
- M: Si tu intención es recta, lo que hagas siempre será bueno, porque el mal o el bien están dentro de tu corazón.
- PJ: ¿Cómo? ¿No existe el bien y el mal, entonces?
- M: Sí existen, pero sólo en tu corazón.
- PJ: Entiendo…; entonces, no existen el bien y el mal como tales. Sólo están en nuestro interior, ¿no es así?
- M: Así es –me respondió
-PJ: Entonces, dime. Aquí hay un niño (justo había ido conmigo mi alumnito indio a quien le estoy enseñando la Misa de angelis, de la cual hablé en el post anterior): si yo matase a este niño pues creyese que es lo mejor para él ¿estaría haciendo un bien o un mal?
El monje quedó pensativo… Luego de unos segundos, me respondió con una pregunta, a lo jesuita:
- M: Pero, ¿tú lo harías con qué intención? Es decir, ¿tendrías el corazón puro?
- PJ: ¡Absolutamente! – le respondí. No quiero que este niño sufra el hambre, la pobreza, la enfermedad…; además, ahora aquí, en esta zona, hay poco trabajo y, muy probablemente a él le costará ganarse la vida cuando sea mayor. Mi intención es muy pura.
- M: Entonces harías una buena acción –me respondió.
Quedamos perplejos…; nunca habíamos oído una respuesta por el estilo. Astrid, la joven belga que estaba allí, preguntó indignada algo y el Padre Federico agregó una punzante pregunta “inocente”:
- ¿Y si creo que tú también estás sufriendo, eres pobre, no eres feliz y que, por ende, si te matáramos te haríamos un bien? ¿Sería correcto todo esto? Siempre con la mejor de las intenciones, obvio…
- M: Eso sería correcto…
- PJ: ¿Entonces tú crees que, si hace falta poblar la zona porque hay pocos nacimientos, con la mejor de las intenciones, se podría violar a las mujeres para que tuvieran más niños?
El monje quedó pensativo…; todos somos relativistas ¡pero tampoco es para tanto! Y no respondió, por lo que insistí:
- PJ: Porque de no ser así, estarías aceptando que hay algún bien y algún mal objetivo, independiente de nuestras intenciones y corazones…
- M: Mmm… Debería meditarlo un poco más -dijo, siguiendo el típico estilo oriental de responder.
- PJ: Pues bien. Medítalo. Cuando quieras, nosotros estamos aquí abajo, a un kilómetro de distancia. Quizás algún día, si vas por la aldea, podríamos conversar un poco.
Nos intercambiamos los teléfonos (es un lama moderno: tiene celular) y quedamos en contacto.
Entonces entendí que por qué mucha gente en Occidente abraza esta deletérea filosofía oriental; porque concuerda perfectamente con lo que el mundo moderno hoy por hoy profesa: un relativismo subjetivista pero con límites: siempre y cuando no se le venga en contra, pues allí, todos nos transformamos en aristotélicos-fascistas.

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Y tras leer la conversacion del sacerdote, yo me he acordado de estas palabras del Falso Profeta: « Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que el considere bueno (…) No dudo en repetirlo : cada uno tiene su propia concepción del bien y del mal, y cada uno debe escoger seguir el bien y combatir el mal según su propia idea. Bastaría eso para cambiar el mundo. » Entrevista a Bergoglio con Eugenio Scalfari del 24 de septiembre de 2013,  publicado el 1 de octubre en La Repubblica.


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