viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuatro cardenales (y la ezquizofrenia de Bergoglio).

Esta foto no es un montaje
Dicen algunos bienintencionados tras la bendita "controversia" creada por cuatro cardenales, en donde éstos exigen del apóstata argentino una respuesta a sus preguntas (http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27757), que la réplica de Bergoglio ha sido el silencio. Yo no lo veo así. Han pasado dos meses desde que entregaron la carta, y Bergoglio sigue haciendo, inasequible al desaliento, estupendamente bien su trabajo, para el que lo eligieron, hablando sin parar y actuando como un poseso, su estilo. ¿De dónde saca tanta energía una persona de ochenta años?, me pregunto de vez en cuando. O sea, y a lo que voy, que de silencio nada. ¿Cómo silenciar la estridencia hecha carne, o el metálico murmullo de la podredumbre espiritual? Él ha seguido ladrando durante estos dos meses, vomitando bilis contra la Iglesia y Dios, sin ningún problema. Entronizando a Lutero en el Vaticano. Identificando cristianismo con comunismo. Nombrando cardenales heterodoxos, cuando no, directamente herejes públicos. Visitando el laboratorio sueco del NOM para confraternizar -iba a escribir fornicar- con los protestantes liberales, mientras pone a caer de un burro la doctrina católica y la Iglesia de Cristo. Bendiciendo la reforma luterana, a la par que escupe la Contrarreforma y a los santos mártires que murieron en manos de los endemoniados lacayos luteranos. Pidiendo en nombre de los cristianos perdón a SUS pobres (¿¿!!) que asisten a sus demagógicas bacanales (¿Quién paga este despilfarro para mayor gloria de su ego?). Visitando curas casados con un malévolo fin... Etcétera, etcétera y etcétera. Es decir, que mientras esperan a que este ser despótico e impío se digne a contestar a los cardenales, padre Jorge sigue con su obra de destrucción y muerte. De silencio nada.

Dios pedirá cuenta en el día del Juicio de nuestras obras. Estos cardenales, Walter Brandmüller, Raymond L. Burke, Carlo Caffarra y Joachim Meisner (tienen noble hasta los nombres, no me digan que no parece la heroica defensa de la selección alemana de fútbol del Mundial82), no quieren que Dios los condene por haber callado miserablemente ante la Abominación que trae Bergoglio y su tropa a la Iglesia, y empiezan a mover ficha. A poner las cosas en su sitio. Intentaré definir la personalidad de Bergoglio para que se hagan una idea de cómo hemos llegado hasta aquí, a esta infamante vergüenza donde se ha dejado hacer a un depredador de almas, y además, para que sepan a quien se enfrentan.

A muchas personas, Jorge Mario Bergoglio, les puede parecer normal, pero tras su carácter seductor, cercano y vulgar se esconde una patología que puede destrozar la vida de muchas personas. De hecho lo está haciendo, está destrozando vidas. De los que tiene más a mano, colaboradores, secretarios, personal de confianza, etc., pero también de los bautizados que siguen pensando que este majadero es el Vicario de Cristo en la Tierra. Muchos, cuando se dan cuenta del hechizo en el que han caído, del engaño al que se han sometido complacientemente, de la narcisista perversidad que han alimentado, están ya fundidos con él como la mantequilla en una tostada. Llegan tarde. El mismo pecado que aplasta a Bergoglio, la soberbia, a ellos los aniquila, y los avergüenza de una manera tan bestial, tan esclava, tan adolescentemente ridícula, que se sienten incapaces de dar la voz de alerta: " Yo sé quién es este puto demonio - se dicen a sí mismos-, pero no me quedan ya fuerzas ni para gritar". Bracean patéticamente para salir de ese agujero de fango.  Dios se apiade de ellos. ¿Y qué hacen entonces? Negar - por soberbia-, la mala obra de Bergoglio aún a riesgo mortal de la salvación de su alma . El narcisista proyecta su locura en el otro -su víctima-, volviéndole loco para salvarse u ocultar su mal. En esta maldita dinámica se retroalimenta del que ha creído en él, del que ha confiado en él, del que se ha hecho un selfie con él. Del que le ha pedido que bendiga a su hija recién nacida. La condición humana por su caída es frívola.   Del que por un plato de lentejas, mata. La campaña del psicópata, por tanto, comienza desvalorizando y manipulando al otro. Ejemplos: que si "Algunos cristianos tienen cara de pepinillos en vinagre"; (podía haber sido muchísimo peor: que dijera que tienen cara de guindillas de Tudela...). Que si hay "¡Seminaristas que aprietan los dientes y aguardan terminar, observan reglas y sonríen, revelando la hipocresía del clericalismo -uno de los peores males!". Que si algunos son "¡Religiosos que tienen un corazón ácido como el vinagre!". Otro día se levanta farruco y arremete contra los ¡Contadores de Rosarios!. O aún me acuerdo de cuando en un ataque de neurosis payasística denunció urbi et orbe que "El que insulta mata, asesina".

Ya hay que tener valor. Él, el mismo que maltrata inmisericordemente, un día sí, y el otro también, a la cristiandad en pleno. El mismo para el que los católicos que viven las tradiciones de la Iglesia son "momias de museo". Las monjas que no logran, según él, inspirar fe en la Iglesia son "solteronas" y la jerarquía del Vaticano a veces ha sido "la lepra del papado". De hecho, el clero recibe la peor parte de los ataques de la Gamberra. Ha llamado mariposas "vanas", idólatras "zalameros" y "magnates-sacerdotes" a muchos buenos curas. Ha descrito a algunos seminaristas como "pequeños monstruos" en potencia. Pero, "el que insulta, mata". Con dos cojones. Y la gente, calla. En Bergoglio, el doctor Jekyll que lleva dentro no genera una fusión con su víctima, mr. Hyde. Ya que si en la novela, Stevenson nos muestra una alegoría moral que pretende enseñarnos la dualidad existente en el espíritu humano, balanceándose entre los principios del bien y del mal, en Bergoglio, no existe tal dualidad, ya que él solamente habita el mal. Ese pastoso Mal, oscuro y aterrador que produce la soberbia al alejarse de la Luz de Dios.

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