jueves, 22 de mayo de 2014

Francisco, el sínodo de obispos y los marcianos – Por Alejandro Sosa Laprida



Dos de la mano
 

 
 
Decididamente, Francisco parece haberse propuesto pasar a la posteridad como el « papa » más innovador y atípico en la historia de la « Iglesia ». Y en rigor de verdad, debe admitirse que hasta el momento ha alcanzado su objetivo de manera destacada. Recapitulemos algunos de los hitos más notables de su aún breve « pontificado ».


  Afirmó impertérrito no creer en un Dios católico, pues « no existe un Dios católico », sostuvo que el proselitismo es « soberanamente absurdo », blasfemó diciendo que María al pie de la Cruz se rebeló contra Dios por haberse sentido « engañada », explicó que el soberano pontífice  no es quien para juzgar a los « gay», aconsejó a los musulmanes que buscaran consuelo espiritual en el Corán, aseveró que la « cultura del diálogo » es el único camino para alcanzar la paz en el mundo, que la laicidad del Estado es positiva para garantizar el « pluralismo religioso », que lo importante en la educación de los niños no es la religión en la que se los instruye sino « que se les dé de comer », que todos los hombres son hijos de Dios y se salvan, « incluso los ateos », que el ministerio petrino es « un trabajo insalubre », que la fe es incompatible con la certeza, que la antigua alianza « nunca ha sido revocada » y que los judíos « no necesitan convertirse », que el presidente uruguayo José Mujica, ateo, abortista y homosexualista, es « un hombre sabio » (Sobre todas esas declaraciones cf: aquí). Y esto no es más que una acotada muestra de sus innumerables despropósitos, soltados con un desparpajo a toda prueba, a través de un pseudo magisterio mediático en el que la verborragia demagógica va de la mano con una vulgaridad sin límites…

  En su encomiable afán por superarse sin cesar y por asegurarse un sitial de honor en un hipotético libro Guinness eclesiástico, que merecería con creces le fuera dedicado, hete aquí que Francisco, alias « mi rabino » (es así como lo llama su amigo, el rabino Sergio Bergman : « Bergoglio mi rabino », se despachó recientemente durante un sermón dado en la Casa Santa Marta, en la que humildemente reside, con la originalísima idea de que la « Iglesia » de ningún modo debería rehusar el bautismo a los marcianos…(aqui). Esto en el supuesto caso de que ellos lo solicitasen, obviamente…Porque bien sabido es que el « Espíritu Santo » impulsa siempre a la « Iglesia » hacia adelante, « más allá de sus límites », y que nosotros no debemos « poner impedimentos ni cerrar puertas » a aquellos a quienes  erróneamente consideramos « impuros ».

  A decir verdad, no estimo probable que Francisco esté pensando seriamente en administrar bautismos extraterrestres (aunque, viniendo de su parte, debo confesar que ya absolutamente nada podría sorprenderme…), sino más bien en el acceso a los sacramentos, principalmente a la comunión, de los divorciados vueltos a casar  y de los « gay », por utilizar el inédito lenguaje bergogliano, a quienes la « Iglesia » visiblemente cerraría las puertas de manera intolerante y arbitraria, impidiendo así al « Espíritu » soplar donde quiera…Ni que decir tiene que esta disparatada salida del actual ocupante de la sede petrina se inscribe en la estrategia de sensibilización de los espíritus con vistas a lo que habrá de tratarse en la Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, convocada por Francisco bajo el lema  « Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización » , que se desarrollará en la Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 14 de octubre de este año (aquí). Lo que también había sido el caso, semanas atrás, de la llamada telefónica que le hiciera a una mujer unida civilmente con un divorciado, quien le había escrito expresándole su incomprensión ante la negativa de su cura párroco a confesarla y a darle la comunión (aqui). A lo cual Francisco, según el testimonio de la amancebada, difundido como reguero de pólvora por la prensa mundial, habría respondido diciéndole que algunos sacerdotes son « más papistas que el papa » y que para solucionar el problema bastaría con que fuera « a confesarse y a comulgar a otra parroquia » (aqui). Versión que, cabe destacar, jamás fue desmentida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, dando así implícitamente por cierta la versión difundida por la pareja adúltera tras la « llamada telefónica privada » (!!!) que habían recibido desde el Vaticano (aqui). Esta hoja de ruta, que de modo previsible habrá de desembocar en la implementación de innovaciones radicales en el ámbito de la práctica sacramental y de la pastoral familiar, había sido anunciada solapadamente por Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, promulgada en noviembre pasado. Esto es lo que decía al respecto en el § 47 : « La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas. Pero hay otras puertas que tampoco se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es la puerta, el Bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas. »

  Además de las situaciones de irregularidad matrimonial, no hace falta ser profeta para atreverse a anticipar que en el próximo Sínodo se abordará igualmente la cuestión de las personas que reivindican la práctica del vicio contra natura. Varios hechos altamente simbólicos así lo sugieren, entre los que pueden mencionarse, además del ya legendario « ¿Quién soy yo para juzgar ? », lanzado por Francisco al concluir las JMJ de Río de Janeiro en su célebre conferencia de prensa aérea de regreso a Roma, los funerales de Don Gallo (aquí), famoso sacerdote comunista, adepto del aborto e incondicional de las reivindicaciones homosexualistas, celebrados en Génova por el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, en mayo de 2013. Durante dicha celebración, el cardenal Bagnasco realizó un panegírico encendido del difunto militante de la causa sodomita, permitiendo que dos transexuales hicieran la apología de la ideología LGBT en la lectura de la « plegaria universal », durante la cual agradecieron al clérigo apóstata por haberlos ayudado a « sentirse creaturas trans-gender (sic) deseadas y amadas por Dios », y a los que finalmente él distribuyó personalmente la comunión, mancillando sacrílegamente las Santas Especies eucarísticas (aquí). Escándalo de proporciones mayúsculas que, huelga decirlo, no provocó ninguna reacción por parte del Vaticano. Podríamos añadir muchísimos otros casos de semejante tenor, como por ejemplo el de la pareja de « madres » lesbianas cuya « hija » fue bautizada con gran pompa mediática en la Catedral de Córdoba el mes pasado (aquí), con la anuencia pública del arzobispo del lugar (aquí), siendo la madrina nada menos que el Presidente de la Nación Argentina (me estoy refiriendo a la harpía furiosa que engendró el « matrimonio igualitario » y la « adopción homoparental », ahora devenida colaboradora en la « educación cristiana » de la pobre niña…). O bien el del cardenal Dolan (aquí), arzobispo de Nueva York, quien congratuló públicamente a un jugador de fútbol homosexual por haber hecho su « coming out » (« ¡Bravo, me alegro por él, que Dios lo bendiga ! »), o el del cardenal Schönborn, arzobispo de Viena (aquí), quien felicitó calurosamente a su compatriota, la « drag queen » barbuda Conchita Wurst por su triunfo en el festival de Eurovisión (« ¡Me alegro que haya tenido tanto éxito ! En el colorido jardín de Dios hay variedad de colores : rezo para que su vida sea bendecida. »), o el del rabino Bergoglio, actual obispo de Roma, caminando tomado de la mano ante las cámaras de la televisión italiana con el sacerdote homosexualista Luigi Ciotti (aquí), o inclusive el del padre Decimejorge, cura porteño campechano y muy humilde, inquilino de la Casa Santa Marta del Vaticano, besando las manos al sacerdote igualmente homosexualista Michele de Paolis (aquí), sin contar con la inaudita recompensa que atribuyera a Francisco la revista The Advocate, la principal publicación LGBT de los Estados Unidos, al elegirlo « Persona del Año » en diciembre de 2013 (aquí), sin que hubiese habido la menor reacción o aclaración por parte del Vaticano ante la atribución de un premio tan embarazoso y acerca del cual, lo menos que podría decirse, es que resulta desconcertante y que crea confusión entre los fieles…Y de más está decir que esta lista podría prolongarse indefinidamente.  Lo que en cambio con seguridad no se prolongará indefinidamente es la paciencia divina. Estamos en condiciones de poder afirmarlo sin sombra de duda, puesto que Dios ha tenido para con nosotros, testigos impotentes de esta hora trágica en la que se despliega arrogante el misterio de iniquidad, la inmensa delicadeza de comunicarnos por anticipado cual habrá de ser el desenlace de esta farsa grotesca (aquí), de esta impostura abominable a la que asistimos azorados desde aquel saludo inaudito, desde aquel profano « buona sera » (aquí), pronunciado desde la loggia de la plaza San Pedro, cargado de un contenido simbólico tal que permitía ya entonces presagiar las calamidades sin fin que luego habrían de acaecer.

« Y fue apresada la bestia, y con ella el falso profeta que hacía señales delante de ella, con las cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen. Ambos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre. » (Ap. 19, 20)


   ¿Estaremos ante el falso profeta al que alude el apóstol San Juan en su revelación escatológica ? Si así fuera, lo único que faltaría es que se manifiestase « el otro », como lo llamó Nuestro Señor (Jn. 5, 43), « el hombre de iniquidad, el hijo de perdición, el adversario » (2 Tes. 2, 3). El cual, mientras aguarda pacientemente a que llegue su hora, observa desde las sombras como alguien está trabajando a destajo para allanarle el camino…
 
 
 
 
 

martes, 20 de mayo de 2014

Una crucifixión blasfema, cuadro preferido del Papa Francisco


(Tradición Digital)

Lo ha declarado en el libro El Jesuita:
—¿Una pintura?
—La Crucifixión Blanca, de Marc Chagall.
No hay mas detalles. Ni falta que hacen.
El cuadro es un ejemplo del victimismo judío, en el que Cristo, Víctima de la Sinagoga, es representado como un judío talmúdico. Un auténtico escupitajo blasfemo. Fue pintado en 1933 antes de los sucesos que la Sinagoga trata de presentar como “crimen absoluto”. Materialmente hablando no puede haber crimen absoluto, sino el cometido contra un ser infinito. Es fácil concluir que con ese falso crimen absoluto se trata de desplazar al verdadero crimen absoluto, el consumado en el Calvario.

Es inverosímil que un papa, precisamente Vicario de Cristo, no sea consciente de la gravedad de la blasfemia a Cristo. Y sin embargo…

A mayor inri, entre las inscripciones de la cabecera del cuadro de Chagall, que recibió la típica formación talmúdica de los judíos ultraortodoxos, habría un acrónimo que significaría: “Que su nombre y memoria sean olvidados”. Son difíciles de entender las cábalas hechas para llegar a esa conclusión, pero las hace, precisamente, un judío.


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Nota del blogger: Hay algo que me llama poderosamente la atención en este tema, en el que me saltan todas las señales de alarma, y es que, pudiendo agarrarse con devoción cristiana a la sobrenatural luz del Cristo de Velázquez, adorar la dramática profundidad del crucificado de Goya o embriagarse con el misticismo aristocrático de Rubens -hay tanto y bueno donde elegir-, el tipo termine eligiendo como cuadro favorito la insustancial e insípida pintura de un trastornado como él para blasfemar a Cristo. Digno de estudio psiquiátrico.

Me pregunto qué pensarán de esta crucifixión blasfema los que siguen llamando "papa" a este apóstata de la fe católica. Justificaciones ya no quedan tantas, pero supongo que algo encontrarán en el baúl de la desmemoria. Francisco llegó a manifestar "NO CREO EN UN DIOS CATÓLICO". Y salieron a mansalva legiones de pelotas y lameculos por tierra, mar y aire a justificar lo injustificable. Si tenemos que cargarnos el dogma central sobre la naturaleza de Dios, la Trinidad, no las cargamos, pensarían, pero que quede meridianamente claro que "Dios no es católico". Todo sea por salvar el culo de este deleznable sujeto. Y ahí siguen. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y me resulta absolutamente sobrenatural, extraño de asimilar, que teniendo en frente lo que tienen y con la cantidad de señales claras y diáfanas que manda diariamente este payaso a los enemigos de la cristiandad, nadie vea lo que está pasando en la Iglesia. En fin, que Dios Nuestro Señor nos dé la perseverancia final para reconocer entre las tinieblas su Gloria.

Les dejo con mi pintura favorita. Murillo (1617-1682).  «La adoración de los pastores»




lunes, 19 de mayo de 2014

Rorate Caeli





Enviad, cielos, rocío de lo alto,

y las nubes lluevan al Justo

1. Señor no nos dejes si estamos perdidos

por lugares tenebrosos donde no llega tu luz.

Caminamos cansados en el silencio inhóspito;

tan sólo pisamos arena del desierto de la vida.

señor, muéstranos tus caminos brillantes

que nos lleven al gozo.



Enviad....

2. Por todas partes resuenan las voces

que nos vienen de los profetas;

que nuestros corazones estén preparados.

hay que poner esfuerzo sin desmayo ni pausas.

Todos los que tenemos fe sabemos que Cristo se acerca.

Así el terreno reseco, pronto será,

gracias a Él, ubérrimo.



Enviad...

3. Es Dios y es mortal

ya que nacerá de María;

tierra y cielo unirá en amistad.

es el Hijo de Dios y lo será ahora de los hombres.

Con fe le espere el mundo, con clara alegría;

y bienaventurados serán

cuantos de Él esperen la Paz.

Enviad...



4. Quiere ser luz del mundo

y nacer en nuestro interior profundo

para que nuestro amor lo acoja.

Quiere que lo conozcamos sin el roer de las dudas.

Quiere que también esperemos su fausto regreso,

cuando venga a juzgar

el bien y el mal de nuestras vidas.


Elogio de los grandes sinvergüenzas

Elogio de los grandes sinvergüenzas.

Por Jacinto Choza

Hace unos cuantos años que vengo notando en nuestra sociedad la falta de unos elementos claves para la buena forma psíquica de todos sus ciudadanos. Antes de que comenzase la floración literaria sobre los rasgos neuróticos de nuestro tiempo venía sintiendo una nostalgia imprecisa, que por fin he logrado saber a qué se refería: lo que nos faltan son grandes sinvergüenzas. Es lamentable, pero es así.

Si me dedico a escribir estas líneas es porque no se ha reconocido aún que los grandes sinvergüenzas han desempeñado en la historia un papel altamente benéfico. Digamos que escribo por una deuda de gratitud hacia ellos, por un «deber de justicia». Cuando faltan grandes sinvergüenzas, como es nuestro caso, la salud psíquica de los pueblos parece que se resiente de un modo alarmante.

Para no herir susceptibilidades, me voy a situar en el siglo XVI, que, sospecho, queda lo suficientemente lejano como para no desatar pasiones. Por ejemplo, una cuestión sucesoria puede tener tal efecto, pero si se trata de la sucesión de Felipe el Hermoso, cualquier contemporáneo podrá considerarla sin que se altere su ritmo cardíaco.

Pues bien, yo siento nostalgia de formidables sinvergüenzas como Lope de Vega y Felipe II. Fueron grandes sinvergüenzas y fueron inauténticos: mejor aún, en su inautenticidad estribaba su grandeza. De ninguno de ellos puede decirse que obrara siempre de acuerdo con sus convicciones más íntimas y sus más básicos principios, que es lo más definitorio de la actitud ética contemporánea llamada autenticidad.

Es grato, por demás, que nuestra época tributa culto a los hombres auténticos por serlo, pero es ingrato que deteste a otros por lo mismo. Si nos atenemos a lo que significa «ser auténticos», tanto como Che Guevara lo fue don Adolfo Hitler y el señor Faruk. No logro explicarme por qué, siendo tan democrática e igualitarista la sociedad contemporánea, goza con un culto tan arbitrariamente unilateral.

Volvamos a nuestro siglo XVI. En él cabe admirar a Felipe II y a Lope de Vega porque eran inauténticos, y sobre todo, porque lo eran en ese aspecto tan trascendental de la vida de un hombre que es su relación con la mujer; mejor dicho, con las mujeres.

El magnífico Lope no abandonó el ejercicio de su ministerio sacerdotal porque lo creyera imprescindible para alcanzar la plenitud de esa madurez humana de la que tanto se habla hoy, o porque considerase que debía comportarse así en virtud de sus principios básicos. No señor. El gran Lope abandonó su ministerio porque, descuidando el fervor por el que mantenía la vista alzada al cielo, la dejó resbalar hacia la tierra, y comprobó que el animal racional femenino continuaba siendo una criatura fascinante.

Efectivamente, las mujeres pueden contarse entre las criaturas más hermosas de la tierra —sobre todo algunas— y sólo su belleza hace comprensible muchas locuras, a condición de que realmente la posean. Lope era un apasionado de la belleza y era un hombre. Hubiera sido una falta de galantería, e incluso de virilidad, basar su conducta en otros principios que no fueran la belleza de sus damas. Lope, que era un hombre y un esteta, no tuvo necesidad de inventar ningún principio psicológico ni teológico: las amó, sencillamente, porque eran hermosas; y por ellas abandonó sus principios más íntimos y sus convicciones más básicas.

Felipe II es, con todo, el más genial de los grandes sinvergüenzas, y, por consiguiente, aquél hacia el que deberíamos dirigir nuestra gratitud en mayor medida. Lo entenderemos bien si lo relacionamos con su colega Enrique VIII de Inglaterra.

El rey Felipe no era un hombre tan seco y adusto como nos ha hecho creer Tiziano. Era amante de la buena mesa y del buen vino, tenía en su dormitorio un cuadro de las tres gracias, y disfrutó de las mujeres más hermosas. En esto no actuaba el rey Felipe según las convicciones más básicas y los más íntimos principios de su Serenísima Majestad Católica. No era auténtico; pero para resolver sus incongruencias se sometía al juicio y a las amonestaciones de un sencillo fraile que le absolvía de sus pecados.

Su colega Enrique VIII, tal vez porque contaba con más cortesanos y con menos damas, tuvo que exigir el beneplácito de toda una «Conferencia Episcopal» para disfrutar de una sola mujer lo que Felipe disfrutó de muchas, sometiéndose luego a las recriminaciones de un solo presbítero.

El bueno de Enrique no quiso obrar en contra de sus más íntimas convicciones y de sus más básicos principios —que eran, por lo demás, los de todos sus compatriotas—, y en aras de la «autenticidad», para evitar que sus deseos fueran deshonestos, convirtió en honesto lo que deseaba. Para ello tuvo que hacer pasar por entre las dos sábanas de su lecho las conciencias de todos sus compatriotas, pero la autenticidad lo exigía. Enrique no quiso ser un sinvergüenza inauténtico, y se convirtió en un auténtico sinvergüenza. Ahí empieza a deteriorarse la salud mental de un pueblo.

Que un hombre abandone sus principios básicos por una mujer, dejando los principios básicos donde estaban, es reprobable, pero dice bastante en favor de ese hombre —y mucho en favor de esa mujer—: ese hombre podrá volver a sus principios cuando quiera, porque seguirán estando donde los había dejado.

Que un hombre lleve consigo sus principios, haciéndolos cambiar con sus deseos, dice poco en favor de la mujer, a la que ya no se ama por una cuestión de belleza, sino por una cuestión de principios, y dice menos en favor del hombre: porque el que se lleva consigo sus propios principios, en lugar de abandonarlos, nunca podrá volver a donde los había dejado, sencillamente, porque ya no están en ninguna parte.

A partir de ese momento, seducir damas recién casadas o novicias, abandonar el ministerio sacerdotal por una mujer, o cobijar en el regio tálamo a un sinfín de ellas, es una vulgaridad al alcance de cualquier mediocre: sencillamente, porque las han «convertido» en acciones indiferentes.

Los grandes sinvergüenzas podían arriesgar su alma a sabiendas por una mujer hermosa, pero tenía que serlo en grado sumo; les cabía la posibilidad de condenarse por un acto arriesgado y voluntario, pero sobre todo, les cabía la posibilidad de arrepentirse. A los auténticos sinvergüenzas no les cabe más que condenarse por acciones vulgares, después de haberse cortado a sí mismos la retirada hacia el arrepentimiento.

Los grandes sinvergüenzas nunca pretendieron justificar sus acciones, pero todos las comprendemos. Para seducir a una fémina jamás necesitaron el apoyo de los teólogos salmantinos: se apoyaron exclusivamente en su galantería. Y en la aventura que ellos sabían reprobable y arriesgada brillaba el vigor de su carácter y el romanticismo de la gran pasión. Sabían que obraban mal, pero el arrepentimiento y la absolución tenían para sus almas un efecto tan saludable como un buen baño, un buen almuerzo y una buena siesta para sus cuerpos. Su salud psíquica era envidiable. Los auténticos sinvergüenzas han echado a perder la salud de los pueblos.

Una mujer hermosa hace comprensibles muchas locuras —dije—, pero no todas: hace comprensible que un hombre abandone sus principios, pero no que los borre. La supresión de los principios tiene la ventaja de que ya no es posible hacer el mal, pero tiene el inconveniente de que tampoco se puede hacer el bien. Si ninguna acción es reprobable, por el mismo motivo ninguna es enaltecible. La supresión de los principios es la supresión de las lealtades, y si nada se prescribe, ni siquiera el amor es meritorio: en el caso de Lope, esto significa que abandonar los principios por la mujer no es mejor ni peor que renunciar a la mujer por los principios. Cuando todo es indiferente, la vida de los hombres y de los pueblos se estanca en esa terrorífica enfermedad que es el aburrimiento puro, porque el heroísmo y el riesgo son ya imposibles.

Los grandes sinvergüenzas, con su inautenticidad, contribuyeron a mantener la salud psíquica de los pueblos. Nuestra gratitud hacia ellos es un «deber de justicia»: porque dejaron la verdad donde estaba, su autenticidad era virtud; su inautenticidad, pasión; sus amoríos, pecados; sus amadas, hermosas; su arrepentimiento, salvación; y su vida, una emocionante aventura que, al menos no dejaba resquicios para el hastío y la indiferencia.

domingo, 18 de mayo de 2014

Eufemismos al servico del Mal

«Creemos en la sacralidad de la vida. En el pasado nos hemos concentrado exclusivamente sobre no al aborto y a la eutanasia. No puede ser así, en el medio está la existencia que se desarrolla. Yo no me identifico con los rostros inexpresivos de quien recita el rosario fuera de las clínicas que practican la interrupción del embarazo, sino con aquellos jóvenes que son contrarios a esta práctica y luchan por la calidad de la gente, por su derecho a la salud, al trabajo»
(Entrevista a Mons. Nunzio Galantino – May-12-2014).


Estos obispos se están convirtiendo, al igual que sus hermanos masones y otras ganaderías anticatólicas, en unos verdaderos catedráticos en eufemismos. Resulta evidente a toda mente abierta a la realidad de los hechos, que los eufemismos de esta tropa al servicio del Mal los carga el Diablo. Calificar el aborto de “interrupción del embarazo”, como hace el bufón Galantino, aparte de una infamia y una tomadura de pelo a su rebaño y una traición en toda regla a Cristo, es aceptar, legitimar, aprobar el nada inocente lenguaje de los Señores del Mundo. Lenguaje satánico alumbrado explícitamente en las pocilgas del Infierno por los enemigos seculares de la Iglesia para colar inadvertidamente a los ojos de la “ciudadanía” y los fieles, los experimentos de ingeniera social con los que se pretende derrocar la moral y el espíritu cristiano que forjó gloriosamente la civilización Occidental. Es decir, la cristiandad.

Como ustedes bien saben, un eufemismo es una palabra o frase que se utiliza en lugar de alguna otra que se considera de mal gusto o que es posible que ofenda o incomode a quien la escucha. Galantino -tan galante él- no quiere incomodar ni herir la sensibilidad de una mujer que asesina a su criatura en su vientre, y está dispuesto incluso a adulterar el mismo significado de las palabras para que no se sienta mal. Ni ella, ni el mundo. Rodríguez Zapatero (ex presidente del gobierno español y masón, aparte de estúpido cum laude) en el colmo de su locura socialdemócrata llegó a afirmar que “las palabras deben estar la servicio de la política”.

Este “obispo” de momento se conforma con poner las palabras al servicio del Demonio. En definitiva, que todos reman en la misma barca y en la misma dirección: La perdición.



miércoles, 14 de mayo de 2014

Una reflexión sobre un par de capítulos de la EVANGELII GAUDIUM de Francisco

Punto 197. "Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos" (Pg.147).

Si retrocedemos al punto anterior de la Exhortación, se puede leer un versículo de Mateo 6:33. 
Punto 196. "Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura." (Pg.143).

Es decir, en estas palabras del evangelista Mateo, hallamos las soluciones que Francisco NO encuentra para sus problemas contemporáneos. Resulta cuando menos sorprendente que todo un “Obispo de Roma” (entrecomillo “Obispo” porque para mi Francisco no es ni obispo ni papa ni tan siquiera católico) confiese patéticamente ante el mundo que la Iglesia no tiene propuestas para combatir los “problemas contemporáneos”.

Eso sería como anunciar que la Iglesia ya no tiene el monopolio de la Verdad, que es Cristo. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). El camino y la verdad para solucionar los problemas contemporáneos, el camino y la verdad para interpretar la realidad social actual, el camino y la verdad para obrar en una sociedad enferma su cura, desterrando el pecado, que es quien enferma en primera instancia la sociedad. Pero cuando se quiere abolir el pecado porque “no es una mancha que tenga que limpiar” (Francisco dixit) se inventan mentiras y distracciones que puedan sostener lo insostenible.

Claudicar, ceder terreno al enemigo, arrastrarse como una serpiente por el suelo para hacerte igual a ellos, esta es la verdadera política de Francisco en la Iglesia.



El sodomita monseñor Ricca acariciando a Bergoglio


lunes, 12 de mayo de 2014

Teología alienígena

"Si mañana llegara una expedición de marcianos, por ejemplo, y algunos de ellos vinieran donde nosotros, digo marcianos ¿no?... Verdes, con esa nariz larga y las orejas grandes, como los pintan los niños... Y uno dijera: "Pero, yo quiero el bautismo". ¿Qué pasaría?».



-Francisco en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta, este lunes dedicada a la conversión de los primeros paganos al cristianismo-.



¿Quién soy yo para negarle el bautismo a los marcianos?

Todos entendimos claramente la analogía Bergogliana menos los fatigas de siempre: si Kasper alumbró la misericordiosa y revolucionaria "teoría de rodillas", Bergoglio, el sabio humilde, nos descubre la TEOLOGÍA ALIENÍGENA.

Siempre creí que la Iglesia condenaba y enseñaba que no hay vida extraterrestre. Pero basta que diga esto la Iglesia para que el "papa" que besa manos de "sacerdote" impuro por hacer apología del homosexualismo haga bromitas con el tema. Al final si uno rasca en la personalidad de Jorge Mario, en su alma, en su proceder y su sentimentalismo friki encontrará un lúgubre graciosillo que, como todo el mundo sabe, nada tiene que ver con estar en gracia.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2014/05/12/quienes-somos-para-cerrar-puertas-quien-soy-yo-para-poner-impedimentos-a-dios-religion-iglesia-francisco-santa-marta-puertas-abiertas-espiritu.shtml



 
Encuentros en la tercera fase


 

Francisco: ”Hay que defenderse de lo que sea clericalismo”

De la manita del "sacerdote" pro gay y pro abortista Luigi Ciotti

Luego como buen demagogo hace todo lo contrario, se inventa un gobierno horizontal en la Iglesia para hacer lobby. Denuncia que sobra “burocracia” y funcionariado en la Iglesia y crea un cuerpo de comisarios que la antigua KGB soviética envidiaría. No quiere “mundanizar” la Iglesia pero la invita a dejarse manosear por el mundo. Alienta a sus compatriotas a que no viajen a Roma y el dinero del pasaje lo donen a los pobres. Paradójicamente, recibe como un virrey del África Tropical diariamente en audiencia a sindicalistas, políticos, gente variadas y faranduleros de la Argentina que al igual que el humilde anfitrión buscan una foto con la que asquerosamente seguir medrando bajo la sombra alargada de la Iglesia. Él no es nadie para condenar el homosexualismo, él directamente lo fomenta. Falsamente llora por los cristianos crucificados, no obstante, su maldito pico nunca señalará a los asesinos, su culo gordo de marica de feria siempre mirando a La Meca no lo permitiría. En definitiva, y para no alargarme mas, nos enfrentamos a un pérfido que porta en su sucia alma la diabólica maldad de un Fauché y en su cabeza la grave astucia de un Maquiavelo.

CARTA DE UN TERCIARIO A UN "PAPA" JESUITA


El falso papa besando las manos impuras de un sacerdote pro homosexualista
 


Por favor, deje en paz a nuestra hermosa Iglesia – la esposa inmaculada de Cristo, sin mancha y sin arruga – e invéntese su propia y desordenada “realidad eclesial” en otro lugar.


Jorge,
 
Aceptarlo a Ud. como papa supone una agónica crisis de conciencia. Ud. sigue sus emociones ignorantes y desordenadas a la manera autoritaria típicamente jesuítica, en vez de seguir los dogmas de Nuestro Señor Jesucristo. Se necesita ser extremadamente arrogante para actuar como lo hace Ud. con tanta “humildad”. Por supuesto, millones de personas ignorantes aceptan sus creencias no católicas, porque también se niegan a seguir los dogmas de Nuestro Señor.
 
Ud. debería repasar los tres primeros mandamientos (Éxodo 20 y Deuteronomio 5). El debilitamiento constante, progresista y marxista de la Iglesia que Ud. lleva a cabo, traiciona todos los días estos mandamientos.
 
Por emplear su terminología “New Age” y de la “Teologia de la liberación” Ud. se hace con ellos un “lío”. Los católicos han sido siempre educados en una conciencia formada, no en un continuo “lío” de sentimientos y confusos instintos. Antiguamente, las personas que estaban en desacuerdo con la Iglesia simplemente la abandonaban, y se pasaban a una religión falsa en la que se daban culto a sí mismos. Es a la vez sorprendente y descorazonador que Ud. se quede en la Iglesia simplemente para socavarla y destruirla. Por favor, deje en paz a nuestra hermosa Iglesia – la esposa inmaculada de Cristo, sin mancha y sin arruga – e invéntese su propia y desordenada “realidad eclesial” en otro lugar.
 
Usted anima a la trágicamente desorientada juventud de todo el mundo a “hacer lío”. Ud. ha abandonado el magnífico fundamento teológico fundamentado en las palabras de Jesús y reforzado durante siglos por brillantes y devotos papas, por Santos y Doctores. Nuestro Señor le hará responsable de la pérdida de la fe de millones de almas católicas. Usted es un pagano que selecciona y escoge ideas heterogéneas que brotan de su narcisismo arrogante y desordenado. A aquellos que aman y siguen a Cristo Ud. les llama “ideológos.” ¡Qué declaración tan ignorante! Jesús dijo entre otras cosas:
  • “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mateo 25:13);
  • “¡Qué estrecha es la puerta y dificultoso el camino que lleva a la vida! y pocos son los que lo hallan “(Mateo 07:14);
  • “Porque muchos son llamados, pero pocos los escogidos” (Mateo 22:14).
 
Estas tres citas nos recuerdan que los católicos deben permanecer vigilantes en cada momento de sus vidas. Los verdaderos católicos deben buscar sin pausa su salvación eterna. Un católico debe odiar el pecado y amar al pecador. Ud. parece que lo ha olvidado. Póngase de rodillas e implore a Dios que le haga conocer su Voluntad, en vez de ignorarle siguiendo su propia ignorancia manifiesta.
Los católicos meditamos todos los días en la presencia de Dios Todopoderoso sin saber cuándo vamos a llegar a encontrarnos con el Sumo Hacedor. Los verdaderos católicos reconocen el pecado en sí mismos y en los demás. Cristo no cesa de condenar la anticoncepción, el aborto, la sodomía, la fornicación y muchas otras abominaciones. Si el aborto continúa imbatible, nuestra respuesta contra esos crímenes debe ser también incesante. Los pecados anteriores desobedecen el sexto y noveno mandamientos. Tiemblo sólo de pensar cuál es su reacción a los pecados contra los otros ocho mandamientos.
 
¿Por qué nosotros hemos de ignorar nuestras obligaciones imperecederas para con Dios con el fin de complacerle a Ud. con su subjetividad desordenada? ¿Por qué no condena Ud. lo mismo que Cristo condena? ¿Por qué intenta pasar por alto nuestras obligaciones eternas para con Dios Todopoderoso? ¿Por qué quiere dejarnos vulnerables ante las fuerzas del infierno? Dios Todopoderoso sabe que Juan XXIII y Juan Pablo II no son santos. ¿Por qué darle una bofetada en la cara con ceremonias arrogantes y escandalosas? A mi me parece que es mejor ser un santo que pueda conseguir la eterna salvación que ser un “santo” salido del infierno.
Joseph Shaara, Ph.D.
Tercera Orden de San Francisco