jueves, 23 de enero de 2014

La sana doctrina de Francisco el prudente


Francisco: "Los cotilleos dividen a la comunidad, destruyen a la comunidad, son las armas del diablo"

“Yo estaba en la mesa del Papa: hubo pensamientos bastante profundos acerca de temas como el mesianismo, el diálogo interreligiosos y cómo sumar más a los musulmanes, nos dijo que esa mañana había hablado sobre Moisés y su guerra contra los amalequitas, y contamos chistes religiosos; el del Papa fue un clásico, que es buenísimo y contado por él tiene otro peso, sobre un cura que durante semanas da prédicas antisemitas hasta que Jesús, en la cruz, mira a la Virgen, que estaba a un lado, y le dice: ‘Mami, vámonos que no nos quieren…’”, relató el presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana.



Francisco: "Los cotilleos dividen a la comunidad, destruyen a la comunidad, son las armas del diablo"

Palabras de Francisco



¡Vieja camarera!
¡Promotor de coprofagia!
¡Especialista del Logos!
¡Contador de Rosarios!
¡Funcionario!
¡Ensimismado, prometeico y neo-pelagiano!
¡Restauracionista!
¡Pelagiano!
¡Don y doña Quejido!
¡Triunfalista!
¡Cristiano líquido!
¡Momia de museo!
¡Príncipe renacentista!
¡Obispo de aeropuerto!
¡Ideólogo del Logos!
¡Cortesano leproso!
¡Ideólogo!
¡Cara larga, lúgubre cristiano de funeral!
¡Gnóstico!
¡Obispo carrerista!
¡Amargado!
¡Simulador!
¡Obsesivo de la liturgia!
¡Decidor de oraciones!
¡Autoritario!
¡Elitista!
¡Pesimista quejumbroso y desilusionado!
¡Cristiano triste!
¡Niños! ¡Temerosos de bailar! ¡Llorones! ¡Temerosos de todo!
¡Requeridor de certezas en todo!
¡Cristiano cerrado, triste, atrapado, no un cristiano libre!
¡Cristiano pagano!
¡Pequeño monstruo!
¡Cristiano derrotado!
¡Recitador del Credo, cristiano papagayo!
¡Cristiano de fe aguada, débil de esperanza!
¡Golpeador inquisitorial!
¡Seminaristas que aprietan los dientes y aguardan terminar, observan reglas y sonríen, revelando la hipocresía del clericalismo -uno de los peores males!
¡Ideólogo abstracto!
¡Fundamentalista!
¡Adorador de sacerdotes, zalamero!
¡Devoto del dios Narciso!
¡Cura vanidoso como mariposa!
¡Cura chanchullero!
¡Cura magnate!
¡Religioso que tiene un corazón ácido como el vinagre!
¡Patrocinador del veneno de la inmanencia!




viernes, 17 de enero de 2014

Reflexiones sobre la Pasión de Cristo de Mel Gibson

 por Aquilino Duque




Mis  contactos con la enseñanza religiosa fueron efímeros y no puedo por 
tanto alardear de traumas psicológicos. Nunca supe en primera persona de 
ejercicios espirituales, por ejemplo .Una idea tengo, sin embargo, y esa idea me
permite decir que, al ver la película La pasión de Cristo de Mel Gibson, tengo
la impresión de haber hecho de una vez y a la vejez todos los ejercicios
espirituales que tenía que haber hecho en la niñez  y  en la juventud. Esa
película dista mucho de ser complaciente y va dirigida a los cristianos en
general y a los  católicos muy en particular. Yo entiendo que a muchos de ellos
les  moleste el que se les recuerde que ser cristiano no es tan fácil y que  la
Eucaristía es un banquete, sí, pero seguido de un sacrificio. Hace  muchos
años, siendo yo estudiante en Inglaterra, mi amigo el poeta José  Luis Tejada 
me envió una epístola en tercetos en la que decía, en  directa alusión al 
presunto ambiente religioso en que me suponía  inmerso: “líbrete Dios del viento
de poniente / y de la Biblia azul con mermelada”. Movido de algo más que de
curiosidad, asistí a alguna misa anglicana, cuya liturgia me pareció más
elaborada que la católica - corría el curso de   1954-55 – pero no podía saber
hasta qué punto el sacrificio se eclipsaba ante el banquete. Esto no lo supe
hasta muchos años después, a  comienzos de los 70, y quien me lo enseñó fue el
entonces P. Jesús Aguirre, en una discusión pública, que la policía trató de
reventar, con el P. Venancio Marcos. El P. Aguirre, vestido de yé-yé, con
blazer azul marino y pantalón de campana, le contrapuso al P. Marcos, vestido
por lo menos de clergyman,  la noción de la misa como banquete, que él
propugnaba, frente al  concepto tradicional de la misa como sacrificio. Ya
entonces empezaba  Occidente a invertir sus valores, y a esa inversión no
escaparían las iglesias cristianas, de suerte que ha sido en templos
anglicanos o  episcopalianos en los que he vuelto a asistir a las misas
tridentinas de  mi niñez y mi juventud, mientras en las iglesias católicas, por 
precepto postconciliar, la mesa del banquete sustituía al ara del  sacrificio.

En lo que al sacrificio se refiere, ha llegado a ser insoslayable el pensamiento
de René Girarden  el que justamente la Pasión de Cristo desempeña un papel
fundamental. Y  es que, según Girard, el Hijo del Hombre se constituye en
víctima  propiciatoria de una vez por todas, y es la evocación incruenta de ese 
sacrificio en la misa la que exime a la humanidad redimida de expiar sus 
pecados periódicamente en los cruentos rituales de las religiones primitivas.
Hay quien sostiene que esto no es así, aun siguiendo el razonamiento de
Girard, pero quien lo sostiene lo hace porque en primer lugar le niega a
Cristo su condición de Mesías. Es triste en efecto que los hombres, incluso los
que se tienen por cristianos, dejados de la mano de Dios, necesiten tener
alguien que  encarne todos los pecados de la época para odiarlo y exterminarlo
si es posible. Antaño el judío, hoy el nazi, concitan el rechazo colectivo, por
más que el nazi tenga ya sus antecedentes en el prusiano vencido de la Primera
Guerra Mundial. El actor austriaco Eric von Stroheim hizo entonces carrera con el
lema The man you would love to hate (“El hombre al que te encantaría odiar”).
Dije bien “cristianos” y “dejados de la mano de Dios”, pues nadie que sea 
incapaz de dejar de odiar puede en justicia llamarse cristiano. La gran 
aportación del cristianismo es el perdón y es la caridad. El  cristiano, para
ser quien es y como es, no necesita o no necesitaría odiar al que no es como
él o al que es todo lo contrario. El ateo, en cambio, tiene bula para odiar a
quien esté de moda odiar, sea en los campos de fútbol o en las campañas
electorales, y esa bula se la dio aquel personaje de Dostoyevski cuando dijo
que si Dios no  existe,  todo está permitido. Dice con harta razón Francisco
Bejarano que en la sociedad laica ya no hay pecadores, sino delincuentes. Un 
delincuente es un hombre que lleva a sus últimas consecuencias el  precepto de
la vida entendida como lucha permanente, sea de clases, de  razas, de sexos, de
intereses o de sucedáneos de la religión. El delincuente no tiene temor de Dios
y tampoco debe de temer mucho a las leyes de una sociedad sin valores que
proclama la neutralidad ética y se niega a distinguir entre el bien y el mal.
Su mayor castigo es la impunidad de su transgresión, o lo difícil que le
resulta que esa  sociedad se dé por transgredida. Uno de los méritos de Mel
Gibson es el de haberse valido de la estética de esta sociedad dejada de la
mano de Dios para devolverle la víctima expiatoria sin la que su vida carece
de sentido, el Dios Hombre al que le encantaría odiar. Para ello se arriesga
nada menos a que se le aplique aquel dicho antiguo de “a mal Cristo, mucha 
sangre” de nuestra imaginería barroca. Yo ví la película en vísperas de Semana
Santa en un cine muy próximo al templo del Gran Poder, y hubo momentos en que
me parecía estar contemplando la imagen de Juan de Mesa. La imaginería barroca
no es muy complaciente, que digamos, y no nos sutiliza precisamente la 
muerte ni el sufrimiento, pero no por ello podemos decir que su Cristo sea un
mal Cristo. Tampoco lo es uno que está en Colmar: el del Retablo de Issenheim,
de Matías Grünewald, ante el que si quieren pueden meditar sobre la Pasión los
europeos desmemoriados a quienes horroriza el film de Mel Gibson.


Retablo de Issenheim, de Matías Grünewald






sábado, 11 de enero de 2014

“La Iglesia está llena de cristianos derrotados” -Francisco-


Escucho interiormente su sarcástico regocijo de tinieblas al pronunciar estas proféticas palabras. Terror. Las carcajadas de Bergoglio se escuchan a miles de kilómetros. De Oriente a Occidente, y de Isla de Gongelad a Sudáfrica. Pues, otro no es su fin último que derrotar y hacer caer a los católicos que mantienen prietas la fe. Regocijo. Terror eclesial en manos de un traidor. Por lo tanto, debemos entender y concebir esta frase lapidaria del falso papa, “La Iglesia está llena de cristianos derrotados”, como lo que es, una seria declaración de guerra en toda regla a la cristiandad sufriente por sus pecados. Un auto de fe. El trabajo de demolición llevado a cabo por Bergoglio en la Iglesia en menos de un año será recordado por los historiadores de la Iglesia como la época en la que un (falso) papa manifestó de una manera atroz y desconocida para los mortales un odio tan apasionado contra la religión católica y cuanto con ella se encuentra relacionado. Un buen general nunca dicta palabras desangeladas y detractoras contra su ejército: Mi ejercito está lleno de soldados derrotados..., sino que inflama de valor y esperanza a su tropa.

 Bergoglio, evidentemente, no es un general, sólo, el caballo de Troya al servicio del Mal que esperábamos. De aquellos barros donde el relativismo y los nuevos mantras se hacen carne, estos lodos. El día madruga gris y metálicamente plúmbeo. Permanezco tumbado, cabizbajo, con las manos cruzadas sobre el pecho para intentar contener este dolor que me devora como lo harían las llamas de una hoguera. Bergoglio me crea una profunda desazón. Algo parecido a la terrible congoja que debe sentir una madre atenta cuando despide cariñosamente a su hijo a las puertas del colegio y avista como un lince en peligro de extinción y descubre en el cargado ambiente que la tormenta ya asoma por lontananza. La angustia la aplasta, pues nota que las aguas del mundo bajarán caudalosas. ¿Qué será de mi hijo?, se pregunta. ¿Qué será de la Iglesia?, me pregunto. Podríamos retrotraernos al primer momento en el que se decidió que la obra de demolición contra la Iglesia daba comienzo.

Ratzinger-1969: ¿profecía? ¿hoja de ruta?

                  
Diversos medios de comunicación han publicado y comentado en estos días unas charlas radiofónicas del entonces profesor Joseph Ratzinger. Fueron pronunciadas en 1969 y más tarde se recogieron en un libro ahora reeditado en español con el título Fe y futuro.
Probablemente, las reflexiones de Ratzinger habrían sido olvidadas, como tantas de las cosas que se dijeron en los años sesenta, a no ser por la trayectoria posterior de su autor. Algunos se asombran del don profético del teólogo alemán, nosotros descubrimos en los proyectos de 1969 algunas pistas de la hoja de ruta que iban a guiar al futuro prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Papa “emérito”.

Ratzinger y Biali escuchan a Karl Rahner, uno de los principales inspiradores del Vaticano II
Ratzinger y Biali escuchan a Karl Rahner, uno de los principales inspiradores del Vaticano II

Una Iglesia “interiorizada”
Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica.
Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha.
Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños.
El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada.

“El proceso será largo y laborioso”

Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura– hasta la renovación del siglo XIX.
Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza.
Porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas.
“Su verdadera crisis apenas ha comenzado”
A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe.
Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte”.

miércoles, 8 de enero de 2014

El Papa “marxista” pone en riesgo los dólares de los filántropos estadounidenses

Francisco ocupando su lugar
Nota del blogger

Francisco: "“la cultura de la prosperidad ha hecho a los ricos incapaces de sentir compasión por los pobres”."  Si esto no es juzgar que venga Dios y lo vea. ·"La cultura de la prosperidad...", dice, y se queda tan ancho. Supongo, por lo que da a entender por sus palabras, que a Bergoglio, más que la cultura de la prosperidad, le gusta, y le viene mejor para seguir con el cuento que se trae del falso amor a los pobres, la cultura de la miseria, de la penuria, la cultura de la carestía, de la escasez,  que es lo contrario a "la cultura de la prosperidad". A este tipo no hay por donde cogerlo. Todo en su ser está contaminado por la ideología que más miseria, hambre y destruición ha dado en la historia de la humanidad. Una persona así, con estas taras ideológicas y estos prejuicios y estos enraizados rencores inocultables, nunca puede ser el vicario de Cristo en la tierra. Por cierto, Cristo nunca condenó a los ricos, Bergoglio, en cambio, sí los condena. Cristo sí condenó a los que viven en el pecado, en la lujuria, en la sodomía, como los homosexuales, Bergoglio, en cambio, no los condena. Este es Francisco, el que ha venido a cambiar y subvertir la Palabra de Dios. El castigo será tremendo.

Pero ahora tenemos un nuevo problema creado por Francisco y su demagogia populista, tercermundista. Muchos ricos filántropos estadounidenses que aportan cantidades millonarias a las arcas de la Iglesia se niegan a colaborar con un déspota marxista como Francisco. Tonterías con nuestro dinero la justas. Más vale una vez colorado, que cientos amarillas, dirán los americanos, y con razón. Francisco no sabe lo que cuesta ganar en la calle un chavo, lo que hay que sufrir para llevar a casa algo de dinero, si no, cerraría el pico de una maldita vez y dejaría los discursos populistas que sólo traen hambre y miseria. Pero ¿qué es el hambre y la miseria frente a la posibilidad de ser elegido personaje más popular, y humilde, y tierno, y pobre, y amigo de los gay del año?


________________________________________________________________



por Pablo Mastrolilli del Vatican Insider

Mientras era Rush Limbaugh, el excéntrico comentarista radiofónico conservador norteamericano, o el Tea Party, influenciados quizá por un antiguo prejuicio anticatólico, se podía pasar por encima. Pero ahora, si es cierto que el fundandor de Home Depot, Ken Langone ha declarado a la televisión CNBC que las opiniones del Papa sobre la economía están creando un problema, es algo un poco más serio que hay que resolver.
 
 
Algunos grandes financieros de los Estados Unidos están reconsiderando las donaciones a la Iglesia, y esto pone en peligro sus actividades en todo el mundo. En la exhortación Evangelii Gaudium, el pontífice había advertido sobre los excesos del capitalismo. Los conservadores americanos habían reaccionado mal, y Limbaugh lo había acusado de usar un lenguaje marxista. En su entrevista con Andrea Tornielli a 'La Stampa', Francisco había respondido que el marxismo es una ideología errónea, “pero yo he conocido diversos marxistas que eran buenas personas, y por lo tanto este adjetivo no me ofende”.
 
 
La disputa con Limbaugh y el Tea Party se había cerrado así, pero ahora se estaría abriendo otra más peligrosa. Ken Langone es un católico muy devoto y también el fundador de la gran cadena de productos para la casa Home Depot. Ha hecho siempre donaciones importantes a la Iglesia, y el cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, lo ha involucrado en la recaudación de cerca de 180 millones de dólares necesarios para restaurar San Patrick, la catedral construida en 1878 en la Quinta Avenida.
 

 
“Un potencial donante a siete cifras –ha dicho Langone al canal económica CNBC-- me ha dicho que es reacio a participar porque está preocupado por las críticas del Papa hacia el capitalismo. Las considera un elemento de exclusión”.El donante había quedado especialmente impresionado por las palabras según las cuales “la cultura de la prosperidad ha hecho a los richos incapaces de sentir compasión por los pobres”. Langone dijo haber planteado la cuestión a Dolan: “Eminencia, esto es un obstáculo más del que no teníamos necesidad. Los americanos están entre los filántropos más generosos del mundo, pero deben ser abordados en la manera justa. Se obtiene más con la miel que con el vinagre”.
 
 
Según el fundador de Home Depot, Dolan lo tranquilizó explicándole que el donante había entendido mal las palabras de Francisco: “El Papa ama tanto a los pobres como a los ricos. Cuando este donante entienda bien su mensaje, no tendrá problemas en contribuir”. Langone respondió que hablará con él, pero no quiso hacer público el nombre de la persona.
 
 
El problema, si fuera más allá de una simple deserción, podría convertirse en algo complicado para el Vaticano, llegando incluso a plantear dificultades más allá de la recaudación de los fondos necesarios para restaurar San Patrick. Estados Unidos y Alemania, de hecho, son los países que contribuyen más en las actividades de la Iglesia en todo el mundo: si los grifos de los filántropos católicos se cerraran, remplazarlos para ayudar a los pobres como hacen las Catholic Charities, sería muy difícil.
 
 

Naturalmente puede ser que tenga razón Dolan: una duda no basta para crear un fenómeno, y una mejor comprensión de las opiniones de Francisco puede resolver la cuestión. Es curioso además que justo sobre estas posiciones económicas y sociales, la Casa Blanca espera reconstruir su relación con el Vaticano, después de las dificultades en el pasado legadas a los temas de la vida y el aborto.


Francisco ofreciendo una pelota de playa y una camiseta de la selección carioca a la Virgen.
 

domingo, 5 de enero de 2014

Francisco ha abolido el pecado

facex
La Iglesia vive momentos muy graves para su vida espiritual, porque nadie en el Vaticano habla las cosas como están en la Palabra de Dios, como se enseñan en el Magisterio de la Iglesia, como los Santos de todos los tiempos han vivido y obrado.
Las personas no saben discernir lo que pasa en la Iglesia porque no tienen vida de fe, vida de oración y de penitencia. Y así se dejan llevar de cualquier viento de doctrina, que parece buena a simple vista, pero es un nido de víboras que sólo se ofrece para condenar a las almas.
Quien quiera aprender la Verdad mirando las enseñanzas de Francisco, sólo se va a alimentar de la mentira que sale continuamente de su boca. No es que mienta Francisco, es que no dice una Verdad. Todo lo que escribe, lo que predica es para engañar a las almas. Y, para eso, se pone su disfraz de buena persona, de sacerdote santo, de hombre grato a los hombres.
Francisco no cree en el pecado: “Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo” (Francisco, 6 de octubre 2013).
Francisco define el pecado como el conflicto del hombre consigo mismo.
El pecado se define como una ofensa a Dios: “todo pecado es una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su Bondad” (Catecismo de la Iglesia Católica, n 397).
El pecado es algo que va contra Dios. Dios pone una ley, Dios manda algo, y el hombre le desobedece. Eso es ofender a Dios.
Francisco, para explicar el pecado, comienza por algo humano: es un conflicto con uno mismo. Ya no es un conflicto del hombre con Dios. Es claro, que Francisco no cree en el pecado, sino que cree en la idea que él tiene del pecado. Son dos cosas muy diferentes. El pecado es un misterio que la razón del hombre no puede explicar. Y, por tanto, o se cree en ese misterio o uno se inventa lo que es el pecado. Como Francisco no cree en el pecado, quiere medir ese misterio con su negra cabeza humana.
Y, en esta forma, él sigue explicando: “se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo de la mirada de Dios”. Es decir, que en el conflicto que el hombre tiene consigo mismo, ve su desnudez y tiene miedo de Dios.
¿Qué dice la Palabra de Dios?: “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol de que te prohibí comer? Y dijo el hombre: La mujer que me diste por compañera me dio de él y comí” (Gn 3, 12).
La Palabra de Dios nos dice que la desnudez de Adán es por comer del árbol que el Señor le prohibió comer. Adán vió su desnudez porque desobedeció a un mandato de Dios. Eso se llama pecar. Adán vio su desnudez no porque entró con un conflicto consigo mismo. Adán hizo caso a su mujer y comió lo que no tenía que comer. ¿Dónde está el conflicto consigo mismo? Sólo en la mente de Francisco. Francisco se inventa su interpretación de lo que es el pecado, pero no dice lo que la Palabra de Dios enseña sobre el pecado.
“De todos los árboles del Paraíso puedes comer, pero del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás” (Gn 2, 17).
La muerte entra en el hombre a causa del pecado, por desobedecer la orden divina, la ley de Dios, el mandato de Dios.
Esto tan sencillo, es lo que no explica Francisco. Y, por eso, él se esfuerza por enseñar su idea de lo que es el pecado: “acusa a la mujer, que es carne de su carne; rompe la armonía con la creación”.
Este es la herejía de Francisco: “rompe la armonía con la Creación”. Aquí está concentrado todo el pensamiento herético de Francisco.
Como no existe el pecado, es decir, no hay ofensa a Dios, no hay desobediencia a Dios, entonces el mal que ven nuestros ojos es por romper una armonía que ya existe.
¿Qué es la Creación para Francisco? : “Y vio Dios que era bueno (…) ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros? (…) que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es casa de armonía y de paz y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse en casa, porque es bueno”.
Aquí se ve el origen de su herejía. La Creación es algo armónico, bueno, sin roturas, sin nada malo en Ella, porque Dios la ha creado. Por tanto, el Paraíso todavía existe en la tierra. Hay un lugar, en este mundo, que es el Paraíso. Si no existe el pecado, este mundo es un Paraíso.
Dios puso a Adán y a Eva en el Paraíso, pero el Paraíso no todo estaba en armonía, en paz. Existía un ser en el Paraíso, distinto de Dios: el demonio, la serpiente. Un ser que sugiere al hombre una palabra distinta a la de Dios: “¿Con qué os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del Paraíso?” (Gn 3, 1).
Un ser que no enseña la Palabra de Dios, que no la recuerda, sino que da algo nuevo: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del Bien y del Mal” (Gn 3, 5).
En el Paraíso, existía un ser que mentía y que, por tanto, enseñaba algo distinto a la Verdad. Luego, en ese Paraíso no todo era armonía. Ya la creación, hecha buena por Dios, no era buena, porque existía el pecado: había un ser que hablaba el pecado y obraba el pecado.
Por tanto, nuestro mundo no es una casa de armonía y de paz, no es un lugar donde se pueda encontrar un puesto y sentirse seguro, porque no es buena, es mala, por el pecado.
Francisco niega el pecado del ángel y, por tanto, niega que en el Paraíso se dé el pecado. Es sólo el hombre el que rompe la armonía. Y ¿cómo la rompe? Porque entra en conflicto consigo mismo. Y ¿por qué entra en ese conflicto? Porque acusa a su mujer, que es carne de su carne.
Esto es lo que enseña Francisco. ¿Qué tenía que haber hecho Adán? No acusar a su mujer. Y, entonces, permanecía en la armonía del Paraíso. Entonces, no entraría en conflicto consigo mismo, sino que diría a Dios: yo cogí de ese árbol. Y eso sería armónico, en el pensamiento de Francisco.
¿Ven la herejía? Si no la ven, sigamos discerniendo el pensamiento de Francisco.
Él sigue diciendo: “¿Podemos decir que de la “armonía” se pasa a la “desarmonía”? No, no existe la “desarmonía”: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo”.
No existe la desarmonía. O se da la armonía o el caos. Así piensa este hereje.
No existe la desarmonía, es decir, que Adán puede comer del árbol, que el mandato de Dios para no comer hay que interpretarlo de otra manera. Si Adán come de ese árbol por su mano, sin que la mujer le diera el fruto, eso es armónico. Pero como la mujer le dio el fruto y Adán la acusó, eso es el caos. Adán hizo violencia, se enfrentó a la mujer que le dio de comer, y entonces, produjo el caos en el Paraíso. Pero la armonía de la Creación se sigue manteniendo. La creación sigue siendo buena. Es decir, no participa del caos que mete Adán al acusar a su mujer.
Esta es la herejía. El pecado sólo es algo en la mente del hombre, sólo es un conflicto que el hombre tiene con otro hombre, con su mujer, con un amigo, con un desconocido. Es sólo eso. Lo demás, la Creación sigue siendo buena, pura, armónica.
Y ¿qué enseña la Palabra de Dios?: “Por haber hecho esto (…) por ti será maldita la tierra” (Gn 3, 17).
Para Dios, la Creación está maldita. Ya no está la armonía, la paz, el bien de Dios. Para Francisco, sigue la armonía. Es clara su herejía. ¿Todavía no la ven?
Sigamos viendo su pensamiento: “La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay “violencia, división, rivalidad, guerra”. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo. Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”.
La creación sigue siendo una obra buena para Francisco. No está maldita, como enseña Dios en Su Palabra, sino que es el hombre que ha perdido el horizonte de esa belleza y se ha cerrado en su egoísmo. Es el hombre el que piensa sólo en sí mismo, es el hombre el que se deja arrastrar por los ídolos, el que se pone en el lugar de Dios y, entonces, se produce el caos. Y la pregunta es ¿por qué el hombre piensa sólo en sí mismo? Y Francisco responde así:
“Precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: “¿Dónde está Abel, tu hermano?”. Y Caín responde: “No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?” Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se pierde la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir”.
Francisco responde que el caos está en no guardar al otro. Adán culpó a su mujer, entonces vino el caos, la muerte. Caín no guardó a su hermano, entonces lo mató. El hombre, al perder la armonía, entra en el caos. El hombre ya no protege al hombre, sino que lo combate. ¿Ven la herejía?
No existe el pecado, sino el caos que el mismo hombre pone en sí mismo al no mirar a su hermano, al otro hombre. La creación sigue siendo buena, hermosa, pero el hombre –él mismo-, cada hombre, mete un caos porque no comparte con el otro hombre, con su hermano, no lo protege, no lo ama y, por tanto, se va de la armonía, se va de la paz, se va de la unidad.
Francisco niega el pecado y tiene que explicar el mal de esta manera. El mal es un asunto de la conciencia de cada hombre: “Dios pregunta a la conciencia del hombre”. ¿Ven el error? ¿Ven la doctrina del demonio en esta frase?
Para Francisco, Dios no enseña al hombre, Dios no amonesta al hombre su pecado, Dios no maldice a Caín, Dios no hace Justicia a Caín. Sino que Dios habla a la conciencia de Caín para enseñarle que lo que hizo está mal porque no protegió a su hermano. Dios no le enseñó que pecó contra Él, que hizo una ofensa a Dios, sino que le enseñó que hizo una ofensa a un hermano, a otro hombre. Y, por tanto, ese caos se repara volviendo a mirar al hombre, haciendo algo bueno para el hombre.
¿Disciernen la herejía de Francisco sobre el pecado y la Creación?
Para Francisco, no se da el pecado ni del demonio, ni del hombre, ni de la Creación. No hay pecado que reparar. El hombre sólo tiene que quitar su conciencia mala hacia los demás hombres. El hombre sólo tiene que hacer un bien al otro hombre (= dar dinero, dar de comer), sólo tiene que compartir su vida con los demás hombres, y entonces el hombre vuelve a la armonía que existe en el Universo.
Esta es la herejía clarísima de Francisco: “Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha perdido”.
Para quitar el pecado, el hombre no tiene que mirar su conciencia sino a Dios, porque la ofensa es con Dios. El pecado sólo se hace a Dios, no al hombre, no a la creación. A Dios. Si el hombre no ve su mal que obra con relación a Dios, sino sólo al hombre, entonces, nunca va a a quitar el pecado, porque el pecado se quita por el don de Dios al alma.
Es la gracia la que quita el pecado. Si Dios no da la gracia, por más bien que el hombre haga a su alrededor, por más alimentos que dé a los pobres, por más que resuelva necesidades materiales, humanas de los hombres, nunca va a a quitar el mal en el mundo. Nunca.
Mirar la conciencia es, para el hombre, ver a Dios. Mirar la conciencia nunca es para fijarse en el mal que hacemos a los demás. Es para fijarse en el daño que hacemos a Dios con nuestros males.
El hombre daña a Dios cuando peca. El hombre hiere a Dios cuando peca. El hombre se enfrenta a Dios cuando peca. Lo demás, es fruto del daño que se hace a Dios, de la ofensa a Dios, de la desobediencia a Dios.
Las violencias, las guerras, las maldades de todo tipo que hacen los hombres contra otros hombres, es porque se hace daño a Dios, porque se ofende a Dios. Son las consecuencias del pecado contra Dios. Si se peca contra Dios, se odia al hombre. Si se ama a Dios, se ama al hombre. No se vuelve a Dios porque se ama al hombre. Se vuelve a Dios porque se quita el daño que se ha hecho a Dios, se repara, se expía. Y, para repararlo, el camino de Cristo Crucificado.
Francisco da la doctrina del demonio en esta interpretación del pecado y de la creación. Francisco ha abolido el pecado. Por eso, dice en la entrevista de la Civilta católica: “Yo estoy convencido de una cosa: los grandes cambios de la historia se realizan cuando la realidad fue vista no desde el centro, sino desde la periferia”.
Este es el resumen de cómo hay que remediar los males que el mismo hombre produce en su caos, para volver a la armonía que se ve en la creación.
Como no existe el pecado como ofensa a Dios, sino que el pecado es un mal que se hace al prójimo, entonces, hay que ir a la periferia para cambiar el mundo, para entrar en la armonía de la Creación. Hay que ir a donde está el hombre con sus problemas porque somos nosotros los que hemos creado esos problemas. Es nuestro caos.
Hay que ver el mundo desde puntos de vista diferentes, hay que descolocarse del centro de uno mismo y, entonces, estar en los pensamientos de los demás, en sus vidas, en sus problemas, ayudarles en sus culturas, en sus sueños, en todo lo que para ellos es la vida. Y así se vuelve a la armonía que se da en el universo. ¿Ven la grave herejía de este desgraciado?
Es necesario el contacto con los pobres, el compartir con los gays, con los ateos, con los judíos, con los protestantes, comprender sus vidas y darles un beso y un abrazo porque son también nuestros hermanos. Son buenas personas. La creación es maravillosa. Está en cada hombre. Cada hombres es una pieza de arte, es sagrado, es intocable, es inmaculado.
Hay que besar el trasero del pecador y de su pecado, hay que decirle al que peca que siga pecando, que lo que él piensa de su vida está bien. Que siga con su vida, pero que no moleste a los demás, como Adán que acusó a Eva. Que no acuse al otro de su mal, de su caos. Allá cada uno con su conciencia.
Esto es Francisco. ¿Qué se creen que es un santo? Él va contra la Palabra de Dios, que es la Verdad. Y quiere con sus palabras, con su lenguaje cambiar el mundo: “Se necesita un nuevo lenguaje, un nuevo modo de decir las cosas”. Ya el Evangelio se ha quedado viejo, antiguo. Ya no sirve lo que Dios ha revelado al hombre. Sólo sirve lo que el hombre puede pensar con sus ideas y llegar a un nuevo planteamiento de la vida.
Se imita a Jesús, para Francisco, acogiendo los problemas de los hombres, abrazando sus pecados, quitando importancia a los males que hace. Hay que iluminar el futuro, hay que dar nuevos caminos a los hombres. Los hombres ya están hartos de siempre lo mismo, de los mismos dogmas, de las mismas verdades, de las misma leyes, normas, reglas; el mundo es otra cosa. Hay que ir de la mano de las modas de los hombres, de lo que piensan los hombres, de sus culturas. Por eso, hay que ayudar a los gays a que sigan siendo gays. Ése es el futuro. Son criaturas buenas, hechas por Dios, porque la creación no está maldita. Es el gay el que tiene un conflicto consigo mismo, es que ha pensado mal su vida. Es lo que los demás lo han juzgado y condenado. Hay que dejarle que siga siendo gay. Eso es la armonía. Eso da la paz al mundo.
Así piensa Francisco: “no se resuelven los problemas simplemente prohibiendo hacer esto o aquello. Es necesario mucho diálogo, mucha confrontación”. Ya no hay leyes, no hay reglas, no hay mandamientos. Es sólo hablar de las cosas y así se vuelve a la armonía de siempre.
Francisco un maldito que habla sólo para condenar a las almas y para llevar a la Iglesia hacia la ruina y su destrucción total. Ésa es la nueva iglesia que se presenta en Roma. ¡Es para llorar!
 
 
 
 

jueves, 2 de enero de 2014

Atando los cabos de pecado; el catolicismo diluido que causa sufrimiento

                   
Hace poco descubrí un blog muy bueno escrito por el Padre Peter Carota, un sacerdote de Phoenix, Arizona en EEUU. El blog se llama “Traditional Catholic Priest” y lo recomiendo a todos los que leen en inglés. Y para los que no dominan el inglés he traducido una entrada del blog en cuestión. Espero que os guste. Es una mirada sacerdotal sobre el mal en el mundo y el sufrimiento causado por desobedecer los Mandamientos del Señor.

Atando los cabos de pecado; el catolicismo diluido que causa sufrimiento

Una mujer entró a mi despacho aquí en Santa Catalina de Siena para pagar $3 por un cirio. Vive al otro lado de la calle de la rectoría/despacho. En medio de la noche oigo gritos de mujeres que provienen de cerca de su apartamento. Los tiros también suelen provenir de esa dirección. Le pregunté de qué iba todo eso.
Me contó que más allá en el callejón hay una casa de drogas, y que dan palizas a las prostitutas que no traen suficiente dinero.
 
993612_208816379274083_57234886_n
“La jugada maestra del Demonio fue convencer al mundo de que no existía”

El otro día me fijé en una joven mejicana que vestía de forma muy poco modesta y caminaba hacía ahí. Sentí lástima por ella y pensé que debía ser una prostituta por el color rojo chillón del vestido/bañador que llevaba.
Cuento esto mientras reflexiono sobre las decisiones que llevaron a esta joven mujer a convertirse en una prostituta, estar enganchada a las drogas y recibir palizas de los hombres. Todo esto me conmueve profundamente.
Cada vez que veamos a gente rota, prostitutas, drogadictos y alcohólicos, debería conmovernos profundamente. Debería intranquilizarnos que existan carteles de la droga, casas de la droga y jóvenes fumando marihuana. ¿Quiénes son los hombres que introducen a estas mujeres en el negocio del sexo? ¿Quiénes son los hombres que pagan por tener sexo con estas prostitutas? ¿Cómo empezaron a destruirse y a destruir a las mujeres? ¿Cómo arrancaron todos los carteles mejicanos? Intentemos unir cabos, descubramos lo que llevó a esta joven a convertirse en una prostituta y una drogadicta.
Al nacer era una niña preciosa. Dios la creó a Su imagen y semejanza. Siendo mejicana lo más probable es que fue llevada a una iglesia católica  por sus padres y padrinos para ser bautizada. ¿Entonces qué falló?
Aquí es donde tengo que distinguir entre los cabos católicos y los que yo llamo liberales. Lo más seguro es que fue un bautismo en que el cura nunca dijo nada acerca de renunciar a Satanás, rechazar sus pompas, ni tomar una firme determinación de ser una católica practicante y santa. Quizá me equivoque. No lo sé. No estuve ahí. Simplemente deduzco desde el punto de partida: una prostituta mejicana, y doy marcha atrás hacía donde todo empezó.
La única razón por la que utilizo a una prostituta mejicana en vez de una blanca es que la blanca tendría menos papeletas de ser católica. Hay prostitutas blancas, orientales, negras e hispanas. Todas nuestras razas pecan. Amo todas las razas y quiero que todas se salven por medio de la Iglesia Católica de Jesucristo.
A lo mejor sus padres no practicaban ni entendían demasiado bien la fe católica. ¿Quién tendría la culpa de ello? Los obispos, curas, catequistas y padres. Tenemos un catolicismo que es “simpático” hacía todo el mundo que pide los sacramentos. ¿Pero es simpático que una niña acabe como una prostituta drogadicta? Por este motivo he sacado todo esto. No tengo todas las respuestas. Sólo medito sobre lo que tenemos que contemplar cada día, y quiero hacer algo para parar lo que causó que esta joven sufra hoy como prostituta apaleada.
CrownedWithThornsSeas liberal, tradicional, católico o no, debería molestarte que la sociedad sea tan mala y que la gente sufra tanto por sus pecados. ¿Nunca te has preguntado porqué?
Cada paso en el camino de la vida de esta joven tuvo su importancia. La familia que tuvo. Los amigos en el colegio. La parroquia que visitaba (o no). Los sacerdotes en la parroquia. El obispo de su diócesis. La edad con que empezó a salir con chicos. El hombre que le robó la virginidad. Los amigos que le ofrecieron drogas por primera vez. Su instituto. Los profesores que tuvo. Los deberes que hizo (o no). Las películas que vio. Las amigas que le introdujeron en la música que ahora le gusta. La ropa que su madre y su hermana llevaban. Las revistas que leyó. Los libros que leyó. Las oraciones que aprendió (o no). Las oraciones que rezó en familia (o no).
¿Tuvo a un padre santo? ¿Estaban siempre trabajando sus padres mientras ella se iba de fiesta? ¿La querían sus padres y se lo decían? ¿Fue fiel su padre a su madre? ¿Tomaba drogas o estuvo en la cárcel? ¿Fue una autoridad espiritual para su familia? ¿Abandonó a ella y a su madre? ¿Le permitió irse de fiesta y vestirse sin pudor?
945984_246541835501537_640601987_n
Cuando fue a Misa, ¿escuchó la Verdad Católica o fue complacida con mensajes bienpensantes diciendo que todos estamos muy bien como estamos? ¿Su familia fue impactada por las homilías del sacerdote? ¿Fueron exhortados a ser santos y a obedecer las reglas de la Iglesia de Cristo?
Yo opino que todo el sufrimiento en el mundo de hoy es el resultado directo de un catolicismo diluido. Es causado por sacerdotes y obispos que se niegan a decir las verdades que duelen, porque ellos mismos ya ni las creen ni quieren vivir en sintonía con ellas. Este silencio puede deberse también al miedo que tienen de decir la Verdad Católica, pensando en los problemas que se buscarán con sus obispos progresistas o con el pueblo que oye su predicación.
Si, la gente se larga de la parroquia si dices la verdad acerca de la moral católica.
Sin embargo, opino que es precisamente por no predicar estas leyes importantes de Dios (que ofenden a la mayoría de católicos) que tenemos a prostitutas católicas enganchadas a las drogas y padeciendo palizas de sus chulos.
A lo largo del camino hacía la prostitución los padres, los amigos y la Iglesia podían haber salvado a esta joven. Quizá dirás que por muy buenos sacerdotes, padres o amigos que tuviera, hubiera terminado siendo una prostituta de todas maneras. Es una posibilidad. No obstante, la estricta enseñanza moral, familias católicas fuertes y la autodisciplina suelen dar vidas más felices, más santas y más sanas.
Si queremos ayudar a nuestros familiares y a los miembros de nuestra Iglesia a ser libres, santos, felices y sanos, podemos compartir con todos los que conocemos la moral católica. Podemos recordarles la gran verdad: “la moralidad de Dios es una moralidad de amor para ahorrarnos sufrimiento.” Podemos recordar que Dios nos creó y que nos conoce muchísimo mejor que nosotros mismos. Dio Sus Mandamientos a Sus hijos, por amor, para protegernos, sin otra razón. ¿Cuándo maduraremos y entenderemos esto?
Man of Sorrows_Christ as the_COTER, Colijn de
Dado que casi todos vemos el sufrimiento de los pobres pecadores en este mundo, es una gracia poder evitar el pecado y vivir una vida santa. Por amor puedes ser un católico tradicional y hablar la verdad con amor. Todo se reduce al AMOR. Amamos a Dios y queremos obedecerle. Amamos a los demás y queremos que ellos le obedezcan, para que no sufran, aquí en este mundo y en el otro mundo, para toda la Eternidad en el Infierno.


artículo visto en Tradición Digital.
http://tradiciondigital.es/2014/01/11/el-sacramento-catolico-tradicional-del-matrimonio/