martes, 26 de agosto de 2014

"Un ejército para hacer la paz. La geopolítica de Francisco".

Así titula su último buenista y demagogo artículo, "Un ejército para hacer la paz. La geopolítica de Francisco", el vaticanista Sandro Magister. Estomago grande y agradecido donde los haya, y convidado por sus jefes a sacar las castañas del fuego en la que cae un día sí y otro también la diplomacia vaticana con Francisco a la cabeza. "Un ejercito para hacer la paz"... Ahí quedó ese estúpido y cobarde eufemismo para la historia de la infamia. Ambigüedades conceptuales y anfibologías de la Nueva Era, del Nuevo Orden Mundial, que solo pretenden ensombrecer una realidad y una verdad que nunca cambiará: los ejércitos nacen, se crean y se fortalecen para hacer la guerra, no la paz. Un ejercito tiene como función primordial enfrentarse al enemigo y ganar la guerra. Un ejercito no viene al mundo para repartir leche en polvo, hacer de enfermera, poner tiritas a los heridos en el frente o a dialogar para la paz. Un ejercito entra en combate con su sangre, sudor y lagrimas para triunfar, eliminar al enemigo e intentar por todos los medios a su alcance que haya el menor número de bajas en sus filas. Una vez ganada la guerra, se asienta con todos los medios posibles en esa región los cimientos necesarios para que el enemigo, en este caso, las malas bestias genocidas del Estado Islámico, no vuelva a levantar el vuelo ni a ponerse altanero en al menos veinte siglos.

Segundo: "Para hacer la paz" la primera condición necesaria es que haya dos bandos enfrentados. Aquí eso no existe, no se da el caso, no hay dos bandos. Aquí solo vemos pobres personas que ponen sus cuellos y sus vidas a disposición de unos terroristas islámicos, y unos cabrones que masacran y torturan a esos inocentes. Por lo tanto, es imposible firmar la paz con unos energúmenos que solo alimentan y tienen como único fin en sus cabecitas de subnormales la idea de cortarte el cuello, de eliminarte del mundo. Con estos asesinos no hay diálogo que valga, ni paz de los cementerios. Sencillamente se les combate, se les da caza vivo o muerto, y por último, los que sobrevivan a la guerra se le encierra en una cárcel y no vuelven a ver el sol del día en sus asquerosas vidas.

La sola idea de hablar de paz con estos asesinos es darle alas y munición al enemigo para que sigan arrasando lo que encuentren a sus paso. Dile a un fanático islamista que quiere "hacer la paz" con él y automáticamente te meará encima. Y te lo tienes bien ganado, por pusilánime y cobarde. Y luego, por imbécil, no pienses que por claudicar te dejará vivo, acabarás con tu cabeza entre las manos de unos de estos puercos. Churchill al primer ministro británico Charbenlain: "Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegisteis el deshonor pero tendréis la guerra.". Pues eso.

1 comentario:

  1. panda de fantoches soplados por los vientos anales de MASONES, SIONISTAS, COMUNISTAS, en eso acabó Roma Demolida, por supuesto.

    eso no es La Iglesia ni la Fe, hay que mearse y cagarse en esa falsa iglesia, aparte de que tambien lo acaben haciendo tales demoniados del tiempo final.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.