sábado, 9 de agosto de 2014

Francisco no es más que lo que se ve


del Blog católico Lumen Mariae (enlace)




siyonofuera
 
Francisco no es más que lo que se ve, es decir, un hombre pervertido en su inteligencia humana, idealista, mundano, profano, vividor de su orgullo, fornicario de las mentes de los hombres, con una boca que siembra tempestades, con un corazón lleno de odio hacia todos los hombres, con una mente propia de un loco.
Francisco no tiene ninguna vida espiritual. No tiene unión con Dios. Vive su vida, como a él le da la real gana. Y, después, habla un poco de todo, pero sólo para calentar el ambiente, para entretener a la masa, para desviar la atención de lo que otros están haciendo en la oscuridad.
Francisco habla y nunca dice nada. No hay una verdad cuando habla. Habla para hacer ruido, pero deja un vacío a su alrededor, propio de almas que están en la vida porque tienen que estar. A Francisco le ha tocado la lotería con la Silla de Pedro. Y ahí está divirtiéndose de lo lindo, gastando su premio, derrochándolo, para acabar como un idiota ante la Iglesia y el mundo. Porque es así como todos los ven, pero nadie se atreve a decirlo, por el respeto humano, por el qué dirán, porque la gente, hoy día, sólo vive haciendo caso a sus sentimentalismos baratos y le sienta mal escuchar que Francisco es un idiota. Y es lo que muchos piensan en su interior, pero, claro, les da cargo de conciencia porque no tienen la libertad del Espíritu y no saben llamar a un idiota cuando hay que llamarlo.
Esto es Francisco: no es más que lo que se ve, con un interior vacío de toda Verdad, pero lleno de la mente del demonio para engañar a todo el mundo con palabras baratas y blasfemas. Francisco es (citas tomadas de su Evangelium Gaudium: la alegría mundana de la palabra del demonio):
• un hombre simplón: “Hay que vivir con alegría las pequeñas cosas de la vida cotidiana (…) No te prives de pasar un buen día” (Pg. 6)
• que no busca la conversión de las almas, sino su unión en la mentira: “La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción” (Pg.15).
• que su gloria es el mundo, su tiempo es para encontrar la alegría en el mundo, pero no para predicar a Cristo Crucificado. Hay que marcar el tiempo de la alegría profana, pero no el de la Cruz, no el del sufrimiento, no el del despojo de todo lo humano. La evangelización se marca con la Cruz, no con un beso y un abrazo: “En esta exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría” (Pg.3)
• un hombre que no sabe lo que es la alegría del corazón, porque no llama a las obras de la tecnología como las obras del pecado, que sólo engendran placer pecaminoso, incapaz de dar la alegría al hombre: “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría” (Pg.8).
• un personaje que no sabe hablar del amor, sino de la vida. Quien da amor da vida, pero quien da vida encuentra muerte a su alrededor. Jesús amó hasta el extremo y, por eso, dio su vida. Pero este burlón de la vida, sólo quiere crecer de cualquier manera en la vida, buscando sólo lo social, lo común, lo mundano, la fama, la gloria de los hombres. Y no se da cuenta de que está madurando para el infierno. Quien no se da a Dios no puede darse al otro: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Madura a la vez que nos damos a los otros” (Pg.10).
• un hombre que no sabe que Jesucristo vino a hacer la Voluntad de su Padre, que sólo se puede obrar en la Cruz del Calvario, y que, por tanto, no vino a ser creativo, a inventarse una nueva forma de vivir entre los hombres, no vino a demostrar su sabiduría humana, sino a obrar la sabiduría eterna, la que no cambia, la que no inventa, la que no crea nada nuevo: “Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina” (Pg.11).
• Y, por eso, se hizo un maldito, se abajó de su rango para demostrar a los hombres que Dios pone un camino en la miseria del pecado a cualquier hombre que reconozca su pecado ante el Verbo Encarnado. Jesús no se hizo pobre. Jesús se humilló y escondió la riqueza de su divinidad para enseñar al hombre a caminar en la pobreza de su mente, en el despojo de su inteligencia humana, en la cruz de su voluntad propia. Dios no tiene preferencias sobre los estómagos vacíos. Dios ensalza a los humildes de corazón, a los que tienen temor de Él. A los demás, sean pobres o sean ricos, les da un manotazo en sus soberbias: “El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre” (Pg.155).
• un hombre que ha anulado el poder divino por su ambición de poder humano: “Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado” (Pg.29).
• y que le urge descentralizarlo todo para poner el fundamento de la división y el cisma en toda la Iglesia. Los Obispos son nada en la Iglesia sin la Voz del Papa, sin la obediencia al Vicario de Cristo. Como Francisco no es Papa, entonces todos en la Iglesia están con un poder humano para hacer los que les da la gana. Y eso hay que llamarlo, en el lenguaje de un necio, sana descentralización. Es el lenguaje que usan para no decir: somos los nuevos inquisidores de Roma y estamos en todas partes. Ya no acudan a Roma para resolver nada. Nosotros somos los cabecillas de la nueva revolución comunista en cada parroquia, en cada diócesis porque tenemos el poder que un idiota nos ha entregado: “No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable ‘descentralización” (Pg.16).
• un hombre, que no sabe ser Obispo, sino un lobo que acecha a todas las ovejas, las investiga, está atento a cualquier cosa para devorarlas con su mente de iniquidad. Un Obispo que no sabe dar a la Iglesia la Voluntad de Dios. Un Obispo que no sabe enseñar las virtudes de la fe, esperanza y caridad, porque vive escuchando las necesidades del pueblo, sin hacer caso de los intereses divinos y celestiales. Un Obispo que se ha creído humilde y pobre, porque viste como un idiota, porque se sienta con la gente que come su almuerzo, porque se tira fotos con los católicos tibios que van a aplaudir a un subnormal como jefe de su iglesia. Un Obispo que se queda atrás en el camino para que las almas no pierdan la senda de la condenación, que ayuda a todos a condenarse y a bailar con el demonio mientras pasan la vida en sus grandes asuntos humanos: “El obispo estará a veces delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados” (Pg.28).
• que no sabe lo que es evangelizar a Cristo, no sabe lo que es dar la Palabra de Dios, que es la Palabra de la Cruz, sino que sólo le importa abrir su bocazas para irradiar humanidad: “Los evangelizadores tienen ‘olor a oveja’ y éstas escuchan su voz” (Pg.22).
• y, por tanto, está urgido a predicar lo que otros quieren oír, para engañarlos en la vida del mundo, en la tibieza de lo espiritual y en la condenación eterna: “El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar” (Pg.122).
• un hombre que vive la empresa económica y política de sus pobres en su nueva sociedad: “Quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos” (Pg.157).
• que no ha comprendido que el Evangelio es para salvar y santificar el alma, no para llenar estómagos, ni para saldar cuentas económicas, ni para vivir la estructura de una política de masas, invocando el estúpido bien mundial. La fe y el comunismo es la atadura del modernismo para fundar una iglesia de pecadores y de pervertidos sexuales: “Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (Pg.41).
• un hombre, que ha sido llamado por el demonio para crear una comunidad de gente sin moral, de almas sin virtud, de corazones llamados a obrar las mismas obras de Satanás en la Iglesia. Gente que sólo quiere conquistar el mundo, pero que no le interesa conquistar el Cielo. Gente que no se apoya en la seguridad del dogma, sino en el viento de su lenguaje humano, lleno de relatividades y sentimentalismos: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (Pg.41).
• un hombre que hay que recordarle que el Sacramente de la Penitencia es para impartir Justicia, no Misericordia. Porque si no se juzga al pecador y a su pecado no hay Sacramento. Un hombre que convierte la gracia de la confesión en una charla psiquiátrica para darle al otro aquello que más le conviene en su estúpido sentimiento humano. En la confesión hay que estimular al penitente a nunca más pecar, a odiar el pecado, a que trabaje para quitar su maldito y negro pecado de su absurda vida: “A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible” (Pg.38).
• un hombre, que anulando la Justicia, y poniendo como camino la Misericordia mal entendida en su estúpido razonamiento humano, hace de la Eucaristía el lugar del sacrilegio perpetuo y la ocasión para que las almas, que no saben discernir la vida espiritual, queden en manos del demonio y vayan contentas al infierno al ganarse el premio de la condenación: “Y tampoco las puertas de los sacramentos deben cerrarse por una razón cualquiera (…) La Eucaristía no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (Pg.40).
• un hombre, que al no cerrar las puertas del pecado, las abre para que entre todo el infierno en las comunidades de la Iglesia y sean regidas por cabezas llenas de herejías y de cismas: “Pero hay otras puertas que no se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad”. (Pg.40).
• un hombre que se rasga las vestiduras porque hay gente que muere de hambre en las calles y no llora de dolor por los innumerables pecados de toda la Jerarquía de la Iglesia, que constantemente crucifica a Cristo en el Altar, cuando consagran. Un hombre que establece una paridad: el hambre y la economía. Hay hambre porque los hombres se dedican a sus negocios. Un hombre, inculto de la vida espiritual, que no sabe que el hambre y la avaricia sólo tienen un denominador común: la falta de fe en la Providencia Divina. Porque nadie sigue este dogma, esta Verdad Absoluta, por eso, los hipócritas, como Francisco, se dedican a luchar por sus pobres, juzgando a los ricos y condenándolos por su riqueza. La noticia es la falta de fe en Cristo Jesús, en su doctrina, no el hambre ni las crisis económicas: “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa” (Pg.45).
• un insensato que ha puesto la búsqueda de la verdad, el sentido de la vida en el otro, no en Dios: “Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien” (Pg.9).
• porque no ha comprendido que «todo es vanidad», que los bienes terrenos no son de nadie, sino de Dios. No pertenecen a los pobres. Que estamos en esta vida para expiar nuestros pecados haciendo limosnas, pero que no estamos en esta vida para llenar estómagos ni para contentar a ningún hombre en la tierra. ¿Para qué acumulas riquezas? ¿Para dárselas a los pobres? Entonces, no has comprendido el Evangelio: atesora para Dios, no para los pobres: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos” (Pg.49).
• un hombre sin fe, que no sabe lo que es la vida de una parroquia llevada por el Espíritu de la Iglesia, sino sólo encauzada en el espíritu del mundo: “La parroquia tiene que estar en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no puede convertirse en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos” (Pg.26).
• que quiere solucionar los problemas sin inteligencia divina, acudiendo a la sabiduría humana, a los caminos de los hombres, a las vidas mundanas y profanas. Sólo le interesa su dinero y su política en la Iglesia: “Mi palabra no es la de un enemigo ni la de un opositor. Sólo me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista, indiferente y egoísta, puedan liberarse de esas cadenas indignas y alcancen un estilo de vida y de pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignifique su paso por esta tierra” (Pg.164).
• un hombre de poco seso, que no sabe de lo que habla, que anula lo privado para poner el camino del comunismo: “La economía, como la misma palabra indica, debería ser el arte de alcanzar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero” (Pg.163).
• que habla de una moral aislada como raíz de los problemas del mundo, pero no habla de la conciencia aislada de la norma de moralidad. Los hombres viven sin moral, asilados de Dios, ya no creen en la Verdad Revelada, por lo cual el gran riesgo del mundo actual es que se olvidó de que existe el pecado como ofensa a Dios, que es la raíz de todos los problemas, que es lo que destruye la sociedad, la familia, el mundo: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (Pg.3).
• que no sabe lo que es el hombre en su pecado, en su miseria espiritual, un sacerdote de escritorio, que no ha conocido lo que es ser misionero allí donde los pobres aman su pobreza y no quieren salir de ella por su falta de fe y de caridad hacia Dios y hacia los demás hombres: “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mi vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse” (Pg.8).
• que no ha aprendido a seguir la Gracia, ni a ser fiel a Ella ni, por tanto, a perseverar en el amor de Dios. Sólo aprendió a medirlo todo con su inteligencia humana, haciendo de la Iglesia un problema social, un lugar donde se lucha por los derechos humanos e injusticias sociales.: “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Pg.41).
El que habla exigiendo que no se controle la gracia, es el que quiere controlarlo todo con su mente del demonio. Así habla Francisco, haciendo de la Iglesia un hospital de idiotas, de subnormales, de gente estúpida, que no ha comprendido lo que es la vida de unión con Dios. Gente que se dedica a todo en la Iglesia, menos a adorar a Dios. Cada uno adora su idea que tiene de Dios, su lenguaje que usa de Dios. Pero no ponen sus orgullos en el suelo, ni pisan sus inteligencias humanas y se han creído los más importantes hombres de la Iglesia. Y son sólo paja que el viento de la Justicia se los va a llevar muy pronto.
Esto es Francisco: un hombre simple, sin seso, sin cultura, sin dos dedos de frente, que está lleno de una terrible ambición de poder.

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