martes, 20 de mayo de 2014

Una crucifixión blasfema, cuadro preferido del Papa Francisco


(Tradición Digital)

Lo ha declarado en el libro El Jesuita:
—¿Una pintura?
—La Crucifixión Blanca, de Marc Chagall.
No hay mas detalles. Ni falta que hacen.
El cuadro es un ejemplo del victimismo judío, en el que Cristo, Víctima de la Sinagoga, es representado como un judío talmúdico. Un auténtico escupitajo blasfemo. Fue pintado en 1933 antes de los sucesos que la Sinagoga trata de presentar como “crimen absoluto”. Materialmente hablando no puede haber crimen absoluto, sino el cometido contra un ser infinito. Es fácil concluir que con ese falso crimen absoluto se trata de desplazar al verdadero crimen absoluto, el consumado en el Calvario.

Es inverosímil que un papa, precisamente Vicario de Cristo, no sea consciente de la gravedad de la blasfemia a Cristo. Y sin embargo…

A mayor inri, entre las inscripciones de la cabecera del cuadro de Chagall, que recibió la típica formación talmúdica de los judíos ultraortodoxos, habría un acrónimo que significaría: “Que su nombre y memoria sean olvidados”. Son difíciles de entender las cábalas hechas para llegar a esa conclusión, pero las hace, precisamente, un judío.


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Nota del blogger: Hay algo que me llama poderosamente la atención en este tema, en el que me saltan todas las señales de alarma, y es que, pudiendo agarrarse con devoción cristiana a la sobrenatural luz del Cristo de Velázquez, adorar la dramática profundidad del crucificado de Goya o embriagarse con el misticismo aristocrático de Rubens -hay tanto y bueno donde elegir-, el tipo termine eligiendo como cuadro favorito la insustancial e insípida pintura de un trastornado como él para blasfemar a Cristo. Digno de estudio psiquiátrico.

Me pregunto qué pensarán de esta crucifixión blasfema los que siguen llamando "papa" a este apóstata de la fe católica. Justificaciones ya no quedan tantas, pero supongo que algo encontrarán en el baúl de la desmemoria. Francisco llegó a manifestar "NO CREO EN UN DIOS CATÓLICO". Y salieron a mansalva legiones de pelotas y lameculos por tierra, mar y aire a justificar lo injustificable. Si tenemos que cargarnos el dogma central sobre la naturaleza de Dios, la Trinidad, no las cargamos, pensarían, pero que quede meridianamente claro que "Dios no es católico". Todo sea por salvar el culo de este deleznable sujeto. Y ahí siguen. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y me resulta absolutamente sobrenatural, extraño de asimilar, que teniendo en frente lo que tienen y con la cantidad de señales claras y diáfanas que manda diariamente este payaso a los enemigos de la cristiandad, nadie vea lo que está pasando en la Iglesia. En fin, que Dios Nuestro Señor nos dé la perseverancia final para reconocer entre las tinieblas su Gloria.

Les dejo con mi pintura favorita. Murillo (1617-1682).  «La adoración de los pastores»




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