domingo, 18 de mayo de 2014

Eufemismos al servico del Mal

«Creemos en la sacralidad de la vida. En el pasado nos hemos concentrado exclusivamente sobre no al aborto y a la eutanasia. No puede ser así, en el medio está la existencia que se desarrolla. Yo no me identifico con los rostros inexpresivos de quien recita el rosario fuera de las clínicas que practican la interrupción del embarazo, sino con aquellos jóvenes que son contrarios a esta práctica y luchan por la calidad de la gente, por su derecho a la salud, al trabajo»
(Entrevista a Mons. Nunzio Galantino – May-12-2014).


Estos obispos se están convirtiendo, al igual que sus hermanos masones y otras ganaderías anticatólicas, en unos verdaderos catedráticos en eufemismos. Resulta evidente a toda mente abierta a la realidad de los hechos, que los eufemismos de esta tropa al servicio del Mal los carga el Diablo. Calificar el aborto de “interrupción del embarazo”, como hace el bufón Galantino, aparte de una infamia y una tomadura de pelo a su rebaño y una traición en toda regla a Cristo, es aceptar, legitimar, aprobar el nada inocente lenguaje de los Señores del Mundo. Lenguaje satánico alumbrado explícitamente en las pocilgas del Infierno por los enemigos seculares de la Iglesia para colar inadvertidamente a los ojos de la “ciudadanía” y los fieles, los experimentos de ingeniera social con los que se pretende derrocar la moral y el espíritu cristiano que forjó gloriosamente la civilización Occidental. Es decir, la cristiandad.

Como ustedes bien saben, un eufemismo es una palabra o frase que se utiliza en lugar de alguna otra que se considera de mal gusto o que es posible que ofenda o incomode a quien la escucha. Galantino -tan galante él- no quiere incomodar ni herir la sensibilidad de una mujer que asesina a su criatura en su vientre, y está dispuesto incluso a adulterar el mismo significado de las palabras para que no se sienta mal. Ni ella, ni el mundo. Rodríguez Zapatero (ex presidente del gobierno español y masón, aparte de estúpido cum laude) en el colmo de su locura socialdemócrata llegó a afirmar que “las palabras deben estar la servicio de la política”.

Este “obispo” de momento se conforma con poner las palabras al servicio del Demonio. En definitiva, que todos reman en la misma barca y en la misma dirección: La perdición.



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