viernes, 7 de marzo de 2014

"La cruz que el Papa siempre lleva consigo se la robó a un sacerdote que admiraba, cuando falleció"

Discurso del Santo Padre a los párrocos de Roma 06/03/2014:

A mí me hace bien algunas veces leer la lista sobre la cuál seré juzgado, que es Mateo 25. Estas son las cosas que me han venido a la mente para compartir con vosotros. Un poco 'a la buena' como me han venido.

En Buenos Aires, hablo de otro sacerdote que era un confesor famoso, este era sacramentino, casi todo el clero se confesaba con él. Una de las dos veces que fue Juan Pablo II pidió un confesor y fue él. Era anciano, muy anciano, fue el provincial de su orden, profesor, pero siempre confesor. Tenía siempre cola en la Iglesia del Santísimo Sacramento. En aquel tiempo yo era vicario general y vivía en la curia. Cada mañana pronto bajaba al fax para ver si había algo. Era una mañana de Pascua cuando leí el fax del superior de la comunidad: ayer, antes de la vigilia de Pascua falleció el padre Aristi, el funeral será tal día.
Y la mañana de Pascua tenía que ir a comer a la casa de ancianos con los sacerdotes, y después de la comida fui a la Iglesia. Es una iglesia muy grande, con una cripta muy bonita, había solamente dos ancianas y ninguna flor y pensaba: este hombre que ha perdonado tantos pecados al clero de Buenos Aires, incluido yo. Subí y fui a una floristería porque en Buenos Aires hay cruces con floristerías por la calle y compré flores, rosas y volví y comencé a preparar el ataúd con las flores. Y miré el rosario que tenía en la mano, y ese ladrón que tenemos dentro, mientras preparaba las flores tomé la cruz del rosario, una cruz así y con un poco de fuerza la he arrancado, y en ese momento le he mirado y le he dicho: 'dame la mitad de tu misericordia'.

Sentí una cosa fuerte, que me ha dado la valentía de hacer esto y esto. Oración. Y después esa cruz me la metí aquí en el bolsillo. Pero las camisas del Papa no tienen bolsillo, y yo siempre llevo conmigo una bolsa de tela pequeña, y desde ese día y hasta hoy esa cruz está conmigo. Y cuando me viene un mal pensamiento contra alguna persona, la mano se viene aquí siempre, y siento la gracia, y me hace bien. Pero cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote misericordioso, de un sacerdote que se acerca a las heridas.
Si pensáis en vosotros, seguramente habéis conocido muchos sacerdotes, porque los sacerdotes de Italia son buenos, y pienso que si Italia es todavía tan fuerte, no es tanto por nosotros los obispos, sino por los párrocos, los sacerdotes. Y no es un poco de incienso para vosotros sino porque lo siento así. Y la misericordia.
Pensad en tantos sacerdotes que están en el cielo y pedid esta gracia, que os den esa misericordia que han tenido con sus fieles. Y os agradezco mucho por la escucha y por haber venido aquí, y ahora me despido. Debemos rezar el ángelus.

Y después de la oración ha añadido:
Y rezad por mí, por favor, no lo olvidéis.

***


Tremendo!. Sabíamos por Castellani y su Apocalipsis de San Juan que el Fin de los Tiempo en la Iglesia vendría de la mano de un obispo apóstata de la fe. Ahora, tras conocer esta noticia, sabemos que además de apóstata, el obispo en cuestión, aparte de un soberbio y orgulloso macarra, es un ladronzuelo de poca monta parido del culo negro azabache de una mona. Bergoglio -a partir de ahora, alias "El Lute"-  demuestra entre otras cosas con este horripilante y sucio robo a su "amigo" muerto el sentido tan asqueroso, tan sumamente podrido y tan indigno que tiene de lo Sagrado. A un amigo no se le roba, majadero, y a un amigo muerto, menos todavía. Esto, los hombre de bien, lo traen aprendido de familia, lo llevan en los genes, le sale del alma. Dice el Dioni de la Pampa, con ese gracejo que le caracteriza: "Sentí una cosa fuerte, que me ha dado la valentía de hacer esto y esto". Esa "cosa fuerte", de la Luz y el Bien no venía. Y si no llegó de la Verdad y su santa estirpe, ya me dirán ustedes con qué clase de criaturitas se comunica este maldito.

Abran los ojos de una vez y miren de frente la Verdad. Y esta, la Verdad, dice que el bajuno trabajito que realizó Francisco con su "amigo" muerto, de cuerpo presente y ante el Sagrario, falta al Séptimo Mandamiento de la Ley de Dios: NO ROBARÁS. Hay que tener la sangre fría de una hiena de la sabana africana para presentarse ante el féretro de un católico y desgarrar el santo Rosario del sacerdote fallecido. Para llevarse la cruz, la desgarró de las cuentas. Otro sacrilegio. Para un católico, su Rosario, es su bien más preciado, con el que pasa horas de fatiga, consuelo, amarguras, horas de plegarias, de continua y profunda oración mientras delicadamente pasas las cuentas. En su obra Secreto admirable del Santo Rosario, San  Luis María Grignion de Montfort, comenta que cada vez que se reza un Ave Maria en el Rosario se ofrece una rosa a la Virgen.

Pues bien, este bien más preciado, al que muchos se llevan con él a la tumba, para este mequetrefe es poco menos que un abalorio, quincallería barata. Este el sentido de lo sagrado para Bergoglio. Este es Bergoglio. Un personaje peligroso que se anda sin contemplaciones para conseguir lo que le plazca. "Sentí una cosa fuerte, que me ha dado la valentía de hacer esto y esto". Si hizo esta barbaridad castigada por Dios para conseguir la pobre cruz de un pobre hombre muerto, que no habrá hecho para sentar su gordo culo en la silla de Pedro. Miedo me da pensarlo.




1 comentario:

  1. ¿Y los sacerdotes que le estaban escuchando , qué estaban pensando? Profanación y robo a un cadáver en frente mismo del Santísimo como señala el artículo, exaltación del mal como si fuera un bien.
    La seriedad del momento en que vivimos está más en contemplar el alma dormida y zombie de la inmensa mayoría de los bautizados que en las herejías ,blasfemias, locuras y groserías de Bergoglio, ya que siendo estas gravísimas , no merecen de los que se llaman católicos la respuesta que este usurpador y chabacano merece.

    Gracias Bate, por llamar a las cosas por su nombre. Que Dios te proteja y te aumente la Gracia.


    Filomena de Pasamonte




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