viernes, 17 de enero de 2014

Reflexiones sobre la Pasión de Cristo de Mel Gibson

 por Aquilino Duque




Mis  contactos con la enseñanza religiosa fueron efímeros y no puedo por 
tanto alardear de traumas psicológicos. Nunca supe en primera persona de 
ejercicios espirituales, por ejemplo .Una idea tengo, sin embargo, y esa idea me
permite decir que, al ver la película La pasión de Cristo de Mel Gibson, tengo
la impresión de haber hecho de una vez y a la vejez todos los ejercicios
espirituales que tenía que haber hecho en la niñez  y  en la juventud. Esa
película dista mucho de ser complaciente y va dirigida a los cristianos en
general y a los  católicos muy en particular. Yo entiendo que a muchos de ellos
les  moleste el que se les recuerde que ser cristiano no es tan fácil y que  la
Eucaristía es un banquete, sí, pero seguido de un sacrificio. Hace  muchos
años, siendo yo estudiante en Inglaterra, mi amigo el poeta José  Luis Tejada 
me envió una epístola en tercetos en la que decía, en  directa alusión al 
presunto ambiente religioso en que me suponía  inmerso: “líbrete Dios del viento
de poniente / y de la Biblia azul con mermelada”. Movido de algo más que de
curiosidad, asistí a alguna misa anglicana, cuya liturgia me pareció más
elaborada que la católica - corría el curso de   1954-55 – pero no podía saber
hasta qué punto el sacrificio se eclipsaba ante el banquete. Esto no lo supe
hasta muchos años después, a  comienzos de los 70, y quien me lo enseñó fue el
entonces P. Jesús Aguirre, en una discusión pública, que la policía trató de
reventar, con el P. Venancio Marcos. El P. Aguirre, vestido de yé-yé, con
blazer azul marino y pantalón de campana, le contrapuso al P. Marcos, vestido
por lo menos de clergyman,  la noción de la misa como banquete, que él
propugnaba, frente al  concepto tradicional de la misa como sacrificio. Ya
entonces empezaba  Occidente a invertir sus valores, y a esa inversión no
escaparían las iglesias cristianas, de suerte que ha sido en templos
anglicanos o  episcopalianos en los que he vuelto a asistir a las misas
tridentinas de  mi niñez y mi juventud, mientras en las iglesias católicas, por 
precepto postconciliar, la mesa del banquete sustituía al ara del  sacrificio.

En lo que al sacrificio se refiere, ha llegado a ser insoslayable el pensamiento
de René Girarden  el que justamente la Pasión de Cristo desempeña un papel
fundamental. Y  es que, según Girard, el Hijo del Hombre se constituye en
víctima  propiciatoria de una vez por todas, y es la evocación incruenta de ese 
sacrificio en la misa la que exime a la humanidad redimida de expiar sus 
pecados periódicamente en los cruentos rituales de las religiones primitivas.
Hay quien sostiene que esto no es así, aun siguiendo el razonamiento de
Girard, pero quien lo sostiene lo hace porque en primer lugar le niega a
Cristo su condición de Mesías. Es triste en efecto que los hombres, incluso los
que se tienen por cristianos, dejados de la mano de Dios, necesiten tener
alguien que  encarne todos los pecados de la época para odiarlo y exterminarlo
si es posible. Antaño el judío, hoy el nazi, concitan el rechazo colectivo, por
más que el nazi tenga ya sus antecedentes en el prusiano vencido de la Primera
Guerra Mundial. El actor austriaco Eric von Stroheim hizo entonces carrera con el
lema The man you would love to hate (“El hombre al que te encantaría odiar”).
Dije bien “cristianos” y “dejados de la mano de Dios”, pues nadie que sea 
incapaz de dejar de odiar puede en justicia llamarse cristiano. La gran 
aportación del cristianismo es el perdón y es la caridad. El  cristiano, para
ser quien es y como es, no necesita o no necesitaría odiar al que no es como
él o al que es todo lo contrario. El ateo, en cambio, tiene bula para odiar a
quien esté de moda odiar, sea en los campos de fútbol o en las campañas
electorales, y esa bula se la dio aquel personaje de Dostoyevski cuando dijo
que si Dios no  existe,  todo está permitido. Dice con harta razón Francisco
Bejarano que en la sociedad laica ya no hay pecadores, sino delincuentes. Un 
delincuente es un hombre que lleva a sus últimas consecuencias el  precepto de
la vida entendida como lucha permanente, sea de clases, de  razas, de sexos, de
intereses o de sucedáneos de la religión. El delincuente no tiene temor de Dios
y tampoco debe de temer mucho a las leyes de una sociedad sin valores que
proclama la neutralidad ética y se niega a distinguir entre el bien y el mal.
Su mayor castigo es la impunidad de su transgresión, o lo difícil que le
resulta que esa  sociedad se dé por transgredida. Uno de los méritos de Mel
Gibson es el de haberse valido de la estética de esta sociedad dejada de la
mano de Dios para devolverle la víctima expiatoria sin la que su vida carece
de sentido, el Dios Hombre al que le encantaría odiar. Para ello se arriesga
nada menos a que se le aplique aquel dicho antiguo de “a mal Cristo, mucha 
sangre” de nuestra imaginería barroca. Yo ví la película en vísperas de Semana
Santa en un cine muy próximo al templo del Gran Poder, y hubo momentos en que
me parecía estar contemplando la imagen de Juan de Mesa. La imaginería barroca
no es muy complaciente, que digamos, y no nos sutiliza precisamente la 
muerte ni el sufrimiento, pero no por ello podemos decir que su Cristo sea un
mal Cristo. Tampoco lo es uno que está en Colmar: el del Retablo de Issenheim,
de Matías Grünewald, ante el que si quieren pueden meditar sobre la Pasión los
europeos desmemoriados a quienes horroriza el film de Mel Gibson.


Retablo de Issenheim, de Matías Grünewald






9 comentarios:

  1. Esta película me parece una obra maestra, y un regalo para los católicos. No es de extrañar que tuviera tanta oposición antes de su estreno de manos del lobby sionista .Una pena que un hombre con el genio y el temple de Mel Gibson, haya desencaminado su vida de tal manera. Rezo por el, porque tanto esta película como Apocalipto, son grandes obras a favor de Cristo y su Iglesia.


    Filomena de Pasamonte

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    1. Gibson es un genio. Y como todo genio tiene subidas al cielo y bajadas a los infiernos.

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  2. Hola Bate, yo ví esta película de Mel Gibson, y por lo que leí en prensa, la película escandalizó a muchos por la sangre y la crudeza de sus escenas. Por ejemplo: La fragelación, la subida por el Monte Calvario, y Mel Gibson tuvo que "suavizarla". También leí en prensa que Mel Gibson se había inspirado en las visiones de la mística Venerable Ana Catalina de Emerich. Bueno, pues si uno lee "La amarga pasión de Cristo" de Ana Catalina de Emerich, verá un relato de la Pasión, tan visualmente descriptivo que según se lee uno va viendo la Pasión como una película. Y esa película deja corta a la de Mel Gibson.

    Por otro lado, la película también escandalizó al público judío porque segun ellos los ponía como los "culpables directos" del martirio de Jesús, cuando, según ellos "a Cristo lo mataron los romanos", pero eso ya es otra historia.

    El hecho es que el Sacrificio de Jesús es un escándalo. Es algo que nuestra sociedad hedonista y falsamente humanitaria no quiere ver. Ni tener delante de sus narices. El Crucifijo escandaliza, por eso hay guerra contra la exposición pública de los crucifijos.

    Y por eso la falsa iglesia suprimirá al Cristo crucificado de la Cruz y se inventará otra cruz pagana y satánica, a la que precisamente no hay que venerar. Atento, porque se cambiarán las cruces. Supongo que se argumentará que es para "no herir la sensibilidad" del público.

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    1. "Supongo que se argumentará que es para "no herir la sensibilidad" del público. "

      Muy bueno.
      Cartelitos parecidos a los que imprimen en las cajetillas de tabaco para dejar de fumar.

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    2. Un placer leerte, abuelita.

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  3. Y también hacer notar, que uno de los síntomas de posesión o cierto dominio de Satanás sobre alguna persona -sin necesidad de que sea plena posesión - , es la repulsión a la Cruz con el Crucificado.

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    1. Una cosa tengo clara, entre otras cosas, la Cruz nos recuerda que vamos a sufrir, que la vida es un valle de lágrimas y que el pecado nos corrompe y nos aplasta. Ahora, está en uno vivir este calvario de forma gloriosa o, desfallecer en el intento y acabar en la charca revolcándose como los cerdos. Dos caminos. Uno conduce a la Cruz y otro a la charca.

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    2. "La Cruz nos recuerda que vamos a sufrir". Así es, Bate, y sin embargo el sufrimiento es una de las lecciones más difíciles de asimilar, hasta para los propios creyentes. Cuántas veces me he revelado contra Jesús por sufrimientos varios que me han ido llegando en la vida.

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  4. Después de 10 años (o poco menos) sin pisar un cine, volví para ver esta película en los días de su estreno. Fue el Via Crucis mejor practicado en mi vida. Luego volví a verla en casa otras dos o tres veces, siempre con provecho.

    Sugiero consultar el sitio de cine http://videotecareduco.blogspot.com.ar/
    En columna derecha, consta un ensayo sobre «La Pasión de Cristo» bajo el título «El triunfo de la Cruz». El autor, muy aficionado al cine, empieza diciendo nada menos que éste queda justificado por esta película.

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