sábado, 11 de enero de 2014

Ratzinger-1969: ¿profecía? ¿hoja de ruta?

                  
Diversos medios de comunicación han publicado y comentado en estos días unas charlas radiofónicas del entonces profesor Joseph Ratzinger. Fueron pronunciadas en 1969 y más tarde se recogieron en un libro ahora reeditado en español con el título Fe y futuro.
Probablemente, las reflexiones de Ratzinger habrían sido olvidadas, como tantas de las cosas que se dijeron en los años sesenta, a no ser por la trayectoria posterior de su autor. Algunos se asombran del don profético del teólogo alemán, nosotros descubrimos en los proyectos de 1969 algunas pistas de la hoja de ruta que iban a guiar al futuro prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Papa “emérito”.

Ratzinger y Biali escuchan a Karl Rahner, uno de los principales inspiradores del Vaticano II
Ratzinger y Biali escuchan a Karl Rahner, uno de los principales inspiradores del Vaticano II

Una Iglesia “interiorizada”
Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica.
Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha.
Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños.
El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada.

“El proceso será largo y laborioso”

Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura– hasta la renovación del siglo XIX.
Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza.
Porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas.
“Su verdadera crisis apenas ha comenzado”
A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe.
Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte”.

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