domingo, 5 de enero de 2014

Francisco ha abolido el pecado

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La Iglesia vive momentos muy graves para su vida espiritual, porque nadie en el Vaticano habla las cosas como están en la Palabra de Dios, como se enseñan en el Magisterio de la Iglesia, como los Santos de todos los tiempos han vivido y obrado.
Las personas no saben discernir lo que pasa en la Iglesia porque no tienen vida de fe, vida de oración y de penitencia. Y así se dejan llevar de cualquier viento de doctrina, que parece buena a simple vista, pero es un nido de víboras que sólo se ofrece para condenar a las almas.
Quien quiera aprender la Verdad mirando las enseñanzas de Francisco, sólo se va a alimentar de la mentira que sale continuamente de su boca. No es que mienta Francisco, es que no dice una Verdad. Todo lo que escribe, lo que predica es para engañar a las almas. Y, para eso, se pone su disfraz de buena persona, de sacerdote santo, de hombre grato a los hombres.
Francisco no cree en el pecado: “Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo” (Francisco, 6 de octubre 2013).
Francisco define el pecado como el conflicto del hombre consigo mismo.
El pecado se define como una ofensa a Dios: “todo pecado es una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su Bondad” (Catecismo de la Iglesia Católica, n 397).
El pecado es algo que va contra Dios. Dios pone una ley, Dios manda algo, y el hombre le desobedece. Eso es ofender a Dios.
Francisco, para explicar el pecado, comienza por algo humano: es un conflicto con uno mismo. Ya no es un conflicto del hombre con Dios. Es claro, que Francisco no cree en el pecado, sino que cree en la idea que él tiene del pecado. Son dos cosas muy diferentes. El pecado es un misterio que la razón del hombre no puede explicar. Y, por tanto, o se cree en ese misterio o uno se inventa lo que es el pecado. Como Francisco no cree en el pecado, quiere medir ese misterio con su negra cabeza humana.
Y, en esta forma, él sigue explicando: “se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo de la mirada de Dios”. Es decir, que en el conflicto que el hombre tiene consigo mismo, ve su desnudez y tiene miedo de Dios.
¿Qué dice la Palabra de Dios?: “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol de que te prohibí comer? Y dijo el hombre: La mujer que me diste por compañera me dio de él y comí” (Gn 3, 12).
La Palabra de Dios nos dice que la desnudez de Adán es por comer del árbol que el Señor le prohibió comer. Adán vió su desnudez porque desobedeció a un mandato de Dios. Eso se llama pecar. Adán vio su desnudez no porque entró con un conflicto consigo mismo. Adán hizo caso a su mujer y comió lo que no tenía que comer. ¿Dónde está el conflicto consigo mismo? Sólo en la mente de Francisco. Francisco se inventa su interpretación de lo que es el pecado, pero no dice lo que la Palabra de Dios enseña sobre el pecado.
“De todos los árboles del Paraíso puedes comer, pero del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás” (Gn 2, 17).
La muerte entra en el hombre a causa del pecado, por desobedecer la orden divina, la ley de Dios, el mandato de Dios.
Esto tan sencillo, es lo que no explica Francisco. Y, por eso, él se esfuerza por enseñar su idea de lo que es el pecado: “acusa a la mujer, que es carne de su carne; rompe la armonía con la creación”.
Este es la herejía de Francisco: “rompe la armonía con la Creación”. Aquí está concentrado todo el pensamiento herético de Francisco.
Como no existe el pecado, es decir, no hay ofensa a Dios, no hay desobediencia a Dios, entonces el mal que ven nuestros ojos es por romper una armonía que ya existe.
¿Qué es la Creación para Francisco? : “Y vio Dios que era bueno (…) ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros? (…) que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es casa de armonía y de paz y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse en casa, porque es bueno”.
Aquí se ve el origen de su herejía. La Creación es algo armónico, bueno, sin roturas, sin nada malo en Ella, porque Dios la ha creado. Por tanto, el Paraíso todavía existe en la tierra. Hay un lugar, en este mundo, que es el Paraíso. Si no existe el pecado, este mundo es un Paraíso.
Dios puso a Adán y a Eva en el Paraíso, pero el Paraíso no todo estaba en armonía, en paz. Existía un ser en el Paraíso, distinto de Dios: el demonio, la serpiente. Un ser que sugiere al hombre una palabra distinta a la de Dios: “¿Con qué os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del Paraíso?” (Gn 3, 1).
Un ser que no enseña la Palabra de Dios, que no la recuerda, sino que da algo nuevo: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del Bien y del Mal” (Gn 3, 5).
En el Paraíso, existía un ser que mentía y que, por tanto, enseñaba algo distinto a la Verdad. Luego, en ese Paraíso no todo era armonía. Ya la creación, hecha buena por Dios, no era buena, porque existía el pecado: había un ser que hablaba el pecado y obraba el pecado.
Por tanto, nuestro mundo no es una casa de armonía y de paz, no es un lugar donde se pueda encontrar un puesto y sentirse seguro, porque no es buena, es mala, por el pecado.
Francisco niega el pecado del ángel y, por tanto, niega que en el Paraíso se dé el pecado. Es sólo el hombre el que rompe la armonía. Y ¿cómo la rompe? Porque entra en conflicto consigo mismo. Y ¿por qué entra en ese conflicto? Porque acusa a su mujer, que es carne de su carne.
Esto es lo que enseña Francisco. ¿Qué tenía que haber hecho Adán? No acusar a su mujer. Y, entonces, permanecía en la armonía del Paraíso. Entonces, no entraría en conflicto consigo mismo, sino que diría a Dios: yo cogí de ese árbol. Y eso sería armónico, en el pensamiento de Francisco.
¿Ven la herejía? Si no la ven, sigamos discerniendo el pensamiento de Francisco.
Él sigue diciendo: “¿Podemos decir que de la “armonía” se pasa a la “desarmonía”? No, no existe la “desarmonía”: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo”.
No existe la desarmonía. O se da la armonía o el caos. Así piensa este hereje.
No existe la desarmonía, es decir, que Adán puede comer del árbol, que el mandato de Dios para no comer hay que interpretarlo de otra manera. Si Adán come de ese árbol por su mano, sin que la mujer le diera el fruto, eso es armónico. Pero como la mujer le dio el fruto y Adán la acusó, eso es el caos. Adán hizo violencia, se enfrentó a la mujer que le dio de comer, y entonces, produjo el caos en el Paraíso. Pero la armonía de la Creación se sigue manteniendo. La creación sigue siendo buena. Es decir, no participa del caos que mete Adán al acusar a su mujer.
Esta es la herejía. El pecado sólo es algo en la mente del hombre, sólo es un conflicto que el hombre tiene con otro hombre, con su mujer, con un amigo, con un desconocido. Es sólo eso. Lo demás, la Creación sigue siendo buena, pura, armónica.
Y ¿qué enseña la Palabra de Dios?: “Por haber hecho esto (…) por ti será maldita la tierra” (Gn 3, 17).
Para Dios, la Creación está maldita. Ya no está la armonía, la paz, el bien de Dios. Para Francisco, sigue la armonía. Es clara su herejía. ¿Todavía no la ven?
Sigamos viendo su pensamiento: “La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay “violencia, división, rivalidad, guerra”. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo. Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”.
La creación sigue siendo una obra buena para Francisco. No está maldita, como enseña Dios en Su Palabra, sino que es el hombre que ha perdido el horizonte de esa belleza y se ha cerrado en su egoísmo. Es el hombre el que piensa sólo en sí mismo, es el hombre el que se deja arrastrar por los ídolos, el que se pone en el lugar de Dios y, entonces, se produce el caos. Y la pregunta es ¿por qué el hombre piensa sólo en sí mismo? Y Francisco responde así:
“Precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: “¿Dónde está Abel, tu hermano?”. Y Caín responde: “No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?” Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se pierde la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir”.
Francisco responde que el caos está en no guardar al otro. Adán culpó a su mujer, entonces vino el caos, la muerte. Caín no guardó a su hermano, entonces lo mató. El hombre, al perder la armonía, entra en el caos. El hombre ya no protege al hombre, sino que lo combate. ¿Ven la herejía?
No existe el pecado, sino el caos que el mismo hombre pone en sí mismo al no mirar a su hermano, al otro hombre. La creación sigue siendo buena, hermosa, pero el hombre –él mismo-, cada hombre, mete un caos porque no comparte con el otro hombre, con su hermano, no lo protege, no lo ama y, por tanto, se va de la armonía, se va de la paz, se va de la unidad.
Francisco niega el pecado y tiene que explicar el mal de esta manera. El mal es un asunto de la conciencia de cada hombre: “Dios pregunta a la conciencia del hombre”. ¿Ven el error? ¿Ven la doctrina del demonio en esta frase?
Para Francisco, Dios no enseña al hombre, Dios no amonesta al hombre su pecado, Dios no maldice a Caín, Dios no hace Justicia a Caín. Sino que Dios habla a la conciencia de Caín para enseñarle que lo que hizo está mal porque no protegió a su hermano. Dios no le enseñó que pecó contra Él, que hizo una ofensa a Dios, sino que le enseñó que hizo una ofensa a un hermano, a otro hombre. Y, por tanto, ese caos se repara volviendo a mirar al hombre, haciendo algo bueno para el hombre.
¿Disciernen la herejía de Francisco sobre el pecado y la Creación?
Para Francisco, no se da el pecado ni del demonio, ni del hombre, ni de la Creación. No hay pecado que reparar. El hombre sólo tiene que quitar su conciencia mala hacia los demás hombres. El hombre sólo tiene que hacer un bien al otro hombre (= dar dinero, dar de comer), sólo tiene que compartir su vida con los demás hombres, y entonces el hombre vuelve a la armonía que existe en el Universo.
Esta es la herejía clarísima de Francisco: “Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha perdido”.
Para quitar el pecado, el hombre no tiene que mirar su conciencia sino a Dios, porque la ofensa es con Dios. El pecado sólo se hace a Dios, no al hombre, no a la creación. A Dios. Si el hombre no ve su mal que obra con relación a Dios, sino sólo al hombre, entonces, nunca va a a quitar el pecado, porque el pecado se quita por el don de Dios al alma.
Es la gracia la que quita el pecado. Si Dios no da la gracia, por más bien que el hombre haga a su alrededor, por más alimentos que dé a los pobres, por más que resuelva necesidades materiales, humanas de los hombres, nunca va a a quitar el mal en el mundo. Nunca.
Mirar la conciencia es, para el hombre, ver a Dios. Mirar la conciencia nunca es para fijarse en el mal que hacemos a los demás. Es para fijarse en el daño que hacemos a Dios con nuestros males.
El hombre daña a Dios cuando peca. El hombre hiere a Dios cuando peca. El hombre se enfrenta a Dios cuando peca. Lo demás, es fruto del daño que se hace a Dios, de la ofensa a Dios, de la desobediencia a Dios.
Las violencias, las guerras, las maldades de todo tipo que hacen los hombres contra otros hombres, es porque se hace daño a Dios, porque se ofende a Dios. Son las consecuencias del pecado contra Dios. Si se peca contra Dios, se odia al hombre. Si se ama a Dios, se ama al hombre. No se vuelve a Dios porque se ama al hombre. Se vuelve a Dios porque se quita el daño que se ha hecho a Dios, se repara, se expía. Y, para repararlo, el camino de Cristo Crucificado.
Francisco da la doctrina del demonio en esta interpretación del pecado y de la creación. Francisco ha abolido el pecado. Por eso, dice en la entrevista de la Civilta católica: “Yo estoy convencido de una cosa: los grandes cambios de la historia se realizan cuando la realidad fue vista no desde el centro, sino desde la periferia”.
Este es el resumen de cómo hay que remediar los males que el mismo hombre produce en su caos, para volver a la armonía que se ve en la creación.
Como no existe el pecado como ofensa a Dios, sino que el pecado es un mal que se hace al prójimo, entonces, hay que ir a la periferia para cambiar el mundo, para entrar en la armonía de la Creación. Hay que ir a donde está el hombre con sus problemas porque somos nosotros los que hemos creado esos problemas. Es nuestro caos.
Hay que ver el mundo desde puntos de vista diferentes, hay que descolocarse del centro de uno mismo y, entonces, estar en los pensamientos de los demás, en sus vidas, en sus problemas, ayudarles en sus culturas, en sus sueños, en todo lo que para ellos es la vida. Y así se vuelve a la armonía que se da en el universo. ¿Ven la grave herejía de este desgraciado?
Es necesario el contacto con los pobres, el compartir con los gays, con los ateos, con los judíos, con los protestantes, comprender sus vidas y darles un beso y un abrazo porque son también nuestros hermanos. Son buenas personas. La creación es maravillosa. Está en cada hombre. Cada hombres es una pieza de arte, es sagrado, es intocable, es inmaculado.
Hay que besar el trasero del pecador y de su pecado, hay que decirle al que peca que siga pecando, que lo que él piensa de su vida está bien. Que siga con su vida, pero que no moleste a los demás, como Adán que acusó a Eva. Que no acuse al otro de su mal, de su caos. Allá cada uno con su conciencia.
Esto es Francisco. ¿Qué se creen que es un santo? Él va contra la Palabra de Dios, que es la Verdad. Y quiere con sus palabras, con su lenguaje cambiar el mundo: “Se necesita un nuevo lenguaje, un nuevo modo de decir las cosas”. Ya el Evangelio se ha quedado viejo, antiguo. Ya no sirve lo que Dios ha revelado al hombre. Sólo sirve lo que el hombre puede pensar con sus ideas y llegar a un nuevo planteamiento de la vida.
Se imita a Jesús, para Francisco, acogiendo los problemas de los hombres, abrazando sus pecados, quitando importancia a los males que hace. Hay que iluminar el futuro, hay que dar nuevos caminos a los hombres. Los hombres ya están hartos de siempre lo mismo, de los mismos dogmas, de las mismas verdades, de las misma leyes, normas, reglas; el mundo es otra cosa. Hay que ir de la mano de las modas de los hombres, de lo que piensan los hombres, de sus culturas. Por eso, hay que ayudar a los gays a que sigan siendo gays. Ése es el futuro. Son criaturas buenas, hechas por Dios, porque la creación no está maldita. Es el gay el que tiene un conflicto consigo mismo, es que ha pensado mal su vida. Es lo que los demás lo han juzgado y condenado. Hay que dejarle que siga siendo gay. Eso es la armonía. Eso da la paz al mundo.
Así piensa Francisco: “no se resuelven los problemas simplemente prohibiendo hacer esto o aquello. Es necesario mucho diálogo, mucha confrontación”. Ya no hay leyes, no hay reglas, no hay mandamientos. Es sólo hablar de las cosas y así se vuelve a la armonía de siempre.
Francisco un maldito que habla sólo para condenar a las almas y para llevar a la Iglesia hacia la ruina y su destrucción total. Ésa es la nueva iglesia que se presenta en Roma. ¡Es para llorar!
 
 
 
 

7 comentarios:

  1. Cada vez que se me ocurre pasar por aquí, a ver qué nuevas cretineces cuentas, cada vez que leo en diagonal tus necedades, más alucino. Eres un paranóico de manual. Yo creo que la gente que te sigue lo hace para ver qué nuevas tonterías se te ocurren. Eres un santo, una luz para el catolicismo y la cristiandad. Deberías hacerte cura y ascender por la jerarquía hasta Papa, así pondrías en orden este sin Sin Dios.
    Feliz 2014, qué te hace falta.

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  2. Hay que ser muy cretino para ir a un sitio a que le vendan "cretineces". Ya me dirás que significa eso de leer en "diagonal" jajaja, alucinado, a lo mejor has querido decir leer entrelinea, pero como no sabes explicarte. ¿"La gente que me sigue"? ¿Adónde?. No soy un santo, tampoco bacilo de pecador, como hace Bergoglio, lo único que soy es un a tío con los huevos en sus sitio para denunciar las barrabasadas del sátrapa que ocupa la silla de Pedro. NO tengo vocación sacerdotal, por lo tanto no llegaré nunca a papa. El único que puede poner orden en este estercolero es Dios.

    Y déjate de felicitaciones conmigo, idiota.

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  3. "Tampoco bacilo de pecador", ¿bacilo?, ¿a qué te refieres a las bacterias? La escuela integrista donde te has educado ha servido de poco. Eso sí, copiar y pegar sabes ... y simular.

    Cuéntanos algo de tu vida, ¿alguien te escucha ahí fuera? Entre Zapatero y el nuevo Papa, te lo están poniendo crudo. Vuelca tus fantasías de paranóico aquí, que en otro sitio, ya sabes ... no engañas a nadie.

    No sé si tienes los huevos en su sitio, sólo tu "Familia" de comentaristas habituales lo saben. Lo que sí tienes es un cromosoma extra.

    Adios Charles (Bate) Manson. :D

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    Respuestas
    1. Por qué en lugar de agredir no responde al artículo que, por lo visto y leido, es bastante serio en argumentos?

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    2. Ni la miel está hecha para la boca del asno, ni se le puede pedir peras a un olmo, ni el discernimiento en los asuntos de Dios, es de uso generalizado.
      Si he publicado los comentarios de este angelito (normalmente no publico gilipolleces) fue para dejar constancia en mi blog de que lo católicos conscientes somos una especie a exterminar. Quien se deje, claro.

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    3. Estoy con usted, Bate.


      Filomena de Pasamonte

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  4. Adiós, miarma!!!.
    Vuelve cuando quieras.... jajajaja

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