sábado, 28 de diciembre de 2013

El discurso de un maldito demagogo, de un humanista mundanizado. De un ser de naturaleza traidora.

Texto completo del Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco
«Gloria a Dios en el cielo,y en la tierra paz a los hombres que Dios ama » (Lc 2,14).
Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero, ¡feliz Navidad!Hago mías las palabras del cántico de los ángeles, que se aparecieron a los pastores de Belén la noche de la Navidad. Un cántico que une cielo y tierra, elevando al cielo la alabanza y la gloria y saludando a la tierra de los hombres con el deseo de la paz.
Les invito a todos a hacer suyo este cántico, que es el de cada hombre y mujer que vigila en la noche, que espera un mundo mejor, que se preocupa de los otros, intentado hacer humildemente su proprio deber.Gloria a Dios.
A esto nos invita la Navidad en primer lugar: a dar gloria a Dios, porque es bueno, fiel, misericordioso. En este día mi deseo es que todos puedan conocer el verdadero rostro de Dios, el Padre que nos ha dado a Jesús. Me gustaría que todos pudieran sentir a Dios cerca, sentirse en su presencia, que lo amen, que lo adoren. Y que todos nosotros demos gloria a Dios, sobre todo, con la vida, con una vida entregada por amor a Él y a los hermanos.
Paz a los hombres.La verdadera paz no es un equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura “fachada”, que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, que se logra contando con el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en Jesucristo.
Viendo al Niño en el Belén, pensemos en los niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero pensemos también en los ancianos, en las mujeres maltratadas, en los enfermos… ¡Las guerras destrozan tantas vidas y causan tanto sufrimiento!Demasiadas ha destrozado en los últimos tiempos el conflicto de Siria, generando odios y venganzas. Sigamos rezando al Señor para que el amado pueblo sirio se vea libre de más sufrimientos y las partes en conflicto pongan fin a la violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria. Hemos podido comprobar la fuerza de la oración. Y me alegra que hoy se unan a nuestra oración por la paz en Siria creyentes de diversas confesiones religiosas. No perdamos nunca la fuerza de la oración. La fuerza para decir a Dios: Señor, concede tu paz a Siria y al mundo entero.
Concede la paz a la República Centroafricana, a menudo olvidada por los hombres. Pero tú, Señor, no te olvidas de nadie. Y quieres que reine la paz también en aquella tierra, atormentada por una espiral de violencia y de miseria, donde muchas personas carecen de techo, agua y alimento, sin lo mínimo indispensable para vivir. Que se afiance la concordia en Sudán del Sur, donde las tensiones actuales ya han provocado víctimas y amenazan la pacífica convivencia de este joven Estado.Tú, Príncipe de la paz, convierte el corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas y emprendan el camino del diálogo. Vela por Nigeria, lacerada por continuas violencias que no respetan ni a los inocentes e indefensos. Bendice la tierra que elegiste para venir al mundo y haz que lleguen a feliz término las negociaciones de paz entre israelitas y palestinos. Sana las llagas de la querida tierra de Iraq, azotada todavía por frecuentes atentados.
Tú, Señor de la vida, protege a cuantos sufren persecución a causa de tu nombre. Alienta y conforta a los desplazados y refugiados, especialmente en el Cuerno de África y en el este de la República Democrática del Congo. Haz que los emigrantes, que buscan una vida digna, encuentren acogida y ayuda. Que no asistamos de nuevo a tragedias como las que hemos visto este año, con los numerosos muertos en Lampedusa.Niño de Belén, toca el corazón de cuantos están involucrados en la trata de seres humanos, para que se den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad. Dirige tu mirada sobre los niños secuestrados, heridos y asesinados en los conflictos armados, y sobre los que se ven obligados a convertirse en soldados, robándoles su infancia.
Señor, del cielo y de la tierra, mira a nuestro planeta, que a menudo la codicia y el egoísmo de los hombres explota indiscriminadamente. Asiste y protege a cuantos son víctimas de los desastres naturales, sobre todo al querido pueblo filipino, gravemente afectado por el reciente tifón.Queridos hermanos y hermanas, en este mundo, en esta humanidad hoy ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que nuestro corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias. El amor de Dios es grande; a Él la gloria por los siglos. Dios es nuestra paz: pidámosle que nos ayude a construirla cada día, en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y naciones, en el mundo entero. Dejémonos conmover por la bondad de Dios.
Saludo navideño del Papa Francisco
A todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, venidos de todas partes del mundo a esta Plaza, y a cuantos desde distintos países se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social, les deseo Feliz Navidad. En este día, iluminado por la esperanza evangélica que proviene de la humilde gruta de Belén, pido para todos ustedes el don navideño de la alegría y de la paz: para los niños y los ancianos, para los jóvenes y las familias, para los pobres y marginados. Que Jesús, que vino a este mundo por nosotros, consuele a los que pasan por la prueba de la enfermedad y el sufrimiento y sostenga a los que se dedican al servicio de los hermanos más necesitados. ¡Feliz Navidad!

viernes, 27 de diciembre de 2013

El Papa de los pobres



-Salvador Sostres-

El Papa de los pobres fue Juan Pablo II, que junto con Margaret Thatcher y Ronald Reagan derribó el muro de Berlín y acabó con el comunismo, la mayor fábrica de miseria y de muerte que ha conocido el mundo. Francisco no es, como se ha dicho, el Papa de los pobres. Francisco es un Papa pobre, que quiere vivir como un pobre y quiere una Iglesia pobre, despojada de todos sus bienes, de todo su misterio y de todas sus liturgias. Una Iglesia pobre y empobrecida, como él que también vive como un pobre en Santa Marta, viste como un pobre con sus zapatos roídos, y hace gestos de pobre como llevarse él mismo la maleta cuando viaja.

Puede que los pobres estén contentos con el Papa y que se vean reflejados en su estilo. Pero tales gesticulaciones no erradican la pobreza y sólo sirven de consuelo.

El auténtico Papa de los pobres fue Juan Pablo II, que acabó con la principal fuente de pobreza y de opresión, que es el comunismo. Fue el Papa de los pobres porque bajo su papado dejaron de ser pobres decenas y centenares de millones de personas, que pudieron prosperar gracias a la libertad y a la economía de mercado.

El otro gran Papa de los pobres, de los pobres de espíritu, fue Benedicto XVI, que alimentó las almas de los católicos, llenándolas de contenido, con su talento y sus conocimientos. Dar la razón a los pobres, exaltarlos y hacerles sentir orgullosos de serlo, como Bergoglio está haciendo, puede confortarles, pero no resuelve ningún problema.

Juan Pablo II acabó con el comunismo y el Papa Ratz con la desolación espiritual que causó Juan XXIII con su diabólico Concilio Vaticano II. Estos dos Papas han sido con su fuerza y su refinamiento, respectivamente, los dos Papas que más pobreza han erradicado. Pobres de dinero y pobres de espíritu, pobres de todo el mundo que han dejado de serlo.

Bergoglio con su pobreza y su Iglesia cada día más pobre -en todos los sentidos pobre- crea euforia en los pobres materiales y furor en los que no son católicos, porque en su pobreza espiritual se sienten cómodos con un Papa que no les exige ninguna inteligencia ni ninguna espiritualidad.


Hay mucha diferencia -una diferencia sustancial- entre compartir las migajas con los pobres, llevar una vida pobre y que todo a tu alrededor parezca pobre para complacer a los pobres; y la valentía que se requiere para ser fuerte y que tu fortaleza inspire fortaleza, para proclamar el Misterio de la fe e inspirar fe en las almas sedientas, para librar una batalla casi imposible contra el mal y vencerla, como hizo el Papa Woytila con el comunismo, con la ayuda de Maggie y Reagan.

La pobreza no es ni puede ser un orgullo. A los pobres no hay que darles la razón, sino fuerza y fe para que dejen de ser pobres. Libertad y conocimiento, que es lo que Woytila y Ratzinger les dieron.
Los Papas de los pobres fueron ellos, tal como la economía de los pobres es el capitalismo porque es la única que contribuye a que haya menos pobres, no como el comunismo que sólo crea destrucción y muerte.

El espectáculo, efectista y taquillero, de hablar todo el día de los pobres, y de hacerse el pobre sabiendo que no lo eres, no erradica sino que multiplica la miseria, como bien hemos podido comprobar con la siniestra heredad que nos han dejado siempre los gobiernos de izquierda.

martes, 24 de diciembre de 2013

Las Antífonas "O"

Siete llamados de Adviento



¡Una virgen concebirá y dará a luz!

La Iglesia entona las "Grandes Antífonas", llamadas también "Antífonas O" por empezar todas con esa exclamación (Oh en Castellano), acompañando al Magníficat en el oficio divino de Vísperas, desde el 17 hasta el 23 de Diciembre de cada año.

Son como las últimas explosiones de las fervientes plegarias de Adviento, y los últimos y más apremiantes llamamientos de la Iglesia al suspirado Mesías.
Según Amalario de Metz, estas Antífonas son de origen romano, y probablemente datan del siglo VII. Fueron, en un principio, siete, ocho, nueve, y a veces, hasta diez y más ; pero desde Pío V se fijó en siete su número.

En cada una llámase al Mesías con un nombre distinto: Sapientia, Adonai, Radix, Clavis, Oriens, Rex, y Emmanuel, según el siguiente cronograma:

  • 17 de diciembre:    O Sapientia  - (Oh Sabiduría)
  • 18 de diciembre:    O Adonai  - (Oh Señor)
  • 19 de diciembre:    O Radix Jesse  - (Oh Raíz de Jesé)
  • 20 de diciembre:    O Clavis David  - (Oh Llave de David)
  • 21 de diciembre:    O Oriens  - (Oh Amanecer, Sol)
  • 22 de diciembre:    O Rex Gentium  - (Oh Rey de las naciones)
  • 23 de diciembre:    O Emmanuel  - (Oh Dios con nosotros)

Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ERO CRAS», que significa «vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

En las catedrales y monasterios, entónanlas cada día un canónigo o un monje distinto, revestido de pluvial y entre ciriales y repiques de campanas.
Antiguamente, al menos en las abadías, después del Abad y del Prior las entonaban por su orden: el monje jardinero, el mayordomo, el tesorero, el preboste y el bibliotecario, en atención a la afinidad que creían hallar entre cada uno de esos títulos y sus respectivos cargos.

Servíanse de viejos cantorales, iluminados con miniaturas y perfiles simbólicos. Todo este aparato y el significado mismo de las Antífonas, llevaban a las Vísperas de estos días numerosos fieles, que mezclaban sus voces con las del clero y así disponían progresivamente sus corazones para las alegrías de Navidad.


p/d: Cabría preguntarse por qué la inmensa mayoría de los católicos actuales no están en condiciones de mezclar sus voces con las del clero, en los poquísimos casos en que éste sepa entonarlas.



O Sapientia

17 de Diciembre




O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.

¡Oh, Sabiduría!, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!







O Adonai



18 de Diciembre





O Adonai, et Dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et ei in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extento.



¡Oh, Señor, Jefe de la casa de Israel!, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!







O Radix Jesse



19 de Diciembre






O Radix Jesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem Gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, jam noli tardare.



¡Oh Renuevo del tronco de Jesé!, que te alzas como un signo para los pueblos; ante quien los reyes enmudecen, y cuyo auxilio imploran las naciones: ¡ven a librarnos, no tardes más!







O Clavis David



20 de Diciembre





O Clavis David, et sceptrum domus Israel; qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veni, et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris, et umbra mortis.



¡Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel!; que abres sin que nadie puede cerrar; y cierras sin que nadie puede abrir: ¡ven y libra a los cautivos que yacen en tinieblas y en sombras de muerte!







O Oriens


21 de Diciembre





O Oriens, splendor lucis aeternae, et sol justitiae: veni, et illumina sedentes in tenebris, et umbra mortis.



¡Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna y Sol de justicia! ¡Ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!






O Rex Gentium


22 de Diciembre





Rex Gentium, et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem, quem de limo formasti.



¡Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos; Piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo! ¡Ven y salva al hombre que formaste del barro!








O Emmanuel


23 de Diciembre





O Emmanuel, Rex et legifer noster, exspectatio Gentium, et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine, Deus noster.



¡Oh Emmanuel, Rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos! ¡Ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!




-Del blog Página Católica-

Feliz Navidad

The Power Of Love (Frankie Goes To Hollywood)

lunes, 23 de diciembre de 2013

El crápula Francisco

“Por mi parte, tengo una certeza dogmática: Dios está en la vida de toda persona. Dios está en la vida de cada uno. Y aun cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, la droga o cualquier otra cosa la tengan destruida, Dios está en su vida. Se puede y se debe buscar a Dios en toda vida humana” (Entrevista a Francisco por P. Antonio Spadaro sj, director de la revista La Civiltà Cattolica, 19 de septiembre 2013).
 
Este es el dogma del demonio en la mente de Francisco. ¿Dónde está Dios en el asesino, en la que aborta, en el que se droga, en el que no cree en Dios, en el que niega que Jesús sea el Mesías, en el que tiene muchos dioses para adorar en su vida, en el que ha hecho de su vida la adoración a su pecado? ¿Dónde se encuentra Dios en un alma que no quiere quitar su pecado, que llama a su pecado con el nombre de dios? ¿Qué fábula quiere enseñar Francisco con esta estupidez de su mente diabólica?
 
Si Dios está en cualquier vida de los hombres, entonces todos los hombres están en el Cielo y se van al Cielo. ¿Para qué, entonces, Jesús ha muerto en la Cruz? ¿Para qué existe un infierno si está vacío? ¿Para qué un Purgatorio si ya con sufrir en la vida humana es suficiente para ser santo? ¿Para qué sirve la Iglesia si con lo que hay en el mundo el camino está ya hecho para salvarse?
 
Dios no está en la vida de nadie. Dios no está en el pecado de nadie. Dios pone un camino al hombre: o te salvas o te condenas. Y el hombre tiene que elegir una cosa u otra. Dios es Justicia en Su Misericordia. Quien desprecia su Misericordia se condena sin más. Esto es lo que ese hereje nunca predica, porque sólo tiene su dogma: todos salvados, todos somos santos, todos entran en la iglesia, porque lo dice Francisco. Como es el Papa, lo que diga hay que aceptarlo. Así piensan muchos. Hay que gente que se le cae la baba cuando habla ese idiota. Y, después, quiere que todo el mundo haga igual que ellos.
 
 
 
 
del blog -Lumen Mariae-

domingo, 22 de diciembre de 2013

Introducción y puntualización de la Exhortación Apostócia Evangelii gaudium


El conocido autor de "El Drama Litúrgico", Augusto del Río, nos ha preparado una reseña del primer documento doctrinal salido de la pluma del papa Francisco, la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Por razones didácticas se ha preparado con un análisis general muy breve y dos puntualizaciones, que el autor llama "señales negativas" y "señales positivas". Parece indispensable leer este trabajo a fin de tener un marco referencial de lo expuesto en el documento pontificio, en particular a los que no somos especialistas en teología.

 

Análisis general

Es un documento larguísimo (en pdf son 224 páginas)

jamás se refiere a Jesucristo con el término “Redentor”. Hay sí una referencia a los brazos “redentores” del Señor (N°3). Utiliza siempre “Resucitado” para referirse a Jesucristo. Jamás es Nuestro Señor Jesucristo, “Nuestro Señor” la utiliza una vez.

No hay una sola referencia al pecado original. Jamás a la falta original que necesitó de la redención para ser sanada. Jamás ninguna referencia a la situación de miseria del hombre sin Cristo.

El anuncio esencial es: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Pero nunca se aclara de qué se nos tiene que salvar. Y muchas veces queda confuso con un anuncio de promoción humana.

Hay una permanente descalificación del Anuncio como un anuncio de VERDADES CONCRETAS.

Descalificación de las fórmulas “rígidas”, “precisas”, “ortodoxas” que nunca pueden encerrar el Anuncio. Esos esquemas son “aburridos”.

De hecho no hay ninguna referencia a que el Anuncio implique creer ALGO CONCRETO Y DETERMINADO.

Jamás hay una referencia a que hay que CONVERTIR a los demás. Y recuérdese que se está hablando de un documento sobre la Evangelización.

Todas las referencias son sobre convertirse uno, convertirse la Iglesia para que anuncie más eficazmente, convertirse los agentes de pastoral. jamás una referencia al problema de la salvación de aquellos que están en las falsas religiones (obviamente jamás se las califica así).

Se menciona a la gracia pero jamás se da una definición de ella. Y menos se la aplica como una fuerza sobrenatural que es absolutamente necesaria para la salvación.

Jamás se habla de la posibilidad de condenación eterna.

Muchas veces tira la piedra y esconde la mano porque no aclara a qué ejemplos concretos se refiere.

Hay una cantidad de afirmaciones que provocan “sensaciones” equívocas y ambiguas respecto a la importancia y el papel de la doctrina o el Magisterio en la historia de la Iglesia..

Usa continuamente la categoría de Pueblo de Dios para referirse a la Iglesia con la ambigüedad que ello implica.

Si alguien quiere analizar cuáles son sus fuentes tenga presente que ha citado de la siguiente manera:

48 veces a Juan Pablo II

40 veces al Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización

24 veces a Paulo VI

20 veces a Benedicto XVI (incluida una cita del cardenal Ratzinger)

18 veces al Concilio Vaticano II

12 veces a Santo Tomás pero en ninguna el santo se refiere a la fe, a la verdad y al objetivo de la evangelización.

10 veces al documento de Aparecida

9 veces a los Santos Padres

7 veces al Catecismo de la Doctrina Social de la Iglesia

4 veces los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe

2 veces el documento de Puebla

2 veces la Conferencia Episcopal de EE.UU.

2 veces a la Conferencia Episcopal de Francia

1 vez al CATIC

1 vez a la Conferencia Episcopal de Brasil

1 vez a la Conferencia Episcopal de Filipinas

1 vez a la Conferencia Episcopal del Congo

1 vez a la Conferencia Episcopal de la India

1 vez el documento de la Comisión Teológica Internacional El cristianismo y las religiones (1996).

1 vez a la Acción Católica Italiana

1 vez a Platón, a Newman, a G. Bernanós, al Kempis, a Sta. Teresa de Lisieux, a Guardini, a “Tucho” Fernández (rector de la UCA) y a Ismael Quiles.

 

En particular SEÑALES NEGATIVAS.

 

1.           Quiere más poder para las Conferencias Episcopales, ALGUNA AUTÉNTICA AUTORIDAD DOCTRINAL (N°32).

2.           Lo esencial es “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado”. Ni una referencia al sacrificio redentor de Cristo que paga la deuda del pecado del hombre. (N°36).

3.           El evangelio es ante todo responder al Dios amante que nos salva. PERO NUNCA DICE DE QUÉ NOS SALVA. (N°39).

4.           Hace sospechoso cualquier anuncio doctrinal. Porque si no se anuncia al Dios que nos ama resulta que eso es producto de acentos doctrinales o morales que proceden de opciones ideológicas (N°39).

5.           Habla de distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral metiendo todo en la misma bolsa, como si fuera lo mismo la legítima libertad que puede haber en líneas pastorales, igualadas con la libertad que no puede haber cuando se habla de filosofías o teologías las que claramente son obstáculo para una presentación clara de la verdad católica. Y todo justificado “porque si no estaríamos frente a una doctrina monolítica defendida por todos sin matices”. (N°40)

6.           Comete el error garrafal de decir que un lenguaje completamente ortodoxo es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo porque no se adapta al lenguaje que utilizan los fieles (N°41).

7.           Es más, dice enseguida que  “con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones LES DAMOS UN FALSO DIOS O UN IDEAL HUMANO QUE NO ES VERDADERAMENTE CRISTIANO. Tira la piedra y esconde la mano porque jamás aclara a qué casos se refiere.

8.           Dice que LA EXPRESIÓN DE LA VERDAD PUEDE SER MULTIFORME, lo que afirma contra la Humani Generis de Pío XII que claramente dice que NO SE PUEDE ABANDONAR LAS FÓRMULAS QUE LA SABIDURÍA PERENNE HA CONSAGRADO PARA LA EXPRESIÓN DE LA VERDAD CATOLICA.

9.           Cita de manera incompleta a Santo Tomás de Aquino cuando éste dice que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios (a la Iglesia) “son poquísimos”. Santo Tomás se refería a la comparación entre los preceptos gravosos de la Antigua Ley y el yugo ligero de Cristo. Pero Santo Tomás dice que son poquísimos los que Cristo agregó a la Ley de los 10 Mandamientos.  Por el contexto el papa da la sensación errónea de que son tan pocos los preceptos que no hay que insistir tanto en ellos y que pueden ser un obstáculo si queremos una predicación que llegue a todos. (N°43). Además NO MENCIONA EN NINGÚN LUGAR LA LEY NATURAL IMPRESA POR DIOS EN NUESTRA CONCIENCIA.

10.      “Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera” (N°47). No aclara cuáles serían esas razones cualesquiera y ya La Nación ha interpretado que se refiere a los divorciados vueltos a casar que quieran acceder a la comunión.

11.     Habla de no ser “controladores de la gracia” y que la Iglesia no es una aduana, cuando sabe perfectamente que Cristo ha dicho que no debe tirarse perlas a los cerdos y la Iglesia siempre ha cuidado que lo sagrado no sea pisoteado. (N°47)

12.     Dice que prefiere una Iglesia accidentada y herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro haciendo una típica dialéctica insustancial. Ni lo uno ni lo otro.

13.     Pone la duda sobre las normas de la Iglesia, que según afirma “ nos vuelven jueces implacables” (N°49).

14.     Ataca a los grupos tradicionalistas elípticamente: “formas exteriores de tradiciones de ciertos grupos, o en supuestas revelaciones privadas que se absolutizan” (N°70).

15.     Considera que las advertencias sobre el fin de los tiempos y la apostasía son pesimismos paralizantes. y estériles (N°84) y cita para rebatirlo el famoso pasaje del discurso inaugural de Juan XXIII en el Concilio donde condena a los profetas de calamidades, pasaje que se sabe perfectamente hoy que se refiere al mensaje de Fátima. Lo curioso es que el papa Francisco también habla de no caer en optimismos ingenuos aunque ese mismo discurso cae en ese optimismo.

16.     Repite algunos de de sus típicos “bergoglemas” (uno de tantos del documento) cuando afirma: “Sentimos el desafío de descubrir y transmitir LA MÍSTICA DE ESTAR JUNTOS, DE MEZCLARNOS, DE ENCONTRARNOS, DE TOMARNOS DE LOS BRAZOS… (¿?) (N°87)

17.      Vuelve a pegarles a los tradicionalistas cuando habla de “un neopelagianismo autorreferencial y prometeico” inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado (N°94). Supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario donde se gasta las energías en controlar (N°94).

18.     Otro tiro por elevación al tradicionalismo está en el número siguiente (95) cuando dice que la mundanidad se manifiesta en un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, que prefieren ser generales de ejércitos derrotados

19.     Hace “demagogia” con los jóvenes cuando les atribuye llevar en sí las nuevas tendencias de la humanidad (¿?) (N°108) que nos abren al futuro (¿?)

20.     Ser Iglesia es llevar la salvación de Dios en este mundo, pero nunca aclara de qué tipo de salvación hablamos y de qué tenemos que salvarnos (N°114).

21.     Habla sin precisión de una infalibilidad del Pueblo de Dios (sensum fidei) sin referirse claramente al poder magisterial. (N°119)

22.     Le da un papel desmesurado a la piedad popular que no implica necesariamente una vida sacramental (N°125)

23.     Nuevamente afirma que el anuncio fundamental es: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y amistad. Si esta es la referencia a la Buena Nueva, jamás la contrapone con la Mala Nueva (el pecado original) y la necesidad de que Cristo se ofreciera en sacrificio expiatorio por nosotros. (N°128)

24.     Desprecia nuevamente la precisión terminológica de la fórmulas de la fe: “No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable. Se transmite de formas tan diversas que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo. (N°129).

25.     Lanza un manto de sospecha sobre cualquier tipo de uniformidad al decir que “no ayuda a la misión de la Iglesia” (N°131).

26.     Se equivoca al atribuir al simple sacerdote el poder de interpretar la Escritura al preparar las homilías, cuando se sabe perfectamente que el sacerdote debe transmitir el contenido de la fe y no ser intérprete (cosa que le corresponde al Magisterio de la Iglesia) N°146.

27.     Parece quitarle importancia a la formación doctrinal nuevamente (N°161).

28.     Nueva alusión crítica contra la predicación de la doctrina “a veces más filosóficas que evangélicas”. El anuncio debe expresar el amor salvífico de Dios, “que no imponga la verdad” (N°165). Parece que no hay ninguna urgencia de que la gente crea porque igual (ya veremos más adelante) puede salvarse de todos modos.

29.     “Hacer resplandecer la verdad y la bondad del Resucitado”, jamás dice “Redentor” (N°167).

30.     Cae en el típico error que ha hecho estragos entre los fieles al proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia sin decir nada sobre que estos estudios deben ser dirigidos a la luz del Magisterio de la Iglesia (N°175) y que las personas tienen que saber primero las verdades básicas de la fe, antes que pretender estudiar la Biblia.

31.     En todo el capítulo IV (dimensión social de la Evangelización) hay un tufillo a Teología de la Liberación, no distinguiendo adecuadamente entre la categoría socioeconómica de pobre y la categoría evangélica teológica de pobre. (N°176 y sgtes.) aunque intenta una pobre distinción con la ideología en el N°199.

32.     Cae en el típico error woytiliano y lubaciano de confundir plano natural y sobrenatural al afirmar que “confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana SIGNIFICA QUE CADA PERSONA HUMANA HA SIDO ELEVADA AL CORAZÓN MISMO DE DIOS”. (N°178). No distingue claramente entre la dignidad natural del hombre y el estado de gracia sobrenatural.

33.     Rebaja los principios de la Doctrina Social de la Iglesia que deben ser enseñados a las sociedades al mero “derecho de los pastores a emitir opinión” sobre los temas que afectan la vida de las personas. (N°182).

34.     Considera que dos grandes cuestiones determinarán el futuro de la humanidad, pero son dos cuestiones de orden puramente natural (la inclusión social de los pobres por un lado, y el diálogo social y la paz por el otro). (N°185).

35.     Nuevamente critica a los “defensores de «la ortodoxia» (así, entre comillas) haciendo dialéctica insustancial. (N°194)

36.     Al mismo tiempo que condena el aborto, dice que se ha hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres, ignorando la cantidad de asociaciones católicas que desde hace décadas asisten a las madres solteras, de las que no dice ni una palabra (N°214)

37.     Usa un lenguaje inapropiado de tinte sociologista: “generar procesos que construyan pueblo” (sic) (N°224).

38.     Hace dialéctica hegeliana cuando alude al diálogo de posiciones enfrentadas, como si eso pudiera aplicarse a la verdad revelada (N°228).

39.     Parece Hegel cuando afirma: “La unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades” (N°230). Y no distingue si se refiere a diversidades meramente accidentales o esenciales de la fe

40.     Se niega a usar la categoría filosófica del “realismo metafísico” cuando estaban dadas todas las condiciones para ello al criticar a los idealismos y nominalismos (N°232).

41.     Redacta mal el documento la relación entre las verdades de la ciencia positiva y las verdades de fe, de tal manera que parece que hubiera una subordinación de la fe al conocimiento científico positivo: “cuando … la ciencia … vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice”. (N°243).

42.     Aplica todos los lugares comunes de la obsesión ecumenista (N°244 y sgtes.). EN NINGÚN MOMENTO SE HABLA DE CONVERSIÓN PARA INGRESAR A LA IGLESIA CATÓLICA.

43.     Cae en el error herético de buscar lo que nos une para hacer expresiones comunes de anuncio [de la fe], lo cual disuelve el contenido de la fe (N°246).

44.     Cae en el error herético de considerar que debemos aprender “lo que el Espíritu ha sembrado en ellos [los herejes] como un don también para nosotros” (N°246).

45.     Parece que tenemos que aprender la colegialidad episcopal de los cismáticos ortodoxos (N°246) y la experiencia “de la sinodalidad”.

46.     Sostiene casi todas las afirmaciones de la herejías judeocristiana (N°247 y sgtes.)

47.     “Los judíos no están incluidos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios [porque] creemos junto con ellos EN EL ÚNICO DIOS que actúa en la historia, y ACOGEMOS CON ELLOS LA COMÚN PALABRA REVELADA” (N°247). Nótese la enorme herejía aquí dicha. Se niega al Dios trinitario y además se hace alusión directa a la Palabra de Dios que sabemos que es el mismo Cristo, negado por los judíos. Niega entero el proemio del Evangelio según San Juan.

48.     Alude a las persecuciones a los judíos en el pasado por parte de cristianos sin decir palabra sobre las persecuciones de los judíos a los cristianos (N°248).

49.     Afirma que “Dios … provoca tesoros de sabiduría que brotan del encuentro del pueblo judío con la Palabra divina”, cuando sabemos que esa Palabra es justamente lo que ellos niegan (N°249).

50.     Afirma erróneamente que podemos leer juntos los textos de la Biblia hebrea cuando se sabe que el texto talmúdico ha adulterado la Biblia para poder negar más fácilmente las profecías que se refieren a Cristo y además lo ha mutilado (N°249). Esa mutilación (eliminación de los “deuterocanónicos” en la versión de Jerusalén se trasladó a las llamadas Biblias protestantes

51.     Afirma erróneamente que los islámicos adoran CON NOSOTROS a un Dios único (N°252).

52.     Afirma que el Islam auténtico no es violento, lo cual es enormemente discutible (N°253).

53.     Cita el espantoso documento de la Comisión Teológica Internacional sobre las religiones donde afirma: que los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia (sin agregar “recta”), pueden vivir “justificados mediante la gracia de Dios” (N°254) lo cual hace bastante inútil por cierto las misiones.

54.     Afirma la herejía según la cual los ritos y signos de las religiones falsas “pueden ser cauces QUE EL MISMO ESPÍRITU SUSCITE para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales” (N°254).

 

55.     En particular SEÑALES POSITIVAS

1.                no se debe enseñar lo moral descontextualizado (N°34) del anuncio principal.

2.                No se debe hablar más de la Ley que de la Gracia (N°38) pero no explica lo que es la gracia y por qué es tan necesaria.

3.                La ética cristiana (no dice ética católica o moral católica) no es una ética estoica ni [“únicamente” debería agregarse] un catálogo de pecados y errores.

4.                Hace una correcta descripción pero llena de lugares comunes de la injusticia de la situación económica mundial, sometida al poder del dinero y a los principios liberales del libre mercado. Pero nunca habla de la usura. (N°52 al 60)

5.                Desautoriza la “teoría del derrame” (N°54), leyenda del capitalismo liberal.

6.                Habla de la globalización de la indiferencia (N°54)

7.                Habla del “fetichismo del dinero y la dictadura de la economía (N°55)

8.                Critica a los que niegan el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común (N°56).

9.                Afirma que tras estas actitudes se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios (N°57).

10.          Aunque no habla de la usura, pide una reforma financiera en donde el dinero sirva y no gobierne (N°58).

11.          Critica la exacerbación del consumo (N°60)

12.          Condena el relativismo moral (N°64).

13.          Habla del complejo de inferioridad de los agentes pastorales que los lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones (N°79).

14.          Reconoce una “desertificación espiritual” (N°86) fruto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas.

15.          No está en discusión el sacerdocio reservado a los varones, pero insiste en buscar formas de reconocer el lugar de la mujer (N°104).

16.          Pide una mejor selección de los candidatos al sacerdocio porque los seminarios no se pueden llenar por cualquier tipo de motivaciones, y menos si éstas se relacionan con inseguridades afectivas (¿contra los homosexuales en los seminarios católicos?) (N°107).

17.          Brinda una serie de consejos útiles para las homilías (N°135 y sgtes.)

18.          Dice que la opción por los pobres debe traducirse PRINCIPALMENTE en una atención religiosa privilegiada y prioritaria (N°200).

19.          Condena la “mano invisible” del mercado (N°204).

20.          Habla contra el aborto (N°213).

21.          Dice que “no cabe esperar que la Iglesia cambie su postura sobre la cuestión” (¡menos mal!) N°214.

22.          “Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe” (¿contra el evolucionismo?) (N°243).

 

Nota aclaratoria: ¿Qué es el sensus fidelium?

Etim.: Latín: "El Sentido de los fieles"
Otras expresiones para la misma idea: "consensus fidelium" y  "sensus fidei" (el sentido de la fe).
El Sensus fidelium es una unción especial que posee la universalidad de los fieles para no fallar en su creencia. Es un sentimiento sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando "desde los Obispos hasta los últimos fieles seglares" manifiesta el asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres." Cuando tomamos la universalidad de los fieles en el sentido histórico vemos que si toda la Iglesia, tanto el pueblo como los pastores, han creído (aceptado como revelada) una verdad, entonces no pueden errar. Es infalible.  Esto aplica a las doctrinas mas básicas que la Iglesia enseña como reveladas. El concepto del Sensus Fidelis se encuentra en los Padres de la Iglesia.
El Sensus fidelium no es sinónimo al clamor de la mayoría. Si una doctrina ha cumplido esta condición de infalibilidad en el pasado, y el pueblo de otra época posterior la llega a dudar o negar, esto no hace que la doctrina deje de ser infalible. Cuando el Papa nos recuerda de estas verdades no es necesario que haga una nueva solemne definición.  

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sábado, 21 de diciembre de 2013

Tiempo para el demonio en la Iglesia

“Hombre apóstata, varón inútil, anda en boca mentirosa, guiña el ojo, refriega los pies, habla con los dedos, tiene el corazón lleno de maldad y siembra siempre discordias” (Pr 6,12).

  La apostasía de la fe es un pecado que aparta totalmente de Dios y, por tanto, es distinto a otro pecado.

  A la fe no pertenece sólo la credibilidad del corazón, sino también la confesión pública de la fe. Es necesario decir palabras y obrar en lo exterior esa fe que está en el corazón.

  Quien vive de fe obra la fe exteriormente, de manera que todos puedan verla. Pero quien no vive de fe sólo obra al exterior su vida humana, o carnal, o material, o natural.

  Cuando un hombre dice herejías en forma continua y no las quita, no se arrepiente de ellas, entonces eso es señal de que ha apostatado de la fe.

  Cuando un hombre obra el pecado y no se arrepiente de él, sino que permanece y vive de ese pecado, entonces es la señal de que ha apostatado de la fe.

  El que apostata de la fe perdió la fe totalmente. No tiene el don de la fe. Vive otra cosa muy diferente a la fe.

  El que abandona la fe puede seguir estando en la Iglesia, pero de una forma exterior, hipócrita, farisea. En su interior, no tiene el espíritu de la Iglesia, pero sí posee el espíritu contrario, que le hace obrar en contra de la Iglesia.

  El hombre que apostata de la fe con su boca habla de Dios, confiesa a Dios, predica muchas cosas, pero nunca da la Verdad de lo que habla, siempre da su interpretación de todas las cosas divinas. Y, por tanto, es un hombre que se dedica a hacer su religión, su evangelio, sus mandamientos, sus reglas, sus tradiciones, que no tienen nada que con la Verdad de la Iglesia.

  De esta manera, se dan en muchas almas la apostasía de la fe. No es un pecado raro, sino común, porque es un pecado que imita en todo al hombre mundano, pero en la Iglesia. Es meter el mundo en la Iglesia, es vivir el mundo dentro de la Iglesia, es sacrificar todo lo divino en aras de los humano, de lo natural.

  Vivimos dentro de la misma Iglesia Católica la apostasía de la fe en muchas almas que son sacerdotes, Obispos, fieles, que han perdido totalmente la fe. No es que cometan pecados mortales o que vivan, de alguna manera, su ministerio en la Iglesia o hagan sus apostolados en la Iglesia. Es que han abandonado totalmente la fe.

  No sólo pecan mortalmente, sino que exaltan sus pecados, justifican sus pecados, aplauden sus pecados, llaman a sus pecado una verdad, un bien que se debe hacer.

  En el gobierno de la Iglesia Católica hay hombres que ya no tienen fe, porque mantienen sus pecados a la vista de todo el mundo, de la Iglesia. No sólo esos hombres dicen herejías, sino que obran esas herejías a la vista de todos.

  El que perdió la fe nunca puede obrar en lo exterior movido por la fe, sino que obrará según su inteligencia o sentimiento humano.

  La fe, cuando se pierde, hace que el hombre sólo se quede en su ambiente humano, en su vida humana, en sus obras humanas, en sus culturas, en su ciencia, en sus conquistas humanas.

  Pero lo peor no es esto: lo peor es que enseñan sus herejías, sus obras, en la Iglesia como algo verdadero que hay que seguir, como una obra que hay que hacer. Esto es el daño más grave de todos.

  Esto produce que en la Iglesia se forme, al mismo tiempo, otra iglesia, distinta a la verdadera y tomada por muchos como verdadera, siendo una falsificación.

  Y, cuando esta falsa Iglesia comienza a crecer, a desarrollarse, a tomar cimientos, control sobre la Iglesia verdadera, entonces viene lo peor: se oscurece la Verdad, se oscurece la Iglesia verdadera y sólo queda la falsa; sólo se ve la falsa, sólo se atiende a los postulados que se predican desde la falsa iglesia.

  El problema de Roma, desde que Benedicto XVI renunció, no está en lo que hemos visto en diez meses, sino en lo que no se ve, en lo que se oculta, en lo que hay detrás de cada hombre que está en el gobierno de la Iglesia.

  Nadie sabe ahora, a ciencia cierta, qué pasa en la verdadera Iglesia, porque sólo se da a conocer la falsa iglesia. Francisco sólo predica la mentira, sólo gobierna con la mentira, sólo realiza obras mentirosas. Y eso es en lo que todo el mundo se fija. Pero nadie atiende a la verdadera Iglesia. Quien no está con Francisco, ¿cómo vive su fe? ¿Cómo obra en la Iglesia?

  Esto es lo que nadie atiende, lo que nadie sabe, porque la Verdad ha sido oscurecida en Roma. Y se quiere, desde Roma, que todo el mundo siga la falsa iglesia, que todos estén de acuerdo con Francisco, que nadie rechiste, que nadie diga que es un hereje.

  Y esta imposición de Roma, esta prepotencia de Roma, hace que se oculte la verdadera Iglesia y que nadie viva esa verdadera Iglesia, que todos se acomoden a lo que tienen, aunque no les guste, aunque se vean herejías y se obren esas herejías.

  El daño más grave en la apostasía de la fe, dentro de la Iglesia, es éste: nadie atiende a la Verdad de la Iglesia, sino que todos quieren construir la Iglesia a su manera. Todos están preocupados por agradar a Francisco, pero nadie se opone a Francisco.

  Durante diez meses nadie ha aprendido a luchar contra los herejes en la Iglesia. Todos se han acomodado a las circunstancias que se ha dado y prefieren decir: con estos bueyes hay que arar.

  Este es el mayor error que un alma puede cometer en la vida espiritual: acomodarse al espíritu que se le ofrece desde Roma. Y, entonces, como no se discierne el Espíritu, sino que se acomoda el hombre a ese espíritu, sin preguntarse si es bueno o malo, viene la ruina más total.

  Quien acepta al que ha apostatado de la fe, quien lo obedece, quien se somete a él, entonces acaba abandonando la fe y se hace apóstata como él.

  Este es el gran peligro, ahora, en la Iglesia. Gobiernan apóstatas de la fe, entonces, las almas dentro de la Iglesia pierden la fe y se condenan.

  Para no perder la fe hay que atacar al hereje, al apóstata de la fe. Atacarlo. No darle tregua. No preguntarse si es hereje formal o es hereje accidental. Muchos esperan una declaración de la Iglesia que llame hereje a Francisco. Esperan en vano. No va a ocurrir, porque en Roma no están en eso. Roma ya no ve el pecado de nadie, sino que exalta el pecado de todo el mundo. Roma aplaude al pecado y a su pecado, pero ya no guarda la fe, la verdad, ya no es custodia de la almas, sino perversión de ellas.

  Estamos en un momento muy crítico, muy grave, que los hombres no han meditado en ninguna manera.

  Ven lo que hace Francisco, pero le siguen el juego, se acomodan a lo que hay en la Iglesia. Ya no luchan por la Verdad de la Iglesia. Muy poquitos ven lo que hay y dicen lo que hay con todas las consecuencias. ¡Cuesta decir la Verdad! ¡Hay que morir para decir la Verdad! ¡Hay que desprenderse del falso respeto humano, de la falsa compasión, de la falsa fraternidad hacia el hombre, y plantar cara al hereje!

  La Iglesia no es viril en la vida espiritual, sino que está afeminada. Vive de blanduras, de sentimentalismos, de vanidades, de placeres exquisitos. Pero no capta la verdad viril, la verdad que transforma la vida, la verdad que hace ser un hombre sólo para Dios, no para el mundo.

  Francisco predica una espiritualidad afeminada y a todos les gusta. Así está la Iglesia, así vive la Iglesia la vida espiritual: una gran tibieza. Francisco da lo que busca el hombre. Eso se llama tibieza; al hombre le gusta sentirse débil, sentirse que alguien se fija en él, que alguien lo ama. Pero no quiere dar el amor, no quiere entregarse sin más, sino que sólo busca su propio interés en todas las cosas.

  En las predicaciones de los apóstatas sólo se señala una cosa: que Dios nos ama con ternura. Y no se dice más. Todos somos pecadores, pero Dios nos ama a todos. Es siempre el mismo argumento. Nunca un apóstata va a decir que hay que luchar contra el pecado para tener el amor de Dios. Nunca. Porque ya no cree. No tiene fe. Y vive según su amaneramiento de la fe: abajó a Dios a su manera de ver la vida; hizo descender lo divino a su mente humana para fabricar su dios, su evangelio, sus reglas, sus normas, su iglesia.

  Y, en esta fábrica, sólo puede haber un camino para el que quiera salvarse: oponerse en todo al que ha abandonado la fe. Quien no camine así, en una Iglesia que no es la verdadera, sino la falsa, entonces acaba perdiéndose “en nombre de dios” y haciendo la “voluntad de dios” que esa falsa iglesia impone a los demás.

  El que apostata de la fe impone siempre su orgullo, su pensamiento a los demás. Y lo impone como si fuera divino. El Papa verdadero nunca obliga a nada en la Iglesia, sino que sólo señala el camino de la verdad, y a aquel que no le guste, entonces toma las medidas necesarias en el Espíritu para extirpar de la Iglesia a un hereje, para que no haga daño.

  Francisco no puede ser un Papa verdadero porque deja que en la Iglesia la gente peque, viva en su pecado, y él mismo exalta su pecado en medio de todos. Por eso, el mundo lo aplaude, los gays lo aplauden.

  Siempre a un Papa verdadero, el mundo lo crucifica y los homosexuales hablan mal de él. Esa es la señal de que un alma tiene a Dios: cuando el mundo la combate.

  Señal de que Francisco no tiene a Dios: que el mundo lo aplaude.

  Pero lo más grave es que, dentro de la Iglesia, también acogen lo que el mundo dice de Francisco. Y, cuando sucede eso, es señal de que ha iniciado la ruina de toda la Iglesia.

  Nadie se levanta para destronar a Francisco: eso es gravísimo. Y, entonces, como las almas que deberían tomar partido en contra de Francisco, no lo hacen, abren el camino para que el demonio lo haga y produzca en la Iglesia la mayor división, la mayor ruina de todas.

  El tiempo corre a favor del demonio. Dios se cruza de brazos y ve cómo el demonio destruye 20 siglos de Iglesia en Roma.

Visto en: "LUMEN MARIAE" http://josephmaryam.wordpress.com/

domingo, 15 de diciembre de 2013

Franscisco no se siente "ofendido" porque lo llamen marxista.


En relación con las acusaciones de los conservadores estadounidenses del Tea Party, que lo tildaron de "marxista" después de la publicación de la Exhortación apostólica "Evangelii gaudium", el Papa ha respondido: «La ideología marxista está equivocada. Pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenos como personas, y por ello no me siento ofendido».
 
No se siente ofendido. Ah,  pues muy bien.  Y sabemos qué no le ofende a Bergoglio, y qué le ofende. Que le susurren a la oreja que es un “tradicionalista”, a ver cómo responde la criatura. Bergoglio podría haber añadido, de su cosecha: ¿"Quién soy yo" para juzgar a un marxista? O mejor aún: ¿"Quién soy yo para juzgar el marxismo?. El Marxismo, esa ideología política de los "amiguitos" de Bergoglio que proclama la muerte de Dios. Supongo que llamar traidorzuelo a esta víbora será para él un halago. A la ideología política que más muertos, miseria y dolor han provocado  y dejado en la Historia de la humanidad -y sigue provocando y dejando- la ventila el muchacho con un está "equivocada", califica de "equivocada" la obra del Mal. Son sus palabras. Palabras de herejes. Palabras de anticristiano. De mala persona.  Millones de hombres y mujeres murieron por una "equivocación". REPITAN CONMIGO: Millones de hombres y mujeres murieron masacrados por una lamentable "equivocación". Lo sentimos. STOP.  Y se queda tan pancho.  Qué gracia, eh, Bergoglio. ¿Cómo se puede ser tan diabólico, Bergoglio, y no morir en el intento? No llevas en tu "sangre ecuménica", esa horchata insalubre y pestilente que te corroe las venas, una gota de católico. Una gota de hombre de bien. Verán ustedes, si  al papa de los humildes lo hubiesen tildado de "neonazi", me pregunto yo que soy un mal pensado, ¿hubiese salido Bergoglio con que en "su vida ha conocido a muchos "neonazis" buenos como personas, y por ello no me siento ofendido» de que me llamen "neonazi"? Lo dudo. ¿Sabe este tiparraco cuántos seres humanos han muerto en nombre del "marxismo"?. Más que en el nombre de la aberración nacionalsocialista. Decenas de millones más. Claro que lo sabe, es malvado pero no tonto.

 Un rencoroso cobarde de esta calaña sabe por dónde se mueve la corriente. Huele el humo, y huye del fuego. Una alimaña de esta clase sabe qué se puede decir, y qué no. Lo de este hombre es una continua e inacabada aberración,  un seguir en el error de forma chulesca, un reírse a carcajada limpia de millones de víctimas del marxismo y el comunismo, de millones de cristianos que murieron abrazando la Cruz en manos de sus "amigos" marxistas, de millones de católicos que aún no han caído en sus sucias garras. ¿Nadie lo ve? ¿Nadie ve que Roma está en manos de un maldito? ¿Hasta cuándo durará esta infamia?

jueves, 12 de diciembre de 2013

El preocupante apartado 32 de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium

Nota del Blogger:

Antes de publicar el magistral artículo de César Urribari, para que se hagan una pequeña idea de la persecución que se está llevando desde diferentes medios escritos y hablados y desde el mismo Vaticano contra todo lo que huela a católico verdadero, es decir, a seguidor de la Verdad que nos enseñó Cristo a no callar, quiero decir que este artículo ha sido quitado, censurado, eliminado por el portal pseudocatólico de información religiosa  Religión en Libertad -qué sarcasmo...-. Así se las gastan los seguidores de Bergoglio, sin contemplaciones, aplastando cualquier conato de denuncia y rebeldía sana con métodos dignos del más tenebroso Robespierre. Como bien dice el autor para avisarnos de por dónde van los tiros, "No en vano el papa Francisco ha sido elegido personaje del año 2013 por la revista Time, en lo que es la conclusión, el súmmum, del aprecio que le tienen los medios tradicionalmente enemigos de la moral y del papado. Por contra, ¿acaso hemos de olvidar la persecución que sufriera el papa Benedicto XVI, dentro y fuera de la Iglesia? Cómo no recordar la terrible carta de 2009 en la que Benedicto XVI públicamente lloró por el abandono que había sufrido por parte de los obispos y de los católicos, reconociendo cómo unos y otros se habían lanzado a herirle “con una hostilidad dispuesta al ataque”, o usando calificativos tales cual “morder o devorar” referidos a su misma persona". Lean, lean. Que por el camino que vamos pronto se hará imposible encontrar la Verdad.


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Quizá es más cómodo callar. Yo he estado en silencio voluntario casi 6 meses y uno acaba acostumbrándose a los placeres de lo oculto: ves, oyes, lees, interpretas… y no tienes que dar cuenta a nadie de tus silencios.


Quizá no quería hablar o quizá, simplemente, no podía. Desde la elección del Papa Francisco un terrible nubarrón se cernió, a mi entender, sobre la realidad. Y preocupado por la tormenta futura veía como mi desasosiego era, por el contrario, gozo y alegría en casi todos. Pero no era un gozo normal, era casi enfermizo, avasallador, total. Si sobre y contra Benedicto XVI se pudo decir cualquier cosa, parecía que con el advenimiento de Francisco estuviera prohibido el disenso. Y así los medios, casi al unísono, se convertían en portavoces del Papa. Incluidos, claro está, los medios católicos, ortodoxos o heterodoxos: lo curioso es que en ellos cualquier opinión en contrario era silenciada, cuanto menos dificultada. Y eso, esa unanimidad en los aprecios, en el seguidismo, no era normal -basta recordar las campañas de acoso contra Benedicto XVI que empezaron en el mismo inicio de su pontificado, incluso desde dentro de la misma Iglesia, y que en absoluto han ocurrido con el papa Francisco-. Algo había cambiado en la percepción de ésta, tanto desde fuera como desde dentro de la Iglesia. No en vano el papa Francisco ha sido elegido personaje del año 2013 por la revista Time, en lo que es la conclusión, el súmmum, del aprecio que le tienen los medios tradicionalmente enemigos de la moral y del papado. Por contra, ¿acaso hemos de olvidar la persecución que sufriera el papa Benedicto XVI, dentro y fuera de la Iglesia? Cómo no recordar la terrible carta de 2009 en la que Benedicto XVI públicamente lloró por el abandono que había sufrido por parte de los obispos y de los católicos, reconociendo cómo unos y otros se habían lanzado a herirle “con una hostilidad dispuesta al ataque”, o usando calificativos tales cual “morder o devorar” referidos a su misma persona.


Pero bastó que subiera Francisco a la silla de Pedro para que preclaras figuras de la Iglesia comentaran que con el nuevo papado se había abierto una ventana de aire fresco en la Iglesia queriendo indicar que con el nuevo Papa vendrían nuevos tiempos. Imagen de la ventana abierta que me desasosegaba, por cuanto me parecía que el tal aire más bien nos iba a constipar, amén de lo poco respetuoso que me parecía para con el papa emérito. Luego me contaron que algún otro, más malévolo, parafraseando a Pablo VI dijo que Satanás ya no tendría que esforzarse en entrar por los resquicios de la Iglesia, ya que ahora se le habían abierto las ventanas de par en par. Y es que algunos, pocos, mirábamos con preocupación la deriva que parecía tomar el rumbo de la Iglesia, mientras que una mayoría ingente gozaba el tal evento.


Se dirá que nada cambiaba, pero la realidad nos mostraba, día a día incluso, que al menos el lenguaje sí había cambiado y con él muchos gestos. El problema es que tras el lenguaje se cambiara el contenido. Y esa era la preocupación, porque no se trataba simplemente de cambios menores como el coche papal, los apartamentos pontificios, o las diarias homilías en santa Marta. No era, simplemente, que el Papa día a día quisiera ser un pastor más, como párroco en su pequeña parroquia, permitiéndose ambiguas frases comprensibles por lo pastoral y coloquial del lugar y del discurso. No. Había una intención, una querencia que solo se vislumbraba en frases concretas, entrevistas desaparecidas o mensajes cara a cara. Y esa intención, lo que el Supremo Pontífice de la Iglesia entendía sobre cual habría de ser su misión y la misión de la misma Iglesia, se evidenciaba someramente a pesar de los ímprobos esfuerzos del voluntario equipo de traductores y comentadores que trataban día tras día de reconducir todo cuanto dijera a la ortodoxia. Pero era un reflejo, un brillo, que permanecía en un terreno fantasmagórico. Lo querías atrapar y se escapaba. Querías ampararte en esas frases para alertar y se escapaban en lo coloquial o interpretable de las mismas. Parecía una lluvia fina que empapa sin darse cuenta. Nada cambiaba, decían, mientras nos parecía que el barco de la Iglesia se adentraba en aguas pantanosas.


Era necesario algo más, palabras firmes, no movibles por lo coloquial del lugar o del discurso. Con Lumen Fidei habló nuevamente Benedicto XVI, porque la encíclica que firmara Francisco nació de la mano y del corazón del papa anterior. Pero ahora, con la exhortación Evangelii Gaudium el Papa reinante ha expresado su programa, su parecer del mundo y de su misión. Y su contenido me preocupa porque la Iglesia parece que ha dejado de enfilar su mascarón de proa hacia Dios, para enfilarlo hacia el hombre. Y así, se dice en dicha exhortación apostólica que “el obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia diocesana siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32). Para eso, a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos” pero la sensación que tenemos es que sólo se permiten caminos escorados hacia las fronteras. Que no en vano conviene recordar como en ese encuentro del Papa Francisco con la Presidencia de la CLAR el 16 de junio del 2013 les animaba a equivocarse (¿doctrinalmente?) y si les llegaba una carta de la Congregación para la doctrina de la fe (sí, era doctrinalmente) que no se preocuparan, que siguieran adelante. No parece que, por ejemplo, los Franciscanos de la Inmaculada puedan decir los mismo. ¿Permitirá el Papa que el olfato del rebaño de los Franciscanos puedan fundar esa nueva congregación que pretenden y que así han solicitado a Roma, anclada en el rito litúrgico vetus ordo, ahora que se les ha impedido celebrarlo? Desgraciadamente percibimos ya con los hechos como esos “nuevos caminos” que se van a poder abrir son caminos concretos en las fronteras de la doctrina y muy alejados de la tradición de siempre. Los otros, los que libremente el rebaño quiera dirigir hacia aquellos otros pastos, quizá esos no sean permitidos.


Pero no debo detenerme en esto. Otros serán los que vayan marcando y señalando esos aspectos. Yo, con todo, prefiero alertar de un riesgo que intuyo y que puede hacer entender unos de los aspectos más desconcertantes de Fátima.


Volvamos a la frase más explosiva que nos legó Fátima. Es una sencilla frase, pero justo por ello tremendamente enigmática: “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc”. Dejando el “etc” aparte –y que ya fue objeto de algún post anterior- ¿qué relación puede tener esta frase del segundo secreto de Fátima con la exhortación apostólica del Papa? Probablemente ninguna, pero la exhortación apostólica abre un panorama que podría hacerlo comprensible más adelante. Si la situación de la fe es igual ahora en Portugal que en cualquier otro lugar del mundo, ¿qué puede explicar que una nación llegue a conservar la fe globalmente? Al tiempo que implícitamente se nos indica que otras naciones, por el contrario, no lo harán. ¿Cómo es posible que naciones salven la fe o la perviertan? Hasta ahora era difícil comprender esto, sobre todo en una época donde ya no cabe aquel cuius regio eius religio, pero el Papa ha anticipado un proyecto que, de realizarse, podría explicarlo. Es el preocupante apartado 32: dotar a las Conferencias Episcopales de facultades doctrinales al tiempo que la figura del papa se reubique en la Iglesia. Así lo dirá el mismo Papa:


“Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización. El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar «una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva». Hemos avanzado poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral. El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden «desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta. Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.”


¿Cómo será esto? Por ahora no es más que un anticipo de un proyecto, pero anticipo que da a entender que sobre ello ya se ha hablado en altos sectores de la Iglesia y en lo que estarían muy interesados en ver pronto realizado. Y así, unas conferencias episcopales con facultades doctrinales podrían explicar como naciones enteras puedan permanecer en la fe, en el dogma de la fe, mientras otras se perviertan. Porque algunas conferencias episcopales podrían decidir que la doctrina de la fe, que el dogma de la fe, ha cambiado. ¿Imposible? Conviene recordar algo muy reciente, donde la conferencia episcopal alemana ha aprobado, moralmente, el uso de la píldora del día después en determinados supuestos. ¿Acaso no podría ocurrir, entonces, que esas futuras conferencias episcopales, una vez tengan facultades doctrinales, marquen la fe, perdiéndola, en su territorio? ¿Acaso el papa, reubicado en un nuevo estatus en la Iglesia, no podría quedar atado de pies y manos para impedirante tamaña perversión de la fe?


Sería como la guerra moderna, guerra sin bombas. Así una nueva forma de cisma en la Iglesia. Cisma incoloro, sin desgarramiento aparente, sin levantamiento de polvo. Una nueva forma de romper la Iglesia sin romperla formalmente. Simplemente el dogma de la fe se pervertiría en el mismo nombre del Señor, bajo su misma Autoridad, bajo su mismo mandato de apacentar al pequeño rebaño. Por obra y gracia de una decisión colegiada en conferencias episcopales redivivas.


Que este riesgo puede empezar a cobrar visos de realidad lo evidencia el mismo apartado 32 de la exhortación. Y que esta reforma de las estructuras del papado y de las conferencias episcopales puede ser una bomba de relojería parece alertarlo esa misteriosa frase del segundo secreto de Fátima -“en Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc”-. Y quisiera no tener razón. Quisiera.