miércoles, 31 de julio de 2013

SÍMBOLO DE UNA ÉPOCA

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Debo reconocer que cuando vi a Bergoglio a la vuelta de su periplo por Brasil, entrando a Santa María La Mayor, me preguntaba qué clase de nuevo disparate se traería entre manos. Entre manos traía una pelota verde amarelha y una camiseta. En ese momento se me ocurrió que tal vez no habría querido dejarlas con sus cosas, pero no… era claro que tenía un designio en mente.
Y lo tenía nomás… Bueno, todos lo hemos visto.
¿Qué es lo que se intenta demostrar o trasmitir?
Confieso que no lo sé.
En los líderes mundiales ningún gesto es al descuido. ¿Acaso en Bergoglio, a quien nadie en su sano juicio restará valor en cuanto al protagónico que le toca representar, será distinto?
Lo cierto es que el tipo subió las escalinatas del altar y puso su pelotita y la camiseta sobre el mismo altar.
Hasta me dio la sensación de una actitud un tanto fetichista.
La de un viejo hechicero que ofrece a sus ídolos el botín (simbólico y sin valor material) de sus andanzas.
Como quien ofrece el “alma” de la COSA en la que anduvo trabajando, por decirlo de alguna forma. Es que ya se hace difícil interpretar estos gestos.
Y así fue.
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Dejó la pelota y la remera en el altar y luego se “puso a rezar”. Yo… no digo que no rece o que simule hacerlo, o que se ponga en pose para las cámaras, pero convengamos que LAS CÁMARAS ESTABAN ALLÍ. Estaban allí para tomar las imágenes y lanzarlas hacia todo el mundo, para que todo el mundo viese cómo EL PAPA depositaba su pelotita y su remerita en el ALTAR y luego se disponía a rezar.
Pregunto… y POR FAVOR, ayúdenme a comprender.
¿Qué ha pasado con el mundo CRISTIANO?
En otros tiempos, luego de alguna gran batalla en la que se jugaba la existencia de la mismísima CRISTIANDAD, algunos Guerreros de Dios han puesto sus CORONAS, sus ARMAS, sus REINOS y su propia VIDA ante los altares de Dios, en agradecimiento por la batalla ganada y como prenda de las batallas por venir.
Esto es así, ¿VERDAD?
Yo no me lo he soñado, sino que es lo que hemos aprendido.
La Iglesia se llenaba de legítimo orgullo por sus CRUZADOS, por CARLOS MARTEL, por Don Juan de Austria, por ISABEL Y FERNANDO, y más acá por GABRIEL GARCÍA MORENO, por los HERMOSOS Y QUERIDOS MÁRTIRES DE LA ESPAÑA NACIONAL, por los igualmente HERMOSOS Y QUERIDOS MÁRTIRES DE LA GUERRA CRISTERA… Por JOSÉ ANTONIO, POR JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO, POR ANACLETO GONZÁLEZ FLORES… por el GENERAL GOROSTIETA incluso.
Me viene ahora el alzamiento de LA VANDÉ… los campesinos levantándose en ARMAS contra la REVOLUCIÓN… esa REVOLUCIÓN CUYO ESPÍRITU DETONÓ INTERNAMENTE EN LA IGLESIA CATÓLICA DESTRUYÉNDOLO TODO A PARTIR DEL CONCILIO VATICANO II… Pienso, pienso y sigo pensando que ese alzamiento fue aplastado por NAPOLEÓN al cual no temieron enfrentarse aquellos bravos campesinos convertidos en SOLDADOS DE CRISTO…
Pienso y sigo pensando que el señor de la PELOTITA, un tipo que anda paseando su disfraz por el mundo es en estos momentos el MEJOR REPRESENTANTE EN LA TIERRA DEL ESPÍRITU DE AQUELLA MALDITA REVOLUCIÓN.
BEACH BALL
Y vuelvo a preguntarme:
¿Acaso es posible colocar aquellas imágenes de santos, mártires y héroes al lado de estas actuales del “héroe” de la JMJ, Jorge Mario Bergoglio, sin sentir lástima, pero también un creciente sentimiento de furia?
Hacemos notar que hemos decidido NO compararlo con los Papas de las Cruzadas, ni con San Pío X, ni con Pío XII, ni con ningún otro de aquellos Papas, verdaderos sucesores de PEDRO, porque sería un intento rayano con la profanación de sus ilustres y majestuosas memorias.
Esta nueva estupidez parece menor, y tal vez lo sea; pero no para nosotros, después del ejercicio de comparación que hicimos.
Soslayar estos hechos, dada su insignificancia puede parecer mejor. Pero, en realidad no lo es.
Desoladora, demoledora, decadente y claro… demoniocrática época la nuestra.
Muy mal han de estar las cosas verdaderamente, porque además… CASI TODOS FESTEJAN Y APLAUDEN… e inclusive muchos “amigos” creen que exageramos.
Pues bien, lo dejamos ahí por ahora; hasta nuestra próxima “exageración”.
 

Notas sueltas sobre Bergoglio (menudo pájaro)

Del blog The Wanderer

Algunas notas sueltas sobre los últimos acontecimientos surgidas de conversaciones con amigos. Son apenas notas, por tanto, necesitan de comentarios, adiciones y cascoteos varios.
1) No sé qué ángel le dijo a Carlos, autor de uno de los comentarios al último post, que Dios seguramente hará que todo salga bien. Es una interesante postura neocon: la Iglesia es santa y tiene asegurada la supervivencia a través de los siglos, por lo tanto, todo lo que le ocurre es bueno. Las profecías y el Apocalipsis dicen lo contrario: las cosas van a terminar muy mal. ¿Cuándo será eso? No lo sé. Nadie lo sabe. Lo único que sabemos es que habrá signos que anuncien la Parusía, y que debemos estar atentos y escudriñar esos signos, porque esto nos lo ha mandado el Señor en el Evangelio. Lo que digo ha sido muy bien sintetizado por El Carlista, a quien extrañamos en este blog, en un artículo on line. No abundaré entonces.




2) ¿Se están cumpliendo esos signos? Me parece que algunos se están cumpliendo, pero también me parece que hay que tener cuidado en el discernimiento de estos signos. Digo esto porque, para muchos, un signo claro habrían sido las últimas JMJ.
Estas Jornadas no fueron peores que las anteriores. Con Benedicto XVI se cuidaban más algunas cosas, como la liturgia, pero el resto era igual de caótico. Pregúntenle si no a quienes fueron a las jornadas de Madrid. Yo lo hice, y me lo confirmaron.
Con Juan Pablo II la cosa era igual que con Bergoglio, o peor. Si este payaso se puso un tocado de plumas de los indios amazónicos, el otro se puso un tocado de los pieles rojas o de los zulúes.
Marcaría dos diferencias, que son mínimos detalles, o mojigaterías mías: me puse a pensar en los grandes obispos de la Iglesia. Por ejemplo, Atanasio, Basilio, los dos Gregorios, Ireneo, Agustín, Ambrosio, los dos Cirilos, Hilario, Martín y tantísimos otros. Y cuando veo después la foto de los pajarones actuales bailando la coreografía carioca, da mucha vergüenza, mucha bronca y, sobre todo, mucha pena. Y, en segundo lugar, debo confesar que me causó cierto escándalo ver a monjas de clausura -lo cual es evidente por sus hábitos- que, en vez de estar en sus monasterios contemplando la Belleza Increada, se dedicaban a contemplar señores en sunga y señoras en bikini en las playas de Copacabana. Ni a la mente más rebuscadamente masónica del siglo XIX se le habría ocurrido que alguna vez llegaría a pasar lo que ahora estamos viendo. Pero, insisto, yo soy medio mojigato.
En conclusión, yo no sacaría ninguna conclusión apocalíptica de lo que vimos en Río. Era lo que se esperaba. Y por eso le digo a los más jóvenes que no se asusten,  ya que los que tenemos más años la hemos pasado peores con Pablo VI y Juan Pablo II.
3) En cambio, sí me parecen de extrema gravedad, y signos que se parecen mucho a los de la Parusía, las dos noticias con las que nos desayunamos ayer. La primera de ellas fue la prohibición a los Franciscanos de la Inmaculada de la celebración de los oficios litúrgicos según el rito extraordinario, noticia que aparecía en la informada página de Sandro Magister. Es importante aclarar que la decisión fue tomada dentro de un combo de decisiones con respecto a esa fundación religiosa debido a problemas reales que la misma padece, tal como bien lo aclara otra página seria.
Lo primero que debo decir es que la medida parece exagerada. En todo caso, si el fundador había obligado a todo su instituto a adoptar el rito extraordinario, lo que podría ser demasiado,  se podría haber dejado libertad para que cada comunidad celebrara la liturgia como quisiera, pero ¿por qué prohibirles lisa y llanamente el rito tradicional?
La respuesta es fácil. Bergoglio es un viejo zorro astuto como una serpiente. Él es un enemigo de la liturgia tradicional como bien lo demostró bloqueando la misa en Buenos Aires y obstaculizándola mediante su influencia en el resto de las diócesis de Argentina. Pero él no puede, ahora como papa, sacar un contra Motu Proprio, al menos mientras Benedicto esté vivo. Lo que hace, entonces, es bajar línea. Es su estilo. Él no prohíbe que los curas u obispos anden en autos más o menos confortables, sino que se pasea en un Fiat Idea. En este caso, hizo lo mismo. ¿Qué obispo se animará ahora a promover o aprobar la celebración del rito extraordinario, cuando el papa la prohibió -sea por el motivo que sea- a toda una congregación religiosa?
Se trata, por eso, de un signo. Lo que se pudo avanzar con Ratzinger, se desandará rápidamente con Bergoglio. No creo que en el corto plazo desaparezca Ecclesia Dei, pero sí quedará anulado en un mediano plazo.
4) Pero, a mi entender, lo más grave de todo -extremadamente grave- ha sido el reportaje que concedió a los periodistas en pleno vuelo y que aparecen en La Nación de ayer y de hoy. Analicemos las respuestas de Bergoglio:
a. “Con respecto a monseñor Ricca, he hecho lo que el Derecho Canónico manda hacer, que es la investigación previa. Y esta investigación no dice nada de lo que se ha publicado. No hemos encontrado nada”.
Hay alguien que miente. Cinco obispos uruguayos declararon hace algunos días al diario “El País” que todo lo que había aparecido en L’Espresso era verdad. Es decir, o mienten los uruguayos, o miente Bergoglio. Yo me decanto por este último: su amigo y confidente, Omar Bello, que acaba de escribir un libro sobre él, afirma que el jesuita le dice a cada cual lo que quiere oír. En buen romance, Bergoglio no tiene ningún problema en mentir cuando eso le conviene.
b. “Pero yo querría agregar una cosa: muchas veces en la Iglesia se va a buscar los pecados de juventud y se publican. Y hablo de pecados, no delitos como los abusos de menores. Pero si una persona -laica, cura, o monja- comete un pecado y luego se arrepiente, el Señor la perdona. Y cuando el Señor perdona, olvida. Lo importante es hacer una teología del pecado”.
Es decir, los de Ricca son “pecados de juventud”. ¿Quién no tiene alguno? Veamos. Los escándalos de Ricca ocurrieron en Montevideo entre 1991 y 2001, es decir, cuando el prelado tenía entre 43 y 45 años. Muy joven que digamos no era y, para mayor gravedad, era secretario de la nunciatura apostólica en ese país. Por otro lado, lo suyo no fue un resbalón que cualquiera puede tenerlo, sino que fue una voluntad deliberada y sostenida de mantener un vida homosexual activa y de modo escandaloso: se llevó a vivir con él a la nunciatura, y le consiguió un puestito allí mismo, a su amante, un ex capitán del ejército suizo; se peleó violentamente con otros de su laya en un bar gay de la ciudad y se quedó encerrado una noche entera con un taxi boy en un ascensor de la nunciatura, debiendo ser rescatado al día siguiente por los bomberos. Si esos son simples pecadillos de juventud, me hubiesen avisado antes. La impresión que cualquiera se puede llevar, como lo han manifestado algunos comentaristas, es que todo, al final de cuentas, era una farsa, o como uno dijo, era una joda para Tinelli.
Es exactamente la misma actitud que tuvo Bergoglio con Maccarone, pescado in fraganti mientras se refocilaba con su remisero, y con Bargalló, pescado también in fraganti con su bella amante en las playas caribeñas. “Son cuestiones de la vida privada”, dijo en ese momento. Pero se trataba de la vida privada de dos obispos que, se supone, han alcanzado ya la vida unitiva, claro que no entendieron bien de qué tipo de unidad se trataba…
c. “Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay y el hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El catecismo de la Iglesia Católica explica de forma muy linda esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby”.
A ver si caemos en la cuenta de la mayúscula gravedad de este párrafo dicho alegremente por un pontífice. Los titulares que aparecen hoy en la prensa mundial, con una repercusión enorme, escriben: “El papa dice que él no juzga a los gay”. Y ya tenemos una carta agradecida de un excura gay y de un militante Pro gay. Veamos:
1. Si el papa no puede juzgar una cuestión moral, ¿quién podrá juzgarla entonces? A ver. Recapacitemos. El papa, maestro de la fe y de las costumbres según la iglesia romana, se niega a juzgar una conducta que ha sido unánimemente condenada por toda la tradición de la Iglesia basada en textos inequívocos de la Revelación.
3. El problema para este tunante es “hacer lobby”. El problema, en definitiva, es una cuestión de trenza política y, en ese sentido, un problema sociológico que nada tiene que ver con la teología. Esto es gravísimo. Son afirmaciones que pueden desarmar toda la teología moral del Iglesia sostenida durante siglos.
Además, se ve aquí también la hipocresía de Bergoglio. A mí personalmente me dijo alguien que vive en la curia porteña que el día en que se conoció la renuncia del papa Benedicto, el entonces cardenal arzobispo recibió la llamada de no menos de 30 cardenales, y está confirmado que, algunos meses antes de ese fatídico 11 de febrero, había comenzado a recibir clases privadas de italiano. Si eso no es hacer lobby para llegar a ser papa, no sé qué es hacer lobby. O el papa tiene varios conceptos de lobby, o al papa no le importa hacer cosas que él mismo considera malas.
4. En su defensa alguien podría decir que fue una pregunta traicionera, que no tenía preparada la respuesta y que se le escapó. A lo que yo respondería que eso le pasa por conceder una entrevista sin preguntas pautadas, cosa que ocurre habitualmente con personas importantes cuyas palabras tienen un fuerte impacto. Pero no hace falta que responda yo, sino que ya respondió él mismo hoy: les agradeció a los periodistas que le hubiesen hecho esa pregunta a fin de que su pensamiento pudiera ser expuesto claramente.
d. “-La sociedad brasileña cambió, los jóvenes cambiaron. Usted no habló sobre el aborto ni sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Brasil se ha aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y otra que contempla los matrimonios entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no habló sobre eso?
-La Iglesia se ha expresado ya perfectamente, no era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara. No era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos. Además, los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia.
-¿Pero cuál es su postura en esos temas?
-La de la Iglesia, soy hijo de la Iglesia.”
Quizás esto sea lo más grave de todo. El romano pontífice está llamado, por mandato divino, a “confirmar a sus hermanos en la fe”. Es decir, está llamado a enseñar. Ese es su munus o función principal. Y aquí nos encontramos con un papa que explícitamente se niega a enseñar: “No es necesario hablar de eso… mi opinión es la de la Iglesia”. Como Pilatos, se lava las manos cuando debe definirse en temas particularmente candentes y que le acarrearían del desprecio y la crítica del mundo. Bergoglio habla para el mundo porque se debe al mundo y no a su rebaño, al que explícitamente -repito- se niega a enseñar y a confirmar en la fe. Cuán profunda fue la definición del Manco Scioli: “Francisco es el papa del mundo”.
Este último punto da para mucho. Es una cuestión muy delicada que habrá que pensarla cuidadosamente y consultarla con los que saben. Por eso, no quiero extenderme sobre ella en este post.

¿Qué hacer? Muchos me han preguntado eso, y yo no tengo idea aunque se me ocurren algunas cosas que les propongo:
1. Los Padres del Desierto aconsejaban a los monjes que estaban particularmente tentados o afligidos un primer y fundamental remedio: “Permanece en la celda”, y esto significa no hacer cambios, controlar la imaginación y los pensamientos y hacer lo que el monje debía hacer: rezar y trabajar. Me parece un buen consejo.
2. “Cristo resucitó de entre los muertos, y con su muerte venció a la muerte”, canta el tropario bizantino de Pascua. Esa es la verdad fundamental de nuestra fe. Cristo resucitó y ya venció con su cruz al Príncipe de la Oscuridad. Sauron está vencido y con él, también vencido está Saruman. No lo olvidemos.
3. Repetir una y otra vez las palabras del salmo 27: “Espera confiado en el Señor; sé valiente, ten ánimo y espera en el Señor”. Si Dios nos puso en esta encrucijada, será porque podemos pasar el mal trago. Por eso, hay que redoblar la oración pidiendo, sobre todo, sabiduría para nosotros mismos y para todos los hijos de la Iglesia.
4. Leer a los Padres. Su lectura no solamente enseña sino que también cura. A cualquier Padre: las Explicaciones sobre los salmos de San Agustín, o los Sermones Marianos de San Efrén el Sirio o la Vida de Moisés de San Gregorio Niceno o cualquiera que les venga en mano. No importa. Es sobre sus enseñanzas sobre las que se construyó nuestra fe.
5. Pensar en nuestros hermanos los cristianos sirios que están siendo martirizados por los musulmanes u obligados a huir abandonando todos sus bienes. Esos sí que son sufrimientos duros. Que su testimonio sea nuestro consuelo y nuestra fuerza.

Una apostilla. Yo no soy dado a creer en conspiraciones de judíos, masones, comunistas o extraterrestres. Es cuestión de repasar las páginas de este blog para darse cuenta que jamás me plegué a ninguna. Pero ayer me comentaron un dato interesante. El apellido Bergoglio podría derivarse de “Bar - Goglio”. Es probable que el prefijo “ber” sea una derivación de la partícula judía “bar” que, como todos sabemos, significa “hijo de”. Esta afirmación aparece en trabajos de estudiosos judíos de la genealogía judía (no lo dice un antisemita). Por ejemplo, aquí.
“Goglio” es un término que, tal cual, no existe en italiano, pero sí existe “orgoglio”, que significa “orgullo” o “soberbia”. Fácilmente podría concluirse entonces que Bergoglio es un apellido judío que significa “Hijo del Orgullo” o, por qué no, “Hijo del Soberbio”.


Son cosas que, como dicen los chilenos, “dan un poco de susto”, pero no sé si hay que hacerles mucho caso.

martes, 30 de julio de 2013

Un papa por el cambio (lo nunca visto... y lo que nos queda por ver)

Francisco: «los jóvenes en las calles quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean protagonistas del cambio». (http://www.elcomercio.com/mundo/Papa-Francisco-peregrinos-misa-Brasil-Iglesia-Copacabana_0_964103710.html)

Curiosamente en España, el cambio, sea esta patraña lo que sea, siempre ha sido abanderado y solicitado por los partidos de izquierdas anticatólicos. Aquellos mismos partidos que pretendieron exterminar a la Iglesia en mi país y que aún la siguen atacando ferozmente. Ahora vemos también como lo saca a colación y lo pide -el cambio- un papa para cautivar y deleitar a la marabunta deseosa de agradar al mundo. No sé si podría describirles el asco tan profundo que siento por todo lo que dice y hace este patético personaje al que llaman papa. No lo haré, no merece la pena.


De la carta XXV de Cartas al Diablo de su sobrino del escritor británico C.S Lewis:

"El horror a Lo Mismo de Siempre es una de las pasiones más valiosas que (los demonios) hemos producido en el corazón humano: una fuente sin fin de herejías en lo religioso, de locuras en los consejos, de infidelidad en el matrimonio, de inconstancia en la amistad. Los humanos viven en el tiempo y experimentan la realidad sucesivamente. Para experimentar gran parte de la realidad, consecuentemente, deben experimentar muchas cosas diferentes; en otras palabras, deben experimentar el cambio."

lunes, 22 de julio de 2013

Una imagen desoladora



Foto: Sodomita acariciando fervientemente a Francisco. ¿Se hubiese atrevido este degenerado a acariciar a Benedicto XVI? Evidentemente, no. Ni a Juan Pablo II, ni a ninguno de sus antecesores en el trono. Esa caricia es consentida, resabiada. Esa mirada torva del parguela, mitad obscena mitad consentidora, encierra un dialogo que pone a su interlocutor al pie de los caballos. Ese mamoneo, ese manoseo sucio como la charca de un desierto pendular que se trae el monseñor con su obispo cierra un trato. Parece que con la mirada indica un yo me callo lo tuyo si tu no dices nada de lo mío.

El angelito en cuestión que aparece junto a Bergoglio en la foto es  Mons. Battista Mario Salvatore Ricca, homosexual escandaloso ("... en el transcurso de su carrera diplomática, cuando estaba en servicio en el exterior, Ricca dejó detrás de sí antecedentes de distinto signo. Luego de haber prestado servicio en el lapso de una década en Congo, en Argelia, en Colombia y en Suiza, a fines de 1999 se encuentra trabajando en Uruguay con el nuncio Janusz Bolonek, polaco, hoy representante pontificio en Bulgaria. Pero estuvo a su lado poco más de un año. En el 2001 Ricca fue trasladado a la nunciatura de Trinidad y Tobago, para ser llamado después al Vaticano. El agujero negro, en la historia personal de Ricca, es el del año transcurrido por él en Montevideo, en la orilla norte del Río de la Plata, frente a Buenos Aires. Lo que provocó la ruptura con el nuncio Bolonek y su brusca transferencia se resume en dos expresiones utilizadas por quien ha indagado discretamente en Uruguay sobre el caso: "poder rosa" y "conducta escandalosa".), administrador de la Residencia Santa Marta y "delegado personal del Papa, con amplios poderes" en el Banco Vaticano.

El Papa designó al Mons. Battista Mario Salvatore Ricca, que ya era prelado del IOR; además de director de diversas residencias de sacerdotes y obispos, entre las que se encuentra la Domus Sanctae Marthæ, donde vive actualmente el Pontífice, la Domus Internationalis Paulus VI, la Domus Romana Sacerdotalis y de la Casa San Benedetto donde se hospedan normalmente los nuncios cuando visitan Roma. Un tío con mucho poder y experto en manejar los hikos a su incumbencia. Un regalito que ha aceptado gustosamente Bergoglio. ¿Por qué?, Ya les iré explicando.

LOS PIES DE HIERRO Y BARRO: LA RUPTURA POSTCONCILIAR CON EL MAGISTERIO TRADICIONAL



ESTUDIO IMPACTANTE DEL "MAGISTERIO" PONTIFICIO POST CONCILIAR QUE DEMUESTRA CLARA RUPTURA 

Por J. R. G. Cipitria
Muchos son los que han querido demostrar la ruptura con la Tradición que supuso el Concilio Vaticano II y el magisterio que le siguió; unos lo intentaron desde la teología sacramental, otros desde la dogmática, menos desde el derecho canónico; todos, sin embargo, han acumulado numerosas pruebas del intento de fundar una nueva religión.
No obstante, y a pesar de la existencia de tantos hechos objetivos, ninguno ha convencido mayoritariamente a la masa de católicos de que tal ruptura, evidente, suponga un abandono de la fe católica; esta dificultad de convencer a los hermanos se debe a varios factores, de los que señalo sólo dos:
a) a la gran masa de católicos que incumplen con el deber de conocer la fe que profesan, estando sumidos en una ignorancia sobrecogedora;
b) porque esa nueva fe proclamada por la jerarquía se apoya, en parte, en una verdad siempre católica para proclamar un nuevo ‘credo’ que ya no es católico; de ahí proviene la gran dificultad de distinguir.
Ese nuevo ‘credo’ es el humanismo; “es cierto”, diremos con este nuevo ‘magisterio’, que la promoción de la dignidad humana buscada solamente en tanto y en cuanto glorifica a Dios, es finalidad de la Iglesia católica, pero buscada en sí misma (como fin simpliciter y no como finis quo, usando la terminología del Aquinate) es finalidad del orgullo humano engañado por el diablo, latrocinio de la Gloria de Dios, de la cual se muestra celoso y probablemente, la definitiva faz del Anticristo.
La modesta aportación de este escrito no pretende manifestar la evidencia de la ruptura desde sesudas disquisiciones teológicas que otros han hecho mucho mejor y menos, desde sutiles distinciones jurídicas en las que soy lego, sino desde un metodología más asequible a todos; puesto que hoy todo el mundo, o casi, sabe sumar y restar, mi humilde estudio se basará en algo objetivo e indiscutible: en las matemáticas y en una somera representación estadística en gráficos sencillos.
En efecto, este simple método lo he aplicado a las citas que cada encíclica añade, bien a pie de página, pero en general al final del documento.
¿Pero qué es una cita? Una cita es nota de ley, doctrina, autoridad o cualquier otro texto que se alega para prueba de lo que se dice o refiere, según el R.A.E; citar es, pues, ‘referir, anotar o mencionar los autores, textos o lugares que se alegan o discuten en lo que se dice o escribe’, ora nombrados a continuación de la cita, ora con un número que refiere al autor o texto citado al pie de la misma página o al final del documento; esta segunda modalidad es el objeto de este estudio. Bien, esta definición es simple y todo el mundo la entiende.
Entonces, puesto que las citas se pueden usar a modo de cimiento, aval, garantía sobre el que uno apoya su doctrina, pero también en el sentido adverso, es decir, como sentencia de alguien sobre la que el autor muestra su disconformidad, discrepa o rivaliza, será necesario, en primer lugar, saber en cuál de los dos sentidos se usan las citas en las encíclicas estudiadas.
El resultado podría ser que todas sean usadas como apoyo de lo que se dice; o también que todas se anotaron para expresar en lo que se disiente; pero podría ser, igualmente que unas lo fueran en un sentido y otras en el contrario, aun en el mismo texto.
Pues bien, no he encontrado ninguna cita que se haya escrito para ilustrar sobre una doctrina que ha sido condena o para discrepar de la misma, sino que todas las referencias tienen el objetivo de fundamentar sobre ellas el texto escrito, incluso en las notas referidas a los autores laicos, al menos en aquella parte que se trae para ilustración del lector. Es decir, tanto cuando se cita al magisterio preconciliar, como al Concilio Vaticano II, así como al magisterio de los papas postconciliares, a rabinos o agnósticos, las menciones alegadas, no otras, son utilizadas para sostén de lo afirmado en el texto de la encíclica.
Para el presente estudio he procedido a clasificar 2.971 citas y notas de la totalidad de las encíclicas escritas desde Pablo VI a Francisco, que hacen un total de 25 – 7 de Pablo VI con 305 notas; 14 de Juan Pablo II con 2.381 notas en total; 3 de Benedicto XVI que suman 235 menciones y una firmada por Francisco con 50 referencias al pie del documento, número dispar según la lengua de traducción tomada del Vaticano, ya que algunas traducciones no están completas-. Como Juan Pablo I no llegó a publicar ninguna encíclica, no aparece en este breve análisis.
Las ediciones de las encíclicas usadas para este trabajo siempre han sido las oficiales de laLibreria Editrice Vaticana, a través de la web oficial del Vaticano.
Todas las notas se han distribuido en los siguientes rubros:
1º MAGISTERIO TRADICIONAL.
Cantidad y porcentaje que se refieren al magisterio anterior al concilio Vaticano II, bien de anteriores Concilios Ecuménicos, sean de Bulas, Cartas Apostólicas, exhortaciones, audiencias…, de Romanos Pontífices anteriores a Juan XIII.
2º MAGISTERIO MODERNO.
A. MAGISTERIO CONCILIAR
Cantidad y porcentaje que se refieren al magisterio de los textos del Vaticano II (constituciones, decretos, declaraciones y notas; discursos de apertura y clausura,…).
B. MAGISTERIO POSTCONCILIAR
Cantidad y porcentaje que se refieren al magisterio de los Romanos Pontífices a partir de la fecha de la convocatoria del citado Concilio, 25 enero 1959, y no del final del mismo; la razón de esta elección, en general 1960, es que desde el mismo discurso de su convocatoria y a medida que se iban sucediendo declaraciones sobre el evento, celebrando sesiones y aprobando constituciones, todas éstas pasaron a nutrir las fuentes del magisterio de los papas, sin que todavía se hubiera clausurado el Concilio; encontramos así varias citas al discurso de su convocatorio y al de apertura y a su espíritu de “abrir las ventanas para que penetre el aire del mundo” que ya no pertenece al magisterio tradicional.
Como el Concilio supuso, para muchos, como una carta magna que abría una especie de ‘Caja de Pandora’, me pareció interesante señalar la cantidad y porcentaje, también, del magisterio postconcliar, es decir las auto referencias de los papas al nuevo magisterio que ellos mismos iban creando o al de sus inmediatos predecesores.
C. CITAS LAICAS
Como el magisterio iba, por una parte, desdeñando las referencias preconciliares a medida que se sucedían los papas y pasaban los años y, por otra, referenciándose los papas a sí mismos o a su inmediato sucesor, fueron apareciendo nuevas citas que ya nada tenían que ver con ningún magisterio, sino con este devenir lógico del Concilio Vaticano II cuyos funestos frutos padecemos, cada vez más alejado de las fuentes de la tradición, hasta el punto que quise, también, especialmente en los dos últimos papas, señalar la cantidad y porcentaje de citas laicas, es decir, referencias a pensadores ajenos al catolicismo.
Por último debo decir que un buen porcentaje de citas son entresacadas de teólogos, Santos Padres, doctores y cómo no, también de las Sagradas Escrituras. Sin embargo no he querido clasificar ni tener en cuenta las mismas por lo siguiente: De citar, por ejemplo, a Santo Tomás, para nada se deduce que se esté de acuerdo con lo que él quiere decir con su habitual precisión escolástica porque, o bien se pudiera referir la cita a una sentencia sacada del contexto del Santo Doctor u ocultar un desacuerdo radical con la metafísica que subyace en el Aquinate; no sería ninguna garantía de tomismo referirse, por ejemplo, a alguna conclusión del Santo Doctor de la Iglesia, incluso sobre la Eucaristía y a la vez aprobar una definición herética de la Misa en el nº 7 del capítulo II del Novus Ordo Missae, como ocurrió ya; y advertido, tuvo que corregir Pablo VI, o como se dice en ‘castizo’ borrar con el codo lo que había escrito con la mano. Respecto a las citas bíblicas ídem; éstas pueden ser usadas ora para avalar un magisterio auténtico conforme a lo manifestado siempre por la Iglesia, ora para introducir ideas propias tales como el novedoso concepto de la libertad religiosa o el herético de que todas las religiones son caminos de salvación; la experiencia nos dice que toda clase de herejes hicieron decir a los textos bíblicos lo que no expresaban, desde Arrio a Lutero hasta el día de hoy, y que hasta el mismo diablo las sabe y quiere usar a su favor, como consta en el Nuevo Testamento.
LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE PABLO VI
Puesto que tres de las siete encíclicas de Pablo VI fueron promulgadas antes de la clausura del Concilio Vaticano II, parecería ser lo más lógico que entre las notas y citas de sus textos sobreabundaran con mayoría aplastante las referidas al magisterio pre-conciliar. Sin embargo, ya se aprecia en él una tendencia que no hará más que ir aumentando en sus sucesores; en efecto, de casi dos milenios de magisterio pontificio sólo lo cita 49 veces, mientras que a un Concilio recién clausurado, o aun estando en la última sesión o en intercesión, ya lo refiere en 66 ocasiones; pero si a esta cantidad le sumamos las citas a sus propias encíclicas o a las de su inmediato predecesor, Juan XIII, imbuidas ya del espíritu que se manifestaría en el Concilio se alcanzan la totalidad de 92 referencias para el magisterio moderno, frente a 49 del magisterio preconciliar.
Entre el resto de notas no magisteriales, que no he querido clasificar según lo señalado más arriba, se podrán encontrar las sorprendentes referencias a Marie-Dominique Chenu, que fue apartado de la docencia tras la condena de su libro Une École de Théologie [Una Escuela de Teología] (1937), pero más tarde erigido perito del Concilio Vaticano II por Juan XXIII; a Maritainsobresaliente defensor del personalismo y de la condenada libertad religiosa; o a Henric de Lubac, que en 1950 fue apartado de la enseñanza luego de la condena del neomodernismo o nouvelle théologie, por parte de la encíclica Humani Generis de Pío XII; como todo católico debiera conocer, Pío XII imputó a la “neoteología”, uno de cuyos mayores exponentes era De Lubac después de Teilhard, los cargos de “relativismo dogmático, historicismo, indiferencia para con las esencias inmutables y abandono de la filosofía escolástica”. Mientras que para Teilhard hubo que esperar a Pablo VI y, sobre todo a Juan Pablo II, De Lubac fue rehabilitado ya por Juan XXIII, quien lo invitó al Concilio Vaticano II y lo readmitió en la docencia; y unos años más tarde Juan Pablo II canonizó su pensamiento, elevándolo a cardenal.
En resumen, se constata una inclinación a tomar como casi exclusivos de las fuentes del magisterio los textos del Concilio Vaticano II y del papa que lo convocó, si bien todavía persiste, quizá por la aun escasa producción de nuevo magisterio, una cierta referencia al magisterio preconciliar.
CUADRO I
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE PABLO VI, SEGÚN LAS NOTAS EN SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO II
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL EN PABLO VI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)



CUADRO III
( DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES Y MAGISTERIALES MODERNAS (DESDE EL 1960 EN PABLO VI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE JUAN PABLO II
Si con Pablo VI se manifestaba ya una tendencia a desalojar las reseñas del magisterio anterior al Concilio Vaticano II, en Juan Pablo II se confirma definitivamente esta disposición, hasta el punto de que se puede hablar ya con él de una verdadera ruptura con el magisterio anterior a 1960, dada la casi ausencia de citas a la más que milenaria enseñanza de pontífices y Concilios Ecuménicos.
Por otra parte, resulta insólito el gran número de citas referidas al nuevo magisterio postconciliar- 30 años apenas- en relación al milenario magisterio preconciliar: 578 citas y 127, respectivamente (véase cuadro IV); e incluso respecto al propio Concilio Vaticano II:578 citas y 502 respectivamente. No es irrazonable pensar que la razón se deba a la necesidad de exponer nuevas doctrinas que no están en el depósito de la Fe y que el propio Sínodo Vaticano II, sólo apuntó de una forma confusa o ambivalente; por ejemplo, toda la nueva teología de Juan Pablo II sobre la confusión entre el orden natural y la gracia, que aparece en casi todo su magisterio y, especialmente, en sus primeras tres encíclicas está referida al despliegue del embrión contenido Gaudium et Spes: «El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre»; pero está idea, aunque expresada entonces con ambigüedad programada, ya está condenada en el Concilio de Éfeso y no se encuentra en ninguna parte del magisterio de la Iglesia; dado, pues, que este concepto fue parte de la predicación de Juan Pablo II, le fue necesario referirla por doquier al magisterio postconciliar escrito por él mismo en su mayor parte y que desarrollaba esa nueva y desconocida teología conciliar.
Es ésa, quizá, la razón de que Juan Pablo II sea, de entre todos los papas, el que más se cita a sí mismo; y eso de forma tan abrumadora, que a falta de un estudio psicológico sobre tan reiterada y fea actitud, parece que la causa más probable sea su demostrada persistencia en afianzar doctrinas novedosas.
Respecto a las citas no magisteriales, se encuentran entre ellas varias curiosidades liberales; por ejemplo, las reseñas a la Declaración de los Derechos Humanos; pero también insólitas ausencias que nos dejan perplejos; v.g., mientras que abundan citas de las Sagradas Escrituras en la mayor parte de su magisterio, como notas al pie de los documentos, disminuyen drásticamente en las encíclicas que abordan aspectos novedosos, hasta llegar a la inexistencia de citas bíblicas al pie en el texto de ‘Ut Unum Sint’; de seguro, cabe pensar, porque nada en las Escrituras Sagradas sostenía su tesis de fondo ecumenista: pues ningún texto bíblico da apoyo a esta moderna doctrina de empeño ecuménico; si bien, en honor de la verdad, existen citas de las Escrituras Sagradas dentro de ese escrito suyo.
Para los que, a pesar de la ínfima representación del magisterio tradicional en sus documentos, no aprecien la absoluta tendencia a la ruptura con las fuentes tradicionales(CUADRO VII), siempre según las citas, han de saber que en las poquísimas menciones a la tradición, casi siempre se añaden a las mismas algunas más modernas; por ejemplo, si se cita a Pío XII, en la misma nota se añaden una o varias referencias al C. V. II o a otras encíclicas modernas, razón por la cual se puede decir, que aun ni las pocas referencias a la Tradición son puras.
CUADRO IV
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE JUAN PABLO II, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)



CUADRO V
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL EN JUAN PABLO II, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO VI
(DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES Y MAGISTERIALES MODERNAS (DESDE EL 1960) EN JUAN PABLO II, SEGÚN SUS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO VII
(EVOLUCIÓN DE TENDENCIAS EN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
Apréciese la prácticamente desaparición de citas de la Tradición con Juan pablo II
LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE BENDICTO XVI
La ruptura en las citas del magisterio tradicional, formalizada en las encíclicas de Juan Pablo II, se profundiza aún más con Benedicto XVI, alcanzando sólo un insignificante 3% del conjunto de las citas de papas y concilios antes de 1960.
Es de destacar que, de la suma de citas del magisterio moderno sólo 13 se refieren al Concilio Vaticano II, mientras que 169 reseñan el magisterio postconciliar, sobre todo el de su inmediato predecesor, Juan Pablo II; pareciera, a la vista de este hecho, que aquella constitución, casi ‘superdogma’ –el Vaticano II- que fijara los principios de una revolución sin precedentes en la Iglesia, fuese ya insuficiente para el pleno desarrollo de una nueva doctrina desplegada, teológica y canónicamente por Juan Pablo II e inaugurada litúrgicamente por Pablo VI. Como para un ecumenismo condenado no había textos en la Tradición ni en las Sagradas Escrituras que sirvieran de aval, tal vez por eso, no se citan las Sagradas Escrituras en las notas al pie de sus encíclicas, si bien existen en los textos mismos, aunque escasas-v.g., sólo 36 para una larga encíclica estructurada en 6 capítulos y una conclusión, sobre un tema donde abundan los textos bíblicos: el amor y la verdad, en ‘Caritas in Veritate’- ; para proclamar la vigencia de la Antigua Alianza con los judíos que rechazan a Cristo, mucho menos se encuentra magisterio ni textos bíblicos y para una salvación universal, ni rastro de tal barbaridad existe. Ahora bien, como los textos del Vaticano II fueron de una ambigüedad premeditada, según el testimonio del modernista radical Edward Schillebeeckxperito conciliar y consejero del cardenal Alfrin e inspirador del herético Catecismo Holandés, no es iluso pensar que a Benedicto XVI le fuera necesario acudir a un magisterio más descarriado: el de su inmediato predecesor Juan pablo II; otras razones se pueden sumar a este hecho, sin contradecirlo, la necesidad psicológica de contentar a toda una muchedumbre de‘juanpablistas’ tocando poder y necesitados, algunos, de contener los escándalos que, como una bomba de relojería dejada por su inmediato predecesor, iban a estallar a su tiempo, para así no decepcionarlos y evitar sentir en su piel la furia de su rechazo; inquina que, posiblemente, no pudo vencer al fin, según varias interpretaciones de ‘vaticanistas’ sobre la causa cierta de su dimisión. 
Si bien ya con Juan Pablo II se nota un despertar a citar autores laicos, es con Benedicto XVI cuando toman verdadera ‘carta de ciudanía’. Debería dejar perplejo a cualquier católico consciente de su fe, ver como Benedicto XVI introduce, no un en acto como doctor privado, profesor…, sino en el magisterio auténtico citas del ‘El Banquete’ de Platón; del historiador Salustio; de Juliano el Apóstata († 363) tomadas de Ep. 83: J. Bidez, L’Empereur Julien. Œuvres complètes, París 19602, I, 2a, p. 145; del luterano H. Köster: ThWNT, compañero de estudios de  Rudolf Bultmann; del novelista Jean Giono; de Bacón; de Kant; de la obra ‘Negative Dialektik’ deAdorno; de Georgias de Leontini ((485 a. C.-380 a. C.) y hasta un fragmento del filósofoHeráclito.
Debido a esta última observación, hemos confeccionado el grafico sobre las fuentes modernas de manera distinta a la anterior, añadiendo a las del Concilio Vaticano II y a las postconciliares las fuentes laicas. La suma de las 3 sería con este nuevo método el 100%, sobre el cual representamos cada una de las partes en que dividimos el llamado magisterio moderno en este estudio. Siempre dejamos fuera de la contabilidad las citas antiguas y bíblicas por la razón comentada al comienzo de este breve análisis. Igualmente procederemos con las citas del Papa Francisco, dado que entre ellas y en continuidad con Benedicto XI, se introducen citas de fuentes mundanas. 
CUADRO VIII
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE BENEDICTO XVI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)



CUADRO IX
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL
EN BENDICTO XVI , SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)



Impresionante reducción de citas preconciliares en un Papa que era considerado favorable a la Tradición
CUADRO X
(DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES, MAGISTERIALES MODERNAS Y LAICAS EN BENEDICTO XVI, SEGÚN SUS NOTAS


DE SUS ENCÍCLICAS)







LAS FUENTES EN EL MAGISTERIO DE FRANCISCO
Todavía es pronto para acopiar datos sobre las citas de las encíclicas de Francisco, porque sólo ha firmado una – ‘firmar’ es un verbo distinto que ‘escribir’ y por eso no supone que quien escribe un texto sea el mismo que lo firma-, aunque a través de ella y sus pocas referencias –un total de 50-, se puede observar la continuidad en el desprecio de las citas al magisterio pre-conciliar, salvo para fundamentar su autoridad; es como si no hubiera habido casi ningún pronunciamiento de los más de 200 Romanos Pontífices desde el año 66-67 –fechas entre las que se estiman escritas las Cartas de San Pedro- hasta 1962; como si lo que cientos de Papas sentenciaron y dos decenas de Concilios Ecuménicos definieron, amén de unas cuantas docenas de concilios particulares cuyas definiciones hicieron suyas y aprobaron los papas, fueran de tan exiguo valor que justificara el más absoluto olvido de sus textos.
Se observa, igualmente, que aquella tendencia, iniciada por su inmediato predecesor, de incluir en el magisterio citas laicas, ajenas a la Iglesia, se consolida y aumenta hasta proporciones muy difíciles de justificar en la encíclica de Francisco. Así encontramos en su texto, desde una definición del existencialista judío Martin Buber, tomada del Rabino de Kock, hasta una referencia a la obra de Rousseau, ‘Emile’, pasando por una aceptable de Romano Guardini y, también una nota, inaceptable, de la obra de la segunda época de G. H. von Wright; periodo en que sus escritos caen bajo la influencia de Habermas y la escuela de Franfurk,; esta cita, por ejemplo, está sacada del libro ‘cultura y valor’, escrito por el filósofo del círculo de Viena Ludwig Wittgenstein. Lo mismo sorprende que en lugar de tomar las citas místicas de los contemplativos ortodoxos españoles o alemanes u otros santos de la Iglesia, se traigan referencias a poetas, como T. S. Eliot. Este sesgo de erudición sobre el pensamiento no católico, confirma la sospecha de que el firmante no es la misma persona que el escribiente.
CUADRO XI
(LAS FUENTES DEL MAGISTERIO DE FRANCISCO XVI, SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)



CUADRO XII
(PORCENTAJE DE LAS FUENTES DEL MAGISTERIO MODERNO Y TRADICIONAL
DE FRANCISCO , SEGÚN LAS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)
CUADRO XIII
(DISTRIBUCIÓN ENTRE LAS FUENTES CONCILIARES, MAGISTERIALES MODERNAS Y LAICAS EN FRANCISCO, SEGÚN SUS NOTAS DE SUS ENCÍCLICAS)



CONCLUSIÓN
Hasta aquí los números que, s.e.u.o, son incuestionables. Cualquiera, con tiempo y paciencia, llegará a los mismos resultados si sabe sumar y restar, porque la fuente es pública. Quien los negara manifestaría odio a la verdad, rechazo de la luz e irracionabilidad.
De estos resultados se infiere, sin forzar la razón, que cuanto menos hay en las encíclica,s que son objeto de este modesto estudio, un menosprecio o poca estimación e indiferencia y un despego casi total del Magisterio Tradicional; puesto que a lo que se ama se nombra, así como hace el esposo hablando de su amada a sus amigos, con lo que se desprecia se muestra indiferencia con el silencio, por aquella sentencia popular que dice:’no hay mejor desprecio que no hacer aprecio’.
Pero acallar o reducir a la ínfima expresión 1893 años de magisterio (si tomamos como fuente de magisterio el Denzinger, encontramos que el primer documento del Romano Pontífice que en él aparece data de entre los años 67 a 79; desde estos años hasta 1960 nos da un periodo, aproximado, de 1893 años), que contiene el objeto material de la fe católica, sólo puede tener un fin: la proclamación de una nueva fe ¿De qué fe se trataría? Como el lector habrá supuesto, no me he limitado a ‘contar’, sino que durante unos años he tratado de meditar en los brutales cambios habidos desde el Concilio Vaticano II. Esas innegables revoluciones plasmadas en la Misa, sacramentos, Oficio Divino, catecismo, mística, ascética, derecho, monacato, devaluación de la vida contemplativa, exacerbación de la voluntad y la emoción…, cuyos podridos frutos padecemos, esconden una nueva fe, un nuevo Símbolo cuyo caldo de cultivo aún se está formando ¿Podríamos formular, al menos, parte de ese nuevo ‘símbolo’ o ‘credo’ surgido del ‘magisterio’ moderno, distinto del católico Tradicional? Creo que sí, con la ayuda de otros estudiosos, pero eso será objeto de otro trabajo, si Dios lo quiere. Sin embargo, algunos elementos de esa moderna ‘fe’, que ya no es católica, los podemos resumir en estas breves sentencias:
I.-La proclamación de un humanismo integral ‘católico’; donde ‘católico’ es un adjetivo más. (Dios creo por el hombre, GS,39único al que Dios ha amado por sí mismo. GS, 24). Este humanismo hurta la Gloria de Dios; porque quien se propone un bien como fin en sí mismo, está hallando en ese bien su propia perfección, de donde se sigue que, si Dios se propusiera su gloria extrínseca como fin en sí, y no su propia e intrínseca  bondad, implicaría que para Dios la creación sería una perfección agregada que lo haría mejor, cosa absurda y herética; el magisterio moderno dixit: [...] Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros y más que nadie somos promotores del hombre, Discurso de clausura del Concilio Vaticano II.
II.- La confusión entre naturaleza y gracia; para el ‘magisterio’ moderno la gracia humaniza a hombre con el fin de llevar al hombre a ser hombre, por lo que la gracia se subordina a la naturaleza. El magisterio auténtico, sin embargo, confiesa algo contrario: la gracia perfecciona a la naturaleza para llevar al hombre a ser hijo adoptivo de Dios, por lo cual la naturaleza se subordina a la gracia. Huelga poner citas sobre este error moderno, ya que todo el magisterio de Juan Pablo II está plagado de estos textos más propios de Prometeo que de la fe católica. Tal error tiene consecuencias sobre la doctrina católica relativas a la perfección del intelecto por el magisterio para adecuarlo a la Revelación e, incluso, sobre la caridad cristiana.
III.- Las notas de la nueva iglesia y sus conceptos erróneos: 1)El Reino de Dios incoado en la tierra se identifica con la Humanidad; 2) El Reino de Dios se extiende más allá de la Iglesia visible a las almas de buena voluntad, en razón de la dignidad humana de toda persona, incorporadasquodammodo a Cristo Encarnado; 3) De allí que no sea necesario ni obligatorio ingresar a la Iglesia, que es Sacramento universal de salvación, porque el testimonio de vida de la sociedad eclesiástica es una eficaz ayuda a la humanización de los hombres; 4) La Iglesia visible continúa la presencia y acción de Cristo en orden al crecimiento del Reino-Humanidad, a manera de signo e instrumento, porque Ella misma es Sacramento. La consecuencia es, no estarían todos llamados a pertenecer a la Iglesia de Cristo. He aquí como resume gráficamente este punto el EL R.P. ALVARO CALDERÓN F.S.S.P.X., en su obra ‘Prometeo’, subtitulada ‘La religión del hombre’ que pueden leer en español aquí, la que recomiendo leer.
IV.- El nacimiento de una nueva religión. Siguiendo al Padre Rafael Arizaga, cuya obra hemos citado en el párrafo anterior, tomamos un gráfico suyo para entenderlo mejor:
V.- La gravísima sensación que deja el magisterio conciliar y el que le sigue de que Jesucristo es imperfecto Dios: “Si un pagano acudiera a los textos del Concilio Vaticano II para hacerse una idea de quién es Jesucristo para los católicos, nos parece cierto que no vería que creemos que es Dios, sino una cierta entidad inferior. Se omite la profesión simple y clara de esta verdad fundamental, y las expresiones de uso constante hacen pensar, por una parte, en una distinción de sujetos de atribución entre Jesucristo y Dios -lo que pertenece a la herejía nestoriana- y, por otra, que el Hijo no es simpliciter Dios -lo que pertenece a la herejía arriana-. Y esta penosísima impresión no es despejada sino acentuada en el magisterio posterior al Concilio” (Prometeo, P. Rafael Harizaga).
Termino, pues, este modesto estudio escrito bajo un título que hace referencia a una de las visiones del Profeta Daniel –quien lea entienda-, con el humilde propósito de alertar a los lectores católicos sencillos y animarlos a defender la fe de siempre con San Pablo:
“Os exhorto, hermanos, que observéis a los que están causando las disensiones y los escándalos, contrarios a la enseñanza que habéis aprendido, y que os apartéis de ellos; porque los tales no sirven a nuestro Señor Cristo, sino al propio vientre, y con palabras melosas y bendiciones embaucan los corazones de los sencillos”. Rom. XVI, 17-18.
“Jamás se vence el error con el sacrificio de un derecho cualquiera de la Verdad” (San Atanasio)