viernes, 29 de marzo de 2013

In adoration Crucis: Popule meus


Compassion-William-Adolphe
Bouguereau 





VIERNES SANTO, SEGÚN LAS VISIONES DE ANA CATALINA EMMERICH 


      allándose Jesús con los tres Apóstoles en el camino, entre Getsemaní y el jardín de los Olivos, Judas y su gente aparecieron a veinte pasos de allí, a la entrada del camino: hubo una disputa entre ellos, porque Judas quería que los soldados se separasen de él para acercarse a Jesús como amigo, a fin de no aparecer en inteligencia con ellos; pero ellos, parándolo, le dijeron: "No, camarada; no te acercarás hasta que tengamos al Galileo". Jesús se acercó a la tropa, y dijo en voz alta e inteligible: "¿A quién buscáis?". Los jefes de los soldados respondieron: "A Jesús Nazareno". - "Yo soy", replicó Jesús. Apenas había pronunciado estas palabras, cuando cayeron en el suelo, como atacados por apoplejía. Judas, que estaba todavía al lado de ellos, se sorprendió, y queriendo acercarse a Jesús, el Señor le tendió la mano, y le dijo: "Amigo mío, ¿qué has venido a hacer aquí?". Y Judas balbuceando, habló de un negocio que le habían encargado. Jesús le respondió en pocas palabras, cuya sustancia es ésta: "¡Más te valdría no haber nacido!". Mientras tanto, los soldados se levantaron y se acercaron al Señor, esperando la señal del traidor: el beso que debía dar a Jesús. Pedro y los otros discípulos rodearon a Judas y le llamaron ladrón y traidor. Quiso persuadirlos con mentiras, pero no pudo, porque los soldados lo defendían contra los Apóstoles, y por eso mismo atestiguaban contra él. 

Jesús dijo por segunda vez: "¿A quién buscáis?". Ellos respondieron también: "A Jesús Nazareno". "Yo soy, ya os lo he dicho; soy yo a quien buscáis; dejad a éstos". A estas palabras los soldados cayeron una segunda vez con contorsiones semejantes a las de la epilepsia. Jesús dijo a los soldados: "Levantaos". Se levantaron, en efecto, llenos de terror; pero como los soldados estrechaban a Judas, los soldados le libraron de sus manos y le mandaron con amenazas que les diera la señal convenida, pues tenían orden de tomar a aquél a quien besara. Entonces Judas vino a Jesús, y le dio un beso con estas palabras: "Maestro, yo os saludo". Jesús le dijo: "Judas, ¿tu vendes al Hijo del hombre con un beso?". Entonces los soldados rodearon a Jesús, y los alguaciles, que se habían acercado, le echaron mano. 

      Judas quiso huir, pero los Apóstoles lo detuvieron: se echaron sobre los soldados, gritando:"Maestro, ¿debemos herir con la espada?". Pedro, más ardiente que los otros, tomó la suya, pegó a Malco, criado del Sumo Sacerdote, que quería rechazar a los Apóstoles, y le hirió en la oreja: éste cayó en el suelo, y el tumulto llegó entonces a su colmo. Los alguaciles habían tomado a Jesús para atarlo: los soldados le rodeaban un poco más de lejos, y, entre ellos, Pedro que había herido a Malco. Otros soldados estaban ocupados en rechazar a los discípulos que se acercaban; o en perseguir a los que huían. Cuatro discípulos se veían a lo lejos: los soldados no se habían aún serenado del terror de su caída, y no se atrevían a alejarse por no disminuir la tropa que rodeaba a Jesús.

      Tal era el estado de cosas cuando Pedro pegó a Malco, mas Jesús le dijo enseguida: "Pedro, mete tu espada en la vaina, pues el que a cuchillo mata a cuchillo muere: ¿crees tú que yo no puedo pedir a mi Padre que me envíe más de doce legiones de ángeles? ¿No debo yo apurar el cáliz que mi Padre me ha dado a beber? ¿Cómo se cumpliría la Escritura si estas cosas no sucedieran?". Y añadió: "Dejadme curar a este hombre". Se acercó a Malco, tocó su oreja, oró, y la curó. 

      Los soldados que estaban a su alrededor con los alguaciles y los seis fariseos; éstos le insultaron, diciendo a la tropa: "Es un enviado del diablo; la oreja parecía cortada por sus encantos, y por sus mismos encantos la ha curado". Entonces Jesús les dijo: "Habéis venido a tomarme como un asesino, con armas y palos; he enseñado todos los días en el templo, y no me habéis prendido; pero vuestra hora, la hora del poder de las tinieblas, ha llegado". Mandaron que lo atasen, y lo insultaban diciéndole: "Tu no has podido vencernos con tus encantos". Jesús les dio una respuesta, de la que no me acuerdo bien, y los discípulos huyeron en todas direcciones. Los cuatro alguaciles y los seis fariseos no cayeron cuando los soldados, y por consecuencia no se habían levantado. Así me fue revelado, porque estaban del todo entregados a Satanás, lo mismo que Judas, que tampoco se cayó, aunque estaba al lado de los soldados. 

      Todos los que se cayeron y se levantaron se convirtieron después, y fueron cristianos. Estos soldados habían puesto las manos sobre Él. Malco se convirtió después de su cura, y en las horas siguientes sirvió de mensajero a María y a los otros amigos del Salvador.


a coronación de espinas se hizo en el patio interior del cuerpo de guardia. El pueblo estaba alrededor del edificio; pero pronto fue rodeado de mil soldados romanos, puestos en buen orden, cuyas risas y burlas excitaban el ardor de los verdugos de Jesús, como los aplausos del público excitan a los cómicos. En medio del patio había el trozo de una columna; pusieron sobre él un banquillo muy bajo. Habiendo arrastrado a Jesús brutalmente a este asiento, le pusieron la corona de espinas alrededor de la cabeza, y le atacaron fuertemente por detrás. Estaba hecha de tres varas de espino bien trenzadas, y la mayor parte de las puntas eran torcidas a propósito para adentro. Habiéndosela atado, le pusieron una caña en la mano; todo esto lo hicieron con una gravedad irrisoria, como si realmente lo coronasen rey. Le quitaron la caña de las manos, y le pegaron con tanta violencia en la corona de espinas, que los ojos del Salvador se inundaron de sangre. Sus verdugos arrodillándose delante de Él le hicieron burla, le escupieron a la cara, y le abofetearon, gritándole: "¡Salve, Rey de los judíos!". No podría repetir todos los ultrajes que imaginaban estos hombres. El Salvador sufría una sed horrible, su lengua estaba retirada, la sangre sagrada, que corría de su cabeza, refrescaba su boca ardiente y entreabierta. Jesús fue así maltratado por espacio de media hora en medio de la risa, de los gritos y de los aplausos de los soldados formados alrededor del Pretorio.

(Sigue...) 




jueves, 28 de marzo de 2013

Ciego



"Me encuentro casi ciego por haber contemplado demasiado el fulgor de Dios. He quedado casi sordo por haber escuchado demasiado el trueno de su Palabra. Pero he obtenido un premio: la mente sabe ahora ver más lejos, y el corazón logra percibir mejor las más suaves voces del afecto." (G.Papini)


domingo, 24 de marzo de 2013

El constructor de iglús -3º parté-

A la necesaria pregunta de su amor por la nieve, el hielo y las auroras boreales, Fernando, el constructor de iglús me habló de la siguiente manera: "La primera impresión que recibe uno como un susurro al desembarcar en la isla de groenlandia, es el bálsamo que desprende la naturaleza salvaje que lo invade todo. La fragancia que desprende la madera de las casas cercanas al puerto, casas de pequeña construcción construidas y edificadas por forzudos marineros vikingos que pasan aquí buena parte del año. El salitre quejumbroso y húmedo que corroe el frío aire de la isla, la hierba que todavía no se ha ocultado tras la nieve, como un montón de recuerdos. Los graznidos de las gaviotas retumban en toda la isla con la fuerza de un viento huracanado, con el nervio de un grito punzante al que cuesta acostumbrarse. Uno se tiene que acostumbrar, qué remedio, a esos bichos voladores a los que desde el primer día se comienzo a odiar. ¿Se puede odiar a unas criaturas creadas por Dios para El sabe para qué, y con qué fin? Se puede. ¿Para qué diablos fueron creadas?, no lo tengo claro, BaTE, el fin, no me cabe la menor duda, es para poner a prueba los nervios en cada uno de los trescientos sesenta y cinco días que pasé en esa isla alejada de todo, y de todos."

El constructor de iglús -2º parte´-


Fernando Villanublua Cáceres nació en el año del Señor de 1954 en Barruelo de Santullán, provincia de la invicta Palencia, tierra de hombres, y mujeres, España (UE), sépanlo. El artefacto amarillo que porta en sus dulces manos franciscanas no es un canario muerto, ni un trasunto de plátano podrido, qué va, es nada más ni nada menos que una máquina de hacer fotos chungas comprada esa misma mañana a toda prisa -me lo confesó- en el chino de su barrio, Leganés, por 2, 50 €. Fer, es de Lega. Desde que lo jubilaron, o se dejó jubilar, dedica todo su tiempo a la vocación que le corroe las venas desde pequeñito, el hielo. Fernando Villanubla Cáceres en vez de sangre por sus venas, para que se hagan una idea, tiene cubitos de hielo, y por esa razón, en vez de Blancanieves, su princesa soñada es una muñeca de nieve -me lo confesó- . Y la matrona - la señá Bartola- que asistió a su señora madre el día que vino al mundo dijo asustada, por esa razón, que en vez de la cabeza de un humano creía que traía al mundo un trozo del iceberg que derrumbó la barca de Francisco. Menuda elementa. Al igual que los inuits, esos panchis del polo norte, Fernando Villanubla Cáceres puede clasificar la nieve en 23 grupos. Nieve virgen, violada, nieve primavera, otoñal, nieve polvo, camino, nieve blanca, nieve petroleo, glasé, azucarada, etc... ,y así hasta que salga el sol. De medianoche, de mediodía, etc.. (Y una cosa que molará a las chicas que leen este blog; Fernando Villanubla Cáceres, mi compadre que surgió del hielo, usa una 34)

sábado, 23 de marzo de 2013

El constructor de iglús -1º parte´-






Number 13 baby



Tienes el cabello en una niña 
que fluye a sus huesos 
y un peine en su bolsillo 
si el viento sopla obtiene 
rayas sobre sus ojos 
cuando ella camina lento 
su cara cae 
cuando vaya, vaya, vaya 
cae una lágrima negra sobre mi reina perezosa 
tengo que decir teta tatuada número 13

Beethoven cello sonata no.5 - Adagio con molto sentimento d`afetto.-


Soy Van, Ludwig Van. Algunos tipos en Bonn, en señal de agradecimiento y cortesía con la familia paterna, aún me siguen llamando Beethoven, igual que en la escuela. Beethoven para arriba Beethoven para abajo. Pero a mi no me gusta ese nombre, lo odio, es realmente ridículo. En casa, mama y la criada, la señora Merkel (una hija suya, Ms. Angélica, llegará lejos), se dirigen a mi persona como Ludwig. Y los amigos que paran en la fría -como el glacial aliento de la mofeta que habita los tristes campos de Dakota del Norte-, apestosa y ruidosa tasca donde suelo acabar siempre emborrachándome día sí día no como un deslenguado merluzo con el único y legítimo fin de olvidar la frustración que me carcome con la misma veloz voracidad con que las termitas arrasan un viejo sinfoniede cámara, se dirigen a quien les habla con un insolente Van. Al caer ferozmente la noche, con su hálito de ternura, cuando a estos mamones amancebados se les calienta el pico más de la cuenta, les da por decirme "Van Van músiquito loco"; ¿no es entrañable?. Jajaja... 

Lo sé, nunca llegaré a nada. Sólo soy un pobre alcoholizado, sordo como una tapia, austero cadáver en potencia. Un caballero romántico, soñador al que llaman Van Van y es de Bonn. Demasiadas onomatopeyas para que nadie tome en serio al músico que nunca seré. Luego está lo de esa lastimosa zorra de la Amada Inmortal que se han inventado las putas alcahuetas de esta lúgubre aldea. Adónde iría yo con esa viejales. El Testamento de Heiligenstadt fue una broma, ni amada por mi parte, ni inmortal por la suya, a los pocos días del edicto la espichó como todo hijo de vecino, en unas condiciones de salubridad lamentables. La prensa del corazón, las putas alcahuetas de vuestro tiempo, esa prensa que vende a su padre por un plato de lentejas, esa pestilente basura consentida por una sociedad enferma del alma que necesita chutarse miserias ajenas para asimilar convenientemente las suyas, tiene más años de los que se imaginan. No seguiré por ahí.

Me encierro en mi música para salir huyendo de lo que me rodea, de todo, de todos, de mi, que en última instancia, soy mi peor enemigo. Me refugio en Ella, y encuentro por un momento el consuelo necesario para respirar.

jueves, 21 de marzo de 2013

Arvo Pärt

Llego a Arvo Pärt, músico estonio nacido en 1935, como sucede con las cosas importantes, de casualidad. Allá por un caluroso verano más pringoso de lo habitual de no recuerdo qué año, me encontraba cazando mariposas para mi coqueta colección por un agradable campo de vigorosas amapolas. Reservo un día del año, el que sea, un lunes por ejemplo, para cultivar la afición predilecta de Vladímir Vladímirovich Nabókov. El género BATESILLUS fue nombrado en mi honor por la Academia Mundial de Entomología, así como otras mariposas, especialmente de los géneros Madeleinea y Pseudolucia. Parapetado del sol apocalíptico y romano tras un larguirucho abeto enhiesto llegó a mis oídos, aún quejumbrosos por el concierto del día anterior, una dulce melodía entonada por ángeles turiferarios que desfilaban por el bosque misterioso envuelto en la bruma de las primeras horas camino de alguna batalla infernal. Una vez llegué a casa, puse en el tocadiscos -hablamos del lejano, destructivo y melancólico siglo pasado- un vinilo que encontré casualmente días atrás en un contenedor verde de basura perecedera que apestaba a perros muertos. Guardaba la música en sus entrañas la misma melodía jactanciosamente machacona que los angelitos cantaban.






miércoles, 20 de marzo de 2013

La conversión del Papa (Giovanni Papini)

En el poema habla el hijo único de un ignoto hereje bohemio de la Edad Media, hereje a quien Browning llama Jan Krepuzio; por haber profesado públicamente algunas teorías blasfemas sobre los motivos de la Redención, la Inquisición lo hizo apresar, torturar y finalmente fue quemado vivo en una plaza de Praga.
Su hijo, el niño Aureliano, fue escondido en Alemania por algunos parientes lejanos, pero jamás pudo olvidar el fuego que había consumido a su padre. Una vez adulto y libre decidió vengarse de la Iglesia de Roma, empleando un nuevo sistema de venganza jamás ideado por otro.
Con nombre fingido se fue a un convento de Milán, y solicitó ser recibido como hermano lego.
Su obediencia y bondad le valieron el premio deseado se le recibió entre los novicios. Su celo por la vida monástica y por la Sagrada Teología pareció ser tan ardoroso y sincero, que al cabo de sólo tres años fue ordenado sacerdote. Obtuvo entonces ser enviado a predicar la verdad católica a países de infieles y cismáticos, y con su palabra y ejemplo logró convertir a ciudades enteras.
Fue encarcelado por los enemigos de la verdadera fe, pero pudo huir de entre sus manos, y hasta se dijo que lo logró con la ayuda de un ángel.
Su nombre llegó a oídos del Pontífice reinante, que lo llamó a Italia y le confirió un obispado.
También como obispo y en breve tiempo, llegó a ser famoso en los pueblos. La austeridad de sus costumbres en medio de un clero corrompido, la victoriosa elocuencia de su palabra, la perfecta ortodoxia de sus enseñanzas teológicas, todo hizo de él uno de los prelados más ejemplares e ilustres de su siglo.
Pero esto no le bastaba, precisaba obtener otros honores y dignidades para consumar la venganza premeditada. En sus vigilias jamás olvidaba la hoguera en la que habían hecho arder a su padre, según él injustamente. Debía vengarlo, en forma diabólica y clamorosa, precisamente en la capital de la Cristiandad, en Roma, en San Pedro. La palidez de su demacrado rostro era atribuida al ascetismo de su vida, pero en realidad no era más que el reflejo de su prolongado rencor, era el efecto de una fatigosa y perpetua simulación.
Murió el anciano Papa y se eligió a otro que había conocido y admirado a Aureliano, y en el primer consistorio lo creó cardenal. Aureliano ya se veía próximo a la meta, y su ardor apostólico en pro de la Iglesia se acrecentó más y más. Fue Legado Pontificio, Doctor en un Concilio y Cardenal de Curia; en todo ello demostró ser un infatigable defensor de los dogmas y de los derechos de la Iglesia Romana. Ya casi era anciano, pero el alucinante pensamiento de la venganza no lo dejaba ni de día ni de noche.
También fue alcanzado por la muerte el Papa protector suyo, y en el cónclave subsiguiente Aureliano fue elegido Vicario de Cristo, obteniendo la unanimidad de los sufragios. Aun entonces supo ocultar su inmenso gozo bajo la máscara de una tranquila humildad. Ya estaba próximo el gran día por él esperado y deseado secretamente durante dolorosos años de forzada comedia. Había sido elegido a comienzos de diciembre; entonces anunció al Sacro Colegio y a la Corte del Vaticano que la ceremonia de su coronación se realizaría la noche misma de Navidad.
Desde muchísimo tiempo antes había planeado y soñado la inaudita escena: después del Pontifical, después de haberse realizado todos los ritos de la coronación, dueño ya de los privilegios y de las prerrogativas del Supremo Magisterio como cabeza infalible de la Iglesia Docente, entonces se pondría de pie para hablar al clero y al pueblo, y en el silencio solemne de la máxima basílica pronunciaría finalmente las tremendas palabras que vengarían para siempre al padre inocente. Diría que Cristo no era Dios, que había sido un pobre bastardo, un pobre poeta iluso víctima de su ingenuidad, y finalmente, aquí haría resonar su voz como un desafío satánico, finalmente, con el sello de su autoridad proclamaría que Dios jamás había muerto porque jamás había existido.
¿Cuál habría sido el efecto causado por tan espantosas blasfemias, brotadas de los labios de un Pontífice Romano? Tal vez, después del primer momento de estupor ¿lo habrían reducido, gritando que era un loco? ¿Lo habrían hecho pedazos sobre la tumba de San Pedro? No se preocupaba mucho por ello; la voluptuosidad brindada por tan estupenda venganza jamás tendría un precio demasiado elevado.
Llegó la vigilia de Navidad y anocheció. Todas las campanas de Roma tañían a fiesta, ríos humanos de nobles y plebeyos marchaban a la Plaza de San Pedro, llenaban el gran templo que parecía ser una inmensa cavidad luminosa, para poder asistir a la fastuosa ceremonia que celebraba simultáneamente el Nacimiento de Dios y la coronación de su Vicario en la tierra.
Desde una sala de su palacio Aureliano miraba y escuchaba. Veía aquellas multitudes de fieles gozosos y confiados, oía sus cánticos de Navidad, sus laudos, sus himnos, y en todos ellos se transparentaba una sencilla pero infinita esperanza en el Divino Infante, en el Salvador del mundo, en el Consuelo de los pobres, de los perseguidos y llorosos.
Y en aquel instante, en aquella sala donde el nuevo Papa se había encerrado, solo, para concentrar sus pensamientos y sus fuerzas, sucedió algo que jamás fue conocido por otros, se realizó el inesperado y providencial milagro: el pensamiento de toda aquella pobre gente que corría hacia él, que creía en él porque había creído en sus palabras, ese pensamiento lo burló, lo conmovió, lo sacudió y arrastró consigo. Experimentó un escalofrío, se sintió agitado por un temblor, le pareció que una luz jamás vista invadía la gruta oscura de su alma. Repentinamente se sintió inundado y vencido por una dulzura aniquiladora jamás experimentada en su larga vida, por una ternura infinita hacia todas aquellas almas simples, infelices y sin embargo felices, que creían en Cristo y en su Vicario, y súbitamente, el nudo negro y gravoso de la anhelada venganza se deshizo, se cortó, se disolvió en un llanto continuo, desesperado, que le quemaba los ojos y el corazón, que consumía su interior más que una llama viva. El nuevo Papa se postró sobre el mármol del pavimento, y oró de rodillas, oró por vez primera con abandono total del alma, con toda la sinceridad de la pasión, como nunca había orado en toda su vida. El viento impetuoso de la Gracia lo había derribado y vencido en el último instante. Hasta el mismo dolor del remordimiento por su infame pasado de fingimiento, de engaño y duplicidad, le parecía un consuelo inmerecido, un consuelo divino. Aquel dolor quemante lo podría acompañar hasta la muerte, pero purificándolo, salvándolo de la segunda muerte.
Cuando los ayudantes y acólitos penetraron en la sala precedidos por el Cardenal Decano, hallaron al nuevo Papa arrodillado, hecho un mar de lágrimas, y se sintieron grandemente edificados. Concluido el solemne rito de la coronación, el Pontífice quiso hablar al pueblo. Habló de Cristo y de su nacimiento en Belén, habló de la Madre Virgen, de los ángeles y los pastores, y lo hizo con tal calor de afecto que todos los oyentes, hasta los viejos cardenales apergaminados en su púrpura, lloraron como hijos que finalmente encuentran al padre a quien creían perdido. Y muchas mujeres, al salir de la Basílica iluminada a la oscuridad de la ciudad, afirmaron que al cabo de siglos un verdadero santo había ascendido a la Cátedra de San Pedro.

Humildad

"... No exaltes tu nadería,
que entre verdad y falsía
apenas hay una tilde,
y el ufanarse de humilde
modo es también de ufanía"




(S. Ignacio a S. Francisco Javier en el "Divino Impaciente" de Pemán).



martes, 19 de marzo de 2013

Un papa yeyé y superguay (¡quién dijo miedo!)



En el cuellin de la sátrapa argentina de los pobres. "Cada vez me gusta más este papa" (¿no es esa la consigna oficial?). Esto debe ser lo que mi amigo Sr. IA llama "acción parroquial" en marcha.  Me apuesto lo que sea -es un decir- y con quién sea -¿hay alguien ahí?- que la primera Enciclica de este Francisco hará referencia a los pobres las mismas veces, o más, que los discursos que la vieja chochona embotadax de la Argentina depone en navidaT. Dios los crías, y el populismo tercermundista los junta.

Cristo y la adultera



Pieter Brueghel el Viejo extrae del Evangelio las palabras "aquel que esté libre de pecado entre vosotros, que tire la primera piedra", y pinta y engendra y da vida y luz y muerte a las sombras que asustan con sus pinceles llorosos y hambrientos de gloría, dormidos en cal viva, apestados por su querencia, que Jesús se detenga para escribir en el suelo, ante los pies de ella, la adultera, la mayor lección de misericordia jamás dada. "¡Que tire la primera piedra!".  Una serie de piedras que no han sido arrojadas quedan en el suelo, a la izquierda de la mujer. Pero eso fue antes de que El apareciese en escena. Y muchísimos años antes de que F.W. Murnau filmase su primer plano. Al puto fariseo del bastón que se hace el longi le pongo cara y fecha.

San José




"Parece que Jesucristo quiere demostrar que así como San José
 lo trató tan sumamente bien a El en esta tierra, 
El le concede ahora en el cielo todo lo que le pida para nosotros. 
Pido a todos que hagan la prueba y se darán cuenta de cuán ventajoso es 
ser devotos de este santo Patriarca".
( Santa Teresa de Jesús )


Justus ut palma florebit;
sicut cedrus Libani multiplicabitur. 
Plantati in domo Domini,
in atriis domus Dei nostri florebunt.

El Justo florecerá como la palma;
y descollará cual cedro del Líbano,
plantado en la casa del Señor,
en los atrios de Nuestro Señor.

( Salmo 91 )

lunes, 18 de marzo de 2013

"Me gustaría una Iglesia pobre para los pobres" -Francisco I-



Esta frase puede llevar a equívocos, ¿qué  significará querer una Iglesia pobre? Reconozco que esta evangélica petición del nuevo pontífice por una iglesia pobre -¿paupérrima?- me está dando verdaderos quebraderos de cabeza. ¿Una Iglesia espiritualemnete pobre? o ¿una Iglesia material y económicamente pobre?. Si es eso, si es lo que desea el papa, una iglesia enmallánecesitada, desvalida, etc, este año, en mis obligaciones materiales -qué asco de dinero- con Hacienda no marcaré la cruz de la Iglesia en la declaración de la renta. De esta manera contribuiré de forma expeditiva y resuelta al deseo de Francisco por una iglesia pobre, pobre, pobre. ¿Qué les parece? ¿Sería justo?. Ojo con las revoluciones eclesiásticas que sabemos cómo empiezan y como terminan, a palos..


Ya dije en mi último naufragio que lo que repudio en un político, el populismo, tampoco lo acepto en un Papa. El numerito de ir a pagar a la casa religiosa donde se hospedaba clama al cielo.  Recordemos que Su Santidad Benedicto XVI fustigó la «hipocresía religiosa» de quienes «buscan el aplauso». Y yo, humildemente recuerdo que sin fieles que aporten lo que buenamente pueden a la Iglesia, dinero mayormente, los pobres serían más pobres, ¿es esto lo que quiere Francisco?. Fieles en su mayoría que, como en mi caso, no llegan a ser pobres -estamos en ello otra vez- pero que tampoco están, como se dice por mi Andalucía, para tirar cohetes. También hay ricos como Amancio Ortega (no todos los ricos son malvados, ni todos gastan chisteras ni prenden fuego a sus habanos con billetes de 500 pavos ni todos se levantan por las mañanas en sus mansiones que dan a la playa con ganas de despellejarnos vivos y empalarnos por el culo como hacía el conde Drácula con sus enemigos) , el dueño de Zara, que donó voluntariamente a las arcas de la Iglesia Católica por medio de Caritas 20 millones de euros para paliar la pobreza que se está ciñendo con España (jo, lo que jodió este gesto del empresario español al perroflautismo patrio). 

Repetiré la pregunta: ¿queremos una Iglesia pobre que no puede atender a los más necesitados al no tener fondos, o una iglesia dotada económicamente con los medios necesarios para solventar las miserias de los pobres y ayudarlos a salir adelante?Prefiero la segunda opción, más que nada porque yo sí he palpado la pobreza en toda su asquerosa inmensidad, y no me gustó un pelo lo que vi ni lo que viví en esa época. Gracias a Dios, y a mi esfuerzo, salí de aquello. Pero quiero dejar claro que el primer paso para llegar a la pobreza es idealizarla, relativizarla. De ahí, de la pobreza, hay que escapar como sea y poniendo los medios que hagan falta. De esa experiencia, que le puede tocar a cualquiera, sólo saque frustración, penurias y envidia. La Esperanza y la Caridad ya las traía aprendida de casa.

sábado, 16 de marzo de 2013

FRANCISCO

Al árbol se le conoce por sus frutos. Porque no se cosechan higos de las zarzas 

Amanece en El Escorial. La lluvia helada, a estas horas intempestivas, realiza su trabajo encomiablemente. Chapoteando entre charcas nacidas del agua que cae del cielo en el andén 5/7, camino, espero y pienso. Ni cercas ni lejos, en el 1/3, ahí al lado, la poca gente que alfombra el andén, murmulla cual luciérnagas apagadas y simplonas, memeces. Lo suyo un sábado por la mañana. El frescor del amanecer y la atosigante bruma silenciosa envuelve la estación barnizando de un esmalte antiguo, sepia, a la plancha, la fachada principal. Sobresale como un parto consentido del mustio silencio el graznido seco y ronco de un cuervo negro. Estos bichos alados tienen una curiosa forma de ejercer el amor y la fraternidad con los hermanos de su misma especie. En estas me hallo, intentando plasmar en una hoja suelta que guardo en el libro El Villorio de William Faulnerk (un escritor macabro, extravagante, desproporcionado, obsceno, pueril, inmoral y estilisticamente rebuscado, pero al que es pertinente aplicarle lo que el filósofo Wittgenstein dijo de Shakespeare: "En él todo es equívoco, absurdo, todo está entremezclado y, sin embrago, al mismo tiempo, todo es completamente justo"mis pensamientos de un sábado frío como todo sus muertos, cuando, decido darle una oportunidad (¿quién soy yo Señor para dudar de él?). 

Convendremos que los primeros gestos de cara a la galería de Francisco están cargados de un populismo de alta intensidad, de un populismo barato que raya peligrosamente -ay- con la demagogia, y que probablemente descanse en el error. Esa linea delgada que separa la humildad franciscana de la demagogia latinoamericana o europea hay que delimitarla con trazos gruesos y firmes. ¿Tiene que ver su acendrada argentinidad con tal desafuero formal en la Liturgia? Lo parece. Lo que repudio en un político, el populismo, ese cáncer social que confunde interesadamente la pobreza, el ser pobre, con ser bueno y manso como un cordero, tampoco lo acepto en un Papa. Profetizo un pontificado de Francisco siguiendo ese malhadado camino bajo el lema zapaterista: Ni una mala palabra ni una buena acción. 

Recordemos que la cabeza de la Iglesia es Cristo, no el Papa, al que debemos obediencia, pero con sus límites. Del Capítulo VII de la Universi Dominici Gregis, promulgada por el Beato Juan Pablo II:  Después de la aceptación, el elegido que ya haya recibido la ordenación episcopal, es inmediatamente Obispo de la Iglesia romana, verdadero Papa y Cabeza del Colegio Episcopal; el mismo adquiere de hecho la plena y suprema potestad sobre la Iglesia universal y puede ejercerla. Cardenal  J. Henry Newman:  "...Pero un papa no es infalible en sus leyes ni en sus mandamientos, ni en sus actos de gobierno, ni en su administración, ni en su conducta pública (...). ¿Fue infalible san Pedro en Antioquía, cuando san Pablo se le resistió? ¿San Víctor fue infalible cuando excluyó de su comunión a las Iglesias de Asia ? ¿ O Liberio cuando excomulgó a Atanasio ?". 

La divina complacencia de mi alma es para quién es. Dicho esto, aprovecho ahora que el chaparrón remite y unos rayos de sol salen tímidamente a reclamar lo suyo para pedir una oración por mi alma. Si estoy equivocado, que lo espero, alabado sea el Señor.


sábado, 9 de marzo de 2013

Esto es lo que escuchó Judas el miserables antes de bajar al infierno



Y estos algunos comentarios que se hicieron:


7 comentarios:

  1. Me he escuchado los 8 minutos 50 segundos que dura la sinfonía pre-infernal dedicada a Judas. Prueba superada!!! Y ahora, dime, dime, Bate, que me come la impaciencia: ¿qué he ganado?, ¿cuál es mi premio...? ;-)
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  2. Has superado entre otras cosa el temor a las pelis de miedo. Esta música da mucho yuyu.
    Si viste la Pasión de Cristo de Mel Gibson, entiendes esta música.
    No hay premio, sorry.
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  3. Bueno, S.Cid, te has ganado un viaje a Isla de Gongelad (que no Congelad) Donde podrás hacer una barbacoa de arce con un grupo de esquimales carnívoros.....
    Jejej
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  4. Pues sí he visto la película, pero no recordaba la música.

    Anda que tú..., después del esfuerzo que me ha costado..., ¿vas y me dices que he ganado una barbacoa de arce con un grupo de esquimales carnívoros? Pues me voy a Calgary con Guido, hala :-P
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  5. Guido se viene a Gongelad, no le sonsaques, anda..
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  6. La verdad es que, de la música, no sé qué comentar.
    En cuanto a Calgary o Gongeland, todavía no lo tengo claro.

    Dos saludos



jueves, 7 de marzo de 2013

El capital


Albania, el sueño andaluz


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los comunistas andaluces bloquean desde el mando los planes de un Ikea, el hotel Gavidia y los aparcamientos del casco histórico en Sevilla.
    
Somos una fuerza de lucha y de gobierno, pero, si hay que elegir, siempre la lucha.
    
La lucha de los comunistas es contra el capitalismo.

    Decíamos ayer que Marx vivió con la familia treinta años en Londres luchando contra el capitalismo gracias a los beneficios de la fábrica que Engels tenía en Manchester.

    El marxismo no es lo de Cayo Lara, que llegó a la jefatura de la cosa con una cita falsa de Marx sobre la crisis que los del periodismo global, que tienen las mismas lecturas que Cayo Lara, elogiaron mucho hasta que empezó el pitorreo en Internet.

    El marxismo es lo de Marx: vivir del capitalismo con el cuento de luchar contra él.

    –¿Es que no podemos estar en las instituciones y ser antisistema? –protestaba el otro día el comunista del Ayuntamiento de Madrid que propuso el empalamiento (un correctivo del comunismo polaco) de Toni Cantó.

    Sin instituciones no hay nómina y sin nómina no hay lucha ni contra el capitalismo ni contra la nécora del compañeroTorrijos, la boca de la Isla, el langostino de Sanlúcar, la gamba blanca de Huelva o la quisquilla de Motril.

    Si no hay sardina, la foca no trabaja. Y si no hay nómina, el comunista no lucha.

    Llamazares lleva una vida en el Congreso sin nada más que hacer que preparar la huelga general, y cuando la hace nadie le descuenta nada de la nómina.

    –Pero yo doy un donativo a la Fundación 1º de Mayo –me dijo en el Tuiter.
    
La nómina comunista tiene que ser del Estado, pues en la economía privada (Ikea, Gavidia…) sólo cabe, y la expresión es del jefe provincial del comunismo sevillano, el “experimento especulativo”, y dañino, por tanto, para su proyecto de creación del hombre nuevo.

    Ni que decir tiene que, en manos de este jefe provincial, ese hombre nuevo tendría menos de sevillano que de albanés.

    Que hacia Albania vamos.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Sobre un articulo de Manolito Jabois

En donde nos cuenta a su modo como recién salido del sobre y sin pasar por la ducha que un lector le pregunta "por qué no ha dicho nada del Papa". A lo que le responde la gran esperanza blanca del periodismo (no les digo nada de cómo será el resto) y niño mimado de los arrejuntaletras: "En pijama y con el bachiller, a la una de la tarde tras salir la noche anterior, no me coincidió hacer balance del Papa". Qué tío. Estaría echando horas en la redacción, digo yo, que la cosa está muy achuchá. Aún así, hay que ser más flojo que un muelle guita y moverse menos que los ojos de Espinete para estar holgazaneando a esas horas en la cama, Manolito. La gente decente a esas horas labora et ora. También cuenta "perezoso" Jabois una jugosa anécdota que podrá rememorar a sus nietos el día de mañana, qué tío: "en marzo de 2005, paseaba por la plaza de San Pedro y de repente, cuando estaba de espaldas, salió al balcón Juan Pablo II, bendijo a todo el mundo y se metió para adentro como alma que lleva el diablo (muy propio). Mi pareja (¿novio, novia, guardiamarina?) no sabía cómo decirmelo "¿Qué fue eso?", pregunté, "Nos acaban de bendecir, Manu" .

Guau, cómo mola... ¿Qué puñetas, me pregunto, esperaba el infante pazguato que escribe para Pedro J que le cayese a la peña un domingo por la mañana en la plaza de San Pedro de Roma, una maldición o la pedrea de la lotería de Navidad? ¿Y qué hacía este despistado en ese lugar?, me barrunto que mamar cultura, arte y belleza a marchamartillo. Sea lo que sea, es muy difícil pasar en este país de gilipollas por rebelde, con o sin causa, si antes no le das a la Iglesia su merecido; en todos los morros, más fuerte que te están mirando y hay que hacérselo perdonar. Hasta los que parecen más listos, caen en el mismo error de confundir lo eterno con lo breve, la parte por el todo, en un interminable y cansino ejercicio circense de sinécdoque. Me acuerdo del gran Papini y se lo aplico a Jabois, por canelo:                                      

                                                                                     Su memoria está por doquier.
En las paredes de las iglesias y de las escuelas,
en las cimas de los campanarios y de los montes,
en las ermitas de los caminos,
a la cabecera de las camas y sobre las tumbas,
millones de cruces recuerdan la muerte del Crucificado.
César ha dado, en sus tiempos, más ruido que Jesús,
y Platón enseñaba más ciencias que Cristo.
Todavía se habla del primero y del segundo;
pero ¿quién se acalora por César o contra César?
Y ¿dónde están hoy los platonistas o los antiplatonistas?
Cristo, por el contrario, está siempre vivo entre nosotros.
Hay todavía quien le ama y quien le odia.
Hay una pasión por la Pasión de Cristo y otra por su destrucción.
Y el encarnizamiento de tantos contra Él dice que no está todavía muerto.
Los mismos que se esfuerzan en negar su existencia y su doctrina
se pasan la vida recordando su nombre.