miércoles, 30 de enero de 2013

El grito silencioso

* (Esta clarificadora entrada va especialmente dirigida al o la comentarista anónima que estos últimos días ha tenido la deferencia de visitar este humilde blog. Creo, por algunas pistas que ha ido dejando el besugo o la besuga, que sé de quién se trata. Puro desecho de tientas, para qué vamos a decir otra cosa. Nunca pensé que se pudiera caer tan bajo, pero se puede, vamos si se puede. Este youtube que dejo te hará mucho bien, no dejes de visionarlo, y tal vez, quién sabe, te baje por un momento de la soberbia que caracteriza tú inmunda vida. Aún así, estoy obligado a rezar y a pedir por la conversión de mis enemigos. Ya ves, me he vuelto un tío importante, ya tengo hasta enemigos, aunque se trate de uno tan poca cosa y con tan poca sustancia como tú. “Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien”Baltasar Gracián)



martes, 29 de enero de 2013

Frustración

Escucha, estimado señor Torrrijitas, hay mucha frustración en el ambiente, ándale con ojo. Sobre todo en la juventud. Caminan desconsolados por la calle, como zombies, con los hombros caídos y la mirada perdida y retadora. Retan al diablo, y no lo saben. "Nos queda la esperanza, ¿no?", me dijiste. ¿Qué esperanza, ni qué leches, tronco?. Han despojado al personal de esperanza, de las agarraderas que nos une a Dios, les han quitado la fe, se han reído de ella, se la han tomado a guasa, se mofan del que dice ser creyente y al final, resulta que la fe es la última tabla de salvación a la que se agarra una persona cuando la están moliendo a palos por todos los putos sitios. Que se jodan los incrédulos. El índice de alcoholismo, y esto no lo dice ningún estudio encargado por una consultoría ni por ninguna administración, te lo digo yo Torrijitas, debe estar por las nubes, desbocado como un ciervo en berrea. Vengo observando a la gente demasiado pasada de copas y tiros de farlopa adulterada, pasada de mierda y de rosca. Y no beben para celebrar nada, no, no hay nada que celebrar, la fiesta hace tiempo que acabó, beben para olvidar, beben porque han dejado de querer a sus caris, porque nunca aprendieron a amar, beben porque están frustrados, asqueados, beben, se drogan y se castigan el cuerpo y el alma porque no saben hacer otra cosa, beben para emborracharse con mal vino y olvidar que perdieron la primera fe mientras cambiaban de canal de tv y mandaba el último Wuasa a la guarrill@ que conoció en el insti. Y de ese camino que lleva a la perdición se es fácil entrar, pero tan complicado salir de el como a una rata librarse del pegamento con el que se le ha untado el lomo para que perezca asfixiada por la angustia. "La generación mejor preparada de la historia del país" nos ha salido rata. Era inevitable, Torrijitas. Implantar el relativismo a todos los niveles, y en todas las capas de la sociedad, hacer del nihilismo una forma de conducta y fomentar el suicida Carpen Diem sólo se le ocurre instaurarlo a un país enfermo, agotado, insano, donde las aberraciones de cualquier naturaleza son moneda común: "España paraíso del aborto". Toca joderse, apretar los puños y aprender a rezar. Oí hace poco en una peli una frase cursi que se me ha venido a la memoria: "la vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento", y éstos angelitos van camino de morir de asfixia. Dios, nunca llegué a pensar que un par de guantazos a tiempo salvarían vidas.





domingo, 27 de enero de 2013

¿Quién mató a Kurt Cobain?

El 8 de abril de 1994 me encontraba, junto con mi banda Hebridas, en el Viso del Alcor, provincia de Sevilla, preparándonos, física y mentalmente, para el concierto que teníamos que dar en un par de horas. Para que se hagan una idea, los preámbulos a los conciertos, la liturgia del momento, principalmente, consistía en cobijarnos en el bareto más potable de la zona y arrasar con las existencias del mismo. Entre cervezas, tapas de caracoles, whiskyes y demás nutritivos para calmar la ansiedad del momento, íbamos ganándole terreno a la confianza, que es de lo que se trataba. Hay varias formas de combatir, permitanme el inciso, el miedo escénico, la más expeditiva y segura es pillarte media tranca. Hay que hacerlo con sumo cuidado, ya que se te puede ir la mano con el whisky y que acabe yéndose también los dedos a tomar por saco. Un desastre imprevisible. 

Un rato antes de dar comienzo nuestro recital, el presentador de la gala, o lo que fuese eso, que no me acuerdo, saltó al escenario, cariacontecido, para decir que el líder de Nirvana, Kurt Cobain, había aparecido muerto en "en una habitación encima de su garaje". Silencio maestrante. "¡Kurt Cobain?!", no puede ser. Caras destempladas. Hipidos de algunas nenas fanes del artista por estribor, alguna que otra maldición por babor. Tensión en la sala. El polvo del albero me molesta. Nosotros, una vez cumplida la liturgia de las horas previas, subido al tablao, como medio homenaje al nota (en realidad, nos importaba un puto carajo la noticia y la muerte de Kurt, aunque para ser franco, en aquella época nos importaba todo una mierda) tocamos enfurruñados y con la rabia que nos delataba algunos compases de Smells Like Teen Spirit. La parroquia lo agradeció. 

Sabíamos de la adicción del finado por los psicotrópicos, y su desmesurada afición por la mala vida. Nada nuevo en lontananza. Tarde o temprano, caería, como también cayeron por el mismo motivo y a la misma edad, curioso, Robert JohnsonBrian JonesJimi HendrixJim Morrison o Janis JoplinOtros angelitos que al igual que Cobain, se fumaron, se bebieron, se drogaron y sepultaron, entre vómitos y diarreas mentales, sus vidas. No, con el paso de los años, uno reconoce que no hay nada de heroico en esas muertes. Tampoco ellos buscaron ni la epopeya, ni las hazañas ni el heroísmo con sus músicas y sus obras, todo hay que decirlo. 

La cosa es que el otro día, sin buscarlo, terminé viendo este documental sobre la muerte y vida del que fue, estos sí lo digo en serio, un imponente músico con una sensibilidad abrasadora. Quizás lo que acabó con Cobain, me pregunto, fuese su demostrada incapacidad para embridar el demonio creador que le adoraba. "Si mi sonrisa mostrara el fondo de mi alma mucha gente al verme sonreír lloraría conmigo", que dejó escrito el artista.

¿Quién mató a  Kurt Cobain? http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=XN0rlyIxnxM


jueves, 24 de enero de 2013

El invierno demográfico europeo: causas, consecuencias, propuestas


Sin embargo, la élite política y cultural-mediática (especialmente en
España) sigue evitando la cuestión demográfica, con irresponsabilidad suicida.
Tony Blair confió al escritor Martin Amis que el problema del envejecimiento
europeo sólo podía ser evocado “entre susurros” en las cumbres de estadistas;
“para el ethos del relativismo –concluía Amis- el problema demográfico está
tan saturado de implicaciones [morales y políticas] repulsivas, que se ha
prohibido el debate sobre ello”. Mencionar el colapso demográfico es
menos que el año anterior. No serán ellos quienes impulsen de nuevo el crecimiento económico
considerado ineducado y “alarmista”; proponer políticas natalistas parece
todavía, en muchos países, reaccionario y fascistoide. Cuando la Xunta de
Galicia debatió hace unos meses el incremento de ayudas a la maternidad, la
portavoz del PSOE Beatriz Sestayo se opuso, declarando que el proyecto
buscaba “exportar a Galicia el modelo familiar de la ultraderecha”, conseguir
“que las mujeres se queden en casa” y “vulnerar el derecho al aborto”;
también el Consejo Económico y Social de Galicia se mostró escandalizado
ante lo que consideró “una recuperación de la retórica de la familia
heterosexual y la maternidad como rol social vital”.



El invierno demográfico europeo: causas, consecuencias,
propuestas (Francisco José Contreras, Universidad de Sevilla)

martes, 22 de enero de 2013

Escupir sobre las tumbas de los padres

Resulta que esos políticos, muchos de izquierda y casi todos los del PP, provienen, familiar o directamente, del régimen anterior, son hijos y nietos de quienes, con grandes sacrificios, impidieron a Carrillo y los suyos imponer sus ideas y prácticas en España. Esos políticos escupen sobre las tumbas de sus padres. Es un aspecto más de su insondable desvergüenza: las gentes de la triple corrupción –intelectual, económica y sexual– que extienden como una peste sobre el país. La náusea. (más...)

Haciendo el canelo por la sierra.

El que acompaña a Bill Janovitz  al cante, líder de los bostonianos Buffalo Ton -una de las bandas norteamericanas que más marcaron mi época rockera- soy yo. 




Y ahora como compensación al youtube anterior, subo a Alanis Morissette, del que me ha servido como inspiración para el vídeo su tema Ironic. Evidentemente Alanis tiene más medio técnicos que yo.





domingo, 20 de enero de 2013

Mi palacio de cristal


La palabra "nostalgia" la inventó, el 22 de junio de 1688, Johanes Hofer, un estudiante de medicina alsaciano, al combinar la palabra nostos (retorno) con la palabra algos (dolor) en su tesis, Dissertatio medica de nostalgia, para describir la enfermedad de los soldados suizos obligados a vivir lejos de sus montañas. Esta banda norteamericana -Palaxy Tracks-, de un gusto exquisito, me produce el mismo ardoroso y nostálgico sentimiento que les producía a los soldados suizos que salen de su patria las montañas.  Una música pensada, preñada para desgarrar los recuerdos, para engañar la melancolía haciéndote creer por enésima vez que todo volverá a ser como antes. Nada volverá a ser como antes. Con estas canciones me ocurre invariablemente como con algunos libros, son tan poderosamente bellas, tan cercanas a la perfección, que transmiten una energía que termina descansado para siempre en la memoria (hoy tengo el cursi subido, será la nieve, que no deja de caer). A veces ocurre con el arte, la escritura o la música, que una obra es tan poderosamente grande y poderosa que llega a transmitir una energía que termina descansado apasionadamente en nosotros. Consideras, entonces -bien lo sabes-, una verdadera tragedia griega y una maldición de proporciones bíblicas que en Ella acabe posándose las horas muertas que terminan por declinar y ensuciar la luz de sus primigenias horas de un verdor ocaso. De esta quema de rastrojos para el alma que deja el paso del tiempo en las obras, no obstante, siempre se salvan aquellas que están impregnadas en su núcleo embrionario del agua turbia que emana de la inmortalidad. Hablo de esas obras que se pegan a nuestros sufrimientos y amarguras como una asquerosa sanguijuela hematófaga; nos succiona la herida y consiguen que al menos remitan los diagnósticos más pesimistas….











La ideología del hecho

-del blog Archipiélago Duda-

Con frecuencia, en mis discusiones con progresistas, aparece el siguiente argumento: la derecha históricamente no hace más que retroceder posiciones. Se opone al divorcio y a los anticonceptivos, para terminar aceptando a regañadientes la "realidad social"; se opone al aborto y al matrimonio gay, y lo mismo. En el futuro, no sé qué innovaciones plantearán los progresistas, pero sin duda se repetirá el mismo argumento. La ideología subyacente es que no existe más verdad que la que determine en cada momento la "realidad social". Lo correcto es lo que la mayoría de la gente cree que es correcto. Si mañana un 51 % de la población ve con buenos ojos la poligamia, la eugenesia o el infanticidio ¿por qué no se iban a legalizar?

Parece que los progresistas no se atienen a este principio cuando se oponen a determinadas ideas que son bastante populares, como por ejemplo la cadena perpetua. Pero no hay contradicción. Los progresistas creen que en el futuro todo el mundo pensará como ellos, con lo cual la realidad social terminará coincidiendo con la legal; y si el proceso se puede acelerar, mejor. El progresista es la persona que va montado en la irresistible marcha de la historia. (Esto, por cierto, se llama marxismo, con Marx o sin Marx.) Las tendencias sociales existen en el presente, como la planta existe ya en potencia en una semilla. (Son las "contradicciones" del materialismo dialéctico.) La realidad es dinamismo, contiene la dimensión temporal, como ya vio Heráclito. El mañana puede leerse en el hoy, si se conoce la clave. Por eso sigue siendo exacto que el progresismo es la ideología de lo fáctico, o si queremos ponernos más metafísicos, la concepción según la cual el deber-ser se identifica con el ser, con la inmanencia. El marxismo a fin de cuentas era un hegelianismo de izquierdas.

Los liberal-conservadores, conservadores o personas de derechas (uso estas palabras como sinónimos, o al menos me gustaría que lo fuesen) pensamos exactamente lo contrario. La verdad es la verdad, el bien es el bien, triunfen o fracasen. Lo que la gente suele entender por conservador, un defensor del statu quo, no es más que un quietista, que ignora la naturaleza cambiante de la realidad. El progresista también se coloca del lado del vencedor, pero del vencedor de mañana, de la revolución que cree inevitable. En cambio, el auténtico conservador, el hombre de principios, es como lo retrata Borges: "a un gentleman sólo pueden interesarle causas perdidas". El bien se realizará o no, pero sigue siendo el bien, porque los valores, si existen, solo pueden ser trascendentes, estar más allá de los hechos. (Como sostuvo el conocido integrista Ludwig Wittgenstein, en Tractatus, 6.41) Las personas de derechas podemos estar equivocadas, pero no consideramos que una encuesta de opinión, ni el calendario ("¡a estas alturas del siglo XXI!") sean argumentos. Ni lo más reciente es por definición mejor que lo viejo, ni la mayoría tiene razón por el mero hecho de serlo.

Es verdad que la derecha se opuso al divorcio, y que hoy los de derechas se divorcian igual o casi igual que los de izquierdas. Pero el divorcio seguirá siendo una equivocación, aunque ya no quedara una sola persona que pensara así. Porque el divorcio no es la libertad para separarte de tu cónyuge (eso siempre existió), sino que la administración te reconozca una nueva unión. O lo que es lo mismo, que quien no debiera haberse casado pueda volver a cometer el mismo error cuantas veces quiera. Y los anticonceptivos no son la libertad de tener relaciones sexuales (eso siempre existió) sino que fundar una familia deje de ser la prioridad. En suma, que la gente no tenga unos lazos más sólidos entre sí que los que tiene con el Estado.

Cuando un individuo o una sociedad toman un camino equivocado, el progreso no consiste en continuar avanzando obcecadamente en la misma dirección, sino en tomar una distinta, o incluso desandar lo andado. Puede que eso sea imposible, y que nadie sea capaz de frenar un tren que se dirige hacia el abismo, pero no por ello estamos obligados a creer que en el fondo del precipicio está la Arcadia Feliz.

viernes, 18 de enero de 2013

Sobre el matrimonio homosexual y otras aberraciones.


Estar a favor del matrimonio homosexual es ir contra la naturaleza, que es sabia y nos castigará por permitir una nueva forma de aberración. Lo que estaba mal hace una década, ahora nos dicen que está bien, es moderno y el colmo del progresismo. En el nombre del progresismo se están cometiendo verdaderas monstruosidades. Adoptar niños para que parejas homosexuales y transexuales jueguen a las casitas y se den el capricho de sentirse padres y madres por una temporada es otra aberración, quizás mayor que la anterior, y por supuesto "progresista". Cualquiera que tenga el inmenso honor de criar un hijo sabe que el niño o la niña necesita como el comer la figura del padre y la madre para encontrar el equilibrio necesario para no pegar el estirón encadenado a unas taras que coartaran inevitablemente su natural crecimiento. Lo importante es el niño, no el capricho de unos cuantos aspirantes a papitos. Entiendo que decir esto en el país de Nunca Jamás donde abortar es un derecho es poco menos que una provocación. Evidentemente, si todas las criaturas del planeta Tierra marchásemos juntos al unísono por el camino que marcan gays, abortistas eutanasistas, eugenesistas, a la humanidad le quedaba dos telediarios. El aborto, la eutanasia, el gaymonio, la promiscuidad, el adulterio, las relaciones prematrimoniales, el incesto.... Todo, absolutamente todo esto está profundamente interconectado. Decía el beato Juan Pablo II -Ora pro Nobis- que "Quien negare la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad”. Pues bien, aquí llevan bastante años minando concienzudamente el futuro de la sociedad y por fin, empiezan a recoger sus frutos.

miércoles, 2 de enero de 2013

La Navidad, de Chesterton


Navidad

La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad. La Navidad, como tantas otras creaciones cristianas y católicas, es una boda. Es la boda del más indómito espíritu de gozo humano con el más elevado espíritu de humildad y sentido místico. Y el paralelo de una boda es bien válido en más de una manera; porque este nuevo peligro que amenaza la Navidad es el mismo que hace tiempo ha vulgarizado y viciado las bodas. Es lógico que haya pompa y gozo popular en una boda; de ninguna manera estoy de acuerdo con los que querrían que fuera algo privado y personal, como la declaración de amor o el compromiso de matrimonio. Si una persona no está orgullosa de casarse, ¿de qué podrá enorgullecerse?, ¿y por qué se empeña entonces en casarse? Pero en casos normales todo este jolgorio que se organiza está subordinado al matrimonio porque existe “en honor” del matrimonio. Fueron a ese lugar a casarse, no a alegrarse; y se alegran porque se han casado. Sin embargo, en tantas bodas de famosos se pierden de vista por completo este serio objetivo y no queda nada más que la frivolidad. Porque la frivolidad es el intento de alegrarse sin nada sobre lo que alegrarse. El resultado es que al final hasta la frivolidad como frivolidad empieza a desvanecerse. Quienes empezaron a juntarse sólo por diversión acaban haciéndolo sólo porque está de moda; y no queda ni siquiera la más débil sugestión de regocijo, sino tan sólo de ruido y alboroto.
De manera parecida, la gente está perdiendo la capacidad de disfrutar la Navidad porque la ha identificado con el regocijo. Una vez que han perdido de vista la antigua sugestión de que es por alguna cosa que ocurre, caen naturalmente en pausas en las que se preguntan con asombro si es que ocurre algo de verdad. Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dice que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Uno no puede ser frívolo así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para ser frívolo. Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No sería tan bullicioso, le hubiera dejado puñados de billetes bancarios falsos o un talonario de cheques sin fondos. Por divertida que fuera la acción del testador, no sería durante mucho tiempo ocasión de festividades sociales y celebraciones de todo tipo. No se puede empezar ni siquiera una francachela por una herencia que es sólo ficticia. No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño de milagro. Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana. Se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.
Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: algunas veces festejan con exceso en lo que se refiere a comer una tarta o un pavo, pero no hay nunca nada frívolo en su actitud hacia la tarta o el pavo. Y tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre. Pero aun en los niños esa sensatez se encuentra de alguna manera en guerra con la sociedad. La vívida magia de esa noche y de ese día está siendo asesinada por la vulgar veleidad de los otros trescientos sesenta y cuatro días.
Gilbert Keith Chesterton