viernes, 27 de diciembre de 2013

El Papa de los pobres



-Salvador Sostres-

El Papa de los pobres fue Juan Pablo II, que junto con Margaret Thatcher y Ronald Reagan derribó el muro de Berlín y acabó con el comunismo, la mayor fábrica de miseria y de muerte que ha conocido el mundo. Francisco no es, como se ha dicho, el Papa de los pobres. Francisco es un Papa pobre, que quiere vivir como un pobre y quiere una Iglesia pobre, despojada de todos sus bienes, de todo su misterio y de todas sus liturgias. Una Iglesia pobre y empobrecida, como él que también vive como un pobre en Santa Marta, viste como un pobre con sus zapatos roídos, y hace gestos de pobre como llevarse él mismo la maleta cuando viaja.

Puede que los pobres estén contentos con el Papa y que se vean reflejados en su estilo. Pero tales gesticulaciones no erradican la pobreza y sólo sirven de consuelo.

El auténtico Papa de los pobres fue Juan Pablo II, que acabó con la principal fuente de pobreza y de opresión, que es el comunismo. Fue el Papa de los pobres porque bajo su papado dejaron de ser pobres decenas y centenares de millones de personas, que pudieron prosperar gracias a la libertad y a la economía de mercado.

El otro gran Papa de los pobres, de los pobres de espíritu, fue Benedicto XVI, que alimentó las almas de los católicos, llenándolas de contenido, con su talento y sus conocimientos. Dar la razón a los pobres, exaltarlos y hacerles sentir orgullosos de serlo, como Bergoglio está haciendo, puede confortarles, pero no resuelve ningún problema.

Juan Pablo II acabó con el comunismo y el Papa Ratz con la desolación espiritual que causó Juan XXIII con su diabólico Concilio Vaticano II. Estos dos Papas han sido con su fuerza y su refinamiento, respectivamente, los dos Papas que más pobreza han erradicado. Pobres de dinero y pobres de espíritu, pobres de todo el mundo que han dejado de serlo.

Bergoglio con su pobreza y su Iglesia cada día más pobre -en todos los sentidos pobre- crea euforia en los pobres materiales y furor en los que no son católicos, porque en su pobreza espiritual se sienten cómodos con un Papa que no les exige ninguna inteligencia ni ninguna espiritualidad.


Hay mucha diferencia -una diferencia sustancial- entre compartir las migajas con los pobres, llevar una vida pobre y que todo a tu alrededor parezca pobre para complacer a los pobres; y la valentía que se requiere para ser fuerte y que tu fortaleza inspire fortaleza, para proclamar el Misterio de la fe e inspirar fe en las almas sedientas, para librar una batalla casi imposible contra el mal y vencerla, como hizo el Papa Woytila con el comunismo, con la ayuda de Maggie y Reagan.

La pobreza no es ni puede ser un orgullo. A los pobres no hay que darles la razón, sino fuerza y fe para que dejen de ser pobres. Libertad y conocimiento, que es lo que Woytila y Ratzinger les dieron.
Los Papas de los pobres fueron ellos, tal como la economía de los pobres es el capitalismo porque es la única que contribuye a que haya menos pobres, no como el comunismo que sólo crea destrucción y muerte.

El espectáculo, efectista y taquillero, de hablar todo el día de los pobres, y de hacerse el pobre sabiendo que no lo eres, no erradica sino que multiplica la miseria, como bien hemos podido comprobar con la siniestra heredad que nos han dejado siempre los gobiernos de izquierda.

2 comentarios:

  1. Es curioso como alguien mantenido lejos de la Iglesia durante bastante tiempo, por lo que sabemos de Salvador Sostres, es capaz de darse cuenta del pobrerismo del antipapa Bergoglio. Dos razones se me ocurren, no está contaminado de un falso espíritu eclesial y es un buscador de la Verdad, al contrario por desgracia, y por lo que vemos , de la inmensa mayoría de bautizados.

    Filomena de Pasamonte

    ResponderEliminar
  2. Napo

    Vivimos en un mundo facilón. Se premia la buena voluntad expresada y no se espera a la Buena voluntad realizada. Hay prisa. Los hechos siempre tardan más que las palabras. Además, los hechos son tangibles y el evaluarlos compromete más que la ponderación de lo oido , que no escuchado y meditado.


    Me duele: No me siento orgulloso de este Papa.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.