sábado, 23 de noviembre de 2013

Santa Hildegarda de Bingen "ANTIPHON: Auctori vite psalmis/INVITATORY: Venite exsultemus domino"



 
 
Novecientos años nos separan de Hildegard von Bingen y su mundo. Las coronas y las túnicas de seda blanca con las que se vestían ella y sus monjas para el rito ya no existen, como tampoco existe Rupertsberg, su monasterio, destruido hace ya siglos. Pero atravesando el muro de los siglos han quedado sus palabras, incluso su sonido, y las imágenes de sus visiones petrificadas en las miniaturas. Hay una miniatura que no me deja desde hace ya cierto tiempo: es ella misma recibiendo en su rostro vuelto hacia el cielo las llamas del Espíritu como garras poderosas en la versión del manuscrito de Wiesbaden, como un río de agua roja en el manuscrito de Lucca. Está sentada escribiendo sobre unas tablillas de cera, trasladando en palabras lo que le llega en fuego divino. Y al contemplar estas dos miniaturas hay que oír las palabras de Hildergard:
 
"Sucedió en el 1141 después de la encarnación de Jesucristo. A la edad de 42 años y 7 meses, vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramó como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho. No ardía, sólo era caliente, del mismo modo que calienta el sol todo aquello sobre lo que pone sus rayos. Y de pronto comprendí el sentido de los libros, de los salterios, de los evangelios y de otros volúmenes católicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, aún sin conocer la explicación de cada unas de las palabras del texto, ni la división de las silabas, ni los casos ni los tiempos". (Scivia. Parte Primera, Atestados, pag.168)
 
El amor de Dios, la vida y la salvación (Santa Hildegarda de Bingen)
 
 


«No oigo estas cosas ni con los oídos corporales ni con los pensamientos de mi corazón, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos, de tal manera que nunca he sufrido la ausencia del éxtasis. Veo estas cosas despierta, tanto de día como de noche.'»
Hildegard al monje Guibert. Ep. CIII.






Padre, estoy profundamente perturbada por una visión que se me ha aparecido por medio de una revelación divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente en mi espíritu. Desdichada, y aún más desdichada en mi condición mujeril, desde mi infancia he visto grandes maravillas que mi lengua no las puede expresar, pero que el Espíritu de Dios me ha enseñado que las debo creer. [...]

Por medio de esta visión, que tocó mi corazón y mi alma como una llama quemante, me fueron mostradas cosas profundísimas. Sin embargo, no recibí estas enseñanzas en alemán, en el cual nunca he tenido instrucción. Sé leer en el nivel más elemental, pero no comprenderlo plenamente. Por favor, dame tu opinión sobre estas cosas, porque soy ignorante y sin experiencia en las cosas materiales y solamente se me ha instruido interiormente en mí espíritu. De ahí mi habla vacilante. [...]
Hildegarda a Bernardo, abad de Claraval


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¿Quién conoce hoy día a Santa Hildegarda de Bingen.
Quién en la Iglesia sigue a esta santa mayor, poeta, pintora, médico, músico,
 proclamada por el actual Papa Benedicto XVI, Doctora de la Iglesia.
Qué hace la Iglesia del siglo XXI por conservar sus tesoros espirituales,
su venerable tradición, sus tesoros musicales, artísticos, que encumbran el espíritu.
Cuánto tiempo la Iglesia de la publicidad y el engaño con sus mamarrachadas mundanas, su clero afeminado, su vomitivo y vulgar falso papa, sus guitarritas, sus juegos lúdicos y su mediocridad teológica mantendrá callada a la Iglesia de la Promesa, la de la Verdad, la que cultiva dulcemente la belleza para llegar a Él?.



 
 
El Macrocosmos (Santa Hildegarda de Bingen)
 
 
 

1 comentario:

  1. Yo conocí a esta santa Hildegarda, por la hojita de mi calendario, hace unos años y escribí un post birriosito, nada que ver con este tuyo, para darla a conocer. Me alegró leerte porque así la conozco mucho mejor..
    Un beso

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