jueves, 26 de septiembre de 2013

La obsesión de Francisco: el dinero



limosna
 
Francisco demuestra, desde que subió al trono de Pedro, una falso amor a los pobres.
Ese falso amor es por su amor al dinero.
Eso le hace estar hablando continuamente de los pobres y del dinero, y preocupándose por sacar de la pobreza a los hombres, cuando ésa no es la misión de la Iglesia.
“Judas Iscariote… dijo. ¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres? Esto decía, no por amor a los pobres, sino porque era ladrón, y, llevando él la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban. Pero Jesús dijo: Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.” (Jn 12, 7)
Para Francisco, el dinero es un ídolo, y el mundo se ha construido sobre ese ídolo. Y se ha construido mal. Y los hombres tienen que luchar para quitar ese ídolo y ponerse como centro ellos mismos: “Dios quiso que el centro del mundo no fuera un ídolo, que fueran el hombre y la mujer, los que sacasen adelante con su trabajo el mundo…No queremos este sistema económico globalizado que nos hace tanto daño”. En el centro tienen que estar el hombre y la mujer, tal como Dios quiere, y no el dinero !” (Cerdeña – 22 de septiembre del 2013)
Dios no quiere nunca que el hombre y la mujer saquen adelante con su trabajo el mundo, porque Dios no ha venido a resolver los problemas del mundo, los problemas de los hombres. Dios ha venido a poner un camino de salvación a todos los hombres, que consiste en quitar el pecado, en luchar contra el pecado. Y, de esa forma, llegar al término de su vida, que es la santidad de vida.
Dios no lucha por las clases sociales, Dios no saca de la pobreza a nadie, Dios no hace un mundo mejor basado en las obras de los hombres. Esto es lo que quiere Francisco. Y sólo esto, porque está lleno de la ideología comunista, que pretende acaparar los bienes de todos los hombres, hacer un común y así sólo servir a unos pocos con esa riqueza. Y pregonan el cuento de ayudar a los pobres con la riqueza, cuando sólo quieren someterlos a su falsa ideología.
Francisco es comunista. Y, como comunista, le gusta el dinero. Y va tras el dinero en todas las cosas. Como comunista, vive pobremente. En su porte exterior, no se ven riquezas, no vive de riquezas, porque tiene la idea de que hay que distribuir bien las riquezas entre todos. Y eso ir en contra del Evangelio de Jesús.
Jesús ni se preocupó por el dinero en toda su vida. Judas fue el que se preocupó por el dinero y, por eso, le llevó ese amor al dinero a su pecado de entregar al Maestro.
Francisco se preocupa del dinero. Ya no está imitando a Jesús. No cree en la vida de Jesús. Sólo cree en la vida de los hombres. Y, por eso, dice que el centro de la vida son el hombre y la mujer. Y el centro de la vida es siempre Dios.
Jesús vivía para Su Padre, no para los hombres. Vivía para hacer del centro de su vida una adoración continua a la Voluntad de Su Padre. Francisco vive para recoger dinero de los hombres, para que los hombres le den dinero, para que los hombres vean que la Iglesia se preocupa por los asuntos del hombre y así los hombres entren en la Iglesia con sus problemas económicos para que la Iglesia se los resuelva.
Es lo que está haciendo desde que subió al Trono. Y pone el ejemplo del Samaritano, que es lo que hay que imitar en la Iglesia. Y no hay que preguntarse por las heridas de los hombres, sino que hay que ayudar a los hombres en sus necesidades materiales, humanas, económicas.
Francisco no sabe dar la espiritualidad del amor al prójimo. No sabe enseñar que para dar dinero al prójimo hay que discernir el amor, porque no se puede dar a todos igualmente.
Si no se discierne el amor, entonces sólo se predica que hay que dar dinero. Y eso va contra el Evangelio, contra la Palabra de Dios.
En el Samaritano, Jesús enseña a amar al prójimo cuando es enemigo y, por tanto, hay que amarlo con un amor de justicia: hay que darle lo que ese prójimo, por ser enemigo, merece. No hay que amarle ni con amor de caridad ni con amor de benevolencia, ni con amor de sacrificio.
Cuando el Señor pide que se dé alimento al que tiene hambre, bebida al que tiene sed, que se ayude al peregrino, que se vista al desnudo, que se visite al enfermo, que se vaya al que está en la prisión (cf. Mt 25, 35), Jesús enseña el amor al prójimo por virtud de la benevolencia. Se ama al prójimo porque se ama, no por otra razón. Y se le da de comer por amor y sólo por amor. Y se le va a visitar cuando está enfermo o en la cárcel sólo por amor. Porque el amor es lo más importante en la vida. Y donde hay amor hay salvación. Pero donde no hay amor, sino sólo dinero, entonces no hay salvación. Para salvarse, el hombre tiene que amar, no dar dinero. Esta es la enseñanza de Jesús cuando presenta la salvación de los hombres y la condenación de los hombres. El hombre se condena porque no amó con este amor. No amó sin más. Se ama porque se ama. Y como despreció este amor al ver al hambriento, al ver al sediento, al ver al que no tenía vestido…, entonces el hombre se condenó.
Esto no lo enseña Francisco. Sólo enseña a dar dinero.
Y la limosna que se da a los pobres hay que darla por amor de sacrificio, para expiar los pecados de cada uno. Es un amor que hace que la persona se sacrifique de su dinero o de sus bienes materiales para reparar sus pecados. La limosna no vale cuando se da dinero sin este fin espiritual. Porque lo que importa es el fin espiritual con que se hace el acto de la limosna. No importa el dinero: “la limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado. Los que practican la misericordia y la justicia serán colmados de felicidad, mientras que los pecadores son enemigos de su propia dicha” (Tb 12, 9-10).
Francisco sólo se fija en el dinero y no enseña la verdad del amor al prójimo, del amor a los pobres. Luego, es necesario concluir que Francisco es como Judas: le gusta el dinero. Y hace lo que Judas: ¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres? ¿Por qué la Iglesia no busca bienes materiales, dinero, para ayudar a los pobres?
La obsesión de Francisco por el amor a los pobres, por el dinero, por querer hacer a los hombres felices aquí en la tierra es sólo una distracción del demonio para que la Iglesia no vea lo que se está cociendo en este tiempo de espera.
Porque Francisco está esperando algo. Lleva seis meses hablando, pero no ha actuado. Se han visto signos visibles de lo que quiere hacer Francisco, pero no ha puesto por obra todo su pensamiento. Si lo pusiera, entonces la cosa sería diferente en la Iglesia. Pero la Iglesia todavía está cómoda con lo que dice Francisco porque no se ha metido con el dogma de la Iglesia ni con sus tradiciones en la práctica, que es lo que le interesa a la Iglesia. Y Francisco distrae a la Iglesia con todo eso de su amor a los pobres. Él no tiene el espíritu de San Francisco. No sabe ni lo que es ese espíritu. Sólo se fija en lo externo de ese espíritu para así caer bien a todo el mundo.
El dinero es del demonio. Y los problemas económicos de los hombres es por su pecado de avaricia. No por otra cosa. La codicia del dinero, de la vida que da el dinero, la ambición por tenerlo todo en la vida: ése es el verdadero problema de todos los hombres. Y si no se quita este pecado de avaricia, no se quitan los problemas económicos. Y, por eso, el Señor profetiza: Pobres, siempre los tendréis, porque el hombre no quiere quitar su pecado de avaricia para ser de Dios y salvarse.



del blog Lumen Marie-
 

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