martes, 3 de septiembre de 2013

EVOCACIÖN

El día se presentaba complicado. La noche anterior, había pasado su característico manto de misterio ante mis ojos almendrados y no logré desconectar, una mas. No dormir es una de las mayores torturas a la que puede aspirar un mártir, y yo, voy camino de serlo. Es lo que pasa cuando los problemas acucian con la voracidad de un tiburón negro que se siente herido en su letal aleteo. Las sucias aguas parecen que nunca van a desahogar su bravura. Oh, turbulencias marinas que me acecháis, perder toda esperanza.. .

Te montas en el coche con la sana intención de darle salida a los aprietos y demás pesares, y te cruzas, con uno de esos locos que van al volante camino de la perdición, y lo que es peor; pretende la tuya, tu perdición..
Un metro me separó del abismo. Un metro menos, y este maldito hijo de puta nacido de una lechuga y un melón verde, hubiera llevado su imprudencia a buen término. Inconscientes hay muchos que pululan por estos tiempos, los producen estos días aciagos, relativistas, como a setas, pero este tenía pinta de general de los ejércitos del absurdo.

¿Qué desayunan estos miserables para llevar tanta mala leche entre cuatro ruedas, ignorando y despreciando al prójimo con sus eructos mentales? ¿Qué pretenden estos imbéciles que se cruzan un semáforo en rojo? ¿Quizás crean que circulan sólo por la carretera de la vida? ¿Tal vez han tenido como yo una noche de insomnio, o, sólo hablamos de un cretino que se adueña del camino por sentirse el chulo de la clase, el chulo de la carretera, el macho alfa que pretende marcar su territorio a meao y vomitadera?

Quizás vaya llegando la hora de cambiar de vida, de hábitos, de parajes, de todo.
Siempre quice vivir en el campo, alejado de casi todo, olvidado por las prisas, que siempre son malas consejeras. Amaneceres claros rodeado de silencio, casa viejas con sabor añejo.

Salones calientes a la luz de la chimenea acompañando el desayuno con pan de pueblo.
Mañanitas de paseo mientras se abre la niebla, cumbres borrascosas, prados verdes, ríos de vida inmortales. Una parada en el camino para probar el almuerzo que me ofrece el pastor amigo que se ha puesto a cubierto de la tormenta que tiene encharcado de anhelos todo el campo. El gruñir de los árboles cuando el viento acaricia sus ramas con más fuerza de la deseada.

A veces siento el vértigo y el resquemor de no estar haciendo lo debido. De no encontrarme en el sitio apropiado, en el lugar adecuado que me marca mi Señor. Y ese sentimiento, a veces, sólo a veces, penetra el tuétano patético de la melancolía y comienza a herir, sólo a herir…, de momento.




2 comentarios:

  1. Bate,¿ Estar en un sitio diferente que el quiere Dios para uno?
    Ónticamente imposible.

    Perdona que sea tan práctica. Además...

    Filomena de Pasamonte.

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