domingo, 11 de agosto de 2013

Un cuadro de William Kurelek (2º versión)

La iniquidad del impío me dice al corazón: 
No hay temor de Dios delante de sus ojos.

El pintor canadiense William Kurelek, nacido en Alberta en 1923 y muerto en 1977, tiene un cuadro que se llama El burro que lleva a Dios.



Este extraño cuadro que rebosa vida eterna y sobrenatural me persigue insistentemente desde hace un tiempo, y cada vez que por la razón que sea, florece mi soberbia y mi inocencia se inunda como un barco a la deriva en una noche polar en la que los arces mamonean, su imagen golpea mi memoria y me traslada mansamente a un estado de vulnerabilidad preocupante. Dios, se ha presentado de la manera más humilde jamás imaginada, y eso, me deja sin aliento, descolocado, postrado de hinojos y postrado de nuevo ante la Verdad. El Don de Temor de Dios, eso que un progre almibarado en las letanías de la mundanidad jamás conocerá, era esto. Dios se nos presenta a lomos de un borriquillo cansado, cruje el costillar de la roca interior que mantiene el Katejón y nos desvela, entre silencios desgarrados y sordos, su inmensa grandeza.

"En mi pensamiento, el burro que lleva a la Virgen de Belén tomó otra forma: Era un animal mudo que portaba a la Palabra y al llevar a la Virgen que lleva a Dios, por lo tanto él era también el portador de Dios. Sus campanillas fueron las primeras campanas de la iglesia , y María fue la primera iglesia, el primer tabernáculo de Cristo."

1 comentario:

  1. Qué bonito, gracias.


    Filomena de Pasamonte.

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