jueves, 8 de agosto de 2013

Profetas de calamidades

del blog Fray Rabieta


Yo lo aborrezco, porque
 nunca me profetiza cosas buenas, sino solamente malas.
 (III Reyes, XXII:8)
 
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades.
(Juan XXIII)
Queridos pasteleros de cuarta:
El progresismo es cosa de estúpidos, de necios, de fatuos. No ha habido en toda la historia de la Iglesia una cosa tan imbécil, tan torpe, tan roma, tan tonta, tan indefendible como el progresismo católico. Sí, me refiero al que se instauró con el Concilio Vaticano II y que todavía tiene (muy poco, en verdad) algún asidero entre nosotros. Acá, en la Parroquia de al lado por ejemplo…
Insisto: se instauró con el maldito concilio, inaugurado hace cosa de cuarenta años atrás por el Gran paparulo, “el Papa Bueno”, ja, ja, (así lo llamaba el mundo, como que a osadas ahora, al que tenemos, lo llaman “el Papa malo”), con un discurso que quiso intitular “Gaudet Mater Ecclesia”: gózase hoy la Santa Madre Iglesia, je. Si así iba a ser el gozo, cómo será la tribulación, je, je. Si así iba a ser “la primavera de la Iglesia”, cómo será su invierno, ja, ja, ja. Qué gozo ni que niño muerto.
Contemplen ustedes el estado de la Iglesia actual, y díganme que llegó la primavera. ¿Flores?, Más bien, flor de quil… bueno, paso.
Y sí, así como al Papa bueno no le gustaban las malas noticias, como aquel rey que odiaba al profeta Miqueas porque nunca le cantaba una buena, se resolvió entonces a disentir de los “profetas de calamidades.” Pero la cita merece una transcripción completa. Aquí va, para delicia de mis oídos:
 De cuando en cuando llegan a Nuestro oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellos no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida […]
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos fuera inminente.
 No creo que en toda la historia de la Iglesia jamás haya habido un Papa que haya dicho tantas estupideces juntas en tan poco espacio. Y eso, delante de la congregación más grande de obispos, en ocasión de la solemne inauguración de un concilio que inauguró un tiempo de calamidades sin cuento: desecración litúrgica, vaciamiento espiritual, innumerables apostasías, reducciones al estado laical, herejías sin cuento, desacralización de todo, racionalismo exegético—¿para qué seguir?, estafas en el Vaticano (¿o ya se olvidaron del Banco Ambrosiano?), satanismo en el Vaticano, homosexualidad clerical, y ahora que sale a la luz, pedofilia… ¿para qué seguir? La primavera de la Iglesia, ya te voy a dar a vos.
“Como si el fin de los tiempos fuera inminente” es una de las frases más desafortunadas que haya pronunciado un Papa jamás. En efecto, Cristo lo dijo, varias veces: “Vuelvo pronto” y como lo explicaron centenares de Padres, de exégetas, de teólogos, el fin de los tiempos siempre es inminente. Lo dijo Newman:
 Es cierto que muchas veces, a lo largo de los siglos, los cristianos se han equivocado al creer discernir la vuelta de Cristo; pero convengamos en que en esto no hay comparación posible: que resulta infinitamente más saludable creer mil veces que Él viene cuando no viene que creer una sola vez que no viene cuando viene. Tal es la diferencia entre la Escritura y el mundo; a juzgar por las Escrituras deberíamos esperar al Cristo en todo tiempo; a juzgar por el mundo no habría que esperarLo nunca. Ahora bien, ha de venir un día, más tarde o más temprano. Ahora los hombres del mundo se mofan de nuestra falta de discernimiento; pero ¿a quién se le atribuirá falta de discernimiento entonces? ¿Y qué piensa Cristo de su mofa actual? ¿Acaso no advirtió expresamente contra quienes así se burlan?
Y el insigne Cardenal pasa a citar a otro Papa que sabía un poquito más que el Gordo Bueno, San Pedro:
En los últimos tiempos vendrán impostores burlones […] que dirán: ¿Dónde están las promesas de Su Parusía? Pues desde que los padres se durmieron todo permanece lo mismo que desde el principio de la creación’… A vosotros empero, carísimos no se os escape una cosa, a saber, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. (II Pet. III:4, 8).     
¿Y bien? No sé qué dirá ahora el Papa Bueno, que Dios lo tenga en Su Gloria y no lo suelte, pero a la vista está lo que vemos, los frutos epónimos del Concilio están acá, a la vista, delante nuestro.
Por sus frutos lo conoceréis. Son frutos condignos con la gran estafa. Comparen ustedes lo que dijo el “Papa bueno” tantas veces, y en público—que la idea de convocar este Concilio había sido una inspiración del Espíritu Santo, ja, ja—y luego lo que asienta en su “Diario” que fue publicado: no, que en realidad había sido una ocurrencia que tuvo en oportunidad de un sínodo en Roma, je, je. ¿Inspiración u ocurrencia? Mis distraídos pavotes, elijan ustedes, yo ya sé qué pensar.
Pero si fue el Espíritu Santo, ¿cómo explicar que siete años después—no es mucho tiempo, bien mirada la cosa—el sucesor del “Papa bueno”, Paulo VI, “Flos florum”, flor de… ¡bueh!… dejémoslo ahí,  este paparulo también de infeliz memoria, dijo que por una grieta había entrado a la Iglesia el humo de Satanás… ¡Linda primavera ésta, la primavera de la Iglesia!
Y claro, no olvidaremos tampoco que hay muchos testimonios de gente que contó que cuando el Papa bueno leyó el tercer secreto de Fátima dijo que si lo revelaba al mundo no podría llevarse a cabo el famoso Concilio… mejor este Concilio que lo que tiene Nuestra Señora para decirnos. Así que Lucía de Fátima fue amordazada, los pastorcitos Jacinta y Francisco, los santos pastorcitos de vidas tan sacrificadas cuan ejemplares, echados al olvido y ¡arripoa! ¡adelante con el Concilio!
Para no mencionar lo que hicieron después, en la malhadada conferencia del 26 de junio de 2000. Espero que en su próximo viaje a Fátima—anunciado para el 13 de mayo—este Papa pueda arreglar el desaguisado en el que él mismo participó, aunque a fe mía, no sé cómo podrá hacerlo…
Como fuere, no hay ninguna duda de que los profetas de calamidades eran estos tres pastorcitos que sólo cumplieron en repetir lo que les había dicho Nuestra Dulce Patrona.
Y hay cosas que les dijo, cosas que ellos comunicaron al Vaticano, cosas que supieron cinco sucesivos Papas y que no quisieron divulgar.
Porque claro, como todos los profetas, eran profetas de calamidades. Como Miqueas, como Jeremías, como Isaías, como Newman, como Castellani, como Belloc, como Bouyer, como… como Cristo.
Pero yo, ¿qué quieren que les diga, mis dormidos babiecas?, yo los quiero especialmente a estos tres, los pastorcicos perdidos de un pueblo de Portugal, y les diré por qué: porque eran buenos.
Por tremendas que fueran las calamidades que anunciaban.
Y ahora están aquí, esas calamidades, aquí, a la vista de todos.
Permítanme pues, disentir con el Papa bueno, que se me hace inminente el fin de los tiempos…
¡La primavera de la Iglesia! Ya te voy a dar a vos, ya vas a ver…
*  *  *

2 comentarios:

  1. "Ya te voy a dar a vos, ya vas a ver…"

    Y a vos, y a vos, ya va a ver...(entre el video y esto, le van a crujir, ya).

    Gracias. A ver si puedo parar de reír...¡Irreverente, malvado!

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  2. Inmimente, inminente... Con inminencias de 40 años ya se puede ser profeta ya! menudocagón...

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