jueves, 1 de agosto de 2013

FRANCISCO: ¿"QUIÉN SOY YO PARA JUZGAR A UN SACERDOTE GAY"?

Cualquier verdadero vicario de Cristo habría informado a la pregunta de los periodistas en su avión: ”Con Dios todo es posible, y alguien que crea que en su orientación es homosexual, puede, a través de la oración y la pureza en la mente y el alma, aclarar sus deseos y descubrir una atracción saludable por el sexo opuesto, enterrada bajo supuestos y delirios impuestos por una cultura que valora tendencias de la moda por encima de la ética bíblica y el ennoblecimiento humano. El homosexual es una persona celebrada en la cultura contemporánea. Esto lleva a las personas a identificarse a sí mismas con la condición homosexual, incluso si en la esencia de su ser, no lo son realmente. Mientras tanto, el fundamento de la sociedad, las madres y padres de muchos niños que trabajan a diario para brindarle a sus familias el sustento y una educación, son vistos por la publicidad y otros medios de comunicación como anticuados poco atractivos, el último tipo de personas a ser imitadas. No esperen que yo abogue por estas patologías”. Esto es lo que Francisco habría dicho si fuera un Papa digno de ese nombre.

Los partidarios progresistas del “Papa Francisco”, se agarrarán del obvio imprudente simbolismo de su declaración e interpretarán sus palabras en sentido amplio, del modo en que lo harán la mayoría de las personas, incluyendo los jóvenes, que las percibirán como – no es moralmente objetable ser un sodomita “si buscas al Señor” mientras lo haces.
Si los sacerdotes homosexuales del Papa fueran de una orientación neo-nazi o ultraderechista en lugar de sodomita, apuesto lo que no tengo que este pontífice les condenaría directamente al hoyo eterno en la barbacoa del Infierno. Pero cuando se trata de sacerdotes que simplemente anhelan el sexo anal (recordemos: condenado por los padres de la iglesia y los evangelios), no es algo que caiga bajo su juicio como mero Pontifex Maximus. Forma netamente de actuar de los sinvergüenzas.



“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.”
(2Ti 3:1-5)
 
 

1 comentario:

  1. "...interpretarán sus palabras en sentido amplio..."

    Nada más peligroso que dejar rendijas por donde se filtre el indeseable causante de El horror a lo mismo.
    La responsabilidad del máximo representante de Dos en la Tierra, le obliga a ser absolutamente preciso en cualquiera de sus declaraciones, apreciaciones, etc, etc. La conducta frívola que nos regala con tanta frecuencia, en sus excesivos chachareos públicos, no tiene un pase.
    Benedicto, en su ¿retiro? debe estar consumido. No sé si de dolor, rabia o impotencia. O todo a la vez. Sólo le pido a Dios estar equivocada y que me perdone, si es así, pero este hombre no me gusta un pelo.

    Sin ser muy de mi agrado, esto escribió Sánchez- Dragó sobre él (y perdón por lo extenso):


    Adversus Haeresem

    CHAPARRONES, apagones, empujones, embotellamientos... Ya ha vuelto el Papa al lugar del que ojalá no hubiera salido. Para soltar tonterías mejor quedarse en casa, ¿no? Descansen los brasileños del aluvión demográfico, vuelvan las garotas en bikini a Copacabana y tranquilícese el pontífice en Castelgandolfo. ¡Claro que, a juzgar por lo visto y oído, igual se niega a veranear donde sus antecesores lo hacían y elige una favela de ilegales en el extrarradio de Roma! Pronto, al paso que va, canonizará a Zapatero, Verstrynge, la Colau, Sánchez Gordillo, Cañamero, Willy Toledo y José Luis Sampedro. Lo del Che aún no se sabe, pero llegará. «La fe es revolucionaria», ha dicho a los pies del Corcovado ese émulo de san Vladimiro Lenin. ¡Y yo que siempre había creído que sólo la razón lo es! ¿En qué estarían pensando los purpurados cuando decidieron instalar en el solio de Pedro, que nunca fue Papa, porque aún no había Iglesia, a un teólogo de la liberación? Otra frase gloriosa: «Pon fe en tu vida y ésta tendrá un sabor nuevo». Sí, como la cocina de El Bulli. A este Sumo Pontífice, cualquier día, le prenden en la bocamanga tres estrellas michelín. ¿Hablábamos de gastronomía? Pues llega el plato fuerte: «los pobres, ha dicho, son la carne de Cristo». ¿De veras, Santidad? ¿No habíamos quedado en que la Iglesia que usted preside es ecuménica, o sea, universal, abierta a todos, sin excepción, y no mide a la gente por lo que tiene, sino por lo que es? Otra guinda (me la sirve un titular): «El Papa critica la legalización de las drogas». Ese buen samaritano saca así los pies de las sandalias del pescador, renuncia al sentido común y se suma a quienes apoyan el narcotráfico, las muertes por sobredosis y adulteración, el fraude fiscal y el derroche de dinero público para sostener una guerra que ya se ha perdido. Peor aún: condena el Papa de ese modo nada menos que el libre albedrío, piedra angular de la filosofía cristiana. ¡Sacrilegio! Para librarse de él tendrá que meter en el Índice a Tomás de Aquino y a todos los santos varones de la escolástica. Creía yo hasta hace poco que el Anticristo era Bill Gates, pero el Papa de la fe ha sembrado en mí la duda. Demagogia electoralista y populismo barato: he ahí la estrategia de este indigno sucesor de Ratzinger y Wojtyla. Aclaro, por si alguien me interpretara mal, que esta columna no va en contra de la Iglesia, sino a favor de ella.



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