martes, 6 de agosto de 2013

El Papa de los gays



Claro que recuerdan el episodio de Jesús con la adúltera: ¿Nadie te ha condenado? Pues tampoco yo te condeno. Vete y no peques más”. Tanto los escribas y fariseos como los discípulos de Jesús y la adúltera entendieron perfectamente que Jesús con esa actitud y con esas palabras no estaba cohonestando el adulterio ni dándole carta de moralidad. Lo que hizo fue perdonar un pecado concreto. Nadie, absolutamente nadie, ni entendió ni pudo entender que le diese barra libre al adulterio.

En cambio, de lo que dijo el Papa sobre la homosexualidad en el avión de vuelta a Roma, es imposible llegar a igual conclusión: más aún, la que están sacando y seguirán sacando todos los medios, tan perneados por el lobby gay, es exactamente la contraria: “homosexual, aunque el catecismo católico condene no tu inclinación sino tus actos, cosa que no tenemos por qué andar recordándotela, yo no los condeno: vete y sigue pecando, que yo seguiré sin enterarme”.

Porque resulta que en el discurso del Papa hay sólo dos cosas: la tendencia y el lobby. Por supuesto que ni el catecismo ni el Papa condenan la tendencia. Pero el lobby es otra cosa: “debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad (es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad), ¿quién soy yo para criticarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby. De esta tendencia, o lobby de los avaros, de los políticos, de los masones…Le agradezco tanto que me haya hecho esta pregunta… Gracias a todos. 

Quien con toda seguridad agradece muchísimo más esta pregunta, es el lobby gay, del que “todavía no me he encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en el Vaticano donde lo diga”. Existir no existirá, eppur si muove: si más no, para conseguir que los expedientes de sus miembros y adictos sean inmaculados. El Señor perdona, claro que sí, pero la maquinaria administrativa y judicial de la Iglesia, igual que la del Estado, ha de contar al menos con la pena de inhabilitación, absolutamente necesaria para que no parezca que la Iglesia es connivente con esos pecados, y peor aún, que en según que cuestiones y con según qué personas, funciona con la mecánica de los lobbys.

La respuesta del Papa a la pregunta de la periodista sobre monseñor Ricca (cuya historia ha dado la vuelta al mundo, como asegura la interpelante) tiene toda la apariencia de una huida hacia delante, ante el error -y el horror- de su último nombramiento. El Papa se enroca en él, explicando que el escandalazo de la vida licenciosa de ese monseñor que ostentaba una altísima representación de la Iglesia, es cosa pasada, que el Señor ha perdonado; y que el expediente de Ricca es inmaculado. El Papa, uno más que se entera por la prensa; pero lo que vale es lo que dice el expediente.

Y para salvar ese nombramiento, en vez de admitir que se ha equivocado y que ha sido víctima de su ingenuidad y de su buenismo, va y se mete en ese jardín de la “tendencia gay” casta e inmaculada, que no es precisamente lo que promociona el lobby gay: que no sólo reivindica el derecho a satisfacer esa tendencia, sino que exige y consigue que sea santificada incluso con el sagrado nombre de matrimonio. Pero eso lo obvia Su Santidad situándose fuera de la realidad: para lo cual se refugia en la realidad virtual y virtuosa que tan bellamente pregona el catecismo. Monseñor Ricca es un eclesiástico normal y corriente, con un pasado normal y corriente, que según la vox pópuli (pero no parece que según confesión pública y fehaciente) es de “tendencia” homosexual. Sólo “tendencia”. Y si algún desliz tuvo en el pasado y Dios se lo ha perdonado ya, porque no hizo mal a nadie con su conducta ni cometió ningún crimen, ¿cómo no se lo va a perdonar el Papa? “Nosotros no tenemos derecho a no olvidar. Lo importante es hacer una teología del pecado.

La conclusión es muy simple: ¿Qué hay del nombramiento de Monseñor Ricca como Prelado del Instituto para las Obras de Religión (IOR)? Pues que está muy bien, que el Papa Francisco se mantiene en sus trece, y que el hecho de que sea de “tendencia homosexual” y de que hayan dado la vuelta al mundo los escándalos que ofreció este monseñor por dar rienda suelta a su tendencia, son cosa del pasado y nada tienen que ver con el acierto de su nombramiento. Porque la Iglesia no condena la “tendencia” homosexual.

¿Y es seguro que el omnipotente lobby gay ha entendido que al asumir el Santo Padre tan bondadosamente ese historial, está defendiendo únicamente la “tendencia”, sin su traslación a la conducta? No se preocupen, correrán ríos de tinta, para desembocar todos en el mismo mar de la homosexualidad a secas (no como tendencia, sino como forma de vida). Y todos también con la misma característica: éste es un Papa reformador, amigo de los gays y de su forma de vida, que no ha dicho más porque no ha podido destaparse del todo; pero sus intenciones se le transparentan, pues apenas las cubre con una gasa sutilísima.

El mundo gay y el lobby gay están de buen año. Tienen un Papa que les comprende, les apoya y les defiende hasta donde se lo permite lo “políticamente correcto” en parámetro católico (ahí están vigilando los carcas para que no se pase; pero ni con ésas).

Es que en la misma entrevista hace una observación muy atinada: “Hay santos en la curia. Aunque también hay alguno que no es tan santo. Y esos son los que hacen más ruido (a ese ruido vulgarmente se le llama escándalo). Ya sabéis que hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece. Y me duelen esas cosas. Hay algunos que dan escándalo. Tenemos este monseñor en prisión, y no ha ido a la cárcel porque se pareciera precisamente a la beata Imelda…No era un santo. Son escándalos y hacen daño. Pone uno juntos a los dos monseñores, y por tal como defiende el Papa a Ricca, cualquiera diría que éste si que se parece a la beata Imelda…


El Papa y Monseñor Ricca
Pero aún hay algo más, que finalmente caracteriza el núcleo duro de la entrevista: a la pregunta de por qué no ha hablado sobre el aborto y sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, que son temas muy candentes en la sociedad brasileña, el Papa replica: “La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre eso, como tampoco sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara. No era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos. Además los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia”. Y ante la insistencia del periodista: “¿Pero cuál es su postura?” El Papa responde: “La de la Iglesia, soy hijo de la Iglesia”.

Es realmente preocupante que el Papa compare el aborto y la dinamitación de la familia mediante la introducción en ella de fórmulas diseñadas para demoler el modelo cristiano de familia, con la estafa o la mentira. Como si se tratase de categorías equiparables. Y que insista en que de eso no hacía falta hablar porque lo importante (el auténtico sello de su pontificado) es hablar de cosas positivas. Y como los chicos ya saben cuál es la postura de la Iglesia… ¿Es que les ha hablado de algo respecto a lo cual desconociesen la postura de la Iglesia?

Y en el contexto de esta misma entrevista, más de uno entenderá que entre las cosas positivas que ha tratado, hay que colocar el elogio velado de la homosexualidad, del que no sólo no ha huido, sino que además ha expresado su gratitud porque se le hiciese la pregunta al respecto. ¿Hubiese agradecido con igual efusión una pregunta que le obligase a hablar abiertamente del aborto?

Andaremos y veremos. Y rezaremos por el Papa, como él mismo pide con insistencia. Porque sabe que no las acierta todas, sobre todo cuando habla sin papeles. 

Virtelius Temerarius

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.