viernes, 14 de junio de 2013

Para el Pontífice de Buenos Aires no existen las personas malas “sino que son débiles y pecadores”

Para el Pontífice de Buenos Aires no existen las personas malas “sino que son débiles y pecadores” y creen que es más fácil “resolver una situación con un insulto o una calumnia o una difamación en vez de por las buenas”. El mal no existe para el Obispo de Roma, contrariamente a lo que venía manteniendo últimamente sobre la existencia del Demonio y que tantos católicos alabaron sin caer en la cuenta que un día Francisco en su extrema confusión (un día declaro una cosa y al siguiente la matizo) confirmaría todo lo contrario, negaría el mal, al Demonio. La maldad intrínseca, diabólica, no la vamos a encontrar en un insulto que una persona violenta lanza a otra por saltarse un semáforo o en una calumnia de patio de vecinos como ladinamente pretende hacernos creer Bergoglio. No, la maldad está en el que asesina a un hermano o viola a una mujer Pero está ahí, en el alma Y son personas, malas, pero personas. Seguramente Bergoglio tenga entre sus libros de cabecera algún texto del errado rousseau. La teoría del buen salvaje que tanto daño ha hecho, que manoseó hasta la nausea el marxismo y el progresismo anticlerical, en manos de un papa, lo que nos faltaba por ver.  Al sufriente padre que le han asesinado al hijo que le vayan con el cuento de que el asesino no es mala bestia ni está corrompida por el Mal hasta el tuétano que une los huesos con el alma, mire usted, simplemente ocurre que el muchacho era "débil y pecador".  Y por tanto, habrá que perdonar al que mató a tu hijo, no?.

Este cuento ya viene de antiguo, me lo conozco, me lo han contado miles de veces, y es de uso común en esta España hundida en el relativismo moral y ético. El cuento se llama reinserción de la malas bestias en la sociedad mientras las víctimas siguen sufriendo en silencio la indignidad de ver en la calle al puto asesino que masacró a su ser querido. Una obra eminentemente diabólica. No digo más... No te digo más, Francisco.

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