jueves, 13 de junio de 2013

Más sobre "Chochito de oro" .

Oros

Pie sorayo

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la política española, lo que no suele conseguir la corrupción, lo ha conseguido la corrección (la “corrección política”, una de las perlas del marxismo-leninismo): poner en fuga a un concejal por hacer sinécdoques con una miembro del gobierno.

    ¿Miembro, como diría don José María Pemán, o miembra, como dijo que hay que decir doña Bibiana Aído, por citar a dos autoridades de Cádiz, sede de la real “academia del gay motejar”?

    –Ésa no es de Cádiz –contestó entonces, a lo Caracol, Antonio Burgos.
    
No podía ser de Cádiz, según Burgos, si decía que el femenino de miembro es miembra y no chupapiera, “también llamado toto o totete”.
    
Tampoco es de Cádiz el concejal en fuga de concejalidad, pues se llama Xaquín Charlín, es paisano de Camba y al mezclar oro y gastos vicepresidenciales en ginecología le salió un chiste de cantina que le ha costado la maldición de Mallarmé en su “Soneto en ix”:

    –Un or néfaste incite pour son beau cadre une rixe
    
No me pregunten cómo se traduce porque eso sólo lo sabía Octavio Paz. Quedémonos con lo que de veras cuenta, que es el oro nefasto para Xaquín.

    Como activista de izquierdas, Xaquín ha de saber que la moralización del oro y su transmutación en signo fue paralela a la expulsión de las palabras sucias del lenguaje y a la popularización del excusado inglés.

    –La banca y el WC –resume Octavio Paz– son expresiones típicas del capitalismo.
    
Si estas apreciaciones ideológicas no fueran consuelo bastante para un concejal cesante, sepa Xaquín que España es un país levítico.

    En la correspondencia de don Juan Valera que el Doctor Thebussem guardaba en un cajón, el autor de “Pepita Jiménez” se refería (de puño y letra) a un compadre suyo de Cabra con el nombre de “Polla Santa” porque tenía tres hijos: “las dos de ellas monjas, y el varón, seminarista”.

    Con la vicepresidenta del gobierno, persona joven que cita a Torres de Villarroel, Xaquín ha pagado el pato de Iñaki, el grosero supremo.

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