miércoles, 19 de junio de 2013

El tercer milagro de Francisco Franco



(Letras azules mías)

Cuenta la esperanza blanca del periodismo patrio, M. Jabois en el artículo de hoy en El Mundo que "Eduardo Rolland (que no sé quién carajo es ni me voy a levantar a mirarlo) contó en el Faro de Vigo cómo una vez Franco inauguró un hospital enorme (vaya, este malvado dictador aparte de pantanos inauguraba hospitales, qué sorpresa...¿Algo más?)  que se había llenado de enfermos imaginarios la noche anterior para dar imagen de operatividad. Franco, que se presentó con gorra de marinero para sugerir que el tema de conversación debía ser el atún de 320 kilos que pescó días antes (si llega a presentarse con una escoba hubiese sugerido que el tema de conversación giraría alrededor del esoterismo celta), llegó a decirle a un enfermo que tenía un gran aspecto y que pronto se recuperaría. El hombre se levantó, se vistió y se marchó (¿Y si era Lázaro?) dando origen al segundo milagro que se atribuyó a Franco en vida." ( Yo conozco un tercer milagro, Jabois, y es, el que protagonizó un hombre tan poco cosa, medio lelo para la progresía y los comunistas de ayer y hoy, de voz aflautada y poco varonil, ganándoles por goleada la Guerra Civil a un ejército popular lleno de héroes aguerridos, viriles, poetas, intelectuales, trovadores, gente sabia y erudita y demócratas de vidas limpias e impolutas. Eso sí que fue un puto milagro, niño. Ese hombre, Jabois, se llamaba Francisco Franco, el protagonista de tu coña marinera, y el solito, escucha atentamente, con todas sus taras y debilidades que traía a cuesta dirigió la victoria del ejercito nacional contra la flor y nata de vuestras melancólicas alucinaciones).

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