miércoles, 6 de marzo de 2013

Sobre un articulo de Manolito Jabois

En donde nos cuenta a su modo como recién salido del sobre y sin pasar por la ducha que un lector le pregunta "por qué no ha dicho nada del Papa". A lo que le responde la gran esperanza blanca del periodismo (no les digo nada de cómo será el resto) y niño mimado de los arrejuntaletras: "En pijama y con el bachiller, a la una de la tarde tras salir la noche anterior, no me coincidió hacer balance del Papa". Qué tío. Estaría echando horas en la redacción, digo yo, que la cosa está muy achuchá. Aún así, hay que ser más flojo que un muelle guita y moverse menos que los ojos de Espinete para estar holgazaneando a esas horas en la cama, Manolito. La gente decente a esas horas labora et ora. También cuenta "perezoso" Jabois una jugosa anécdota que podrá rememorar a sus nietos el día de mañana, qué tío: "en marzo de 2005, paseaba por la plaza de San Pedro y de repente, cuando estaba de espaldas, salió al balcón Juan Pablo II, bendijo a todo el mundo y se metió para adentro como alma que lleva el diablo (muy propio). Mi pareja (¿novio, novia, guardiamarina?) no sabía cómo decirmelo "¿Qué fue eso?", pregunté, "Nos acaban de bendecir, Manu" .

Guau, cómo mola... ¿Qué puñetas, me pregunto, esperaba el infante pazguato que escribe para Pedro J que le cayese a la peña un domingo por la mañana en la plaza de San Pedro de Roma, una maldición o la pedrea de la lotería de Navidad? ¿Y qué hacía este despistado en ese lugar?, me barrunto que mamar cultura, arte y belleza a marchamartillo. Sea lo que sea, es muy difícil pasar en este país de gilipollas por rebelde, con o sin causa, si antes no le das a la Iglesia su merecido; en todos los morros, más fuerte que te están mirando y hay que hacérselo perdonar. Hasta los que parecen más listos, caen en el mismo error de confundir lo eterno con lo breve, la parte por el todo, en un interminable y cansino ejercicio circense de sinécdoque. Me acuerdo del gran Papini y se lo aplico a Jabois, por canelo:                                      

                                                                                     Su memoria está por doquier.
En las paredes de las iglesias y de las escuelas,
en las cimas de los campanarios y de los montes,
en las ermitas de los caminos,
a la cabecera de las camas y sobre las tumbas,
millones de cruces recuerdan la muerte del Crucificado.
César ha dado, en sus tiempos, más ruido que Jesús,
y Platón enseñaba más ciencias que Cristo.
Todavía se habla del primero y del segundo;
pero ¿quién se acalora por César o contra César?
Y ¿dónde están hoy los platonistas o los antiplatonistas?
Cristo, por el contrario, está siempre vivo entre nosotros.
Hay todavía quien le ama y quien le odia.
Hay una pasión por la Pasión de Cristo y otra por su destrucción.
Y el encarnizamiento de tantos contra Él dice que no está todavía muerto.
Los mismos que se esfuerzan en negar su existencia y su doctrina
se pasan la vida recordando su nombre.


4 comentarios:

  1. Llegados a este punto, don Bate, no se quién me divierte más, usted o el "canelo" ése del que habla, je, je, je!!!!
    A mí , ya sabe, me gusta cómo escribe Jabois, en general(o sea, a veces no tanto), y procuro saltarme esos coletazos de irreverente sin, o con, causa (que él sabrá). No me tomo al pie de la letra todo lo que cuenta, porque me da que hay más pose que figura. Pero..para gustos. ¡Se le va a hacer!

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  2. "porque me da que hay más pose que figura" Estos son los peores, Gaugamela. Tampoco puede alegar el chaval de la tiza falta de sesera ni de estudios. Osea no, que la pose cobardica y pazguata le chorrera a borbotones (nada que ver con los borbones)

    Un abrazo, y un honor poder divertirla.

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  3. Esto me recuerda una anécdota, de cuando el conclave que eligió a Benedicto XVI. Un periodista (vasco) que cubria el evento explicó; "y ahora el Santo Padre Electo impartirá la bendición Ongi Etorri"...

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  4. Jua juas, buenísimo Sr.IA, y muy propio. Ahora lo suyo sería saber qué viene a significar en cristiano "Ongi Etorri", me suena a Viva Eta, para no variar.

    Un saludo

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