domingo, 24 de marzo de 2013

El constructor de iglús -2º parte´-


Fernando Villanublua Cáceres nació en el año del Señor de 1954 en Barruelo de Santullán, provincia de la invicta Palencia, tierra de hombres, y mujeres, España (UE), sépanlo. El artefacto amarillo que porta en sus dulces manos franciscanas no es un canario muerto, ni un trasunto de plátano podrido, qué va, es nada más ni nada menos que una máquina de hacer fotos chungas comprada esa misma mañana a toda prisa -me lo confesó- en el chino de su barrio, Leganés, por 2, 50 €. Fer, es de Lega. Desde que lo jubilaron, o se dejó jubilar, dedica todo su tiempo a la vocación que le corroe las venas desde pequeñito, el hielo. Fernando Villanubla Cáceres en vez de sangre por sus venas, para que se hagan una idea, tiene cubitos de hielo, y por esa razón, en vez de Blancanieves, su princesa soñada es una muñeca de nieve -me lo confesó- . Y la matrona - la señá Bartola- que asistió a su señora madre el día que vino al mundo dijo asustada, por esa razón, que en vez de la cabeza de un humano creía que traía al mundo un trozo del iceberg que derrumbó la barca de Francisco. Menuda elementa. Al igual que los inuits, esos panchis del polo norte, Fernando Villanubla Cáceres puede clasificar la nieve en 23 grupos. Nieve virgen, violada, nieve primavera, otoñal, nieve polvo, camino, nieve blanca, nieve petroleo, glasé, azucarada, etc... ,y así hasta que salga el sol. De medianoche, de mediodía, etc.. (Y una cosa que molará a las chicas que leen este blog; Fernando Villanubla Cáceres, mi compadre que surgió del hielo, usa una 34)

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