jueves, 21 de marzo de 2013

Arvo Pärt

Llego a Arvo Pärt, músico estonio nacido en 1935, como sucede con las cosas importantes, de casualidad. Allá por un caluroso verano más pringoso de lo habitual de no recuerdo qué año, me encontraba cazando mariposas para mi coqueta colección por un agradable campo de vigorosas amapolas. Reservo un día del año, el que sea, un lunes por ejemplo, para cultivar la afición predilecta de Vladímir Vladímirovich Nabókov. El género BATESILLUS fue nombrado en mi honor por la Academia Mundial de Entomología, así como otras mariposas, especialmente de los géneros Madeleinea y Pseudolucia. Parapetado del sol apocalíptico y romano tras un larguirucho abeto enhiesto llegó a mis oídos, aún quejumbrosos por el concierto del día anterior, una dulce melodía entonada por ángeles turiferarios que desfilaban por el bosque misterioso envuelto en la bruma de las primeras horas camino de alguna batalla infernal. Una vez llegué a casa, puse en el tocadiscos -hablamos del lejano, destructivo y melancólico siglo pasado- un vinilo que encontré casualmente días atrás en un contenedor verde de basura perecedera que apestaba a perros muertos. Guardaba la música en sus entrañas la misma melodía jactanciosamente machacona que los angelitos cantaban.






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