jueves, 7 de febrero de 2013

Las pistas de Dios


Salvador Sostres
Volvemos de almorzar con unos amigos de mi mujer en un restaurante rural y sin embargo digno. El sol se pone entre el mar y la autopista. Teñimos de oscuro por donde pasamos y parecemos correr hacia la última luz del día. Mi mujer conduce y mi hija duerme.
Luego nos volvemos locos por cualquier cosa y nos perdemos dando importancia a asuntos que no la tienen y a personas que de ninguna manera la merecen. Pero la vida es perfecta y sólo se trata de que sepamos comprenderlo. Hemos viajado muy lejos para aprender a ver lo que teníamos muy cerca.
La angustia hace estragos, el miedo nos paraliza, nunca más he vuelto a dormir tranquilo desde que ya sé que la muerte no es morirme sino que algo horrible le suceda a mi hija.
Estamos hechos de imperfección e incertidumbre, de inquietud y temblor, y hay demasiada tristeza a nuestro alrededor. Pero mi mujer conduce hacia el horizonte turquesa y naranja, mi hija duerme con la paz de quien todavía no ha leído un libro y no sé qué más podría pedirle a Dios. Es bueno recordar de vez en cuando que hemos sido agraciados muy por encima de nuestras posibilidades.
Sirve de mucho la próxima vez que tenemos la tentación de enfadarnos o de quejarnos, o de concentrarnos en nuestra pequeña injusticia. Sirve de mucho para ir aprendiendo a ser un hombre. La Gracia de Dios es compasiva y es compasión lo que nos reclama. Del mismo modo que Él nos quiere y nos regala atardeceres pese a nuestra infinita cantidad de defectos, nosotros tenemos que ser generosos también con la imperfección ajena, con los baches de un mundo en permanente sufrimiento.
Creemos que son regalos, y en cierto modo lo son, pero lo que sobre todo nos deja Dios, y así tenemos que entenderlo, son pistas para que comprendamos nuestro deber de comprensión y amor. Reflejos de su grandeza para que intentemos la nuestra, aunque nunca le alcancemos. 
Un matrimonio es un sacramento y una familia no es una comuna. Si crees que vienes del mono, habla por ti. Hay un diseño inteligente y negar la trascendencia es negar lo más potente de ti mismo y perder tu tiempo. Dios da miedo porque es un reto. Todo el mundo reclama libertad pero nadie quiere escuchar el grito de su exigencia.
Casarse es casarse por la Iglesia, comprometerse con tu mujer ante Dios. Casarse es estar a la altura de un compromiso que nos trasciende, comprender el valor de la palabra "siempre", y aprender a aguantar y a ser fuerte más allá del capricho del momento. Ser padre es mucho más que una circunstancia biológica o una responsabilidad legal. 
Dios te lo recuerda en crepúsculos como éste, mientras tu mujer conduce y tu hija duerme. Puedes no escucharle, pues Él te hizo libre de no atenderle. Pero cuando te parezca que la vida es absurda o carece de sentido, y los días te parezcan repetitivos, no te quejes y recuerda que el alma y la espiritualidad es lo que nos diferencia del mono del que crees que vienes.  (grande Salvador!!).
Tal como el palo lanzado por el chimpancé llega ser nave espacial, el simio cuando abraza la Cruz alcanza la Humanidad.

3 comentarios:

  1. Lo que nos pasa es que a veces no vemos las 'pistas' que Dios nos da, a menos que sean como la copa de un pino de grandes. Y entonces nos sentimos tristes o nos 'victimizamos'.

    Es precioso lo que dices y cómo lo dices.

    Un abrazo!

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  2. Cuando lo leí, me quedé sin palabras. Aún no las he encontrado.

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  3. Deberías pegar sólo el enlace, ahorra espacio.

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