miércoles, 30 de enero de 2013

El grito silencioso

* (Esta clarificadora entrada va especialmente dirigida al o la comentarista anónima que estos últimos días ha tenido la deferencia de visitar este humilde blog. Creo, por algunas pistas que ha ido dejando el besugo o la besuga, que sé de quién se trata. Puro desecho de tientas, para qué vamos a decir otra cosa. Nunca pensé que se pudiera caer tan bajo, pero se puede, vamos si se puede. Este youtube que dejo te hará mucho bien, no dejes de visionarlo, y tal vez, quién sabe, te baje por un momento de la soberbia que caracteriza tú inmunda vida. Aún así, estoy obligado a rezar y a pedir por la conversión de mis enemigos. Ya ves, me he vuelto un tío importante, ya tengo hasta enemigos, aunque se trate de uno tan poca cosa y con tan poca sustancia como tú. “Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien”Baltasar Gracián)



4 comentarios:

  1. Maravillosa cita, don Bate, de un autor algo olvidado, pero la mar de sustancioso. Ánimo. No se deje vencer por esos "pobres de espíritu" que tan bien le quieren. No le merecen.

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    1. Ya me conoce, Dª Gaugamela, a mi estos ataques me ponen y me suben la autoestima. Efectivamente, Gracián es maravilloso. Una joven promesa eterna.
      Un abrazo.

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  2. Me encanta que sigas sin complejos y proclamando las verdades. Me copio la fabulosa cita de Gracián, para enviarséla a otros que también me lanzan sus dardos. A ver que día encontramos respuesta a que se escondan bajo el anonimato....Sigue sembrando así, algunos te admiramos por ello.Un abrazo

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  3. Gracias Angelo St. Hay quien se dedica a sembrar viento, y otros como tú, en cambio, se dedican a sembrar esperanza en este estúpido mundo que ha perdido el verdadero sentido de la vida. Unos recogen tempestades y otros, como tú, recogerán los benditos frutos que nos prometió aquel que murió en el madero.

    Un abrazo, hermano.

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