domingo, 1 de julio de 2012

JURAMENTO DE FIDELIDAD AL ASUMIR UN OFICIO QUE SE HA DE EJERCER EN NOMBRE DE LA IGLESIA

PROFESIÓN DE FE

Yo, José Manuel Guerrero Calzon, creo con fe firme y profeso todas y cada una de las cosas contenidas en el Símbolo de la fe, a saber:

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal.

Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.

Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.


JURAMENTO DE FIDELIDAD AL ASUMIR UN OFICIO QUE SE HA DE EJERCER EN NOMBRE DE LA IGLESIA

Yo, José Manuel Guerrero Calzon, al asumir el oficio, prometo mantenerme siempre en comunión con la Iglesia católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar.

Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones a las que estoy comprometido con la Iglesia tanto universal como particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio, según lo establecido por el derecho.

En el ejercicio del ministerio que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, conservaré íntegro el depósito de la fe y lo transmitiré y explicaré fielmente; evitando, por tanto, cualquier doctrina que le sea contraria.

Seguiré y promoveré la disciplina común a toda la Iglesia, y observaré todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.

Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con ella.

Que así Dios me ayude y estos santos evangelios que toco con mis manos.

La Rojigualda


              

P            Propongo seriamente llamar a la selección nacional de fútbol la Rojigualda. Es mucho más certero y justo para con los colores de nuestra bandera nacional y, de camino, eliminamos las reminiscencias soviéticas que se traen los aperroflautados fatiguitas de los medios de comunicación con lo de la Roja. ¡Dios santo!, lo que tiene que ser que un comisario político que te sigue de cerca y te vigila, te susurre al oído que a partir de ahora la que siempre ha sido la selección española de fútbol, o simplemente, España, a partir de ya, digo, -recuerda el susurro, y tu curre- y para agradar a los ingenieros sociales y la piara sociata, pase a llamarse La Roja, así, con dos huevos. ¿Es qué no se les cae la cara de vergüenza a estos pesaos? pero si aquí, en la calle, en los trabajos, en la vida real sin manipulaciones nadie la llama así, por mucho que lo intenten y lo repitan estos murgas. Se supone que son profesionales, coño, que son imparciales, joder, que no van a dejarse abochornar por el primer cantamañanas político  que salga a su encuentro en la redacción y  les diga y les susurre dulcemente a la oreja que España, la nación española, es "un concepto discutido y discutible" y que, como tal engendro jurídico político es inviable, invisible e inservible, no merece llamarse como se le ha llamado toda la puta vida; España. Dan asquito.