lunes, 15 de octubre de 2012

Teresa de Ávila, una santa con todos sus avíos.

El arte y el sentimiento religioso que produce el Siglo de Oro español, es la manifestación más sublime del conocimiento de Dios por el hombre. Si en la imaginería, nos encontramos a un Juan de Mesa que es capaz de crear al mismísimo Gran Poder de Dios en la tierra, en las letras y la mística, no podemos pasar por alto la capacidad de acercarnos a Dios de una monja casi analfabeta, pero con la pasmosa sabiduría que infunde estar cerca de su Gloria, Teresa de Jesús. 

Hoy los creyentes católicos recordamos y celebramos el día santa Teresa de Jesús, y los que no creen, pero reconocen el valor, la eminencia y la venerable personalidad de esta mujer, el de Teresa de Ávila. Los profundísimos, como su penetrante mística, y abigarrados escritos de Santa Teresa subrayan sobre todo el espíritu de oración, la manera de practicarlo y los frutos que produce. 

Escribió el "Camino de Perfección" para dirigir a sus religiosas, y el libro de las "Fundaciones" para alentarlas y edificarlas en la Fe. En cuanto a "Las moradas del Castillo Interior" o simplemente, "Las Moradas", se puede considerar que lo escribió para la instrucción de todos los cristianos.  Tampoco debemos olvidar, su alta poesía, que aunque breve y corta de producción, es digna de señalar, ya que su lectura, deja el mismo efecto arrebatador en el alma sedienta de Luz que la beatífica visión que nos tiene prometido el que murió por nosotros en el santo madero. 


Incluso le dio tiempo, a la muy andarina santa española, entre fundaciones y viajes de hablar de mi tierra, y no muy bien, por cierto, que todo hay que decirlo: "Las injusticias que se guardan en esta tierra -escribe en Sevilla el 29 de abril de 1576- es cosa extraña, la poca verdad, las dobleces. Yo le digo que con razón tiene la fama que tiene… Confieso que la gente de esta tierra no es para mí". 



Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra, pues que me llamastes,
Vuestra, porque me esperastes,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?





(Como no entiendo el islandés, ni el dialecto medio esquimal medio inventado que usan estos tipos, Sigur Ros, en sus canciones, siempre he querido pensar que esta celeste canción estaba dedicada en el fondo a ella, a nuestra santa)





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