sábado, 20 de octubre de 2012

La felicidad de la apariencia

Artículo publicado en Archipielago Duda

Un mundo sin principios es un mundo regido por las modas. El ciclo de las modas empieza siempre por adinerados aburridos, que encuentran cierta excitación en romper las convenciones, porque así se hacen la ilusión de distinguirse de la gente vulgar. En una segunda fase, las masas acaban adoptando la nueva moda, lo cual obliga a los ricos a adoptar alguna otra moda para recuperar la distinción. Y vuelta a empezar.

Algunas modas son pasajeras, pero no todas. Existe un efecto progresivo en el terreno de las costumbres, por el cual, determinadas innovaciones sientan precedente para ensayar otras más osadas. Esta es la razón por la cual la Iglesia se oponía a las llamadas, hace unas décadas, "relaciones prematrimoniales". El resultado confirma que la Iglesia tenía razón. Hoy la expresión ha caído en desuso, por la sencilla razón de que el matrimonio ya no es la institución de referencia en las relaciones entre hombre y mujer. Cada vez se casa menos gente y los matrimonios duran menos. Y en todo caso, ¿para qué ensayar la convivencia, si de todos modos no hay impedimento alguno para disolverla a los poco meses de la boda?

Pero la espiral de las modas continúa. Junto al matrimonio homosexual, el siguiente paso es destruir la intimidad del matrimonio, para convertirlo en algo en lo que pueden inmiscuirse terceras personas. Un ejemplo lo proporciona el reportaje del Magazine de El Mundo de este domingo, que habla de los álbumes fotográficos de la noche de bodas: "Último grito", "ahora es lo que se lleva", "cada vez se demanda más en Estados Unidos", etc, son algunos de los latiguillos en los que abunda el texto. Como es habitual en estos casos, se insiste en que no hay un "perfil" del cliente que demanda una sesión de fotos eróticas con su pareja, en un día tan señalado, que "hay de todo". Y se trata de desvanecer cualquier otra prevención, asegurando que no se llega al "sexo explícito". Pero si se llegara, no duden en que tanto el periodista como el profesional interesado (el fotógrafo que obtiene suculentos encargos) exclamarían, con falsa inoncencia: "¿Qué hay de malo en ello, mientras no se difunda sin consentimiento de los clientes?"

Lo tristemente irónico del caso es que posiblemente, la mayoría de matrimonios que se prestan a esta marranada (permitan que llame a las cosas como me plazca), se disolverán en poco tiempo, si atendemos a las estadísticas. ¿Qué ocurrirá entonces con esas fotos? ¿Acabará viéndolas el nuevo novio o la nueva novia? ¿Tendrán que pasar por ese trance, como el amante que no puede evitar leer en la penumbra, en el hombro o espalda de su pareja, en pleno acto sexual, el nombre tatuado de una anterior pareja?

Todo ello no hace más que contribuir a deteriorar aún más las relaciones entre hombres y mujeres, a convertir el sexo en un motivo de sórdidos pensamientos, a hacer más difícil que existan parejas basadas en una relación pura, sin las rémoras de un pasado poblado de experiencias no compartidas, en una forma de onanismo a dúo. La banalización del sexo lo convierte en algo que no es cosa de dos, en algo de lo que se habla sin pudor, y hasta se difunde audiovisualmente. Los sexólogos recomiendan las fantasías sexuales, aunque sean con personas distintas de la pareja, y animan a utilizar material pornográfico para mejorar las relaciones. Algunos psicólogos, como Rafael Santandreu, relativizan explícitamente la importancia de la fidelidad, considerando los celos como una idea irracional, incluso cuando están fundados. (Véase su libro, estimable en otros aspectos, El arte de no amargarse la vida, una exposición para el gran público de la psicoterapia cognitiva.)

El abandono de los "prejuicios" tiene siempre como fin último confesado la felicidad. Pero existen razones empíricas abundantes para preguntarse si el resultado no es exactamente el contrario. ¿Qué es más feliz, un matrimonio estable que dura toda la vida o el tipo de emparejamientos efímeros que hoy parece ser la norma? Y los niños ¿en que ambiente crecen más felices, en el de una familia "tradicional", o debiendo desde temprana edad convivir con el nuevo noviete de la madre, o la novieta del padre?

Por supuesto, podemos defender una felicidad de mínimos como hace Santandreu, es decir, autoconvencernos de que es muy poco lo que necesitamos para ser felices. ¿Que tu mujer o tu marido te ponen los cuernos? Bueno, no te vas a morir por eso, indudablemente. Pero una voz interior, por mucho que pretendamos acallarla, nos dice que en algún momento nos hemos extraviado por un camino de irresponsabilidad, un camino que prometía placeres fáciles, sin efectos secundarios, pero en realidad acaba conduciendo al desamparo, a la carencia de amor auténtico. Quizás no seremos del todo desgraciados, pero relativizándolo todo tampoco conoceremos la plena felicidad, y además tampoco podremos eludir el dolor o la enfermedad.

Sé cuál es la réplica del moralismo secular a estas reflexiones. Que las personas tienen derecho a elegir su modo de vida. Pero nadie niega eso. Nadie dice que haya que obligar a nadie a seguir el camino de la moralidad católica. Todo lo contrario, el cristianismo se basa en dos o tres ideas fundamentales, entre las cuales se encuentra la libertad última para elegir entre el bien y el mal. Pero que no nos pinten de color de rosa las alternativas, que no nos vendan la moto de una felicidad de la impúdica apariencia, sin otra referencia que la inmediatez, aunque quede congelada en la falsa eternidad de una fotografía.:


17 comentarios:

  1. Qué casualidad. Ayer encontré, después de muchos años sin saber de su vida, a un amigo que, entre otras cosas, me habló sobre el dulce y tortuoso camino de la infidelidad. Un camino que le llevó del cielo al infierno, sin mediar paréntesis. Pudo desandarlo, pero por el camino dejó, hecha jirones, su vida y la de quienes le querían de verdad.
    Fue un encuentro intenso. Y un aviso para navegantes que creen descubrir lo que ya ha sido explorado.

    Dicho lo cual, el tema es harto complicado. Al menos para mí. El asunto de las relaciones de pareja es tan retorcido como el propio ser humano, y tal vez eso le convierta en el núcleo en torno al cual gira la vida misma.

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  2. Entiendo perfectamente el calvario por el que ha pasado su amigo, Gaugamela, ya que yo pasé por uno de similares caracteriztica, pero, el mío, a diferencia del de su amigo, sin cuernos ni infidelidades. Se acabó lo que se daba, el amor, y final de un capítulo algo turbulento que apunto estuvo de arrasar mi vida.

    No obstante, debemos remarcar que nadie le puso un cuchillo en el cuello a su amigo para que aceptase, y con ello el tormento, la infidelidad. Ay, el libre albedrío. En cierta manera serle infiel a la persona que te prometió fidelidad es hacerle una gran putada. En cierta manera, la infidelidad es una enfermedad del alma que sólo se cura realmente cuando recoges lo que has sembrado: dolor, amarguras y tormentos. Decía Chesterton un sabio católico- que había conocido muchos matrimonios felices, pero ni uno solo compatible. Toda la mira del matrimonio es combatir durante el instante en que la incompatibilidad se hace indiscutible y sobrevivirlo.

    Estamos perdiendo por este camino de lodo por el que transitamos, valores y principios que nos procuraba una defensa en forma de asidero moral al que agarrarnos cuando la cosa se pone sería. Caemos en la diabólica tentación (de cualquier naturaleza) con la misma facilidad con la que un niño de pañales se hace caquita.

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  3. No, supongo que nadie le amenazaría (je, je).
    Ya sabe lo de la carne débil y demás. Y no estoy yo tan segura de que, en algunos casos, esa"enfermedad" se cure. Somos de tropezar bastante con la misma piedra.
    Lo de las incompatibilidades creo que es rotundamente cierto. Porque, dígame, quién es el tipo/a que, en los inicios de una relación, se plantea "fríamente" diseccionar psicológicamente a la otra persona, sus hábitos, costumbres, gustos, manías, fobias, etc. Sí, supongo que se la va conociendo a grosso modo, pero, en profundidad... Somos arcas cerradas e incluso nos resulta difícil y doloroso adentrarnos en nuestro propio yo, cuanto más para mostrarnos transparentes a los demás. A veces suena la flauta, sí, pero casi siempre es necesaria la generosidad, la paciencia, el humor, la humildad y la fortaleza para sobrellevar esas curvas en las que nos apetecería salirnos por la tangente y volver a experimentar la sensación de vértigo de la primera vez.

    Y siento que pasara por aquello, don Bate. No puedo decirle más. Bueno sí, que deseo que lo haya superado. Aunque sè que no es fácil.

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  4. Bien, he salido como anónimo. Qué dedos, y qué torpe, Señor!

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    1. (Con un estilo tan templado, pulido y claro en su escritura, aunque no hubiese salido su nick, sabría que era usted, Gaugamela).

      "Y siento que pasara por aquello, don Bate. No puedo decirle más. Bueno sí, que deseo que lo haya superado. Aunque se que no es fácil"

      Com bien dice, no es fácil ni cómodo, y más, cuando hay hijos por medio, mi caso. Pero mire, aún así, querida amiga, sigo pensando y manteniendo que la institución matrimonial sigue siendo el mejor baluarte en el que anclar una vida sosegada, y el mejor lugar, sin dudas, en el que los niños se sientan seguros y protegidos.

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  5. Tal vez todo se sintetice afirmando que para esta sociedad relativista y dañina los niños han dejado de ser lo más importante de la vida de sus padres. Tampoco importante,los niños, que se les elimina incluso antes de nacer. Y para más INRI, respaldado por el Estado al convertir ese silenciado genocidio en un Derecho. Un derecho masacrar a tú hijo. Verdaderamente esta época que nos ha tocado sufrir está enferma.

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  6. Sí, lo de convertirlo en un derecho, ha sido la puntilla. Poner el lenguaje al servicio de la política es el legado de los nuevos tiempos. Una manera de acomodar el relativismo imperante. Ése que terminará por abocarnos a la destrucción de nuestra sociedad.

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  7. Desde luego te quedas perplejo, o como diría mi madre con “con las patas colgando” cuando te enteras de la falta de seso (que no de sexo) que despliegan muchas parejas, jóvenes y no tan jóvenes, a la hora de conducirse en sus relaciones, y del mínimo reparo, porque el rubor “no existe” -y no está bien visto-, que tienen en proclamar y poner a disposición del éter sus intimidades.

    Estando muy de acuerdo con lo que habéis comentado, creo que cada uno debe dar cuenta de sus propios actos, y antes que a nadie, a la conciencia de cada cual. Por supuesto todos nos equivocamos y nos podemos dejar llevar por el proceloso terreno de las relaciones de pareja: para bien y para mal somos humanos. No se trata de racionalizarlo todo como apunta en el libro "Cómo la vida imita al ajedrez” Garry Kasparov, aunque la experiencia de la vida convierta a muchos en desconfiados y recelosos. La comprensión y la generosidad deben estar siempre a mano como bien dice Gaugamela. No hay que crucificar ni atormentar a nadie. Creo que en el pecado se lleva la penitencia, pero sin dramatismos.
    En esto como en todas las relaciones humanas la norma es sencilla, pero fundamental: no le hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti.
    Todos tenemos derecho a poder rehacer nuestra vida personalmente, y también por los que nos rodean y dependen de nosotros.

    Buen y tremendo tema.
    Te sigo siempre. Un abrazo.

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    1. Joer!, Morat, qué gustazo verte por aquí!.

      Pues sí, amigo, la gente ya no se quedan, como dice tu madre con to el arte del mundo (un abrazo de mi parte a esa mujer),“con las patas colgando” de vergüenza, cuando se entera de la falta de seso y cordura que usa la mayoría de la ciudadanía (jeje jeje) en sus relaciones amorosas, personales, familiares, etc. Para quedarse con las vergüenzas colgando, antes, debe existir un rubor, una vergüenza y un bochorno concebido y dirigido hacía el mal comportamiento. Siempre digo que una sociedad que da cabida a cualquier experimento sociológico, por muy aberrante que este sea, acabará indefectiblemente expulsando de su seno la vergüenza, el rubor y el decoro que la mantiene vigorosamente decente. Un pequeño ejemplo: el interventor de un tren le pide a un niñato –de más de 40 años- que por favor se ponga la camiseta maloliente para viajar. El niñato –de más de 40 años- se niega, que no le sale de los huevos ponérsela, que si su libertad patatin, que si el interventor es un fascista patatán y todo en este entrañable plan. Pero lo peor no fue el insufrible comportamiento baboso y chulo del niñato –de más de 40 años-, sino la reacción de la mayoría de viajeros. Comenzaron a salir de su madriguera los clásicos abogados de las causas justas a reprender al interventor con los mismos argumentos que presentaba el niñato –de más de 40 años-, que si su libertad ha sido aplastada y patatin, y que si el interventor es un fascista, patatán y vuelta a empezar. ¿Qué podemos hacer ante esta degeneración colectiva y corrosiva? Estamos rodeados por merluzos, y merluzas, que no valen ni para vegetar en el pleistoceno bajo. Acabarían devorándose entre ellos. Qué pena que no lo hagan...

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  8. "Un mundo sin principios es un mundo regido por las modas"

    Un mundo sin principios es un barco a la deriva.

    La Biblia la mejor carta de navegación. Los Diez Mandamientos las más claras y mejores órdenes en cubierta.
    La mejor bitácora la que lleva en portada : Hágase Su Voluntad.

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  9. ¿Por qué sale "anónimo" si soy er Napo? ...torpe soy.

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  10. Vaya hoy parece que será un buen día con tantas sorpresas.

    Don Napo, bienvenido!!, alegría verle por aquí.
    "Hágase Su Voluntad", siempre.
    Dígame, ¿está o no está usted de acuerdo en lo que se ha escrito arriba?. Diga algo, aproveche, desparrame su siempre aclarativa y directa prosa por esta bitácora.

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  11. Tristemente real anécdota que pone de manifiesto el triste momento. El doble lenguaje con el que están se cometiendo tantas injusticias y tropelías, revolviendo y enfangando las aguas, y que está instigado y elaborado por y en beneficio de políticos sin escrúpulos y oportunistas. El confundir mentira con verdad, victimas con verdugos…
    Estamos en una sociedad en la que cada vez hay más adolescentes y menos adultos; y claro como usted decía se está llenando todo de “caquitas” por incontinencia intestinal.

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    1. Efectivamente, por incontinencia intestinal, culpa del atracón que se dan, y por incontinencia verbal.
      Quizás esta última incontinencia, sea más destructiva, ya que pervierte malevolamente el lenguaje con fines nada venerables.

      Escuchemos la voz del oráculo de Zapatero: "Las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras".

      Y en ese preciso y justo momento, Locuaz, como diría Vargas Llosa de su Perú, nuestro país se fue al carajo.

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  12. Me parece interesante y oportuno traer unas palabras del Papa teólogo. Comulgo con ellas, como no podía ser de otra manera, de principio a fin. Benedicto XVI durante la homilía con motivo de la apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos:

    El tema del matrimonio, que nos propone el Evangelio y la primera lectura, merece en este sentido una atención especial. El mensaje de la Palabra de Dios se puede resumir en la expresión que se encuentra en el libro del Génesis y que el mismo Jesús retoma: «Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne» (Gn 1,24, Mc 10,7-8). ¿Qué nos dice hoy esta palabra? Pienso que nos invita a ser más conscientes de una realidad ya conocida pero tal vez no del todo valorizada: que el matrimonio constituye en sí mismo un evangelio, una Buena Noticia para el mundo actual, en particular para el mundo secularizado. La unión del hombre y la mujer, su ser «una sola carne» en la caridad, en el amor fecundo e indisoluble, es un signo que habla de Dios con fuerza, con una elocuencia que en nuestros días llega a ser mayor, porque, lamentablemente y por varias causas, el matrimonio, precisamente en las regiones de antigua evangelización, atraviesa una profunda crisis. Y no es casual.

    (...) Hay una evidente correspondencia entre la crisis de la fe y la crisis del matrimonio.

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  13. Felicidades Bate por este post, te lo dice una que lleva casada, sacramentalmente, 52 años con el mismo hombre.
    Qué gusto reencontrarte.
    Un beso enorme

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    1. Militos, tal como están las cosas, tu matrimonio es todo un record por el que debes estar orgullosa, tu y tu marido. Enhorabuena.

      El gusto es mutuo por verte de nuevo por aquí.
      Otro beso.

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