viernes, 30 de marzo de 2012

¡Sacadme de aquí!


Por Asia Bibi



Les escribo a ustedes desde el fondo de mi prisión, en Sheikhupura, en Pakistán, donde vivo mis últimos días. Puede que mis últimas horas. Es lo que me ha dicho el tribunal que me ha condenado a muerte.
Tengo miedo.

Tengo miedo por mi vida, por la de mis niños y por la de mi marido, que sufren: a través de mí, es toda mi familia la que ha sido condenada.
Mi fe es fuerte, sin embargo, y pido a Dios misericordioso que nos proteja. ¡Me gustaría tanto volver a ver la sonrisa en sus labios! Pero sé que no viviré seguramente tanto como para ver llegar ese día. Los extremistas no nos dejarán nunca en paz.
No he matado jamás, jamás he robado... pero para la justicia de mi país lo que he hecho es mucho peor: soy una blasfema. El crimen de los crímenes, el ultraje supremo. Se me acusa de haber hablado mal del Profeta. Es una acusación que permite desembarazarse de quien uno quiera, cualquiera que sea su religión o su opinión.
Me llamo Aasiya Noreen Bibi. Soy una "hija de nada", como se dice por aquí. Una simple paisana de Ittan Wali, minúscula aldea de Pendjab [Punyab], en el centro de Pakistán. Y sin embargo, hoy, todo el mundo me conoce. Todo el mundo sabe quién es Asia Bibi.
¡Y eso que yo jamás he blasfemado! ¡Soy inocente! Sufro sin haber cometido el menor acto criminal.
Quiero decir al mundo entero que yo respeto al Profeta. Soy cristiana, creo en mi Dios, pero cada uno debe ser libre para creer en quien desee.
Desde hace dos años, estoy encerrada, privada de la palabra. Me gustaría por fin explicarme. Gritar la verdad.
Salman Taseer, el gobernador de Pendjab, y Shahbaz Bhatti, el ministro de las Minorías, han sido asesinados por apoyarme. Unos fundamentalistas los han matado. Es terrible. Ni cuando se mata a animales se es tan cruel. Pienso en sus familias, lloro pensando en ellos.
Como Salman Taseer ha dicho: "En el Pakistán de nuestros padres fundadores esta ley no existía".
Gracias a Ashiq, mi amado marido, gracias a los abogados de la Fundación Masihi que se ocupan de mí a riesgo de sus vidas, gracias a tantas personas que deben, por su propia seguridad, seguir siendo desconocidos, puedo escribirles hoy, desde la celda en la que me han enterrado viva. Para pedirles que me ayuden, que no me dejen desfallecer.
Les necesito.
***


En un agujero negro  (SIGUE...)


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