jueves, 15 de marzo de 2012

Os han engañado

CADA DÍA de mi vida, desde hace seis meses, cada día sea martes o domingo, laborable o festivo, me despierto cuando se despierta mi hija, le doy el primer biberón, ahora ya con cereales, la cambio, le pongo sus cremitas, la visto y la saco a pasear. Soy el hombre más feliz del mundo con mi hija en su cochecito. Te veré crecer, te veré brillar, montaré guardia para despertarte de tus pesadillas. Nunca ha habido un padre que quiera a su hija más de lo que yo te quiero a ti.

A muchas mujeres de buena fe las feministas os han engañado del modo más miserable. Cuando os decían que sólo os realizaríais trabajando, os engañaban. Cuando os decían que cuidar a los hijos era una esclavitud y algo despreciable, no sólo os humillaban y os insultaban, sino que sobre todo y fundamentalmente os engañaban.

Todos los sentimientos están comprendidos en el primer biberón del día, todos los misterios en la alegría de mi abuela cuando vamos a visitarla, nada en el mundo tiene para mí más aliciente que los pequeños progresos de mi hija y ver cómo se fortalece el sagrado vínculo.

Os han engañado si alguna vez habéis llegado a creer que hay algo más profundo que cuidar de vuestros hijos. La propaganda feminista, deleznable y revanchista, se ha empecinado en intentar que os sintierais incómodas en tanto que mujeres y en tanto que madres, como si fuera algo menor, sin prestigio y sin importancia, como si lo único honorable que pudierais hacer es competir con los hombres.

Os habla un hombre y padre. Nunca mi masculinidad ni mi orgullo muy de macho se habían sentido tan pletóricos y afirmados como cuando cambio un pañal, como cuando paseo con mi niña y paso por la frutería a comprar las manzanas, las peras, los plátanos y las naranjas que luego necesitaré para prepararle la merienda. Nunca me había sentido tan varón, tan soldado, tan Hércules capaz de mover el mundo con mis brazos.

Os han engañado. Os han envilecido y os han despreciado de tal modo que habéis llegado al aberrante extremo de dudar de vuestros instintos. Os lo dice un padre a pun-to de entrar a la visita del pediatra, un padre entre el baño relajante de la noche y el mo-mento, siempre tenso, de cortarle las uñas. Os tienen que haber hecho sentir muy mal, os tienen que haber hecho mucho daño si cuando veis a vuestros hijos en el cambiador o en la cuna de verdad pensáis que hay algo que os podría realizar más, algo que os po-dría dar más sentido, algo que pudiera acer-caros más a la plenitud y a vuestro destino.

Soy el resumen de Dios y mi hija el resumen de la Humanidad cada vez que la cojo en brazos y se ríe. Os han engañado si no veis que sobre esta sonrisa está construido el mundo 




8 comentarios:

  1. ¡Qué humanamente correcto! (Y cierto)

    P.S. Límpiate la baba, que se te está cayendo ;-)

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  2. Creo que mi marido piensa lo mismo. Y yo por supuesto, no hay nada más gratificante en el mundo que levantarme con la sonrisa de mi pequeña de 6 meses y que me agarre con sus manitas para darme los buenos días a su modo

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  3. Cierto y precioso :) menos mal que no todas nos hemos dejado engañar y luchamos diariamente contra ello.
    Un abrazo

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  4. Totalmente de acuerdo, salvo en un pequeño detalle: yo soy ese padre que más ha querido a su hija (aunque solo tenga una) ;-)

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  5. que maravilla...gracias por tus palabras

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  6. Tienes toda la razón. Nos inculcaron algo y creíamos tener las ideas claras (al menos yo) y cuando tienes un hijo todo cambia, todas las prioridades, ellos van primero, en todo. Pero doy un paso mas, hemos tenido que pasar por el engaño para darnos cuenta de que lo que necesitamos es la posibilidad de elección. De elegir lo que realmente queremos y en qué cantidades y tiempos. Esa es la lucha ahora ;)
    Muy buen post, te felicito. Un saludo!

    http://yanethpoints.blogspot.com/

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  7. En ésta como en tantas otras cosas, si los humanos nos rigiéramos más por los instintos que por los estereotipos y las cortapisas mentales, éste mundo sería sin duda más HUMANO. Usted, con estas masculinas pero “maternales” palabras da a entender que es un padre de bien y por extensión persona de bien. Todo lo que no responde al corazón más sincero es confusión y pérdida.

    Le sigo. Un abrazo.

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  8. No tengo mucho más que decir excepto GRACIAS! y, si se puede transmitir a través de un comentario, intentar que sientas la emoción que he sentido yo cuando, mientras te leía, pensaba en mis días, eternos a veces, cuidando de mi hija, que me regala sonrisas, abrazos y logros sin pedir a cambio más que mi presencia.

    De verdad, gracias!

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