lunes, 27 de febrero de 2012

Somos Héroes

Este tipo, Salvador Sostres, es el articulista más seductor, original y rebelde que nutre en estos tiempos mansurrones y relativistas la prensa española. Hoy en un artículo ciertamente tierno me ha tocado en lo más profundo, la paternidad, en lo más serio y sentido que ha pasado en mi vida, el ser padre. 


No tengas hijos si no tienes madera de héroe. No tengas hijos si no estás dispuesto a luchar incluso después de haberte quedado sin fuerzas, si no eres capaz de seguir creyendo cuando pierdas la fe. Los padres no tenemos más remedio que ser héroes. La proeza de estar muertos de miedo y ser capaces de transmitir seguridad y templanza. El milagro de no morir de un colapso cada vez que imaginamos, con quirúrgica precisión, los peligros que acechan a nuestros hijos, el daño que podrían hacerles y lo frágiles que en el fondo somos para protegerles. Somos héroes y no tengas hijos si crees que no lo eres.
Los padres somos héroes, héroes sin capa ni sobrenaturales poderes. Somos héroes a la intemperie, héroes contra la bancarrota y contra el pavor de tener que serlo. 
Si todavía crees que lo más importante es tu felicidad, no seas padre, ni madre: te abrumará el proceso. Si no estás dispuesto a aguantar decepciones y humillaciones, la paternidad no es tu carrera. Cuando descubres que tu mujer te ha sido infiel, ahí está el padre héroe que se sobrepone al dolor y piensa en cómo el divorcio destroza a los hijos y en cómo se les desmorona el paraíso. Ahí está el padre héroe masticando su orgullo hasta poder tragárselo para proteger la infancia lisa y estructurada de sus hijos. Cuando descubres que tu marido es un crápula, ahí está la madre heroína tomando las riendas de su familia, reconduciendo la situación con amor y firmeza. Cuando ya no os podéis soportar -salvo en los casos de violencia física o de locura repentina-, ahí están dos héroes reinventándose, reanudándose, creciendo en el amor heroico a sus hijos. Somos imperfectos pero no nos rendimos jamás. Somos héroes.
Somos héroes del día a día, héroes de guardia, héroes sin excusa, héroes de una estirpe de titanes y de una resistencia infinita. Héroes en la adversidad, héroes en la soledad cuando mece a los enfermos; héroes, a veces, en la total y absoluta incomprensión, y en el rechazo y en el enfado de nuestros hijos.
Siempre por primera vez, siempre improvisando, siempre sin saber del todo si acertamos, buscando siempre el último reducto de verdad y de pureza, somos héroes. Por encima de nuestra felicidad, pisoteándola si conviene, de nuestro orgullo, arrinconándolo como a un trasto viejo, de nuestra larga lista derechos, caprichos, preferencias. Somos héroes.
Héroes en silencio que rehuimos la medalla y el aplauso, y que no tenemos necesidad de recompensa ni de ningún reconocimiento. Nos basta con verles sanos, alegres y buena gente. Y si además de vez en cuando nos vienen a ver, nos abrazan y nos dicen que nos quieren, ya nos podemos morir tranquilos, como los héroes que han cumplido con su misión y su cometido. 
Somos héroes. Tan mágicos como el misterio de la vida, tan trágicos como el terror a la muerte.

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