miércoles, 22 de febrero de 2012

Cuaresma


Agazapado en un rincón de la escalera que unía el bar de mi padre con la casa que padecimos, aprendí a querer a la Macarena, al Cristo del Cachorro, a Jesús de Pasión, al Calvario. 
Comencé a sentir la Pasión como una forma de ver la vida, de vivir los días. Los hombres del bar alternaban con cercanía, con cariño, pero también con la exaltación que produce los amores queridos que riñen. Me hacían sentir un privilegiado por encontrarme ahí, escondidos de mis mayores, paladeando cada una de las palabras que me llegaban, soñando con ser yo el protagonista de esas historias de encuentros con la madre de Dios, que en Sevilla se llama Macarena .
"Niño acércate para escuchar mejor, miarma",  me decía siempre la misma persona, la que antes descubrió en mis ojos ilusionados que me quedaba embobado escuchando hablar de las cosas de la tradición, el mismo hombre que con unos tintos de más se lanzaba por una saeta cargada de emoción, harta de penas…..Ay Macarena de nuestras esperanzas...
Tres veces negó San Pedro al Señor, y tres severos golpes de llamador levantan un paso al cielo de Sevilla. Toda la semana santa sevillana esta cargada de alegorías. Todo está en su sitio, en el momento justo. Noches de humos de tabaco, de aromas de aceitunas pobres, de luces viciada de los bares de antes. Retablo de las maravillas contadas al calor de una querencia, de un recuerdo que queda grabado a fuego en la memoria que elige el camino más corto para herir. Encuentro deseado de unos hombres que a veces lloran de emoción evocando sus recuerdos, el vino ayudaba, pero la melancolía era verdadera, puntual, no fallaba.
Aparecía como una suerte de fantasma el primer día de cuaresma, ese primer día que la radio programaba su edición especial para la cuaresma, bendita cuaresma. Las primeras marchas procesionales del año sonaban a gloria, y las torrijas de mi madre eran y seguirá siendo lo mas sublime y delicioso que he tomado y tengo la certeza, probaré en esta vida. La magdalena de Proust al lado de las torrijas de mi madre, un mal y leve recuerdo. 

La semana santa de Sevilla es un mundo que tiene su lenguaje, sus vericuetos, en el que todos los sentidos tienen que estar alerta, donde cualquier detalle es una categoría y la luz, un simple atrezzo para deslumbrar a una virgen de Sevilla.






1 comentario:

  1. En primera providencia, ¿qué tendrán las torrijas de una madre para despertar, también en mi caso, estos recuerdos?
    Luego, más.
    Un saludo.

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