viernes, 17 de febrero de 2012

Carta abierta a los católicos perplejos

"El sacristán se vuelve con saludo de iglesia, y bizcando los ojos sobre el misal abierto, reza en latín la blanca sentencia:  REZO LATINO DEL SACRISTAN: Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem mittat. 


El sacristán entrega la desnuda vela apagada y de la mano la conduce a través del atrio, sobre las losas sepulcrales...¡Milagro del latín! Una emoción religiosa y litúrgica conmueve las conciencias y cambia el sangriento resplandor de los rostros. Las viejas almas infantiles respiran un aroma de vida eterna. No falta quien se esquive con sobresalto y quien aconseje cordura. Las palabras latinas, con su temblor enigmático y litúrgico, vuelan del cielo de los milagros".


DIVINAS PALABRAS -VALLE-INCLÁN-




Estoy leyendo Carta abierta a los católicos perplejos de Monseñor Marcel Lefebvre (Tourcoing, Francia, 29 de noviembre de 1905 - Martigny, Suiza, 25 de marzo de 1991)  (aquí lo pueden bajar). Podría llenar esta entrada con innumerables e inconmensurables  reseñas y cientos de  párrafos escogidos al azar y al albur de este magnífico libro. Libro imprescindible, supremo, clarividente, reprendedor, que su autor forjó de verdades delicuescentes para explicarnos el terrible daño que la Iglesia se auto infringió con el advenimiento del Concilio Vaticano II, con la triste y evitable llegada de la degeneración post-conciliar. El clero moderno, gran parte de la Iglesia cree poder acercar mejor el hombre a Cristo, insistiendo sobre la humanidad de Jesús. Olvidando así que no confiamos en Cristo porque es hombre, sino porque es Dios, que diría Gómez Dávila.

En los abusos litúrgicos vio Pablo VI el humo de Satanás que penetraba en la Iglesia. Curiosa y extrañamente, el mismo pontífice que con su reforma litúrgica había abierto la espita para que todas las corrientes demoledoras que estaban contenidas en el seno de la Iglesia se destapasen, ¿qué esperaba, entonces?  


En cierta medida, lo que pretende con su prosa diáfana y consigue monseñor Lefebvre con su "Carta" es señalar minuciosa y rectamente de dónde proviene el humo de Satanás que atenaza hasta la asfixia general a la Iglesia actual, y cómo se puede y debe apagarse el fuego de la herejía que quema la piel primera y reduce a ceniza todo lo que toca. 



"Si Vd. quiere hacerme hablar como etnólogo, le diría que lo que pasa en la Iglesia des­pués del último Concilio me llena de turbación. Me parece, visto desde fuera, que se empobrece, o que se despoja a la fe religiosa (o a su ejercicio) de una gran parte de valores capaces de hacer vibrar la sensibilidad, que no es menos importante que la razón.
Lo que me desconcierta es el empobrecimiento del ritual. Un etnólogo siempre tiene un respeto muy grande por el ritual.
Una sociedad religiosamente viva sería una sociedad capaz de enriquecer su ritual...
El etnólogo no conoce ni una sola sociedad sin dimensión religiosa...
No creo que una sociedad cualquiera pueda apoyarse sobre bases estrictamente racionales. Los hombres, para vivir juntos, tienen necesidad de algo más, de un sistema de valores que con­servan al abrigo de toda "contestación" y que constituye un víncu­lo entre ellos.
El hombre es particularmente exigente respecto a los ritos: cuanto más cambia el mundo cotidiano, tanto más se acoge a la permanencia del rito. El contacto con lo sobrenatural engendra una emoción; la emoción exige y engendra el recuerdo de emo­ciones anteriores. Todo cambio en los ritos provoca el estupor, la interrogación, hasta la incomprensión, la crítica y el rechazo. Es un grave error pensar que los ritos pueden degenerar en la anarquía sin que las creencias lo hagan también"

Entrevista a Lévi-Strauss en La Croix, Febrero 1978

1 comentario:

  1. No es nuevo lo de centrar el enfoque en la Humanidad de Cristo, olvidando su Divinidad. De hecho, Arrio, hace 17 siglos, negó esta última, dejando a Cristo sólo como un hombre.
    Un saludo.

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