jueves, 26 de enero de 2012

Proverbios 13, 24


Quien escatima la vara quiere mal a su hijo,
quien bien le quiere procura corregirlo





Cuando los oscuros nubarrones que están por llegar descarguen las aguas infectas de podredumbre y miseria que el pertinaz relativismo lleva trasvasando desde hace años al corazón de la gente, cuando lleguen esos días, digo, que nadie se rasgue las vestiduras. El clamor impetuoso y sordo de los mayores cobardes, no será escuchado por los hombres justos que vendrán a poner las cosas en su sitio. El mayor castigo lo recibirán aquellos que han dejado en manos ajenas, necias, malvadas y venenosas, el sueño y el porvenir de sus hijos. 


Nuestro particular código genético encargado de medir la pureza del alma se llama inocencia. A medida que nos hacemos adultos, vamos aparcando amargamente nuestro particular código genético por los andurriales que provoca la desazón; lugar inhóspito por desesperante. Nadie dijo que la vida fuera fácil, ¿sí?


La verdadera monstruosidad, la que no les perdonarán el día de mañana, radica en la doctrina que cercena la inocencia de un niño en el nombre de una ideología que devasta en su camino cualquier atisbo de bondad, de misericordia. La vida ya es de por sí demasiado difícil, cruel y amarga como para que encima venga esta cuadrilla de degenerados a poner sus sucias zarpas sobre la inocencia de nuestros hijos. Son la mayor escoria que ha parido este erial en toda su historia. 
Sin duda. Zorros cuidando del gallinero. El lobo acechando a Caperucita. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.