lunes, 30 de enero de 2012

Ha muerto Pepe Peregil

El saetero, cantaor y tabernero -por este orden- José Pérez Blanco 'Peregil' ha fallecido en el hospital Virgen del Rocío tras una larga enfermedad. Ruego una oración por su alma. Señor Dios mío, va pallá, uno que te quiere. Yo tuve la inmensa suerte de conocer a Peregil (cómo me gustaba verte los Lunes Santo en la coqueta capilla del Museo) en su bar el "quitapesares",  que ya hay que tener arte por un tubo y categoría para llamar a tu negocio de esa manera, verdadero santuario de la gracia, el colmillito por bandera, la guasa y la manera inmortal de ser sevillano. Nunca faltaba una sonrisa en su cara o un buen detalle para mimar a su clientela. Doy fe. Los caracoles, de categoría. Ustedes imagínense -cierren los ojos-, lo que era entrar en un bar a tomarse una cerveza y encontrarse de repente con este titan del arte que guardaba en su pecho celosamente la asombrosa acústica del teatro Real cantando una copla de Rafael de León o Quiroga, o una sentía saeta en plena Feria.





Más que cantarle a los cristos y a las vírgenes, Peregil, les reñía, con ese amor coqueto y limpio y esa cercanía de familia bienallegá que se le tiene en Sevilla a las cosas de Dios. Al Gran Poder de Sevilla, siempre se le ha llamado en la tierra de María Santísima el "cisquero", en honor a los antiguos trabajadores del carbón que iban por las frías calles pregonando a grito pelao el cisco para las estufas, que me lo ha contado mi mare. Nada da más calor y consuelo al alma cansada de los disgustos y los días, vida mía, que acercarse al Señor. Brasas vivas de amor. Maravillosa cercanía.


Guardaré toda mi vida como oro en paño una cristianísima saeta que Pepe le cantó al Cristo del Amor en la plaza del Salvador, antes que la cofradía se recogiera austeramente en su iglesia. Domingo de Ramos, noche cerrada, silenciosa a destiempo, algo va a pasar, frío en el ambiente, la emoción guardada de todo un año que sale a flote y, surgiendo de un balcón oscuro cual ave fénix, el poderoso vozarrón de un profeta de su tierra, mi tierra, que manda callar. Silencio maestrante, cortante. El milagro se hace presente. El repeluco que me entra escuchando a Peregil hace temblar al mismísimo Misterio. 


Descanse en la gloria del Señor, al que tanto honró, este buen hombre.



7 comentarios:

  1. Que Dios le tenga en su gloria.

    Preciosa necrológica, amigo mío.

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  2. Que Dios le tenga en su gloria.

    Preciosa necrológica, amigo mío.

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  3. Gran glosa de este personaje. Dios le tenga en su gloria

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  4. se nos fue el mas grande . un abrazo

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  5. Estos genios son de los que se rompe el molde cuando nacen que se dice. Ya no vendrá una generación de talentos o "artistas", en el amplio y buen sentido de la palabra, que tengan la gracia, humanidad, arte y "saber estar" llano y sencillo como la que tenía el Peregil.

    ¡Qué mal estamos empezando el año!

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  6. Muy bonito y bien escrito homenaje
    a un gran tipo, inconmensurable.

    Fugisaludos

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