sábado, 3 de diciembre de 2011

«En Cataluña, la Iglesia será catalana o no será».

ACABA de realizarse una exposición de Gaudí en el Vaticano con el propósito explícito de favorecer su beatificación. Para mí es un santo genio, un personaje a lo Francisco de Asís pero con la fuerza creadora de un Miguel Ángel. En Barcelona, yo vivía en la Calle Hospital 72, esquina Robadors. A ésta se refiere la canción de Lone Star Mi calle, la primera del barrio chino con prostitutas en los zaguanes, bares de alterne, tiendas de gomas, o sea, preservativos y consultas sobre enfermedades venéreas. Curiosamente, la entrada a Robadors está justo enfrente del Hospital de la Santa Cruz, donde agonizó Gaudí tres días después de ser atropellado por el tranvía del Tibidabo, y donde murió sin que nadie lo identificara, tan mínimo, dulce y anónimo era. Hay o había una placa escondida recordando su escondida muerte. Y cada vez que yo entraba en esos jardines de al lado de mi casa, lugar ideal para citas, me acercaba a la placa y recordaba al gran Gaudí como a un vecino que se acabase de morir. La Barcelona que dejó era maravillosa y milagrosamente mejor que la que encontró, pero hete aquí que la mano derecha de Sistach, un fiero nacionalista llamado Matabosch, comisario de la exposición sobre Gaudí, se ha manifestado en contra de la beatificación, dejando absolutamente estupefacto al Vaticano.

«Siguiendo mi criterio hemos excluido de la exposición cualquier referencia a una hipotética beatificación de Gaudí, que no interesa», dijo Matabosch. La dimensión católica de Gaudí, intensísima en toda su obra, no aparece en la exposición. ¿Por qué? Porque Matabosch no ha querido: «Intentan utilizar la exposición como plataforma para hacer avanzar y dar a conocer el proceso de beatificación de Gaudí. Es muy lamentable, como lo ha sido que en la rueda de prensa el arzobispo de Barcelona sugiriera a los enfermos que encomendaran su curación a Gaudí, pidiendo un milagro». «No queremos la beatificación de Gaudí. Éste es mi criterio y no me convencerán de lo contrario». Distinto sería el caso si Gaudí hubiera sido nacionalista, como Matabosch, una de cuyas frases más célebres es ésta: «En Cataluña, la Iglesia será catalana o no será».

Y efectivamente, tan catalana es que ya no es. En 2000, las bodas religiosas eran el 66%; en 2010 cayeron al 21'3%. Los matrimonios civiles fueron el año pasado 20.267 y los católicos 5.879. Cuando se canoniza a Companys y no se beatifica a Gaudí, estas cosas suceden.
(FJL)