sábado, 3 de septiembre de 2011

Se fue la calor (Oda al frío)




Amanece en la sierra de Madrid. En lontananza, los primero rayos de sol velados por unas nubes envueltas en agua. Frente a mi, la imponente Cruz del Valle de los caídos entre nieblas claras. ¿Qué estarán cantado en estas huidizas horas de la mañana los ángeles del coro?.

El verano toca a su fin, bendito sea el Señor.

He cerrado, por primera vez desde que habito este palomar, la ventana del tejado de la buhardilla. Vivo en un desangelado desván, señores, que en verano se vuelve horno y en invierno, percibo que iglú. Yo debería haber nacido en Laponia. Dicen de los lapones y demás pueblos colindantes con el acogedor ártico, que los tíos tienen 220 adjetivos para denominar la nieve. Nieve cruda, nieve blanda, nieve país, nieve dura, nieve déficit, nieve crujiente, nieve marrón, etc. No sé cuántos de los que amablemente pasáis por este humilde blog habréis vivido en una buhardilla, los que lo habéis hecho, conocéis el percal, sabéis de qué hablo.

Llegan los encantadores días de tormentas, volverán las oscuras golondrinas de Becquer a sembrar de nuevo el cielo de vida y la cigüeña blanca que ronda por el barrio, con su figura hierática, desde el campanario de la iglesia vieja nos recordará que el paso del tiempo sólo lo marca ella. La tierra húmeda atacará la memoria, los guantes abrigarán nuestras manos y el gorro de lana la cabeza cuando caigan dulcemente los primeros copos de nieve, la chimenea nos envolverá con la fragancia de su humo. La señora del puesto de castañas asadas seguirá igual de fea que el año pasado. Evitaremos como gorriones asustados los charcos de agua. Y lo más importante de todo, al fin desaparecerán de nuestra vista los chiquichancla






Feddy Kempf no crea la tensión espiritual de Vladímir Davídovich Áshkenazi al piano, ni alberga la técnica necesaria para desarbolar hasta la médula una partitura que poseía el judio Rubinstein. Aún no he dado todavía con la clave que me explique el porqué considero a este hombre decente un grandísimo pianista.






4 comentarios:

  1. Te envidio, ya me gustaría tener a mi aunque fuera una buhardilla.
    Y como va a estar desangelada si estas tu dentro. No seas quejica.

    Mmmmm, dias invernales con sol por la sierra. Ya llegarán.
    Saludos desde este, si que desangelado, Madrid. No hay un alma por las calles.

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  2. Se van los chiquchanclas
    pero llegan esos horribles anoraks de color brillante mate, cada año más hasta los pies.

    Curioso, en Madrid city también ha cambiado el tiempo de un día para otro. Veremos si este invierno nos toca nieve o no.

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  3. Muchas gracias Mar. Y sí, llevas razón, soy algo quejica ;-)

    Esperemos que toque nieve, y sus años de bienes Fernando. A esos horribles sacos de patatas llamado coloquialmente anorak yo los hacía más por Siberia o la tundra finlandesa que por Madrid. Ya sabes lo que dijo Joselito el Gallo: "Maestro, hay gente pa tó"

    Un saludo a los dos

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  4. Mar quw se me olvidaba, que la buhardilla no es mía, que es de alquiler. OJALA tuviera yo algo mío ;-)

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