domingo, 11 de septiembre de 2011

Mi apoyo más sincero y entusiasta al independentismo catalán (por Pablo Molina)

A la espera de la segunda entrega del diario de viaje de Martínez Abarca por las tierras de Sarah Palin (por cierto, magnífica la primera entrada de la serie), quiero aprovechar esta señalada fecha del 11 de septiembre, en que el nacionalismo catalán celebra la gesta de un jurista español, Rafaél Casanova, defensor de la casa de Habsburgo en la guerra de Sucesión al trono de España, para mostrar mi mas sincero apoyo a las aspiraciones independentistas de la inmensa mayoría de la clase política catalana.

Mi posición no puede ser más políticamente correcta. Si el españolismo patriota es la caverna opresora, yo soy extraordinariamente avanzado en mis planteamientos políticos y estoy absolutamente de acuerdo en que Cataluña sea independiente. Cuanto antes mejor.

Por eso no entiendo que en la tertulia de Es la noche de César, del viernes pasado, un insolvente llamara xenófobo a su director. Al margen del disparate semántico, resulta sorprendente que a los que defendemos lo mismo que Arturo Mas, José Antonio (¡Presente!) Durán y Lérida, o Carmen Chacón y Felipe González en las páginas del periódico El Pais, nos acusen de una cosa tan fea como la xenofobia. ¿Xenófobos por estar de acuerdo con todos estos eximios hombres de estado? Pues entonces casi toda la clase política catalana y el PSOE en pleno son reos del mismo delito.

Yo quiero la independencia de Cataluña. En realidad lo que quiero es la independencia de España de la minipotencia colonial que la fagocita, pero el proceso me resulta indiferente siempre que el fin último, la separación de Cataluña de España, se consume, a poder ser a la mayor brevedad posible.

¿Que hay catalanes que no coinciden con los partidos mayoritarios de allí? Pues mire, sí, pero yo tampoco he votado a Zapatero y llevo ocho años aguantándolo.

En todo caso, si Arturo Mas y el resto de la alegre muchachada de la barretina están en lo cierto, tras la secesión del principado un futuro luminoso de bonanza y prosperidad sin límites espera a sus ciudadanos, así que tampoco deberían preocuparse demasiado.

Y en todo caso, mi deber es preocuparme del futuro de mis hijos, al que los nacionalistas catalanes, con la colaboración necesaria del PSOE, llevan machacando ya demasiados años.

Yo soy un independentista catalán de pro y nada me haría más feliz que la independencia de Cataluña, todavía mejor si se produce por el método que el ilustre constitucionalista premiado repetidamente por el nacionalismo de todo pelaje, Herrero de Miñón, ha dado en llamar "la fuerza normativa de los hechos".

Una declaración de Arturo Mas, flanqueado por José Antonio (¡Presente!) Durán y Lérida en el balcón de la Generalidad, declarando el Estat Catalá sería el colofón perfecto a todo este proceso de humillación constante que va ya para dos siglos. No sería la primera vez que sucede algo parecido.


1 comentario:

  1. SENTENCIA DEL TC SOBRE EL ESTATUTO DE CATALUÑA TRAS EL RECURSO DEL PP. Julio de 2010.

    Se declara la indisoluble unidad de la Nación española y al pueblo español como único titular de la soberanía [F.J.8]. El pueblo de Cataluña es una expresión distinta de pueblo español, que es el único titular de la soberanía [F.J.9]. Los derechos históricos del pueblo catalán no son fundamento jurídico propio [F.J.10]. La Constitución no conoce otra que la Nación española y proclama la indisoluble unidad de la Nación española [F.J.12].

    La definición del catalán como lengua propia no puede suponer un desequilibrio del régimen constitucional de cooficialidad con el castellano, que por tanto también es lengua propia de Cataluña, ni justificar su uso “preferente” que se declara inconstitucional y nulo. El castellano no puede dejar de ser también lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza [F.J.14]. Toda lengua oficial es lengua de uso normal. También lo es el castellano. No puede haber preferencia por ninguna de las lenguas oficiales [F.J.23]. Queda descartada toda pretensión de exclusividad de la enseñanza en una de las lenguas oficiales. Es constitucionalmente obligado que las dos lenguas cooficiales sean reconocidas como vehiculares. Con la mención del catalán no se priva al castellano de la condición de lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza. [F.J.26]

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