viernes, 16 de septiembre de 2011

Las fotos del veraneo como instrumento de tortura

Lo peor del verano no es que las vacaciones sean demasiado cortas y se pasen volando, ni siquiera el permanente olor a estiércol y las picaduras de insectos que sufren los que se van a un pueblo de doscientas almas a pasar dos semanas en una chabola que el listo de turno ha convertido en casa rural para estar a la moda y sacar una pasta a tanto snob. Tampoco las quemaduras de tercer grado padecidas por el macho alfa del grupo juvenil al segundo día de playa porque ponerse crema solar es de mariquitas.

No. Lo peor es que a primeros de septiembre la gente se empeña en enseñar a sus todavía amigos las fotos que tomaron durante sus vacaciones como si solamente ellos hubieran estado fuera. (Sigue...)



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